Las Colecciones

Obras Singulares

Make a map

Chema Cobo.
Óleo sobre lienzo.
208,5 x 179,5 cm.
Procedencia
Adquisición.
Comentarios
El autor utiliza la figura del joker como protagonista de la composición, simbólica representación del antagonismo entre los conceptos opuestos, el si y el no, introduciéndonos al mismo tiempo en el planteamiento filosófico de la relatividad de las situaciones geográficas y de la representación de ésta a través de los mapas, concepto que aparece mediante la frase que da título al cuadro. El cromatismo dominante a base de amarillos y  rojos  y los contrastes con  estos tonos cálidos que ofrece la obra, le aportan mayor sensación de espacialidad  y de desequilibrio, controlado con la posición de la figura que aparece fragmentada en las dos partes de la composición. La obra  está creada como un díptico de grandes dimensiones, cada módulo mide 208 cm. de ancho por 179 cm. de alto. 

© Chema Cobo, VEGAP, Cádiz 2004.

Patio del Convento de San Francisco de Cádiz

Salvador Viniegra y Lasso de la Vega.
Óleo sobre tabla.
49 x 29 cm.
1881.
Procedencia
Particular.
Comentarios
Una de las últimas obras de Viniegra, discípulo de Pérez Siguimboscum. Sin abandonar la precisión del dibujo, en este cuadrito costumbrista Salvador Viniegra expresa una mayor dedicación a la luz y el color.

Peinture 1950

Joan Miró.
Óleo sobre cartón.
75 x 50 cm.
Procedencia
Colección del autor.
Comentarios
Una serie de afortunadas circunstancias, especialmente la declinación que realizó el matrimonio González Márquez a favor del Museo de Cádiz de esta obra procedente de la familia del pintor, han permitido que el museo disponga entre sus fondos de este pequeño cartón del mundialmente conocido pintor, en el que se muestra su estilo más característico.

Retrato de Dña. Josefa de Corte de Gargollo

Joaquín Manuel Fernández.
Lienzo.
86 x 75 cm.
1832.
Procedencia
Colección de la Duquesa viuda de Bivona.
Comentarios
Fernández Cruzado se anticipa a los pintores del resto de España en la elección de los temas y la intensificación del color propias del costumbrismo romántico. No se conserva en el Museo de Cádiz ningún cuadro costumbrista pero sí algunos retratos de cierta soltura en factura y uso del color.

Retrato de Micaela Aramburu Picardo

Ignacio Zuloaga.
Óleo sobre lienzo.
200 x 120 cm.
1928.
Procedencia
Colección particular.
Comentarios
La obra de Zuloaga es de un sólido dibujo, aunque expresionista. Enlaza con la tradición del costumbrismo decimonónico, aunque se aleja del matiz romántico tradicional para aproximarse a la versión crítica del país. El excelente óleo de Dña. Micaela de Aramburu muestra la habilidad del pintor para el retrato, género que cultivó con gran profusión y éxito. Está resuelto con gran dominio del dibujo, soltura de pincelada y magistral manejo de la paleta, a base de tonos azules. Queda patente la admiración por los grandes maestros, en este caso, Goya.

Desposorios místicos de Santa Catalina

Bartolomé Esteban Murillo y Francisco Meneses Osorio.
Óleo sobre lienzo.
441 x 315 cm.
1682.
Procedencia
Convento de Capuchinos (Cádiz).
Comentarios
El conjunto de lienzos de "Los Desposorios de Santa Catalina" formaban el retablo de la Capilla Mayor del Convento de Capuchinos de Cádiz. Este retablo fue  la última gran obra encargada a Murillo. Todo parece indicar que el artista murió a consecuencia de una caída que sufrió mientras pintaba el cuadro central. El retablo fue terminado por su discípulo Meneses Osorio.

Ecce Homo

Bartolomé Esteban Murillo. Atribuido.
Óleo sobre lienzo.
81,5 x 67,5 cm.
Procedencia
Convento de Capuchinos (Cádiz).
Comentarios
Los cuadros de Murillo que se conservan en el Museo de Cádiz proceden todos del Convento de Capuchinos. Se trata de una obra de antigua devoción y muy famosa en la ciudad, en ella se refleja perfectamente la proximidad del artista a la sensibilidad religiosa popular. Se ha afirmado que se trata de una copia antigua, o bien que fue terminado por algún discípulo que trabajaba en Capuchinos con el maestro.

El Ángel de la Guarda

Luca Giordano.
Óleo sobre lienzo.
202 x 148 cm.
Procedencia
Sacristía de la Cartuja de Jerez.
Comentarios
Firmado en la parte baja L. Jordanus. El ángel protege a un niño que se abraza a su cuerpo con expresión de temor, a la derecha aparece el demonio. Todo ello con un fondo de paisaje de una ciudad en la lejanía.

La visión de San Félix Cantalicio

Alonso Cano y discípulos.
Óleo sobre lienzo.
445 x 281 cm.
Procedencia
Convento de Capuchinos de Sanlúcar de Barrameda.
Comentarios
Cuadro de gran tamaño que ha sufrido diversas vicisitudes y no está en buen estado de conservación. La Virgen aparece en lo alto de un trono de nubes; el Niño se ha desprendido de su regazo y se arroja por los aires a los brazos del santo que, de rodillas, abre los brazos para recibirle. A su lado un compañero, el Padre Lobo, lleva las alforjas del santo limosnero.
Destaca la gran calidad de las figuras de la Virgen y de los frailes. La menor distinción de otras figuras, como sucede con el niño, hicieron pensar en una posible intervención mayoritaria del taller de Cano. La restauración de 1990 demostró la calidad original del cuadro, siendo atribuibles las figuras  al propio maestro. Las zonas de mala calidad eran producto de la forzada restauración efectuada en 1855 por José Morilla, que tuvo que enfrentarse a un cuadro literalmente destrozado.

Retrato ecuestre de Carlos II

Juan Carreño de Miranda. Atribuido.
Óleo sobre lienzo.
207 x 147 cm.
Procedencia
Colección de Dña. Alejandrina Gessler de la Croix. (Mme. Anselma).
Comentarios
El Rey, niño, ricamente vestido, cabalga en una gran jaca ricamente enjaezada. Evidentemente inspirado en el retrato ecuestre del príncipe Baltasar Carlos que pintó Velázquez, incluso se atribuyó al gran maestro en el siglo XIX. El cuadro es agradable y los detalles y accesorios están bien logrados, con gran soltura. Sin embargo, la cabeza y otras partes principales no tienen la calidad de la obra de un maestro, y es notoria la falta de dinamismo del rey. Todos estos detalles hacen pensar que, sin desechar la atribución a Carreño, es posible que esta obra se deba a la mano de Sebastián Herrera, pintor de cámara años antes de Carreño de Miranda.
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