Las Colecciones

Restauración / Conservación

2016

Intervenciones en las piezas 2016

Cristo crucificado

Francisco de Zurbarán
Fuente de Cantos, 1598 - Madrid, 1664

Cristo crucificado
Óleo sobre lienzo
Hacia 1635-1640

La obra ha sido sometida a un proceso de restauración completo utilizando métodos científicos y tecnológicos que han ayudado a elegir el tratamiento más eficaz y respetuoso con los valores expresivos de la obra y emplear aquellos materiales y métodos menos invasivos y más duraderos y compatibles.

La observación con luz ultravioleta ha mostrado una película de barniz muy desigual en toda la superficie y ha evidenciado los repintes. El examen radiográfico, además de darnos información sobre la técnica, ha permitido ver claramente que el soporte estaba formado por una pieza de tela central y dos tiras de lienzos reaprovechados añadidas en los laterales sin costuras. Con bastante probabilidad, en algún momento, los bordes de la tela fueron cortados, quedando las manos, muy al límite de la tela y ocultadas por el marco, motivo por el que se ha decidido conservar dichos añadidos. A nivel de película pictórica se aprecia que ésta es muy delgada y con abundantes desgastes y lagunas. Mediante reflectografía infrarroja pudimos estudiar más a fondo la zona de la cartela y comprobar que debajo de barnices oxidados y repintes generalizados se encontraba la huella prácticamente perdida del verdadero texto, "JESVS NAZARENVS REX IVDEORVM", escrito además de en latín, en hebreo y griego tal y como consta en el Evangelio de San Juan.

La restauración ha consistido en la limpieza de zonas iluminadas ya que presentaban una ligera oxidación de la capa de barniz. El color verdoso post mortem de la carnación, el magnífico modelado del paño de pureza, y la cartela se han desprendido de aquellos añadidos que los distorsionaban y confundían. Con la limpieza de las zonas en sombra se han retirado las gruesas capas barniz y se ha homogeneizado dicho estrato en toda la superficie de la obra. Se han quitado los repintes que cubrían las abundantes lagunas, los desgastes y las amplias zonas de pintura original que ocultaban matices y dibujo. Así se han definido los dedos de las manos, el rostro, el color y la forma de los mechones del cabello, e incluso los delgados hilos de sangre de la frente y el cuello antes ocultos o modificados. El proceso de limpieza del fondo se ha convertido en la fase más compleja y laboriosa del proceso de restauración ya que bajo las capas de barniz amarillento y opaco ha aparecido un  denso repinte que cubría toda la superficie, salvando la figura del crucificado, que aparecía como recortada, resultando el conjunto algo plano y sin profundidad. Debajo se encontraba su fondo original muy deteriorado pero de una calidad, color y transparencia que nada tenía que ver con la tosca pasta que lo anulaba. Tras este primer estrato que unificaba toda la superficie, iban apareciendo otros de diferente extensión, grosor y naturaleza que complicaban aún más el proceso de limpieza. Durante las dos forraciones dicha amalgama de capas quedaron aplastadas, rehundidas y con una cohesión débil entre ellas. Fue necesario hacer una fijación completa del fondo con la que se atenuaron dichas  deformaciones pero no se eliminaron del todo. Sólo un nuevo reentelado hubiera subsanado la accidentada orografía resultante, pero se descartó para no someterla de nuevo, y en tan poco tiempo, a una operación que supondría un riesgo y un estrés innecesarios para la obra. Una vez limpio el fondo, la figura que aparecía plana y constreñida ha quedado liberada, recuperando su perfil original, respirando y adquiriendo un volumen y una corporeidad de los que antes carecía. La sombra que contornea la zona derecha de la figura le aporta definitivamente más profundidad y sentido a la composición de la obra.

Tras la limpieza, la fase de reintegración o restitución, primero volumétrica, con un estuco coloreado aplicado sobre las lagunas, perfectamente enrasado y ajustado a éstas y sobre él  la reintegración de color, empleando una técnica visual de diferenciación a base de fino rayado (rigattino) que ha aunado y completado estéticamente la obra pero distinguiendo el original del añadido. Por último se le ha dado un barniz homogéneo y transparente para proteger la obra de los agentes externos y al mismo tiempo aportar brillo e intensidad a los colores.