Actualidad
Incorporaciones a la colección
Siguiendo las tradicionales celebraciones que tenían lugar en distintas ciudades del reino para conmemorar la subida al trono de un nuevo monarca, la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla encargó, con motivo de la coronación de Carlos IV, un magnífico decorado delante de la fachada del gran edificio que es hoy la Universidad. En la portada del edificio se erigió una compleja arquitectura efímera llamada "Templo de la Fama", que estaba coronada por la representación escultórica de la Fama, realizada por Cayetano de Acosta, y que estaba presidida por la imagen de los nuevos reyes realizados por Goya.
Los retratos
Carlos IV, rey de España, 1789
Óleo sobre lienzo, 126 x 94 cm.
Adscripción del Estado, 2026
María Luisa de Parma, reina de España, 1789
Óleo sobre lienzo, 126 x 94 cm.
Adscripción del Estado, 2026
Goya retrata a los reyes siguiendo el mismo esquema compositivo y simbólico, mostrando los símbolos de la monarquía, visibles en las insignias y la indumentaria y representado sus rostros directamente sobre un fondo neutro, que hace resaltar aún más si cabe tanto las características físicas y expresión de los monarcas.
El rey viste casaca de terciopelo rojo y ostenta la insignia del Toisón de Oro. Luce también
la gran cruz y la banda de la Orden de Carlos III, la de la Orden de San Genaro de Nápoles, de color
rojo, y la de la Orden de los Caballeros del Espíritu Santo, en color azul. El pintor demuestra una gran
capacidad para el retrato, que muestra en la perfecta captación psicológica del personaje y en la realización de un rostro cercano, vivaz y abierto al espectador. El retratado posa con naturalidad, aunque se aprecia una aparente rigidez que el pintor resuelve dotando a la obra de cierto movimiento en los cortinajes verdes de vivos reflejos que sirven de fondo a la composición.
Otros detalles simbólicos contribuyen a la divulgación de la imagen del nuevo monarca, como
la corona, pintada en segundo plano, sobre la mesa.
La reina lleva un vestido verde azulado oscuro y un aparatoso tocado de plumas y gasas propio del gusto francés, al igual que el lunar postizo que luce en su sien izquierda. La captación de algunos símbolos como la Cruz Estrellada de Austria, concedida por la emperatriz María Teresa, que ostenta sobre el pecho, o la corona situada en segundo plano sobre el manto de armiño, contribuyen a potenciar la imagen oficial de la monarquía. El pintor demuestra un gran virtuosismo en la representación de las texturas y brillos de los tejidos más vaporosos y de las joyas, resueltos a partir de pinceladas rápidas y empastadas en blanco con toques amarillos para resaltar los brillos. Esta obra guarda especial relación con el retrato homónimo conservado en el Museo del Prado.
Los retratados
Carlos IV (Nápoles, 1748 - Roma, 1819) sucedió a su padre Carlos III en el trono tras su muerte. El
nuevo monarca poseía gran capacidad en asuntos de estado, pero en numerosas ocasiones se vio
dominado por la fuerte personalidad de su esposa. A ello se le unieron los acontecimientos revolucionarios iniciados en Francia en 1789, el empeoramiento de la economía y los continuos rumores de infidelidad de la reina, circunstancias que terminaron por mermar sus expectativas iniciales.
María Luisa de Parma (Parma, 1751 - Roma, 1819) fue prima de Carlos IV, y su mujer desde los catorce años de edad. Convertida en reina consorte tras la muerte de Carlos III, en 1788, asumió como tal una posición clave en la política española aunque su carácter le llevó a tener desavenencias con algunos miembros de la Corte española.

