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Montañés, maestro de maestros

29/11/2019

Exposición temporal 29 de noviembre 2019-15 marzo 2020

La exposición
La muestra reúne, en una ocasión única e irrepetible, las obras maestras del escultor Juan Martínez Montañés (Alcalá la Real, 1568- Sevilla, 1649), presentado como uno de los grandes creadores en la transición del Renacimiento al Barroco, capaz de levantar un territorio artístico personal, poniendo la intensidad al servicio de la fe y la belleza.


La exposición se propone mostrar la trascendencia del artista mediante una selección de lo más escogido de su producción: conjuntos que constituyen retablos o grandes encargos, junto a los mejores ejemplos de imaginería, relieves y esculturas de bulto redondo, de distintas etapas y representativas de las iconografías que contribuyó decisivamente a consolidar en la Sevilla barroca. Junto a  ello, el criterio mantenido en la selección de obras ha sido la representatividad, la calidad y el estado de conservación. Para ello en estos últimos meses con motivo de la muestra, se ha intervenido en 18 de las obras expuestas.     


El artista
Juan Martínez Montañés (Alcalá la Real, 1568- Sevilla, 1649) constituye un hito en la historia de la escultura española del Barroco. Las cotas alcanzadas por el artista lo convierten en maestro de maestros, cuyo principal discípulo fue Juan de Mesa. Esta exposición constituye una oportunidad única de profundizar en su vida y su obra en la génesis del Barroco en Sevilla.


El artista comienza su carrera en Alcalá la Real (Jaén) como dorador en el taller de su padre. Tras el traslado de la familia a la ciudad de Granada, en 1580, entra como aprendiz en el taller de escultura de Pablo de Rojas, uno de los imagineros que asientan los modelos de Crucificado y Nazareno que, luego, proliferarán en toda la geografía andaluza durante el Barroco. Nada se conoce de la obra que pudiera haber realizado en esta ciudad.


José Gestoso sitúa en su Diccionario la llegada de Juan Martínez Montañés a Sevilla en 1582. Sin embargo, el primer documento que constata la presencia del escultor en la capital hispalense, al dar testimonio de su vecindad en la ciudad, en la collación de San Vicente, data de 1587. El 1 de diciembre de 1588 supera con enorme suficiencia, según el acta firmada por los veedores Gaspar del Águila y Miguel Adán, el examen que le habilita para trabajar como escultor en la ciudad.


Su primera obra escultórica documentada es el San Cristóbal de formato monumental de la Iglesia del Divino Salvador, en lenguaje manierista. Le siguen la Virgen de Belén para el Duque de Arcos (1589), y una Virgen del Rosario para el convento de Santo Domingo de Alcalá de los Gazules, en Cádiz (1590). En este mismo año toma como aprendices en su taller a Ambrosio Tirado y Alonso Díaz. En el cambio de siglo, Montañés es ya una figura consolidada en el panorama escultórico de Sevilla. En este momento colabora con otros grandes artistas activos en la ciudad. De la primera década del siglo XVII datan las obras que una de las grandes figuras de la pintura sevillana, Francisco Pacheco, suegro de Velázquez, policroma: el soberbio Cristo de la Clemencia, hoy en la Catedral, de 1603-06; el Santo Domingo del convento de Portaceli, de 1605-09; o las cabezas de San Ignacio de Loyola y San Francisco de Borja, de la Casa Profesa de los Jesuitas de Sevilla, realizadas en 1610 y 1624, respectivamente. De este momento es el  San Jerónimo penitente del convento de clarisas de Llerena, el Niño Jesús del Sagrario de la catedral hispalense, y el Santo Domingo de Guzmán del Museo de Bellas Artes de Sevilla, inspirado por el San Jerónimo de Torrigiano, y de nuevo policromado por el suegro de Velázquez. Juan de Mesa entra como aprendiz en su taller en 1606, abandonándolo en 1615 ya como oficial. De la década siguiente son obras cumbre el retablo de San Isidoro del Campo, el Cristo de Pasión, para la Hermandad de Pasión ubicada entonces en la Casa Grande  de la Merced, hoy Museo de Bellas Artes de Sevilla, o el Cristo de los Desamparados del convento del Santo Ángel. De 1630 data la Inmaculada Concepción de la Capilla de los Alabastros de la Catedral de Sevilla, llamada La cieguecita, que se convertirá en modelo iconográfico de infinitud de inmaculadas escultóricas durante el siglo XVII; y de 1634 es el San Bruno procedente del monasterio de Santa María de las Cuevas, hoy en el Museo de Bellas Artes de Sevilla. Un año posterior es el Retrato de Felipe IV, que fundirá en Florencia Pietro Tacca, y que hoy puede verse en la Plaza de Oriente de Madrid. De 1638 son los santos Juanes del convento de Santa Paula. Una de sus últimas obras documentadas es el San Pedro de Cilleros (Cáceres), concertada en 1641, con la exigencia de que fuera realizada "en toda perfección".

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