Las Colecciones

Restauración / Conservación

2019

Intervenciones en las piezas 2019

Retrato de Miguel Jerónimo y su hijo y Retrato de la mujer de Miguel Jerónimo y su hija

Francisco Pacheco (Sanlúcar de Barrameda 1564 - Sevilla 1644)
 
Retrato de Miguel Jerónimo y su hijo, 1612
Óleo sobre tabla, 5¿8 x 41¿5 cm.

Retrato de la mujer de Miguel Jerónimo y su hija, 1612
Óleo sobre tabla, 25¿7 x 41¿5 cm.


Su estado ha hecho necesario un tratamiento integral de conservación-restauración que se ha realizado en el año 2019.  El soporte está formado por dos paneles de roble, corte plano, radial, ensamblados a arista viva, sujetos por un engatillado añadido en época moderna y adherido tras haber rebajado la obra hasta un centímetro de grosor máximo. El engatillado provocó la apertura de fendas y el levantamiento en capa pictórica. 

Tras un tratamiento de eliminación de xilófagos por anoxia, se eliminó el engatillado y se consolidó el soporte, lo que realizó Miguel Domínguez Jiménez. La capa pictórica presentaba, además de levantamientos, faltas, estucos superpuestos y ampliación de la zona pintada, repintes y barnices oxidados. Tras la consolidación de capa pictórica, se fueron progresivamente eliminando todas las capas superpuestas y añadidas, estucando y reintegrando las faltas de pintura.

Restaurado por Alfonso Blanco López de Lerma

San Agustín y San Cristóbal

Francisco Varela
  
San Agustín, 1639
Óleo sobre tabla, 112 x 51,5 cm.
                                   
San Cristobal, 1639
Óleo sobre tabla, 112 x 51,5 cm.

 

Su estado hizo necesario un tratamiento integral de conservación-restauración.  Los soportes están formados por 2 paneles de cedro, corte plano, radial, ensamblados a arista viva, sujetos por un engatillado añadido en época moderna y adherido tras haber rebajado las obras hasta 1,2 centímetros de grosor máximo. El engatillado provocó la apertura de fendas y el levantamiento en capa pictórica. 
Se eliminó el engatillado y se consolidó el soporte por Miguel Domínguez Jiménez.
La capa pictórica presentaba, además de levantamientos, faltas, estucos superpuestos y ampliación de la zona pintada, repintes y barnices oxidados. El tratamiento en los últimos años fue diferente por estar depositadas en lugares distintos. Mientras que San Agustín presentaba un barniz grueso muy amarillo, San Cristóbal tenía zonas con pintura alterada de color y pasmados irregulares.
Tras la consolidación de capa pictórica, se fueron progresivamente eliminando todas las capas superpuestas y añadidas, estucando y reintegrando las faltas de pintura.

Restaurado por Alfonso Blanco López de Lerma

Santa Catalina de Siena y santa Lucía y Santa Catalina de Alejandría y santa Teresa de Jesús

Francisco Varela (Sevilla 1580/1585 - 1645)

Santa Catalina de Siena y Santa Lucía
Óleo sobre tabla, 31,2 x 62,3 x 2 cm

Santa Catalina de Alejandría y Santa Teresa
Óleo sobre tabla, 31 x 62,3 x 2 cm

 

Estas dos obras llegaron al museo en 1868 tras la desamortización procedentes del  convento femenino de Pasión de Sevilla. Ambas forman pareja y ocupaban el banco del retablo dedicado a San Juan Evangelista que realizara Francisco Varela, autor de las mismas, junto al escultor Juan Martínez Montañés.

Las santas están representadas de medio cuerpo, con sus respectivos atributos simétricamentes dispuestas sobre un fondo neutro. Francisco Varela confiere a la composición una especial gracia y refinamiento, poniendo sutileza y mimo en la representación de carnaciones, vestimentas y elementos compositivos, donde despliega, a pesar de tratarse de un pequeño formato, toda la maestría y sensibilidad de su estilo que fluctúa entre el manierismo tardío y el naturalismo incipiente. 

El soporte se encontraba bastante estable sin alabeos ni daños destacables salvo algunas fisuras en el sentido de la veta originadas por los orificios que ambas tablas tienen en los laterales y que tendrían una finalidad mecánica de sujeción y anclaje directo o indirecto al retablo. En el caso concreto de Santa Catalina de Siena y Santa Lucía había una presencia de numerosas puntas clavadas en el soporte con la cabeza desde el anverso, sin que hayamos encontrado explicación a dicho hallazgo, ya que la disposición parece bastante aleatoria.  

La superficie pictórica, sin embargo, se presentaba muy amarillenta, mate, oscura y opaca tras repintes y gruesas capas de barniz muy oxidados. Al ser levantados apareció una gama de colores armoniosos y sutiles matices dispuestos en una delgada capa de color que se convierte casi en inexistente en los fondos. La pincelada solo se engrosa algo en algunas zonas del ropaje y del rostro para destacar, sobre todo, las lineas de dibujo de algunos perfiles especialmente visibles con luz rasante. Sin embargo llamaba la atención, por el anverso, la presencia de numerosos agujeros del tamaño de la punta de un alfiler a modo de poros naturales que aparecen en zonas sin empastes mientras que en las más empastadas lo que surgen son pequeñas lagunas fruto de una especie de eclosión desde el interior. Además la superficie presentaba también pequeños bultitos debidos, por un lado, a una escasa molienda de algunos de los pigmentos empleados en la ejecución de la obra y, por otro, a gruesos empastes de estucos. 

Por último, después de la limpieza también aparecieron numerosas pequeñas manchas irreversibles, blanquecinas en las zonas de color más oscuro, y oscuras si el color subyacente era claro. El origen de la mayoría de dichas manchas es el de salpicaduras de cera de las velas cercanas a las predelas.

Restauradas por Mercedes Vega Toro