Las Colecciones

Obras Singulares

¡Y tenía corazón! (Anatomía del corazón)

Enrique Simonet y Lombardo (1863-1927).
Óleo sobre lienzo.
177 x 291 cm.
1890.
 
Procedencia
Museo de Arte Moderno
Comentarios

Pintor valenciano vinculado al círculo malagueño, tanto por su origen familiar como por su actividad profesional continua. Pensionado en Roma, realiza obras de gran formato y de muy diferente temática. Esta sobrecogedora obra recoge el momento en el que el forense realiza una autopsia a una joven que yace sobre una mesa. El tratamiento realista del tema y su crudeza han hecho que algunos autores encasillen esta pintura dentro del realismo social; sin embargo, la obra también sobresale por su interés por los contrastes lumínicos, el detalle de la representación realista, la rigurosidad anatómica y la experimentación con elementos tan arriesgados como la profundidad del cuadro sugerida por el escorzo de la joven, por lo que debería considerarse como parte de la corriente cientifista que domina el siglo XIX. Simonet no aporta grandes novedades a su pintura, más bien las integra en el cuadro, como el fondo neutro de la habitación, el contrapeso lumínico entre la pared y la ventana, el bodegón que conforman las botellas de formol de distintos colores, rompiendo la monotonía cromática de las tonalidades empleadas en el resto de la pintura. El estudio anatómico del cuerpo de la chica es impecable, así como el tratamiento de su cuerpo en ese escorzo. Pero si hay algo por lo que destaca esta obra es por los contrastes lumínicos de luces y sombras. Se trata en suma de uno de los cuadros más interesantes de este artista, y uno de los más valorados en las colecciones del Museo de Málaga.

Ecce Homo y Dolorosa

Luis de Morales (1509-1586).
Óleo sobre tabla.
73 x 50 cm.
1550-1575 aproximadamente.
Procedencia
Oratorio de puertas de la Capilla del Palacio del Pardo. Díptico adquirido por Felipe III en 1614.
Comentarios
Morales, pintor manierista que muestra en su obra influencias tanto italianas como flamencas, trabajó en la zona de Extremadura y Portugal, donde consiguió una gran fama que se extendería por toda España, llegando a ser conocido como "El Divino Morales". Trabaja fundamentalmente la pintura de temática religiosa, en un ambiente artístico dominado por las normas que dictaba el recientemente celebrado Concilio de Trento. Creó un repertorio muy limitado -con temas como la Virgen con niño, la Piedad, la Dolorosa y el Ecce Homo-, pero de gran impacto popular y de una religiosidad sencilla y directa. Ambas obras formaban parte de las puertas del Oratorio de la Capilla del Palacio del Pardo y responden a un esquema compositivo sencillo. En su pintura se aprecia una gran influencia de la pintura italiana, tanto en el gusto por los contornos difuminados -el famoso sfumato leonardesco- como en el alargamiento de las figuras propio de los manieristas. La influencia flamenca, muy importante en la pintura española del siglo XVI, se observa en el detallismo y minuciosidad de la pincelada, así como en el dramatismo y expresividad del rostro.

Venus de Benaoján

Cerámica modelada.
65 x 40 mm.
III-II milenio a.C.
Procedencia
Cueva de la Pileta, Benaoján, Málaga.
Comentarios

Esta pieza tiene un extremo más ancho, con los ángulos redondeados, en lo que podría constituir la base; se estrecha en el centro mediante una suave curva para ensancharse de nuevo en el otro extremo. En la parte alta tiene dos perforaciones, más abajo surgen dos pequeños volúmenes redondeados y en la zona más baja una zona punteada. Fue moldeada por alguien que quiso representar las formas de una mujer, con los ojos, los pechos y el vello púbico.

La recogida de esta pieza sin reconocimiento de los contextos arqueológicos ha limitado la información útil necesaria para poder precisar distintos aspectos de interés científico, como la cronología. No obstante, se han documentado figuras similares en pinturas de las paredes de las cuevas, típicas del llamado arte esquemático, y con paralelos en otros yacimientos de la provincia (Necrópolis de Las Aguilillas) y fuera de ella.

Dios Bes del Torreón

Terracota.
118 x 67 mm.
Siglos VII-VI a.C.
Procedencia
El Torreón, Estepona, Málaga.
Comentarios

Representación del dios Bes con un tocado emplumado, rasgos faciales prominentes, vientre abultado con el ombligo marcado, mano derecha abierta con gesto ritual y mano izquierda portando atributos. Le faltan los miembros inferiores y presenta una abertura en la parte posterior para facilitar la cocción. En su día estuvo pintado, pero actualmente solo quedan restos de blanco y rojo.  Fue descubierto en 1974 durante la realización de unas obras en la finca el Torreón de Estepona (Málaga) y el que se tratase de un hallazgo casual, carente de contexto estratigráfico, nos ha privado de una importante información que habría sido muy útil para datar con precisión la pieza.

Bes es una divinidad propiciatoria de la fertilidad, que se representa en disposiciones distintas. Desde mediados del I milenio a. C. se incorporan a la religión fenicia divinidades procedente de Egipto; éste es el caso de Bes, dios que alcanza una gran difusión, también en el Mediterráneo Occidental, donde incluso pudo dar nombre a la  isla de Ibiza.  En Málaga está documentada la aparición de un dios Bes en oro en el siglo XIX y el Museo de Málaga cuenta con otra representación de Bes en un disco de arcilla, procedente de una excavación del siglo VI a. C. realizada en la ciudad de Málaga.

Jarra de bronce de Lacipo

Bronce fundido.
Altura, 200 mm.; diámetro, 310 mm.
Siglo I d.C.
Procedencia
Lacipo, Casares, Málaga.
Comentarios

La sucesión de líneas sinuosas que conforman esta jarra dan como resultado un objeto muy estilizado. La base es amplia y pronunciada, para obtener estabilidad, estrechándose en la conexión con el cuerpo de la jarra formando una sugerente contra curva. El cuerpo tiene forma de óvalo truncado, con el cuello largo y cilíndrico, acabado en un prominente vertedor de perfil muy alabeado. El asa no es un mero elemento funcional, sino que contribuye a dar esbeltez a la pieza; arranca de la panza del jarro, a la que se adhiere con una cabeza de mujer, para elevarse en una airosa elipsis sobre el vertedor. Está decorada con líneas geométricas en toda su extensión y termina en una cabeza de pantera con las fauces abiertas, precisamente sobre el lugar por donde se vertería el líquido.

La decoración y la alternancia longitudinal de formas cóncavas y convexas producen un efecto de elegancia acorde con el fin de esta pieza, que era un objeto de lujo utilizado en celebraciones religiosas.

Esta jarra fue encontrada junto con otros bronces en el yacimiento de Lacipo, ciudad romana mencionada en las fuentes literarias de Pomponio Mela, Plinio y Ptolomeo. Lacipo, una vez localizada en las cercanías de la actual Casares (Málaga), ha sido el origen de importantes hallazgos en las campañas de excavación arqueológicas realizadas en su territorio.

Cabeza de Musa de Churriana

Mármol tallado.
190 x 130 mm.
Siglos I-II. d.C.
Procedencia
Churriana, Málaga.
Comentarios
Aún con los desconchones y la nariz fracturada, siguen resaltando las facciones delicadas de esta escultura, que consigue sobreponerse a las marcas que le ha ido dejando el paso del tiempo. Es un rostro armonioso en el que parece que los labios entreabiertos acaban de pronunciar una palabra. Las pulidas texturas del mármol transmiten finura y los cabellos largos minuciosamente trabajados acaban por dar forma al ideal clásico de una divinidad femenina. Según Luis Baena del Alcázar, el laborioso peinado recogido en un alto moño recuerda al de algunas Venus como la Capitolina o la del Prado. Esta pieza se encontró en Churriana, junto con otra escultura, la llamada "urania", también adquirida en su día para la colección loringiana, sin embargo, el discurrir de la historia ha hecho que esta última se encuentre actualmente en Bilbao.

Thoracata

Mármol tallado.
1.700 x 840 x 450 mm.
Siglo II d. C.
Procedencia
Montoro, Córdoba.
Comentarios
Escultura acéfala, carente de brazos y de las piernas hasta las rodillas. Figura militar cubierta de manto de imperator recogido en el hombro mediante una fíbula, protegida mediante una coraza con distintos motivos decorativos, como Victorias aladas, cornucopias, Oceanus y Tellus. La vestimenta se completa con: lambrequines, placas terminadas en semicírculo que cuelgan directamente de la coraza; decoración zoomorfa; máscaras de león y lince, alternadas con cabezas de carnero opuestas; launas, especie de falda compuesta de tiras de cuero; y con el celobium, túnica sobre la que se colocaba la coraza, que sobresale ligeramente. La colocación que ofrecen los miembros conservados permite hacernos una idea de la disposición que tuvo: con la mano izquierda apoyada en el puño de la espada y la mano derecha adelantada, posiblemente en actitud de arenga. Conocemos paralelos de esta escultura entre las piezas de Villa Albani (Roma), Museo Nacional de Roma y Museo de Ostia.

Mosaico de pájaros del Faro de Torrox

Piedra
Teselas de colores blanco, rojo y azul
Técnica de mosaico

Alto, 68 cm; ancho, 96 cm
Siglo III d.C.

Procedencia
Villa del Faro de Torrox, Málaga
Comentarios

Este mosaico, muy restaurado, pertenece a la villa de Torrox, identificada con la "mansio Caviclum" que cita el Itinerario de Antonino, una especie de mapa de carreteras de la época. Se trata de un fragmento rectangular, donde se representa, enmarcado por un cordón, una escena de aves posadas sobre un vaso y una rama, con unos dibujos de una gran sencillez.

Este tipo de composición es muy frecuente en el Bajo Imperio, época en la que está fechada la villa.

Los mosaicos eran muy comunes en el mundo romano para recubrir el suelo de las casas. Se realizaban con pequeños fragmentos de piedra de distintos colores, denominadas "teselas", que combinadas formaban figuras geométricas, vegetales, animales o temas mitológicos.

Inscripción nazarí en madera

Madera de pino tallada.
1.750 x 165 mm.
Siglo XIV.
Procedencia
Calle Schwert de Málaga.
Comentarios

Las composiciones geométricas y las formas vegetales muy estilizadas se entremezclan en un proceso que se hace infinito, una rítmica sucesión de elementos decorativos que además permiten escribir un texto, letras que en su propia imagen, como caligrafía, se convierten también en una alabanza. La ornamentación no deja prácticamente espacios en la madera, ni tampoco en la capacidad del espectador occidental para diferenciar la escritura de lo decorativo. En los detalles, en la elaboración preciosista de elementos cercanos de la vida cotidiana, podemos apreciar el arte hispanomusulmán. En una casa de Málaga utilizaron la techumbre para dejarnos este poema escrito en cúfico nazarí: "Él hace que cubra/la noche. Al día que la persigue rápidamente; el sol, la luna y los astros están sometidos a su mandato. ¿No le pertenece la creación/ y el mando/?".

(Traducción de ACIÉN ALMANSA, M. y MARTÍNEZ NÚÑEZ, M. A., 1982.)

Adoración de los Pastores

Antonio del Castillo Saavedral (1603-1667).
Óleo sobre lienzo.
214,5 x 159,5 cm.
1650-1660 aproximadamente.
Procedencia
Colecciones Reales.
Comentarios
El autor, pintor cordobés del Barroco, realiza esta obra en estilo naturalista tenebrista, con un interés especial por la representación de la realidad y por los contrastes lumínicos. Este interés se evidencia en aspectos como el predominio del dibujo sobre el color o los marcados y acentuados claroscuros empleados por el artista para destacar aspectos esenciales de la pintura, como el rostro de la Virgen, que sostiene entre pañales al Niño, y el pastor del primer término. Si trazáramos una X que atravesara el cuadro de arriba abajo y de izquierda a derecha observaríamos cómo el artista compone la obra a través de los puntos de luz. Sobre la escena principal hay unos angelillos que revolotean llevando una cartela con el texto latino "GLORIA IN EXCELSIS DEO, ET IN TER(R)A PAX HOMINIBUS BONÆ VO(L)VNTATIS", que significa "Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad". Finalmente, sobre el fondo nocturno, en un plano lejano y secundario, se representa el anuncio del ángel a los pastores, escena cronológicamente anterior a la Adoración. Este recurso es conocido como el "cuadro dentro del cuadro". Destaca también una curiosa galería de tipos humanos retratados de acuerdo con la costumbre de la época, reproduciendo personajes absolutamente populares, afeados y viejos, lejos de las idealizaciones que se habían realizado en cuadros de épocas anteriores; aspecto que pintores como Velázquez, Ribera o Murillo ya habían incluido en su pintura.
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