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"Conversamos sobre José Caballero"
09/04/2026
En el Madrid de la II República, Dalí, Bergamín, Lorca, Buñuel, Neruda o Ponce de León, abrigados por la llama de la Residencia de Estudiantes, asimilaron el arte como esencia de un compromiso social y cultural. Con ellos, pese a su juventud, José Caballero (Huelva, 1913-Madrid, 1991), aportó una visión del arte repleta de símbolos y metáforas, algunas recogidas de la tierra y el cielo de Huelva, otras deudoras de las grandes vanguardias de su tiempo. Esto le lleva a describir y madurar una trayectoria plástica precisa y sensible que va desde surrealismo de formación clásica a la abstracción conceptual o gestual a fines de los años 50 del siglo pasado, eclosionando con rotundidad en las décadas de los 60 y 70.
Formado en la Academia de Bellas Artes de Huelva con Fernández Alvarado, coincide con Pontones, Moreno Díaz o Martínez Coto, artistas con ideario estético lejano al rancio academicismo dominante. Durante su adolescencia onubense, Caballero denota una extraordinaria sabiduría en el dibujo, lleno de precisión y sensibilidad, al que somete a una precoz dirección hacia los movimientos de vanguardia de la época. Prueba de su capacidad se testimonia en las dos exposiciones, ambas en el Ateneo Popular, que muestra en Huelva. En 1931, individual, y la segunda, en 1932, colectiva, titulada Semana de Arte Nuevo, junto a Lorca, De la Puente, Fernández Valdemoro y Gener.
Al finalizar la guerra civil, Caballero, sin abandonar del todo la pintura, se dedica más al teatro, al cine y a la publicidad; si bien, en las escasas obras plasmadas aún se percata el instinto del surrealismo, ecos de Dalí y Ernst, y las deformaciones diamantinas de aires cubistas que se acercan a Bores, confiriendo a la dimensión corpórea movimiento y elegancia.
A mediados de los cincuenta, con vigor extraordinario, Caballero somete a su pintura a una evolución constante, aún llena de referencias literarias, pero ya de una rigurosa síntesis plástica, que, como dice el pintor onubense, ¿parto de la realidad a la inquietud. De un hecho concreto a la incertidumbre de lo desconocido¿. Es la época de sus concreciones formales cuando despeja las querencias ¿dibujísticas¿ y oníricas para reducir al mínimo el objeto representado, yendo a su esencia mínima y esquemática, ordenada, rigurosa y constructiva, de un pensamiento austero, castellano sin perder la raíz andaluza, hondo y místico. De la concreción del objeto, pasa, a partir de un viaje a Oriente en 1966, a una obra matérica, telúrica, presidida por el signo y la caligrafía.
Sin duda, José Caballero es uno de los artistas españoles más discretos y honestos de nuestro siglo XX. Deudor, como tantos; propio como pocos.
Jesús Velasco Nevado

