Las Colecciones

Obras Singulares

La bendición del campo en 1800

Salvador Viniegra y Lasso de la Vega (1862-1915)

Óleo sobre lienzo

345 x 596 cm.

1887

Procedencia

Adquirida al autor por el Estado en 1887

Comentarios

Obra costumbrista del pintor gaditano Salvador Viniegra, que narra la ceremonia de devoción popular de bendecir los campos durante la época de siembra, con el fin de que el Altísimo conceda y preserve los frutos de la tierra. Se trata de su obra más conocida y fue merecedora de primera medalla en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1887. La realizó en Roma, adonde se había trasladado en 1882 para ampliar sus estudios.


De familia acomodada, Salvador Viniegra es el paradigma de artista culto, viajero, amante, además de la pintura, de la música y la literatura, que también cultivó. Como pintor se especializó en temas de historia y de género.


La tradición cristiana de bendecir los campos adopta en las parroquias rurales la forma de procesión a través de los campos, con la esperanza de alejar peligros, como tormentas, heladas, o cualquier otro fenómeno imprevisto, y conseguir así una buena cosecha en el otoño. Un instante en una de esas procesiones marianas, es la que captura el pintor en esta obra; el sacerdote en el centro, vestido con rica casulla, con el hisopo y el libro de oraciones, seguido de la Virgen, llevada sobre el trono, sacristanes, monaguillos con incensarios y otros portando las custodias, mientras el grupo de labriegos y mujeres les acompañan, y todo con mucho detalle de objetos, vestidos y telas, según la manera de vestir que corresponde a principios del siglo XIX.

La marcha, el movimiento, se acentúa en esta composición horizontal, donde solo los elementos religiosos como el palio de la Virgen, los estandartes, pendones y faroles rompen esa horizontalidad. La otra gran protagonista del cuadro es la luz y sus efectos sobre el cielo y las figuras, aun no pudiéndose precisar si se trata de la luz del amanecer o del atardecer.


En su momento, la obra tuvo gran éxito popular y de crítica, reproduciéndose en series de cromos y litografías. Fue expuesta en varias ciudades europeas como Múnich, Budapest y Viena.


 

Matronas Sedentes

Mármol

 

Matrona n.º 1 La Colosal:

  • Torso: 152 x 153 x 47 cm.

  • Piernas: 146 x 101 x 80 cm.

Matrona n.º 2:

  • Torso: 82 x 86 x 36 cm.

  • Piernas: 100 x 73 x 62 cm.

Matrona n.º 3:

  • Torso (Colección MAN): 91 x 85 x 40 cm.

  • Piernas: 91 x 82 x 60 cm.

 

Época romana. Mediados del siglo II d. C.

Colección Loringiana.

Procedencia

Plaza del Pilar Alto, Cártama. Málaga

Comentarios

Se trata de tres esculturas sedentes realizadas en mármol, de tamaño colosal, formadas cada una de ellas por dos piezas: la primera sería el torso propiamente dicho y la segunda comprendería desde el arranque de los muslos a los pies.

 

Todas visten de igual modo, con la stola, una clase de túnica ceñida por una cinta anudada justo debajo del busto. En el brazo derecho muestran una manga ancha, abierta sobre el hombro y cerrada con botones. Sobre la stola, desde el hombro izquierdo cae una amplia palla, o manto que cubría la cabeza, subía por la espalda para descansar sobre el brazo del mismo lado y caer sobre sus piernas. Estas prendas típicas de uso femenino, son herederas de las homólogas griegas, denominadas chitón e himatión, aunque en el caso de la palla, tenía un uso más versátil, era menos pesada y pequeña que la prenda griega. En cuanto al tratamiento de los paños, la escultura de mayor tamaño presenta una adherencia más nítida, se transparenta mejor y el juego de los pliegues es más rico y variado.

 

Su aspecto fisonómico, talla y elaboración, hace pensar que las tres esculturas proceden del mismo taller. Por otro lado, hay que resaltar que en todas ellas las cabezas y manos eran piezas exentas, labradas aparte y hoy perdidas, que se añadían encajándolas en las oquedades que presentan las piezas a tal efecto.

 

Con toda probabilidad se trata de estatuas de culto en la Cartima romana. Su paralelo más cercano es la escultura colosal de la emperatriz Livia representada como Ceres hallada del teatro de Mérida. Por otro lado, en el Cortijo de los Alejo, en las cercanias de Cártama apareció una cabeza colosal de Juno o Ceres que, por diversas circunstancias fue a parar a la colección Arrese en Corella (Navarra). Se apunta la hipótesis de que esta cabeza correspondiese a la matrona de mayor dimensiones, resultando así una pieza en todo semejante a la Ceres de Emerita Augusta, aunque de mayor tamaño.

 

Las tres esculturas salieron a la luz en las excavaciones que en la Plaza del Pilar Alto dirigieran el ingeniero Carlos de Luján en 1747. Posteriormente estas piezas se colocaron empotradas en paredes de la cárcel del pueblo y en otras ubicaciones similares en casas particulares, de donde fueron llevadas al Museo Loringiano en la finca de la Concepción.

 

 

La princesa de Kapurtala (Retrato de Anita Delgado)

Federico Beltrán Masses (1885-1949)

Óleo sobre lienzo

205 x 144 cm

1919

Procedencia

Adquirido a Victoria Winans Delgado en 1983

Comentarios

Retrato de la bailarina malagueña Anita Delgado, una joven de origen humilde, convertida en maharaní de Kapurthala tras su matrimonio en 1908 con el maharajá de este principado indio, en un giro del destino propio de los cuentos de hadas, realizado por el pintor cubano de origen español Federico Beltrán Massés en una de las estancias de la pareja en París, dentro de una vida de viajes por Europa e India, cuando ella cuenta con 29 años de edad.

 

Formado en Barcelona y Madrid, donde fue alumno de Sorolla, y con un estilo muy personal, la obra de este artista, al que se ha situado entre el Arte Decó y el Simbolismo, se centró principalmente en el retrato, convirtiéndose en un retratista de fama internacional, siendo durante años el pintor de moda de millonarios, reyes, aristócratas o artistas, con un gusto muy especial por el retrato de mujeres lujosamente vestidas de sedas y pedrerías, a menudo reclinadas o tumbadas en divanes a modo de majas.

 

Aquí nos presenta a Anita Delgado elegantemente ataviada, recostada sobre un diván, en actitud sensual, cuya figura destaca con luz propia del oscuro fondo, vestida a la oriental, con un sari verde y dorado, luciendo magníficas joyas regalo de su marido, destacando la medialuna de esmeraldas que lleva en la frente, en un retrato que transmite belleza y exotismo.

 

La obra hace gala de la reputación del artista como un gran colorista, en cuya paleta destacan el azul y el verde, aquí presentes; el azul era uno de sus tonos favoritos, su característico "azul Beltrán", un azul oscuro, intenso, pero a la vez luminoso "como una noche de verano".

La última ola (Naufragio)

Emilio Ocón y Rivas (1845-1904)

Óleo sobre lienzo

250 x 224 cm

1893

Procedencia

Museo de Arte Moderno

 

Comentarios

Extraordinaria marina del malagueño Emilio Ocón, una poderosa composición que nos acerca a la tragedia en el mar, al sobrecogedor momento en el que los supervivientes de un naufragio luchan por conseguir llegar a tierra y salvar sus vidas.

 

Pintor de marinas adscrito al realismo, fue maestro y figura esencial en la creación de la escuela marinista en Málaga. Ocón trabajaba del natural directamente de los lugares que pintaba, normalmente la bahía y el puerto de Málaga, "au plein air", costumbre que aprendió de su maestro Carlos de Haes, y que revolucionó el cuadro de paisaje, dándole una frescura y un dinamismo inédito hasta entonces.

 

Esta es su obra más conocida, y una de las pocas en las que introduce un elemento narrativo, el naufragio, muy del gusto romántico tanto en el tema como en su tratamiento, dentro de una obra que, en su conjunto, habla habitualmente de un mar tranquilo en cuyas costas faenan barcas de pesca o donde grandes naves atracadas en el puerto dan cuenta de la actividad comercial propia de la Málaga del momento. En el centro de la composición se debate la barca, verdadera protagonista del cuadro, habiendo conseguido realizar Ocón un estudio de los rostros de los marineros, que denotan cansancio, abatimiento y, al mismo tiempo, una angustiosa esperanza ante la cercanía de tierra, aunque sin saber si podrán sobrevivir a las últimas olas que los separan de la playa. El mar embravecido y el tormentoso cielo los acomete con pincelada libre, viva, primando el color frente a la línea, al dibujo, abordando directamente el lienzo con el pincel, y utilizando un colorido claro y fresco, consiguiendo con todo ello dar soltura y realidad a la composición y a la naturaleza que refleja.

Ménsula de arco triunfal

Mármol.

90 x 40 cms.

Época romana. Último tercio del S. II d.C.

 

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Procedencia

C/Alcazabilla. Málaga

Comentarios

Se trata de una ménsula hallada al realizar los desmontes de la calle Alcazabilla y recogida por D. Teodoro Bermúdez Gil. La ménsula se encuentra decorada en los laterales por unas volutas que terminan en la parte superior e inferior respectivamente en una roseta de cuatro pétalos con botón central. En su frente se encuentra esculpida una Victoria, Niké, aparece ataviada con un amplio peplo que deja al descubierto el hombro derecho y se ciñe bajo el busto con una cinta. El peplo se ciñe al cuerpo, en el intento de crear la sensación de vuelo por parte de la figura, dejando al descubierto la pierna derecha desde el muslo. La figura aparece mutilada, el brazo izquierdo presenta señales de haber portado una hoja de palma o una corona, atributos de esta alegoría.

 

Esta pieza presenta un gran valor arqueológico por la hipótesis formulada por García Bellido y recogida por Rodríguez Oliva en la que esta pieza formaría parte de un arco triunfal construido tras la victoria obtenida sobre los mauros norteafricanos en el año 176 d.C. Se correspondería con la clave del arco y su paralelo más cercano en la Betica sería una pieza similar, procedente de Itálica, que se encuentra actualmente en el Museo Arqueológico de Sevilla.

 

Las tribus mauras estaban integradas en la provincia de Mauritana Tingitana con diversos estatutos, aunque había grupos no eran controlados por el Imperio. Éstos solían realizar ataques en busca de botín sobre las ciudades romanas del norte de África o cruzar el Estrecho en determinadas ocasiones en expediciones de saqueo. Desde el reinado de Nerón (58-64 d. C.) hay algunas noticias de incursiones mauras en la Bética. Sin embargo fue en la década de 170 d. C., bajo Cómodo, cuando se produjeron dos incursiones más serias, que llegaron a poner en grave peligro a ciudades como Italica y Singilia Barba. Ello obligó a la llegada de tropas legionarias desde el norte de la Península (Legio VII, León) y norte de África (Lambaesis, Argelia) para repeler a estas bandas.

Carpeta La Tauromaquia

Pablo Ruiz Picasso (1881-1973) y Ediciones La Cometa.
Aguatinta al azúcar, sobre papel de hilo Guarro.
36,5 x 51 cm.
1957.
Procedencia
Colección de Jaime Sabartés, Secretario personal de Picasso.
Comentarios
Picasso es el genio artístico malagueño por excelencia. Creador incansable, manifiesta gran soltura y dominio en la creación gráfica. Esta carpeta de la "Tauromaquia" o "El arte de torear" fue realizada por encargo para ilustrar la publicación, por Gustavo Gili en Ediciones la Cometa de Barcelona, de la obra escrita a finales del siglo XVII por José Delgado y Gálvez, alias "Pepe Hillo". Consta de 26 aguatintas al azúcar y una estampa a punta seca que Picasso añadió en 1959 como portada. Parece ser que las 26 planchas fueron concebidas por Picasso en un breve espacio de tiempo, después de asistir a una decepcionante corrida de toros en Arlés (Francia). La serie se ordena siguiendo el ritmo de la corrida actual, excepto algunas imágenes "antiguas", suscitadas por el texto, y las dos últimas complementarias que se refieren a la suerte de "rejones". Esta serie de grabados se caracteriza por la sencillez en las líneas y manchas de las composiciones, quizá fruto de la rápida ejecución, y por la visión y el encuadre de la fiesta casi fotográfico y documental, enfatizados por los matices que ofrece el grabado al azúcar. En el Museo de Málaga, se conservan tres carpetas litográficas y ésta de grabado al aguatinta. La obra picassiana del Museo se completa con un óleo de la época de aprendizaje, y tres dibujitos muy interesantes. Así mismo, se conserva una pintura denominada "El Mosquetero" y una cerámica seriada. Todo ello se completa con una extraordinaria colección bibliográfica sobre Picasso, donada al Museo por su secretario Jaime Sabartés.

Ecce Homo

Joaquín Martínez de la Vega (1845-1905).
Acuarela sobre papel.
51,2 x 34,5 cm.
1893.
Procedencia
Capilla de las Ánimas de la Iglesia de San Juan de Málaga.
Comentarios
Nacido en Almería, llega a Málaga en 1869, tras su etapa de formación en Madrid, donde había estudiado en la Academia de Bellas Artes de San Fernando con Madrazo. Conoce a Denis Belgrano, realizando juntos las pinturas del Salón de actos del Conservatorio María Cristina de Málaga. Pronto se va haciendo de una clientela entre la burguesía malagueña, para la que realiza numerosos retratos. Como la mayoría de los pintores del XIX, ejerce la docencia en la Escuela de Bellas Artes, especializándose en pintura de temática costumbrista, el retrato o el cartel, y derivando finalmente hacia la pintura religiosa. Sin lugar a dudas, es el pintor más creativo del panorama artístico malagueño, que entronca con las propuestas de renovación plástica de fin de siglo. Esta obra forma pareja con una "Dolorosa", ambas realizadas tras la muerte de su primera esposa, Dolores Casilari, acaecida el 18 de febrero 1893. Esta pareja de dibujos sería donada por el pintor a la Hermandad de las Ánimas de la Iglesia de San Juan. A partir de ese momento cambió la producción de Martínez de la Vega multiplicándose los temas religiosos, especialmente el de la pareja "Ecce Homo y Dolorosa", frecuente en la iconografía barroca malagueña gracias a Pedro de Mena. Su técnica también varía y la rapidez de ejecución y las líneas enmarañadas se convierten en características definitorias en la etapa final de su obra. En este caso al trabajar a la acuarela utiliza el color para enfatizar el sentimiento de espiritualidad que preside su producción de esta época.

¡Y tenía corazón! (Anatomía del corazón)

Enrique Simonet y Lombardo (1863-1927).
Óleo sobre lienzo.
177 x 291 cm.
1890.
 
Procedencia
Museo de Arte Moderno
Comentarios

Pintor valenciano vinculado al círculo malagueño, tanto por su origen familiar como por su actividad profesional continua. Pensionado en Roma, realiza obras de gran formato y de muy diferente temática. Esta sobrecogedora obra recoge el momento en el que el forense realiza una autopsia a una joven que yace sobre una mesa. El tratamiento realista del tema y su crudeza han hecho que algunos autores encasillen esta pintura dentro del realismo social; sin embargo, la obra también sobresale por su interés por los contrastes lumínicos, el detalle de la representación realista, la rigurosidad anatómica y la experimentación con elementos tan arriesgados como la profundidad del cuadro sugerida por el escorzo de la joven, por lo que debería considerarse como parte de la corriente cientifista que domina el siglo XIX. Simonet no aporta grandes novedades a su pintura, más bien las integra en el cuadro, como el fondo neutro de la habitación, el contrapeso lumínico entre la pared y la ventana, el bodegón que conforman las botellas de formol de distintos colores, rompiendo la monotonía cromática de las tonalidades empleadas en el resto de la pintura. El estudio anatómico del cuerpo de la chica es impecable, así como el tratamiento de su cuerpo en ese escorzo. Pero si hay algo por lo que destaca esta obra es por los contrastes lumínicos de luces y sombras. Se trata en suma de uno de los cuadros más interesantes de este artista, y uno de los más valorados en las colecciones del Museo de Málaga.

Ecce Homo y Dolorosa

Luis de Morales (1509-1586).
Óleo sobre tabla.
73 x 50 cm.
1550-1575 aproximadamente.
Procedencia
Oratorio de puertas de la Capilla del Palacio del Pardo. Díptico adquirido por Felipe III en 1614.
Comentarios
Morales, pintor manierista que muestra en su obra influencias tanto italianas como flamencas, trabajó en la zona de Extremadura y Portugal, donde consiguió una gran fama que se extendería por toda España, llegando a ser conocido como "El Divino Morales". Trabaja fundamentalmente la pintura de temática religiosa, en un ambiente artístico dominado por las normas que dictaba el recientemente celebrado Concilio de Trento. Creó un repertorio muy limitado -con temas como la Virgen con niño, la Piedad, la Dolorosa y el Ecce Homo-, pero de gran impacto popular y de una religiosidad sencilla y directa. Ambas obras formaban parte de las puertas del Oratorio de la Capilla del Palacio del Pardo y responden a un esquema compositivo sencillo. En su pintura se aprecia una gran influencia de la pintura italiana, tanto en el gusto por los contornos difuminados -el famoso sfumato leonardesco- como en el alargamiento de las figuras propio de los manieristas. La influencia flamenca, muy importante en la pintura española del siglo XVI, se observa en el detallismo y minuciosidad de la pincelada, así como en el dramatismo y expresividad del rostro.

Venus de Benaoján

Cerámica modelada.
65 x 40 mm.
III-II milenio a.C.
Procedencia
Cueva de la Pileta, Benaoján, Málaga.
Comentarios

Esta pieza tiene un extremo más ancho, con los ángulos redondeados, en lo que podría constituir la base; se estrecha en el centro mediante una suave curva para ensancharse de nuevo en el otro extremo. En la parte alta tiene dos perforaciones, más abajo surgen dos pequeños volúmenes redondeados y en la zona más baja una zona punteada. Fue moldeada por alguien que quiso representar las formas de una mujer, con los ojos, los pechos y el vello púbico.

La recogida de esta pieza sin reconocimiento de los contextos arqueológicos ha limitado la información útil necesaria para poder precisar distintos aspectos de interés científico, como la cronología. No obstante, se han documentado figuras similares en pinturas de las paredes de las cuevas, típicas del llamado arte esquemático, y con paralelos en otros yacimientos de la provincia (Necrópolis de Las Aguilillas) y fuera de ella.

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