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Estampas de la Semana Santa

Recorrido por la Semana Santa sevillana a través de las estampas de la donación realizada por Francisco Luque Cabrera al museo en 2017

El interés por Sevilla que manifiestan escritores y artistas europeos durante el siglo XIX no se restringe a los monumentos o a su historia. Para estos viajeros uno de los mayores atractivos eran nuestras costumbres y tradiciones, destacando entre ellas la Semana Santa, especialmente llamativa por su carácter callejero y su riqueza patrimonial. La prensa ilustrada decimonónica, tanto nacional como extranjera, recoge con frecuencia imágenes de la misma. Las revistas ilustradas que proliferan tras la llegada de la técnica litográfica difunden la información generada en todas las partes del mundo en un escaso lapso de tiempo. Así, en la francesa L'Illustration se publica la estampa Procesión de Semana Santa en Sevilla. Las Cinco Llagas en la que refleja muy bien el carácter popular de la celebración con la pintoresca presencia de los soldados romanos, los llamados "armaos", que se pusieron de moda en muchas cofradías de la época. 

En el nº 13 de La ilustración Española y Americana, de fecha 8 de abril de 1893, aparece un fotograbado Incendio del manto de la Virgen de la Amargura en la procesión del Domingo de Ramos, sobre dibujo de José Arpa. La revista contaba así lo sucedido el domingo de ramos del 26 de marzo de ese año en la Plaza de san Francisco, entonces Plaza de la Constitución cuando el paso de palio sufrió, ante el espanto de los asistentes, un aparatoso incendio que quemó la parte superior del manto y del techo de palio.: "... Abalanzáronse a ella varias personas, entren las cuales algunas de las que conducían el paso, tratando de contener el incendio. Costó no poco esfuerzo lograrlo, así como también salvar el San Juan Bautista, obra de gran valor, y que corrió gravísimo riesgo de quedar reducida a cenizas. La Virgen fue despojada de todas sus vestiduras y cubierta con los mantos de los nazarenos".

La celebración en Sevilla de la Semana Santa fue ganando en popularidad debido a la suntuosidad de sus pasos y cortejos a medida que avanzaba el siglo XIX . Las obras impresas dedicadas a las hermandades profileran en este siglo, tanto en estampas sueltas de tipo devocional, como en conjuntos de litografías de carácter descriptivo de las diferentes cofradías., siendo la más conocida la colección de cromolitografías de M. Grima, de la que se imprimieron varias ediciones. El paso de Jesús de la Pasíón es un ejemplo de obras pertenecientes a una de estas series. Esta revitalización de la Semana Santa supuso la recuperación e incremento del patrimonio y los cortejos de las diferentes corporaciones. Es el caso de la centenaria Hermandad de Montserrat, reorganizada a mitad de siglo, que incorporó, entre los años 1861 y 1885, este Paso de Elías de la Hermandad de Montserrat, imagen realizada por el escultor Vicente Hernández Couquet. Como ocurre en la mayoría de los casos, la imagen impresa reproduce una obra anterior, bien sea un dibujo, un lienzo o, incluso, una fotografía. Se trata de una pintura de Manuel Cabral Bejarano, artista sevillano que dedicó varias de sus obras costumbristas a las procesiones de la Semana Santa sevillana. En el Paso de la Virgen del Valle se pueden observar también algunos cambios con respecto a como procesiona actualmente, en el respiradero y la candelería del palio y en las figuras de san Juan y la Magdalena que hoy en día no acompañan en sacra conversación a la Virgen. Al pie de este grabado se dice: "...escultura del célebre Martínez Montañés". Y así se vino atribuyendo su autoría al jiennense durante mucho tiempo, hasta que pasó a ser relacionada con la obra de Juan de Mesa. La figura de este genial escultor fue redescubierta en 1930 por Sancho Corbacho, quien encuentra en el Archivo de Protocolos la carta de pago del Señor del Gran Poder -atribuido desde antiguo a Montañés-, con la firma de Mesa.   

La obra de Hohenleiter dedicada a la Semana Santa sevillana constituye posiblemente el conjunto artístico más significativo dedicado a esta celebración en el siglo XX. En ella destaca su conocida serie sobre los nazarenos de las diferentes hermandades con sus indumentarias distintivas acompañando a alguno de sus pasos. En general, sus dibujos, sin apartarse del realismo, suponen una revisión del costumbrismo característico de la escuela sevillana, añadiéndole a la obra gráfica un componente modernista  que supera la tradicional visión de destacados autores de la generación anterior como José García Ramos o José Jiménez Aranda. Frente a los grabados descriptivos del siglo XIX, que prestan atención al detalle anecdótico y al folklorismo festivo de la Semana Santa, en los que se reproduce la celebración con interés documental, obras como Al pasar la Virgen de la Amargura por la capilla de Monte-Sión, le ofrecen sus hermanos un ramo de claveles
Jesús del Gran Poder, majestuoso en su hermosura, sale de la Parroquia de San Lorenzo, reflejan la festividad religiosa desde un planteamiento puramente pictórico. El interés del artista se centra en la captación de la iluminación de estas escenas nocturnas, con los múltiples matices que aportan las diferentes fuentes de luz.
Del mismo autor, la obra Visitando los sagrarios refleja esa costumbre -a fin de conseguir indulgencia plenaria- la mañana del Jueves Santo en Sevilla. Costumbre fundamentalmente femenina, pues se puede ir acompañada o sola, en "grupos de señoritas", como las denomina la prensa de la época. Para ello la mujer utiliza desde finales del siglo XIX una indumentaria propia de luto, la mantilla negra, acompañada de vestido negro comedido, y sobria joyería. Y así lo refleja Hohenleiter en esta estampa de los años 20, donde tres esbeltas jóvenes charlan en una calle a la espera del paso de una cofradía. Como telón de fondo, una fachada inspirada en alguna de las iglesias sevillanas de estilo gótico-mudéjar. 

La prensa extranjera también se hizo eco del aspecto más popular de la tradición local como se ve en el fotograbado que London News que  publicó el 14 de abril de 1906 la estampa Domingo de Ramos en Sevilla. Cambiando las palmas en la que se explicaba al público inglés la costumbre de sustituir las palmas antiguas por las nuevas "Las palmas, labradas en varias secciones, son llevadas a la casa después de haber sido bendecidas, y son fijadas a la fachada, normalmente en el balcón, si lo hubiera. Allí permanecen durante un año, y no son reemplazadas hasta el siguiente Domingo de Ramos". 

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