Presentación Conjunto

Espacios singulares

Dolmen de Menga / Cueva de Menga

No creemos exagerar si afirmamos que el dolmen de Menga es una de las cumbres de la arquitectura adintelada en la Prehistoria europea. Y no nos referimos sólo a su monumentalidad, a la ingente cantidad de mano de obra comprometida en su construcción o al peso descomunal de las losas que lo componen. Por encima de lo anteriormente dicho, creemos que la grandiosidad de Menga radica precisamente en eso, en su carácter arquitectónico, en la creación de un espacio interno realmente asombroso que difícilmente  encuentra parangón en otros casos del Megalitismo europeo. No podemos olvidar  que más de la mitad de las referencias a dólmenes que se hicieron en Europa en el siglo XIX aludían al dolmen de Menga. Se trata de una construcción que tiene más de 5.500 años.


Lo primero que nos sorprende al acercarnos a Menga es el descomunal trilito (dos losas verticales y una de cubierta) de la entrada del sepulcro que, como un icono, identifica el monumento. Se trata de una imagen muy popularizada, reproducida en mil ocasiones y desde muy antiguo.  Posiblemente, sea la única imagen previa que tengan muchos de los visitantes de los Dólmenes de Antequera o, al menos, la que les resulte vagamente familiar.

 

Procedencia

El dolmen de Menga puede considerarse un sepulcro de corredor. En la planta del sepulcro se pueden distinguir tres zonas: un atrio, un corredor y una gran cámara funeraria, aunque la diferencia entre los dos últimos espacios está muy poco marcada. La longitud total del conjunto alcanza los 27,5 metros.


El atrio


Entendemos por atrio el espacio que se localiza al comienzo del corredor de algunos sepulcros megalíticos. Propiamente, es una parte más del corredor pero, al tener forma trapezoidal y con la base más ancha mirando hacia el exterior, recuerda a una especie de soportal o "recibidor". Parcial o totalmente, debió estar sin cubrir.

En Menga, se conservan de él restos de dos ortostatos (losas verticales) desmochados, uno a cada lado de la entrada, aunque las dimensiones reales y naturaleza constructiva de dicho atrio quedan por precisar.


El corredor


Menos dudas ofrece el corredor, que estaría compuesto por cuatro ortostatos a izquierda y  otros tantos a la derecha, cubiertos con la losa o cobija que se observa desde el exterior. Una ligera discontinuidad marca el paso hacia la gran cámara funeraria.


La Cámara funeraria


Ocupa casi tres cuartas partes del edificio conservado. Tiene planta alargada y tendente a lo oval. Se diferencia del corredor por un ligero estrangulamiento que sólo queda marcado por la distinta orientación de los dos primeros ortostatos que la configuran. Está compuesta por 7 ortostatos en cada lateral y una gran losa que configura, al fondo, la cabecera del sepulcro. Estas losas pueden alcanzar hasta 4.7 metros de altura, incluido el metro aproximado que queda introducido en la zanja de cimentación, y tienen un grosor en torno al metro y medio. En lo alto, el espacio se cierra con cuatro descomunales losas de cubierta (cobijas); alguna de ellas ronda las 150 toneladas de peso.


Sin duda llaman la atención los tres grandes pilares que se alinean a lo largo del eje longitudinal de la cámara, coincidiendo con la unión de las cuatro losas de cubierta. Se trata de un recurso constructivo muy raro en el Megalitismo europeo. Se puede decir que no responde a patrones generalizados en otras zonas o regiones. Por tal motivo, se ha discutido mucho sobre su función y significado. La verdad es que estos pilares dan al conjunto un aspecto más habitacional que funerario, quizá este fue uno de los motivos que llevó a Rafael Mitjana, en el siglo XIX, a reconocer en el edificio un auténtico templo celta. La ubicación estratégica que hace descansar en cada pilar dos losas de cubierta, anima a pensar que se trata de un recurso constructivo orientado a consolidar la estructura y evitar derrumbes. Sin embargo, si observamos detenidamente la parte superior de los pilares, podremos percatarnos de que ni siquiera tocan las cobijas.


En los trabajos realizados en 2005 se descubrió, en el último tramo de la cámara de Menga, tras el tercer pilar, un profundo y estrecho pozo que se encontraba cegado. Tiene una profundidad de 19.50 m. Sin duda, debe ser el que debió excavar R. Mitjana en 1847 y que con posterioridad recogía en su crónica viajera Lady Tenison. Hasta el día de hoy no existen técnicas para datar la construcción de esta estructura pero confiamos, algún día, en aclarar esta incógnita.
Comentarios

El dolmen de Menga se orienta hacia el noreste (acimut de 45º), es decir, al norte de la salida del sol en el solsticio de verano, algo totalmente anómalo en el contexto cultural en el que se sitúa. Esto significa que se encuentra fuera del arco en el que el sol puede aparecer en el horizonte. Sin embargo esta peculiaridad se comprende rápidamente si se sitúa a la entrada del dolmen dirigiendo su vista hacia el frente. Su mirada se topará con la excepcional Peña de los Enamorados, un hito espacial cuyo perfil nos recuerda la cara de una mujer durmiente mirando hacia el cielo. En la barbilla de dicho perfil se encuentra el abrigo de Matacabras donde existen pinturas rupestres de estilo esquemático, lo que viene a reforzar la convicción de la importancia otorgada a tal lugar. En los albores del solsticio de verano Menga se convierte en un lugar mágico, incidiendo la luz del sol directa hasta su séptimo ortostato. En este día, todos los años, se abren las puertas del recinto excepcionalmente a las 6:45 para que el público pueda observar el fenómeno (es imprescindible reservar con antelación ya que el aforo está limitado por razones de conservación).


Para conocer  cómo se pudo construir este gran espacio recomendamos que vean el audiovisual que se proyecta en el Centro de Recepción "Menga. Proceso de construcción".

 

Propiedad

El Estado fue el impulsor en 1885 de la adquisición del dolmen de Menga a través del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, adquirido en  julio de 1886 a Manuel Ramón Zarco del Valle por la cantidad de 25.000 de pesetas.

 

Dicha propiedad es trasferida a la Junta de Andalucía mediante el Real Decreto 864/1984 de 29 de Febrero, sobre traspaso de funciones y servicios del Estado a la Comunidad Autónoma de Andalucía en materia de Cultura.

Dolmen de Viera / Cueva de los hermanos Viera / Cueva Chica

Tiene aproximadamente 4.500 años y fue descubierto en 1903 por los hermanos Viera, aunque está documentado su conocimiento, al menos, desde el siglo XVI.

Descripción técnica
El dolmen de Viera puede considerarse un sepulcro de corredor que estaría formado por un largo pasillo, segmentado por dos tramos, al final del cual se dispone una cámara de planta cuadrangular, a la que se accede a través de una puerta perforada, en la que eran depositados los cadáveres y sus ajuares.


Edificado, como Menga, con técnica ortostática (grandes bloques de piedra), tiene un recorrido de algo más de 21 m si tenemos en cuenta los datos aportados por la excavación de su acceso, longitud que puede ampliarse a más de 22 m hacia el exterior teniendo en cuenta la dimensión de la losa de cubierta de la cámara y la que probablemente tuviera cubriendo su acceso exterior.


Su anchura inferior media, bastante regular, oscila entre 1,30 m en sus tramos iniciales y 1,60 m en el tramo final correspondiente a la cámara. Cada lateral del sepulcro debió estar formado por 16 losas de las que se conservan 14 en el lateral izquierdo y 15 en el derecho. La cabecera está compuesta por una sola losa. De la cubierta se conservan 5 losas y fragmentos de otras dos, puede suponerse la existencia de 3 o 4 losas más, desaparecidas en la actualidad. La altura interior media del sepulcro es poco más de 2 m.


La piedra procede de una cantera situada a unos 500 m de distancia, en el actual barrio de Los Remedios. Hay que destacar en el dolmen de Viera la perfección con la que están cortados los bloques de piedra. Para cortarlos los hombres y mujeres prehistóricos aprovecharon las grietas naturales introduciendo en ellas cuñas de madera o de piedra, para después jugar con el contraste del agua fría y caliente sucesivamente provocando la dilatación y fracturación. A continuación se seguían clavando las cuñas cada vez más profundas hasta obtener el bloque de piedra. Estas losas eran sometidas luego a un proceso de cincelado para su adaptación y encaje en el lugar correspondiente.


El traslado, tarea complicada teniendo en cuenta el volumen de estos bloques de piedra, se presume que se realizó mediante un sistema de raíles, dispuestos con grandes troncos de madera, sobre los que se situaban otros en sentido contrario a modo de rodillo, untados con grasas animales. De esta forma conseguirían aligerar notablemente el peso. Trabajaba toda la comunidad, hombres, mujeres y la fuerza animal, tirando con fuertes cuerdas y de modo organizado. No deja de sorprendernos el enorme esfuerzo destinado a ello. En este sentido se recomienda ver el audiovisual Menga. Proceso de Construcción que se proyecta en el Centro de Recepción.

Comentarios

En el sepulcro de Viera se recuperaron algunos artefactos que pudieron haber sido parte de los ajuares allí depositados. Concretamente, nos referimos a un cuenco de cerámica, un vaso de piedra, un punzón de cobre, varias hojas y pequeñas herramientas realizadas en sílex (taladros y raspadores) y varias hachas en piedra pulimentada.


El dolmen se cubre con un túmulo (montículo artificial) de 50 m. de diámetro, estando orientado a levante, ligeramente hacia el sureste (acimut de 96º), por lo que sigue los patrones estándar europeos. Esto posibilita que en los amaneceres de los equinoccios de primavera y otoño los rayos del sol inunden su cámara sepulcral. 

 

Propiedad

En abril del año 1966 el cabildo municipal acordó la adquisición de los terrenos colindantes a los dólmenes (con excepción de lo ya adquirido por el Estado) de Menga y Viera para su conservación, protección y adecentamiento. Dicha adquisición constaba de tres parcelas, propiedad de Ramona, Socorro y Francisco Vegas Carmona.

 

En el Pleno del Ayuntamiento de Antequera celebrado el 11 de enero de 1996 se resuelve ceder los terrenos donde se ubican los dólmenes de Menga y Viera (Campo de los Túmulos) y el edificio sede (Llano de Rojas) a la Consejería de Economía y Hacienda de la Junta de Andalucía.  

 

Tholos de El Romeral / Dolmen de El Romeral / Cueva del Cerrillo Blanco

En los sepulcros como Menga, Viera y en el Megalitismo europeo en general, el espacio interno se construía recurriendo a una técnica adintelada: ortostatos y losas de cubierta formando ángulos rectos. No obstante, existe otra fórmula para conseguir un efecto similar, sin tener que recurrir al arco (que no se conoció durante la Prehistoria); nos referimos a la elaboración de falsas cúpulas utilizando la técnica conocida con el nombre de aproximación de hiladas. En el sepulcro de El Romeral tenemos dos espléndidos ejemplos de cámaras realizadas con este recurso arquitectónico tan antiguo.

 

La idea popular y etimológica que reconoce el Megalitismo como una arquitectura de grandes piedras (del griego mega, grande, y lithos, piedra) es imprecisa. Y lo es porque en muchos sepulcros no se utilizó piedra alguna, como es el caso de los excavados en roca o hipogeos, conocidos también con el nombre de "cuevas artificiales" y de aquellos otros, como El Romeral, en los que se emplearon, mayoritariamente, mampuestos en su construcción.

 

Los mampuestos son lajas de mediano y pequeño tamaño, más o menos regularizadas, pero sin llegar a ser auténticos sillares y que, según qué casos, se unen unos a otros a piedra seca, es decir sin utilizar argamasa alguna entre ellos o bien mediante algún tipo de mortero de arcilla. Podemos hablar de una auténtica arquitectura de mampostería muy bien representada en el Megalitismo andaluz.

Procedencia

El sepulcro megalítico de El Romeral es un típico sepulcro de falsa cúpula, comúnmente denominado tholos. La planta de El Romeral nos ofrece, nítidamente, un largo corredor que desemboca en una gran cámara funeraria de planta circular. Además, partiendo de esta misma cámara funeraria, se reproduce, a menor escala, el mismo modelo pero a escala notablemente menor: un segundo corredor, mucho más pequeño que da acceso a una nueva cámara funeraria de reducidas dimensiones.

 

Tras cruzar el corredor se accede a la gran cámara a través de una puerta muy elaborada que genera, en conjunto, una sensación de embudo o estrechamiento muy acusada que, casi, obliga a agacharnos para acceder al interior.

 

La planta de la cámara es circular con un diámetro en la base de 5,20 metros, mientras que el vano superior, como se observa a simple vista, es mucho menor, con tan sólo 2,20 metros de diámetro máximo. Esto supone que el vuelo de las paredes curvadas presenta una desviación, con respecto a la vertical, aproximadamente de 1,5 metros, mientras que la altura total de la cámara ronda los 4 metros. Esta técnica de aproximación de hiladas permitía crear espacios cerrados sin recurrir al arco aproximándose las hiladas de piedras a medida que toman altura, en círculos concéntricos, hasta clausurar definitivamente el vano superior con una gran losa, que actuaría como clave que distribuye uniformemente el peso por todas las paredes, dando gran consistencia a toda la edificación.

 

Desviado unos 10º con respecto al eje longitudinal del sepulcro, se abre otro pequeño corredor o pasillo que da acceso a la segunda de las cámaras. Esta pequeña camarita sigue el mismo patrón que la anterior, aunque con sólo 2,34 m. de diámetro de base (la mitad prácticamente de la anterior).  Su altura máxima es de 2,40 metros.

 

Sobre las técnicas constructivas  de este sepulcro, tanto del túmulo como del interior, hay escasos datos si los comparamos con los otros dos dólmenes antequeranos. El principal motivo de esta carencia es que no existen actuaciones arqueológicas modernas que confirmen, o no, la tesis o explicaciones tradicionales que se vienen proponiendo durante décadas.

Comentarios

El túmulo (montículo artificial) tiene un diámetro de unos 75 metros, el mayor de los tres sepulcros antequeranos, y una altura total, medida desde el nivel del suelo, de unos 10 metros (entiéndase 4 metros que albergan la falsa cúpula más 6 metros de la parte superior del túmulo). 

 

El tholos de El Romeral está orientado sorprendentemente a un acimut de 199º, es decir, en el octante S-SO del horizonte y es uno de los poquísimos ejemplos de orientación a la mitad occidental del cielo en toda la Península Ibérica. Su eje apunta a otra notable mole rocosa, el Camorro de las Siete Mesas, la cumbre de la sierra de El Torcal. En el mediodía del solsticio de Invierno la luz del sol penetra hasta su segunda cámara sepulcral, fenómeno que se puede observar siempre con reserva previa, pues el aforo está limitado por razones de conservación.

 


Propiedad

La adquisición de los terrenos donde se encuentra ubicado el tholos de El Romeral (segundo recinto), fue realizada por la Comunidad Autónoma de Andalucía en 1986, comprados a su anterior propietario, Sociedad Azucarera Antequerana, por importe de 4.000.000 de pesetas.

Observatorio del Caminante

Procedencia
Se encuentra a los pies del Campo de los Túmulos, mirando hacia la vega, a modo de habitante atemporal o espectador contemporáneo. Este punto sirve de eje vertebrador en la visita al recinto, a la vez que se une al Centro Solar.
Comentarios

Lugar presidido por la escultura que le da nombre, obra del año 2005 del artista Miguel García, es un gran espacio abierto a la vega antequerana desde donde se pueden contemplar la Peña y el Cerro de Marimacho, así como la relación espacial de los túmulos con estos elementos.

 

Centro Solar Michael Hoskin

Para facilitar en lo posible la compresión de la idea sol-orientación que se observa en los dólmenes de Antequera, como en otros muchos casos, se construyó en el año 2007 esta plaza como preámbulo a la visita, llamada así en honor a uno de los pioneros en los estudios sobre Arqueoastronomía. El objeto esencial de esta disciplina es la investigación de las orientaciones astrales de ciertos edificios de la Prehistoria y la Antigüedad a partir del conocimiento de las dos ramas que la integran: la Arqueología y la Astronomía.

Descripción técnica

Se encuentra alineada con el eje del dolmen de Viera y orientada hacia la salida del sol por el horizonte en los equinoccios. La plaza se constituye en función de las direcciones de los puntos cardinales, dando a sus elementos un doble cometido funcional y astronómico.

 

Desde aquí se dirige la mirada al horizonte donde se sitúa La Peña y se podrá comparar con la ilustración que nos ofrece el perfil grabado en el banco curvo que rodea la plaza. En él se representan tres soles que indican su posición de salida por el horizonte en unos días muy concretos del año, el de la izquierda marca el solsticio de verano, el central los equinoccios y el de la derecha el solsticio de invierno.


Lo primero que observarían los grupos humanos que construyeron estos monumentos es que, situados en un lugar fijo de observación, el sol no sale todos los días por el mismo punto del horizonte. Mirando hacia el este, saldrá justo frente a nosotros en los equinoccios, es decir, los momentos en que el día y la noche tienen la misma duración. Esto ocurre dos veces al año, al comienzo de la primavera y al del otoño. Pongámonos en el equinoccio de primavera. A lo largo de la misma, el sol saldrá cada día más hacia el norte hasta llegar a un punto extremo. Es el solsticio de verano, en el que los días son más largos y las noches más cortas. A partir de entonces, el sol irá retrocediendo cada mañana hasta volver al centro, es decir, al este: es el equinoccio de otoño. Luego, a medida que transcurre esta estación, el sol saldrá cada vez más hacia el sur, alcanzando su punto extremo en el solsticio de invierno, momento en el que los días son más cortos y las noches más largas. Después irá retrocediendo cada día hasta alcanzar el punto de partida, de nuevo el este, de nuevo el equinoccio de primavera. Así, habrá transcurrido un año y habremos establecido de forma exacta el principio y el fin de las cuatro estaciones.


Bajo los pies, en el centro del pavimiento, se representa la Rosa de Menga que, a modo de Rosa de los Vientos, marca las orientaciones de los principales dólmenes de la Península Ibérica.  La orientación es un factor determinante en la comprensión del significado simbólico de la arquitectura dolménica. Cabe apuntar que los ciclos solares no pasaron desapercibidos para ninguna sociedad en la Antigüedad y, menos aún, para las megaliticas. Es más, estos ciclos astronómicos marcaban los ritmos en todos los aspectos de la vida; desde la cosecha a los rituales de la muerte. No sólo las construcciones ibéricas, sino también las europeas, tienden a orientar sus entradas, más o menos, hacia la salida de sol por el horizonte, tal como puede comprobar en la mayoría de las marcas representadas en la rosa.

 

El caso de los megalitos antequeranos es, en este sentido, excepcional y representativo, teniendo cada uno de ellos orientaciones diferenciadas. En estos especiales días del año (equinoccios y solsticios) el Conjunto Arqueológico ofrece al público visitante Las Celebraciones del Sol, promoviendo actividades didácticas y de arqueología experimental. Puede, también, reservar su plaza para observar cómo el sol inunda el interior de los sepulcros (más información en el Centro de Recepción).


Además de los elementos comentados, en la plaza encontramos el reloj solar ecuatorial en el centro, la meridiana a su izquierda y, por detrás de esta, el olivo centenario.


El reloj solar marca las horas del día a través de la sombra de su bastión, también llamado gnomon, en la cara norte durante la primavera y el verano y, en la cara sur, durante el otoño y el invierno. Dichas caras tienen marcadas en su superficie las unidades de tiempo. En los equinoccios la trayectoria del sol coincide con el plano del reloj, por lo que las horas se reflejan en el mismo gnomon.


La meridiana nos indica el mediodía a lo largo del año. 

 

Por último, el Memorial de los Dólmenes. Se trata del olivo centenario que estuviera durante años ante el atrio de Menga desde, al menos, 1886  hasta 2005, momento en que fue reubicado aquí con motivo de los trabajos de ordenamiento del Campo de los Túmulos. Testigo silencioso y memoria viva de las huellas de cuantas personas han pasado por Menga, ha sido elegido como eje del memorial. Una serie de monolitos, formando un crómlech atemporal, contienen los nombres de todos aquellos que han contribuido a la tutela y valorización de los dólmenes de Antequera.

Comentarios

Pinche aquí para acceder a la publicación "El Centro Solar Michael Hoskin" en nueva ventana.

 

La Peña de los Enamorados

Comentarios

El carácter de singularidad del conjunto megalítico de Antequera es su entorno paisajístico, en el que destaca su relación con una formación natural de gran prominencia y significación cultural: la conocida como Peña de los Enamorados que recuerda por su forma la cara de una mujer durmiente.

Estamos ante un paisaje que suministra su símbolo más poderoso en el perfil fragmentado de La Peña, un icono para crear un diálogo permanente entre el Universo y el ser humano. Frente al formidable envoltorio de piedra, La Peña como un gigantesco signo de interrogación. Según se ha descubierto en recientes investigaciones arqueológicas, la orientación anómala de Menga se explica por la presencia de un área de especial significado simbólico y ritual en la cara norte de la Peña, coincidente con el lugar conocido como abrigo de Matacabras, que alberga pinturas rupestres de estilo esquemático. Como complejo arqueológico mantiene una relación visual y simbólica de primer orden con Menga, estableciendo unas relaciones paisajísticas que son posiblemente únicas en la Prehistoria europea.

Estamos ante un espacio mental más que una simple realidad geográfica. Un "centro del mundo", donde lo sagrado se manifiesta de modo total.

En torno a La Peña se articula un complejo sistema de preguntas y respuestas, como si se tratara de un discurso existencial o una meditación sobre la vida y la muerte.

La zona ha sido recientemente declarada Bien de Interés Cultural con la tipología de Zona Arqueológica. Pinche aquí para obtener más información, en ventana nueva.

Torcal de Antequera

Comentarios

El Torcal

Una vez completado el recorrido del territorio dominado visualmente por La Peña, es preciso señalar que la relación directa entre los megalitos y el paisaje no se limita a tan significado elemento; por el contrario, en el caso del singular tholos de El Romeral, su disposición, y la apertura de su corredor de entrada, nos orienta hacia otro relieve montañoso de aún mayor escala y singularidad, la cumbre de la Sierra de El Torcal, donde se encuentra el importante yacimiento neolítico de la Cueva del Toro. Se trata de una espectacular formación kárstica, famosa por sus caprichosas configuraciones. La importancia de esta sierra se refuerza por su función como reserva hídrica del Río de la Villa cuyo curso define el contorno peninsular de la colina en la que se asientan los dólmenes.

Pinche aquí para acceder al Centro de Visitantes del Paraje Natural de El Torcal de Antequera, en nueva ventana.

 

 

El agua y las lagunas

La íntima relación entre la disposición fluvial y el lugar donde se asientan los megalitos nos hace retomar la consideración de la importancia del agua en el paisaje megalítico de Antequera. Así, el dolmen de Menga ofrece el hecho excepcional de estar dotado de un profundo pozo de suministro de agua en el lugar central de su espacio interior, del que, por el momento, desconocemos su destino y cronología.

Pero lo que hace más destacada la posición de los dólmenes de Antequera es su situación sobre una colina que se asoma en el contorno meridional de la planicie de la vega. Esta fértil llanura, que dispone de regadíos históricos, se formó como fondo de un antiguo mar interior del que permanece la huella de un conjunto de lagunas; hábitat excepcional de una de las principales reservas de flamencos de Europa. Las lagunas, desde un aspecto paisajístico, presentan el valor de actuar como una superficie especular donde se reflejan los principales relieves, lo que resulta especialmente atractivo en el caso de La Peña de los Enamorados.

Pinche aquí para acceder al Centro de Visitantes de la Reserva Natural Laguna de Fuente de Piedra, en nueva ventana.

Tierras de Antequera

Comentarios

La primera consideración que se nos plantea ante la excepcional monumentalidad de las construcciones prehistóricas antequeranos es la de suponer que su ámbito de influencia debía alcanzar una considerable magnitud.

La definición del espacio denominado "Tierras de Antequera" viene dada fundamentalmente por una realidad física que ha servido de marco a las sociedades productoras desde la Prehistoria reciente. Se trata de un concepto definido por el propio Conjunto Arqueológico en el que están presentes dos conceptos claves: el territorio y el devenir histórico ligado a este territorio.

El paisaje resultante, cuyo accidente geográfico vertebrador es el Alto Guadalhorce, se caracteriza por sus relieves suaves de colinas redondeadas que acaban convirtiéndose, hacia el centro, en una llanura casi plana. La impresión general es de un paisaje abierto aunque bien delimitado por hitos de relieve muy característicos, capaz, ambiental y económicamente, de soportar contingentes humanos numerosos.

Bajo este prisma, los límites de dicho paisaje serían:

  • Por un lado, el cambio de vertiente, de la mediterránea a la atlántica, que afecta a los extremos norte (cuenca del Guadalquivir) y este (cuenca del Genil).
  • Por otro, las estribaciones de la serranía de Ronda, hacia el oeste del territorio, quedando el flanco sur definido por los montes de Málaga que cierran nítidamente dicho espacio separándolo de la costa.

Y por último, a modo de hito geográfico visible desde cualquier punto del territorio, debe destacarse la presencia de la Peña de los Enamorados.

A partir de este marco se considera un ámbito territorial compuesto por dos grandes unidades de paisaje: la depresión de Antequera al norte y el corredor del Campo de Cámara al sur, separadas por un espacio intersticial: el dorsal del arco subbético y su inhóspito piedemonte septentrional.

La inusitada dimensión de los monumentos antequeranos encuentra su correspondencia en la densa red de huellas de:

  • Arte en cuevas (Ardales, Las Grajas, de las Palomas, de Alcaparaín, del Toro, de Belda, de la Pulsera, de Viján, de los Chivos, Cueva Rota, Casilla del Búho) y abrigos (Matacabras, Peñas de Cabrera, Arquillo de los Porqueros, Malnombre, Camarolos, Tajo del Cabrero, Chirino, Venta del Fraile, Cerro de Trébedes, Marchamona).
  • Asentamientos al aire libre (Marimacho, Perezón, Colchado, Silillo, Tajo de Gómer, cerros de Alcolea, Capellanía , La Mezquita, Peña de Hierro, Peñarrubia, Cañete, Loma del Cortijo Quemado, Zumacal, Peñón del Oso, Cerro García).
  • Actividad lítica (talleres en Turón, río Campanillas, río Cauche, Cerros de Alcolea, Capellanía, Herrera, Peña de Hierro).
  • Necrópolis, tanto dolménicas (Tardón, Chaperas, cerro Casa Arias) como excavadas en la roca (Alcaide, Aguilillas, Alameda, Ferradores, El Tardón), pasando por las cistas (Cerro de Alcolea).

Desde un punto de vista administrativo, la zona a la que nos vamos a referir como comarca o tierras de Antequera está formada por 24 municipios del norte de la provincia de Málaga, incluyendo Alameda, Alfarnate, Alfarnatejo, Almargen, Antequera, Archidona, Ardales, Campillos, Cañete la Real, Casabermeja, Colmenar, Cuevas Bajas, Cuevas de San Marcos, Cuevas del Becerro, Fuente de Piedra, Humilladero, Mollina, Riogordo, Sierra de Yegüas, Teba, Villanueva de Algaidas, Villanueva del Rosario, Villanueva del Trabuco y Villanueva de Tapia.

 

Cerro de Marimacho

Procedencia
Yacimiento clave para saber quiénes eran y cómo vivieron los constructores de los sepulcros. Se trata de un cerro o pequeña elevación que se sitúa al este de los sepulcros de Menga y Viera, por detrás del Centro de Recepción y que, por su proximidad a los dólmenes, siempre ha llamado la atención. Por un lado porque su perfil, similar a un gran túmulo, hizo que popularmente se albergara la idea de que podía contener un cuarto dolmen y, por otro, porque el lugar siempre ha llevado a los arqueólogos a buscar en él los restos de un posible asentamiento humano con el que relacionar los sepulcros megalíticos.
Descripción técnica
En este yacimiento se han encontrado varias estructuras subterráneas y se han recogido algunos fragmentos de arcilla con improntas o marcas de cañas y ramas que, entre los arqueólogos, se consideran prueba de la existencia de estructuras vegetales enlucidas con barro que podían formar parte de cubiertas o tejados muy livianos. En el piso o fondo de una de ellas se encontró un esqueleto humano. Cronológicamente se puede incluir en momentos muy antiguos de la Edad del Cobre, (finales del IV inicios del III milenio a. C.) y, en cualquier caso, posiblemente, coetáneo con la construcción de los dólmenes.
Comentarios
Al no existir, por el momento, excavaciones en extensión, es decir, en toda la superficie del Cerro Marimacho, cualquier interpretación posible quedará a expensas de ser confirmada o rechazada en un futuro.