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Huida a Egipto y caída de ídolos, de Antonio del Castillo Saavedra

Nueva adquisición de la Junta de Andalucía de una obra del pintor barroco cordobés Antonio del Castillo Saavedra para la colección del Museo de Bellas Artes de Córdoba

La Junta de Andalucía ha adquirido para el Museo de Bellas Artes de Córdoba la obra Huida a Egipto y caída de ídolos, del pintor cordobés Antonio del Castillo Saavedra (1616-1668), máximo exponente en la pintura barroca cordobesa.

Hijo del pintor Agustín del Castillo, se mantuvo fiel al naturalismo durante toda su vida sin dejarse llevar por el devenir de las nuevas corrientes mas barroquizantes, por lo que es difícil establecer una cronología clara de sus obras sin documentación que lo avale. Su figura es fundamental en las colecciones del Museo de Bellas Artes de Córdoba, que conserva un importante conjunto de obras producidas por el artista. Entre dibujos y pinturas se cuentan sesenta y tres originales que traslucen la relevancia que el pintor llegó a disfrutar en su tiempo. Fue un prolífico dibujante, con una extraordinaria habilidad para el uso de la pluma de caña y prueba de ello son los treinta y dos dibujos que posee el Museo. En estas obras en papel Castillo representa una temática variada entre las que se pueden destacar la figura humana, los animales, la naturaleza y los diseños arquitectónicos y ornamentales.

En relación a la producción pictórica, el Museo muestra en su sala IV trece de las treinta y una obras que constan en sus inventarios. Las obras mas interesantes que el público puede contemplar son el Calvario, procedente de la capilla del Santo Oficio de la Inquisición en el Alcázar de los Reyes Cristianos, el Bautismo de san Francisco de Asís, realizado para el nuevo claustro del convento de san Pedro el Real, y los tres lienzos de gran formato del ciclo pictórico de la escalera del convento de S. Pablo, como son San Francisco de Asís, Santo Domingo de Guzmán y la Aparición de san Pablo a san Fernando.

La pintura titulada Huida a Egipto y caída de ídolos permite ampliar la presencia del maestro del siglo de oro cordobés en el Museo. La obra representa el episodio recogido en el Nuevo Testamento del traslado de la sagrada familia a Egipto para proteger a Jesús de la ira de Herodes, que quería matar al Niño. La marcha se produce trás un sueño de José en que un ángel le indica el momento de la partida y el regreso, antes y después de la matanza de los inocentes. Asunto que ha sido representado iconográficamente desde la antigüedad en tres momentos principales: la huida propiamente dicha, el descanso en la huida y el retorno, este último menos representado.

Esta narración del Evangelio de san Mateo será ampliada en los Evangelios Apócrifos y en la tradición cristiana posterior, con multitud de anécdotas y milagros acaecidos a lo largo del viaje. Esta representación muestra un momento de la huida, en tono amable, en el que la Virgen María con el Niño en brazos se sitúa a lomos de un asno, junto a un san José transportando sus útiles de trabajo como carpintero, que confiere a la escena un sentido más popular. Junto a la sagrada familia, que ocupa la posición central de la composición, dos ángeles niños le salen al paso, tratando de dominar al pollino, mientras un tercer ángel desciende del cielo para entregarles un ramo de frutas. El característico tratamiento del paisaje de Antonio del Castillo se concreta en los árboles del fondo, junto con la vista de una ciudad en la que se pueden identificar las murallas, iglesias y torreones. 

A la izquierda de la composición se representa un soporte que sostiene una escultura de la que se visualiza únicamente un pie. En el ángulo inferior izquierdo del lienzo aparecen varios fragmentos esparcidos por el suelo de una escultura de desnudo masculino mutilada, que simboliza la caída de los ídolos paganos y la supremacía del Dios cristiano sobre el paganismo anterior. Relata el episodio recogido en el evangelio apócrifo Pseudo-Mateo, que cuenta que cuando la sagrada familia llega a la ciudad de Sotina (o Sotinen) pasaron por el templo romano de la ciudad y al entrar en él todos los ídolos que representaban a los dioses romanos cayeron rotos al suelo. Este episodio se ha interpretado como símbolo de la supremacía de la religión cristiana sobre el paganismo.

Un ejemplo más del buen hacer de Antonio del Castillo respecto a la concreción de escenas, plasmado de figuras y tratamiento de un paisaje de fondo de carácter naturalista. Procedente de una colección privada cordobesa, Colección Porras de la Puente, la obra ingresó en el Museo en 2023 tras su adquisición por la Consejería de Turismo, Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía en Alcalá Subastas de Madrid. Tras su presentación al público en la tarde del 17 de septiembre de 2025 por la Consejera de Cultura de la Junta de Andalucía, Patricia del Pozo, luce en la sala barroca del Museo de Bellas Artes de Córdoba para disfrute de todos los visitantes del Museo.

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