Virgen de la leche
Procedencia
Comentario
Luisa Roldán, La Roldana (Sevilla, 1652-Madrid, 1706)
Virgen de la leche (1689-1706)
Terracota policromada al óleo. 26,50 x 19 x 3,5 cm.
Adquisición Junta de Andalucía, 2020
La representación de la Virgen de la Leche en el arte sevillano fue escasa en la primera mitad del siglo XVII, pero aumentó en la segunda: Alonso Cano, Zurbarán o Murillo. Solo conocemos una interpretación escultórica: la Virgen del Reposo de Valverde del Camino (Huelva), probable obra juvenil de Luisa Roldán. Una muestra del interés que suscitaba en Sevilla este tema son los escritos de Juan de las Ruelas y de José de Jesús María en los que ambos autores mencionan la belleza de los pechos de la Virgen. Con independencia de este posible precedente sevillano, fue un tema recurrente en su etapa madrileña. García Olloqui y Hall-Van den Elsen mencionan cuatro versiones del mismo tema, aunque ya conocemos más de una decena; dos pequeños relieves y nueve obras exentas. Solo una de las once está firmada y otra documentada [fig.1], pero las demás son atribuciones plenamente aceptadas por los especialistas. El tema era más popular en Madrid gracias a la devoción que suscitaba Nuestra Señora del Puerto, patrona de Plasencia y de los placentinos afincados en la corte, de la que Luisa Roldán hizo una réplica, noticia que conocemos por fuente literaria.
No se contó este tema entre los predilectos de la Iglesia católica, pero una referencia al asunto, hecha en el Evangelio de san Lucas (11: 27), justificaba su representación: «Le dijo [la mujer a Jesús]: ¡Feliz el seno que te llevó y los pechos que te amamantaron!». Además de esta fuente de máxima autoridad teológica, el episodio fue también descrito en los evangelios apócrifos y en una obra literaria que se inspiró en ellos: Mística ciudad de Dios, de sor María de Jesús de Ágreda, publicada en Madrid en 1670. En ella se describe la escena del reposo en el camino a Egipto: «allí tomaron algún aliento y cenaron de lo que llevaban desde Gaza; y la emperatriz del cielo dio el pecho a su infante Jesús». Es muy probable que Luisa Roldán leyera habitualmente, como tantos otros españoles de la época, la obra de esta monja visionaria.
Por el número de versiones de este tema, hemos de deducir que la Roldana tuvo una especial predilección por el mismo, lo que contrasta llamativamente con la escasez de interpretaciones de otros escultores contemporáneos. En otro trabajo hemos estudiado en qué medida esta escultora compartió con Murillo su especial sensibilidad, su inspiración en el entorno más cercano y su interés en expresar el mundo de los afectos. Pero también pudo tener motivaciones más profundas. Hubert Pöppel ha ofrecido reveladoras claves para entender el interés que mostró por el tema de Maria lactans la sociedad española del Siglo de Oro a pesar de los límites recomendados ¿no impuestos¿ por la ortodoxia religiosa católica. Entre otros factores, nos recuerda la preocupación de la Iglesia por compensar la peligrosa tendencia casi divinizadora de María, a la que conducía su controvertida concepción en el vientre de santa Ana. La representación de una María que alimenta, protege y cuida amorosamente de su hijo contribuiría realmente a enfatizar su dimensión humana.
Luisa nació en una España deprimida por la terrible peste de 1649, que llegó tras los conflictos en Flandes, Cataluña y Portugal; vivió la corte en su peor momento con Carlos II, la Guerra de Sucesión y los índices descontrolados de mortandad infantil. Ella misma vio fallecer a sus cuatro primeros hijos, a muy corta edad. Pero, sobre todo, vivió muy de cerca el drama sucesorio de la dinastía Habsburgo para la que trabajaba. Ya Felipe IV perdió a siete de sus diez hijos. El único varón resultó ser un individuo incapaz de engendrar nuevos herederos, lo que finalmente desembocó en un cambio de dinastía para el país y, por tanto, de protectores para Luisa Roldán. Es posible que esa circunstancia pudiera haber influido en que la obra que regaló a la reina Mariana de Neoburgo, en su aspiración a ocupar el cargo de escultora de cámara, fuera la impactante figura infantil del Niño Jesús nazareno, lloroso y angustiado bajo el peso de la cruz. No sabemos si alguna de las numerosas versiones de la Virgen de la Leche que han llegado al presente estuvo destinada a la reina, pero es comprensible que el tema de la crianza saludable de los lactantes fuera especialmente sensible en el ambiente de la corte del momento y que el número de esculturas de Luisa Roldán que representan este tema estuviese relacionado con la coyuntura política y no solo con dramáticas circunstancias personales, como hasta ahora se había pensado. Y no olvidemos que la obra que Luisa Roldán envió a la Accademia di San Luca en Roma y que le valió su nombramiento como accademica di merito fue precisamente, según Hall-Van den Elsen, un relieve de terracota de la Virgo lactans.
Alfonso Pleguezuelo Hernández en Pedro Roldán escultor (1624 - 1699). Consejería de Turismo, Cultura y Deporte, 2023, pp. 244-246.

