Galería

Retrato de D. Cristóbal Suárez de Ribera

RODRÍGUEZ DE SILVA y VELÁZQUEZ, Diego (Sevilla, 1599 - Madrid, 1660)
Óleo sobre lienzo
207 x 148 cm.
1620
Procedencia
Iglesia de san Hermenegildo. Sevilla
Comentarios

Inició su aprendizaje con Herrera "el Viejo" para pasar rápidamente al taller de Pacheco, con cuya hija Juana se casó en 1617. Durante su estancia en Sevilla encontró la manera de expresar su preocupación por el claroscuro y el natural en las escenas de género o bodegones con figuras, temas que ya tenían precedentes en la pintura flamenca e italiana. Con su excepcional dominio del dibujo y una gama cromática oscura, que acentúa los efectos del tenebrismo, alcanzó extraordinarias impresiones de verismo en estas escenas extraídas de la realidad cotidiana.

Durante esta etapa sevillana ensayó también otros dos géneros en los que impera asimismo un fuerte tono de verosimilitud, el religioso y el retrato. De sus excelentes dotes como retratista ha quedado como testimonio  el de Don Cristóbal Suárez de Ribera, clérigo sevillano perteneciente a la cofradía dedicada a San Hermenegildo, cuyo emblema aparece situado en el ángulo superior izquierdo con los atributos del santo mártir: la corona, el hacha, la palma y la cruz con una corona de rosas.


El retrato fue realizado después de la muerte del sacerdote para colocarlo sobre su sepulcro en la iglesia de San Hermenegildo de Sevilla, edificio cuya construcción había impulsado el mismo. Se trata de uno de los primeros retratos del pintor y destaca por la extraordinaria volumetría del modelo, resaltando la cabeza, de rostro hierático y las manos, ambos motivos mas afinados y acabados que los ropajes oscuros.

La composición la completa la ventana, recurso clásico que en este caso se abre a un paisaje sombrío que bien pudiera tratarse de un camposanto debido a la naturaleza del encargo.

Virgen con el Niño (Virgen de la servilleta)

MURILLO, Bartolomé E. (Sevilla, 1617 - 1682)
Óleo sobre Lienzo
67 x 72 cm.
h. 1666
Procedencia
Convento de Capuchinos. Sevilla
Comentarios

Esta popular representación de La Virgen con el Niño pertenece a la serie que realizó Murillo para la iglesia de Capuchinos de Sevilla. Es conocida como La Virgen de la servilleta gracias a una tradición originada a comienzos del siglo XIX según la cual Murillo pintó en una servilleta la popular imagen para el hermano lego encargado del refectorio del convento.

La fortuna de esta deliciosa composición se debe a la habilidad de Murillo para mover a la piedad por lo cotidiano, por ese afecto que vincula a la Madre con su Hijo que lleno de curiosidad infantil, parece querer salirse del cuadro. Ambos conectan sus miradas con las del espectador transmitiendo una ternura e intimismo que fueron claves del éxito de la pintura religiosa de Murillo.

Martirio de San Andrés

ROELAS, Juan de las (Flandes hacia 1570 - Sevilla 1625)
Óleo sobre Lienzo
520 x 346 cm.
h. 1610
Procedencia
Capilla de los Flamencos del Colegio de Santo Tomás de Aquino. Sevilla
Comentarios

Juan de Roelas debió viajar a Italia ya que según se destila de su obra, conocía el color veneciano y trajo a Sevilla su paleta de tonos cálidos y dorados junto a un tipo de grandes cuadros de altar, típicamente contrarreformista, donde se presentan dos planos bien diferenciados, el terrenal y el celeste. En esta obra el pintor los funde con suavidad utilizando como nexo de unión la figura del santo y el sugestivo fondo de paisaje de suelta factura. La serenidad que emana de su figura contrasta con el numeroso grupo de personajes que asisten a su martirio. La monumental composición, realizada con una técnica suelta que presta menor atención al dibujo en favor de un colorido suntuoso y vibrante, enfrenta la trascendental experiencia del Santo con la de sus bulliciosos espectadores en una escena de gran emotividad.

San Andrés era el patrón de los Países Bajos y por ello la obra se encarga para presidir la capilla a ellos dedicada en el colegio de Santo Tomás.

Roelas utiliza el recurso,  recomendado por los tratadistas clásicos, de introducir un personaje que llama la atención del espectador sobre lo que sucede en la escena. Es el caso del noble y elegante caballero, de armadura milanesa, que se encuentra a caballo y que mira al espectador mostrándole con su dedo índice el motivo central de la obra.    

Santas Justa y Rufina

MURILLO, Bartolomé E. (Sevilla, 1617 - 1682)
Óleo sobre lienzo
200 x 176 cm.
h. 1666
Procedencia
Convento de Capuchinos. Sevilla
Comentarios

La pintura pertenece a la serie realizada para la iglesia del Convento de Capuchinos de Sevilla, donde se situaba en el retablo mayor. Santas Justa y Rufina, prototipos de belleza popular sevillana, es una de las pinturas más famosas del pintor. Las santas aparecen representadas con las palmas de los mártires y las vasijas de barro alusivas a su condición de vendedoras de cerámica.

En sus manos sostienen la torre de la Catedral de Sevilla, La Giralda, pues según la tradición evitaron su desplome en el terremoto de 1504. Las espléndidas representaciones de santos del conjunto de Capuchinos, los complejos juegos de luces de algunas escenas, son claros frutos de su madurez artística. Madurez técnica que se trasluce en las pinceladas de prodigiosa soltura, vaporosas, con las que deshace las formas, anunciando la sensibilidad del siglo venidero.

Calvario

Lucas Cranach (Kronach, 1472 - Weimar, 1553)
Pintura sobre Tabla
85 x 56 cm.
1538
Procedencia
Venerable y Santa Escuela de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. Sevilla.
Comentarios

Este Calvario de Lucas Cranach adquiere una especial significación dentro de los fondos del museo, tanto por su excepcional calidad como por la escasa representación de la pintura renacentista alemana en las colecciones españolas.

La escena del Calvario se desarrolla en tres planos superpuestos y tiene una concepción general de gran simetría y aprovechamiento del espacio. La pintura muestra su estilo de madurez, de superficies lisas y brillantes, pulidas como esmaltes, en las que sobre fondos oscuros se recortan las figuras con nítidos contornos. Está firmada con el dragón que le fuera otorgado como blasón y fechada en 1538.

Inmaculada Concepción (La Colosal)

MURILLO, Bartolomé E. (Sevilla, 1617 - 1682)
Óleo sobre Lienzo
436 x 297 cm.
h. 1650
Procedencia
Convento de San Francisco. Sevilla
Comentarios

Nacido en Sevilla a finales de 1617, Murillo realizó su aprendizaje artístico en el taller de Juan del Castillo. El estilo de sus primeras obras continúa los modelos de Zurbarán, de riguroso naturalismo tenebrista y los celajes de luces doradas que pintaba Roelas. El Museo conserva obras tempranas como la Inmaculada llamada La Colosal (hacia 1650) procedente del sevillano Convento de San Francisco. Aunque este tema depende del modelo creado por Ribera, Murillo establece un nuevo prototipo iconográfico  para esta representación, vistiendo a María con túnica blanca y manto azul,  en composiciones de gran dinamismo, caracterizadas por un resplandeciente fondo dorado y el acompañamiento de una gloria de ángeles revoloteando.

Recibe el nombre de la Colosal por sus grandes proporciones ya que se realizó para ser colocada sobre el arco de la capilla mayor, a gran altura y distancia del espectador. Con las manos unidas la Virgen dirige la mirada hacia abajo acentuando la sensación de profundidad de quien la contempla. El buscado  efecto de movilidad espacial de carácter barroco se consigue a través de dos diagonales: la que forman la luna con la nube y los ángeles y la que forma el vuelo del manto.

Murillo pintó esta obra por encargo de los franciscanos, grandes defensores de la devoción a la Inmaculada Concepción de María desde la Edad Media.

Vanitas

GYSBRECHTS, Cornelius Norbertus (Amberes, h. 1610 - Copenhage, h. 1675)
Óleo sobre Lienzo
130 x 177 cm.
1660
Procedencia
Colección particular . Sevilla
Comentarios

A Cornelius Norbertus Gysbrecht, pintor de biografía prácticamente desconocida fuera de su patria se le considera como uno de los mejores pintores de la escuela flamenca del siglo XVII. Se dedicó sobre todo a la pintura de bodegones, especializándose en vanitas y trampantojos.

Esta es una obra característica de su estilo y en ella se refleja la tendencia moralizante del pensamiento barroco europeo, cuya finalidad es la de advertir al espectador sobre la vanidad de las glorias y los placeres mundanos. Dentro de la iconografía de las vanitas barrocas, la calavera se convertirá en el primer atributo y el más directamente alusivo a la muerte. Además la presencia de flores, libros, partituras e instrumentos musicales, subrayan la fugaz condición de todos los gozos humanos ante la inevitable presencia de la muerte.

Santiago el Mayor

RIBERA, José de (Játiva, 1591 - Nápoles, 1652)
Óleo sobre Lienzo
120 x 97 cm.
h. 1634
Procedencia
Colección González Abreu. Sevilla
Comentarios

La mayor parte de la vida de Ribera transcurrió en Nápoles bajo la protección de los virreyes españoles. En la formación de su estilo y sensibilidad fue fundamental la influencia italiana. Sus primeras obras le atestiguan como seguidor de Caravaggio, cuyo naturalismo tenebrista caracterizará su estilo que también se vio enriquecido por el clasicismo romano-boloñés y el pictoricismo y colorido venecianos. Son numerosos los testimonios que se conservan de las pinturas que realizó de figuras aisladas de santos, como esta serena y equilibrada de Santiago Apóstol. Sorprende esta obra por la sabiduría en el uso de la luz y el potente modelado de seguro dibujo en cuyo dominio debió de ser fundamental su excelente maestría como grabador.

La sobriedad compositiva de esta obra concentra la atención sobre los elementos esenciales del cuadro mientras que densas pinceladas recrean las calidades de la materia. Aparece el santo de tres cuartos, mirando de frente directamente al espectador, Está representado como apóstol, con barba, túnica, el palio o manto apostólico y llevando el libro de los evangelios en la mano. La rotunda figura destaca con su manto rojo, sujeto con la concha de peregrino, sobre un fondo neutro en el que el espacio apenas está sugerido por un poyete que aparece en la parte inferior izquierda. De gran sobriedad  compositiva, concentra la atención en las expresivas manos, el sereno y equilibrado semblante  y el libro, elementos esenciales en los que la pincelada densa recrea las calidades de la materia y subraya los efectos de luz a los que presta particular atención.

La Cueva del Gato

BARRÓN Y CARRILLO, Manuel (Sevilla, 1814 - 1884)
Óleo sobre Lienzo
69 x 117 cm.
1860
Comentarios

Manuel Barrón es uno de los máximos representantes del costumbrismo sevillano, desarrollando una muy personal aportación al género del paisaje. Su obra la dedicó fundamentalmente a este género en el que participa de las características generales del paisajismo romántico español. Vistas rurales o urbanas adornadas con figurillas populares que proporcionan al paisaje un sabor costumbrista, mediante la introducción de una nota o anécdota popular y pintoresca.

Dentro de una serie de cuatro obras de igual formato, se incluye este lienzo donde el artista nos muestra una gran cueva con abertura en la zona central alta, a través de la cual se vislumbra el exterior. En la zona baja de la izquierda un grupo de bandoleros, con una mujer y un niño, es sorprendido por la Guardia Civil que se encuentra en el exterior de la cueva. La pequeñez de las figuras resalta la grandiosidad del paisaje abrupto de la cueva, realizado a base de grandes manchas de color. 

El monaguillo

GROSSO SÁNCHEZ, Alfonso (Sevilla, 1893 - 1983)
Óleo sobre Lienzo
127 x 92 cm.
1920
Procedencia
Colección del autor
Comentarios

Alfonso Grosso pertenece a la generación de pintores de la escuela sevillana de la primera mitad del siglo XX, a la que sería exagerado llamar vanguardista pero que sí supo superar los convencionalismos de la pintura decimonónica. Las dos temáticas más características de su producción se dan cita en esta obra: la religiosa y la popular. La religiosa por la función que el protagonista realiza en las iglesias. La popular o costumbrista, por el papel generalmente jovial que estos personajes desempeñan, llenos habitualmente de gracia y alegría. La obra nos presenta la figura del monaguillo vestido con su indumentaria litúrgica, minuciosamente descrita en todos sus detalles, centrando la expresividad en el rostro amable y simpático del niño. El pintor emplea una pincelada muy suelta, sobre todo en los detalles coloristas de la casulla que, junto a la vibrante luminosidad de la pared blanca del fondo, le confieren a la escena una logradísima conjunción de luz y color.

El cuadro fue premiado con la tercera medalla en la Exposición Nacional de Madrid de 1920.

La Virgen de las Cuevas

ZURBARÁN, Francisco de (Fuente de Cantos, Badajoz, 1598 - Madrid, 1664)
Óleo sobre Lienzo
267 x 320 cm.
h. 1655
Procedencia
Monasterio de la Cartuja de Santa María de las Cuevas. Sevilla
Comentarios

En torno a 1655 se ha datado este importante conjunto que por sus características técnicas y compositivas era considerado de producción más temprana. Lo constituyen los tres lienzos destinados a la Cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla, Visita de San Bruno a Urbano II, La Virgen de los cartujos y San Hugo en el refectorio. En ellos Zurbarán interpreta magistralmente los principios espirituales que rigen la vida de los cartujos: el silencio, la devoción a la Virgen María y la mortificación por el ayuno. La simplicidad y defectos de las composiciones se ven transcendidos por la gran fuerza plástica que confiere a cada elemento del cuadro al tratarlo como algo único e individualizado y su extraordinario dominio por las calidades de la materia. La técnica fluida y ligera, se distancia del tenebrismo inicial, de los contrastes de luces y sombras para mostrarnos unas composiciones luminosas en las que el color aparece sabiamente acordado.

Representa una iconografía de origen medieval en la que los frailes aparecen recibiendo protección de la Virgen, acogidos bajo su manto en dos grupos arrodillados a cada lado. La obra, de gran simplicidad compositiva, con las figuras estáticas dispuestas simétricamente, tiene gran  fuerza plástica al individualizar  los rostros de los frailes que constituyen una auténtica galería de retratos. La Virgen bendice de modo especial a los dos primeros monjes que podrían ser  Dominique Hélion y Jean de Rhodes por su papel en la difusión del rosario simbolizado por las rosas esparcidas en el suelo. Asimismo se aprecia el gran dominio de Zurbarán al tratar las distintas calidades de la materia  y su extraordinario sentido del color.

Anunciación

Alejo Fernández (¿ h. 1475 - Sevilla, 1545)
Pintura sobre Tabla
72 x 49,5 cm.
h. 1508
Procedencia
Monasterio de San Isidoro del Campo. Santiponce. Sevilla
Comentarios

Alejo Fernández es considerado el introductor del espíritu renacentista en la pintura sevillana aunando las influencias flamencas e italianas.

De Flandes toma el gusto por el detallismo, los plegados goticistas de los ropajes y el paisaje, que supone una novedad absoluta en el arte sevillano ya que hasta ese momento predominaban los fondos dorados.

De Italia toma el pronunciado uso de la perspectiva  y la arquitectura clásica como se ve en los diferentes elementos: el despliegue de mármoles y dorados, la logia, los arcos de medio punto con tondos en las enjutas y las columnas de capiteles  compuestos con base de cestería.

Otros elementos los toma de la tradición germano flamenca como el dosel, el banco, el atril o los cojines. Completan la escena algunos objetos simbólicos como el lírio, que alude a la pureza virginal de María. La presencia de la Santísima Trinidad está representada en una diagonal que une al Padre eterno con la figura de la Virgen

La Prudencia

Juan de Solís
Madera tallada y policromada
Altura 80 cm.
1618
Procedencia
Cartuja de Santa María de las Cuevas
Comentarios

La virtud de la prudencia está concebida por el autor como una joven recostada, que apoya su cuerpo con el brazo derecho mientras que con la mano izquierda sostiene cuidadosamente una paloma.

Su exquisita cabeza, de dulce expresión y delicado adorno, el gesto amable hacia la paloma y la representación de su poca edad, hace que pueda considerarse como una plasmación ideal de la juventud.

Su suave modelado hace que sea una de las más hermosas de la serie de cuatro figuras alegóricas de virtudes que decoraban los remates de los retablos colaterales del coro de legos de la cartuja sevillana. Su autor, nacido en Jaén, pertenece al amplio grupo de artistas que se forman junto a Martínez Montañés.

Primavera

BARRERA, Francisco (Madrid, 1595 - 1658)
Óleo sobre lienzo
167,5 x 247,5 cm
(1638)
Procedencia
Convento de Franciscanos Descalzos, Villamanrique de la Condesa. Sevilla
Comentarios

La serie de las cuatro estaciones es el conjunto de bodegones de temporada más conocido de los que realizó el pintor madrileño Francisco Barrera. Se trata de cuatro grandes lienzos pintados en 1638, en los que se representa junto a las figuras alegóricas, un gran despliegue de productos naturales y platos cocinados propios de cada estación acompañados de vistas de paisajes.

La alegoría de la primavera responde a la tradición iconográfica para esta representación, una figura femenina coronada de flores. En la alacena escalonada que se sitúa a su izquierda, aparece reproducido un abigarrado muestrario de las viandas propias de la estación.

Asunción de la Virgen

VALDÉS LEAL, Juan de (Sevilla, 1622 - 1690)
Óleo sobre Lienzo
315 x 200 cm.
h. 1670
Procedencia
Convento de San Agustín. Sevilla
Comentarios

Posiblemente los mejores cuadros del altar que Valdés realizó fueron los de los retablos colaterales del Convento de San Agustín de Sevilla, La Inmaculada Concepción y La Asunción de la Virgen (1670-1672). Son pinturas de aparatosas y dinámicas composiciones, con logrados efectos de luces y sombras en las figuras situadas en el primer plano sobre fondos en los que una pincelada fluida disuelve las formas.

La composición describe una marcada diagonal que acentúa el ritmo ascendente desde un ámbito terrenal de luces crepusculares hasta la zona de rompimiento de gloria, donde vibrantes tonalidades áureas intensifican la sensación espacial de ingravidez.

Retrato del canónigo D. José Duaso y Latre

GOYA Y LUCIENTES, Francisco de (Fuendetodos -(Zaragoza), 1746 - Burdeos, 1828)
Óleo sobre Lienzo
74,5 x 59 cm.
1824
Procedencia
Colección de la familia Rodríguez-Bavé. Madrid
Comentarios

Francisco de Goya es sin lugar a dudas la figura más importante de la pintura española de los siglos XVIII y XIX y la de mayor repercusión en el arte europeo, ya que anticipa recursos y técnicas utilizados por la pintura posterior. Este retrato que realiza en sus últimos años, es una sencilla composición en la que la ausencia de color es casi total, destacando el volumen y la densidad de la pincelada.

Hemos de tener en cuenta que está aún muy cercana su serie de las pinturas negras. Sobre un fondo casi negro, se perfila la figura del retratado vestido con sotana  sobre la que lleva el manteo y solideo del mismo tono fundiéndose el conjunto con el fondo oscuro de la pintura. Las únicas notas de color la dan la cruz y la placa de Carlos III que lleva sobre el pecho y el breviario rojo que sostiene con su mano izquierda y que lee atentamente. La luz que incide sobre la figura, consigue un marcado efecto de contraluz en el rostro.

Goya utiliza en este retrato una gama reducida de negros profundos para el fondo, el solideo y la sotana, sobre los que destaca la cabeza luminosa, donde se mezclan con el blanco, el carmín y el negro dando la sensación de estar modelada en arcilla. . Este retrato lo pintó Goya en agradecimiento al canónigo aragonés D. José Duaso que recogió en su casa a amigos y paisanos comprometidos con la causa liberal entre los cuales figuraba el pintor.

Sevilla en fiestas

BACARISAS, Gustavo (Gibraltar, 1873 - Sevilla, 1971)
Óleo sobre lienzo
300 X 305 cm.
1915
Procedencia
Colección del autor
Comentarios

Gustavo Bacarisas es una de las figuras más destacadas dentro del panorama de la pintura sevillana de la primera mitad del siglo XX. Sería exagerado considerarlo como un pintor vanguardista aunque sí supo superar los convencionalismos de la pintura decimonónica, creando un estilo muy personal de claras influencias modernistas e impresionistas, pero sobre todo del arte fauve. Tenía predilección por los cuadros de ambiente nocturno a los que supo dotar de una atmósfera bajo la que fluye una gran emoción lírica que le sirvió para experimentar con los contrastes acusados de luz y color.

Bacarisas presenta en esta obra probablemente la mejor versión moderna, la más universal, de la feria sevillana y en definitiva un canto a la belleza y la gracia de la mujer andaluza. Capta la atención el foco colorista del centro que destaca la majestuosidad de las tres mujeres ataviadas con vaporosos trajes flamencos, mantillas y abanicos. En cambio, difumina los laterales, en los que de manera abocetada y en penumbra, pueden distinguirse una serie de personajes populares.

La Virgen con San Juan y la Marías camino del Calvario

VALDÉS LEAL, Juan de (Sevilla, 1622 - 1690)
Óleo sobre Lienzo
134,5 x 203,5 cm.
h. 1657
Comentarios

Pertenece al conjunto de obras sobre pasajes de la pasión y muerte de Cristo que Valdés realiza entre los años 1656-1659 al parecer por encargo de la devoción particular.

La escena describe de manera muy eficaz la dramática tensión colectiva del grupo de personajes que, encabezados por un decidido San Juan, acuden al encuentro de Cristo en su camino hacia el Monte Calvario. El fondo de celaje oscuro y amenazador potencia la impresión de tristeza presagiando el dramático encuentro final.

Retrato del niño Carlos Pomar Margrand

ESQUIVEL, Antonio María (Sevilla, 1806 - Madrid, 1857)
Óleo sobre lienzo
125 x 92 cm
(1851)
Procedencia
Colección de la familia Siravegne. Sevilla
Comentarios

Antonio María Esquivel, a pesar de su corta vida, fue uno de los pintores más prolíficos del siglo XIX. Se dedicó fundamentalmente al retrato donde en sus modelos capta no sólo el parecido físico sino su aspecto psicológico y además los realiza con una cuidada descripción de detalles y vestuarios. La especial sensibilidad y habilidad técnica con la que Esquivel abordó la pintura infantil, se pone de manifiesto en este retrato del niño Carlos Pomar.

La figura del niño, de cuerpo entero, destaca por su cuidado dibujo y modelado, frente a los elementos secundarios del cuadro tratados de forma más sumaria. En conjunto la obra produce una sensación entrañable, que consigue establecer una relación afectiva entre el niño y el espectador.

Retrato de Gustavo Adolfo Bécquer

DOMÍNGUEZ BÉCQUER, Valeriano (Sevilla, 1833 - 1870)
Óleo sobre Lienzo
73 x 60 cm.
1862
Procedencia
Colección Ybarra. Sevilla
Comentarios

Valeriano Bécquer realiza este magnífico retrato de su hermano el poeta sevillano Gustavo Adolfo Bécquer  hacia el año 1862, fecha de su viaje  a Madrid, capital donde residía  su hermano y en la que comienza su segunda etapa artística, caracterizada por una pintura más resuelta, luminosa y flexible.

El retrato representa una imagen del poeta que ha sido plasmada en numerosas ocasiones en libros de texto, publicaciones y que incluso ilustró durante muchos años el ya desaparecido billete de cien pesetas. Se puede considerar como una de las obras capitales de la pintura romántica española y comparable con los mejores retratos realizados en su época en Europa.

En esta pintura el sentimiento fraternal de Valeriano le hace captar la imagen del poeta condensando en su gesto todos los diversos aspectos que imperan en el Romanticismo:  el ímpetu y la melancolía, la ironía, la pasión y la exaltada idealización. El retratado posa con elegancia aristocrática y una mirada llena de emoción que conecta directamente con la del espectador.

La muerte del maestro

VILLEGAS CORDERO, José (Sevilla, 1844 - Madrid, 1921)
Óleo sobre Lienzo
330 x 505 cm.
h. 1884
Procedencia
La Albright-Knox Art Gallery de Búfalo. Nueva York
Comentarios

La muerte del maestro supone la culminación de una serie de cuadros dedicados a un tema tan español como el taurino. Introduce una singularidad dentro del género: su concepción como un gran cuadro de historia. Pero frente a la retórica que caracterizó al género histórico, Villegas presenta una escena de gran dramatismo en la que los expresivos miembros de la cuadrilla muestran un repertorio de actitudes conmovidas y sinceras en torno a la figura del maestro muerto.

En cuanto a su técnica y estilo, tras un largo proceso de elaboración que culminó con la obra presentada en 1910, las novedades se hacen presentes en los logros espaciales y lumínicos, así como en las excelentes calidades y en los matices del color.

Apoteósis de Santo Tomás de Aquino

ZURBARÁN, Francisco de (Fuente de Cantos, Badajoz, 1598 - Madrid, 1664)
Óleo sobre Lienzo
486 x 385 cm.
h. 163
Procedencia
Colegio de Santo Tomás de Aquino. Sevilla
Comentarios

Zurbarán pintó en 1631 esta obra destinada al Colegio de Santo Tomás de Aquino en Sevilla, probablemente la más ambiciosa de su producción. La composición, para la que como es habitual utiliza fuentes grabadas, repite el esquema arcaizante de la división en diferentes registros.

En el inferior se sitúan, en torno a un bufete en el que está la bula fundacional, a la izquierda, el fundador del colegio Fray Diego Deza al frente de un grupo de frailes dominicos y a la derecha el Emperador Carlos V  que encabeza otro grupo de figuras orantes.

En el registro superior preside la escena Santo Tomás flanqueado por los cuatro Padres de la Iglesia. En un plano más elevado aparece el Espíritu Santo con Cristo y la Virgen a la izquierda y San Pablo y Santo Domingo a la derecha. Es ésta una de las obras más complejas de Zurbarán, con figuras de gran monumentalidad e intensa expresión naturalista y múltiples detalles en los que pone de manifiesto su extraordinaria maestría para la plasmación de las calidades de la materia.

Jesús crucificado expirante

ZURBARÁN, Francisco de (Fuente de Cantos, Badajoz, 1598 - Madrid, 1664)
Óleo sobre lienzo
255 x 193 cm.
h. 1630 / 40
Procedencia
Convento de Capuchinos. Sevilla
Comentarios

La imagen del Crucificado fue ampliamente tratada por Zurbarán en sus dos modelos iconográficos: el Cristo muerto con la cabeza inclinada y el Cristo vivo que la alza, reproduciendo el pasaje bíblico en el que se dirige  a Dios Padre para decirle "¿por qué me has abandonado?".

Zurbarán pintó este lienzo en torno a 1630-35 para el Convento de Capuchinos de Sevilla. Forma parte de los cinco que, de su mano o con colaboración del taller, conserva el Museo. Son pinturas muy tenebristas en las que, sobre un fondo oscuro, destaca con enorme fuerza plástica,  la figura de Cristo crucificado con cuatro clavos, tal como preconizaba Pacheco que debía ser representado.

Santa Dorotea

Taller de Zurbarán
Óleo sobre lienzo
173 x 103 cm.
h. 1640
Procedencia
Hospital de las Cinco Llagas. Sevilla
Comentarios

Fueron numerosos los seguidores de las fórmulas que tanta fama dieron a Zurbarán. De alguno de ellos o quizás del taller con alguna colaboración del maestro, es la serie de santas procedentes del Hospital de la Sangre de Sevilla, conservada en el museo.

Estas pinturas forman parte de una serie de doce, de las que solo se conservan ocho. Se trata de santas de origen medieval y de devoción popular cuyos modelos iconográficos reinterpreta Zurbarán manifestando su extraordinaria capacidad creativa. Las viste con rica indumentaria de siglos anteriores y las adorna  con llamativas joyas, símbolo de la predilección divina para otorgarles, de este modo, una nueva lectura y una renovada sensibilidad.

Parece que fueron realizadas originalmente para ser colocadas en la parte superior de los muros de las iglesias, repartidas en igual número en cada lado de las naves, formando un cortejo procesional que simulaba dirigirse al altar mayor como si caminaran hacia el cielo tras dejar la tierra.

Santa Dorotea se presenta de perfil llevando una bandeja de cestería con las rosas y manzanas que milagrosamente le trajo un ángel para salvarla así del martirio. Lleva un hermoso vestido abullonado, como es habitual en estas series, en las que los trabajos de las telas y bordados, están realizados con especial primor.

Sagrada Cena

VÁZQUEZ, Alonso (Sevilla, h. 1540 - México, 1608)
Óleo sobre Lienzo
318 x 402 cm.
h. 1588
Procedencia
Monasterio de la Cartuja de Santa María de las Cuevas. Sevilla
Comentarios

De Alonso Vázquez hay noticias en Sevilla desde 1588 hasta su marcha a México en 1603, donde ejerció hasta su muerte en 1608, ;una importante influencia en la formación de la pintura local ;de la primera mitad del siglo XVII. Su primera obra conocida se conserva en el museo, es la Santa Cena realizada para el refectorio de la Cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla en 1588. La composición se basa en diferentes grabados, conviviendo los elementos naturalistas de la vajilla y los alimentos. Estos últimos con rasgos  manieristas como los colores artificiales, las marcadas anatomías de los personajes o sus enfáticas gesticulaciones.

Enlace a audio.  Escucha la explicación sobre esta obra, pinchando aquí ( 643 kb. Archivo de audio/MP3)

Retrato de Jorge Manuel

THEOTOCOPULI, Domenico (El Greco) (Candía, Creta, 1541 - Toledo, 1614)
Óleo sobre Lienzo
74 x 50,5 cm.
(h.1600/05)
Procedencia
Colección de los Duques de Montpansier. Palacio de San Telmo. Sevilla.
Comentarios

Este excelente retrato, aunque es la única obra del Greco que conserva el museo, ofrece la singularidad de ser una creación excepcional dentro de su producción por tratarse de un importante testimonio de su vida familiar.

Aunque durante todo el siglo XIX fue considerado como autorretrato del pintor, hoy se acepta por la mayoría de los investigadores que el representado es Jorge Manuel, único hijo del Greco, arquitecto, escultor y pintor como su padre. Es este sin duda uno de los retratos de mayor vivacidad expresiva y elegante sobriedad de los que realizara el Greco.

Ejerce un poderoso atractivo la esbelta y distinguida figura que está vestida según la moda española del momento, grave y elegante, con jubón negro y aparatosa golilla encañonada.  

Baile por Bulerías

GARCÍA RAMOS, José (Sevilla, 1852 - 1912)
Óleo sobre Lienzo
52 x 28 cm.
1884
Procedencia
Colección de D. Alfonso Grosso. Sevilla
Comentarios

José García Ramos es sin duda uno de los más hábiles pintores del costumbrismo sevillano. Dedicó casi toda su carrera a dibujar, con una enorme expresividad y técnica minuciosa, escenas de la vida cotidiana en Sevilla, desde fiestas flamencas a asuntos taurinos, que se vendían con gran facilidad dentro y fuera de las fronteras. Esta obra pertenece a esa industria de cuadros de pequeño formato que tanta difusión alcanzó entre la sociedad de finales del siglo XIX.

El tema es de esencia típicamente andaluza y popular, cargado de un gran bagaje de costumbrismo andaluz, cante y baile en un ambiente de vino y toros. Es un lienzo de composición comprometida, muy apretada en la zona central derecha, donde confluyen cante, baile y una flamenca de abanico que solicita del espectador un inquietante diálogo. García Ramos capta de la realidad circundante los aspectos más cotidianos, hecho que dota a su obra de un acentuado carácter anecdótico. Este cuadro fue premiado con Medalla de Oro en la Exposición de Sevilla de 1884.

Triana

SÁNCHEZ PERRIER, Emilio (Sevilla, 1855 - Alhama de Granada, 1907)
Óleo sobre Lienzo
68 x 122 cm
h. 1888/90
Procedencia
Mercado de arte. Sevilla
Comentarios

Sánchez Perrier es de singular importancia para la historia del paisajismo y no sólo en Sevilla, como lo demuestran sus obras en colecciones extranjeras y los galardones que alcanzó. Considerado como el fundador de la llamada escuela de Alcalá de Guadaira, se convierte en el punto de referencia para paisajistas contemporáneos y de generaciones posteriores.

El tema de esta obra, de acentuado carácter lírico del perfil de la ciudad de Sevilla que se refleja en las aguas del río Guadalquivir, fue tratado frecuentemente por el artista. El encuadre elegido es el del conjunto de fachadas y postigos traseros del barrio de Triana. La personalidad del pintor se manifiesta en esta visión realista del paisaje, de minuciosa y atenta mirada del natural con marcado carácter intimista en la que los motivos populares y pintorescos se enmarcan dentro de una atmósfera de tiempo y espacio detenidos. 

Las Cigarreras

BILBAO MARTÍNEZ, Gonzalo (Sevilla, 1860 - Madrid, 1938)
Óleo sobre Lienzo
305 x 402 cm.
(1915)
Procedencia
Colección del autor
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Con el trasfondo de Las hilanderas de Velázquez, esta composición se desarrolla en la Fábrica de Tabacos de Sevilla, donde en un ambiente laboral relajado una de las cigarreras, situada en primer plano, realiza un receso en su trabajo para amamantar a su hijo. Esta escena maternal provoca la atención emocional de las compañeras más próximas, lo que crea un ambiente vitalista y cordial, mientras que las restantes continúan con su trabajo rutinario de la manufacturas de cigarros.

Realizada en la plenitud de su carrera, el artista  otorga gran protagonismo al gran escenario arquitectónico, de  amplias perspectivas. Se trata del lienzo más conocido y celebrado de Gonzalo Bilbao hasta el punto de que que el no obtener la medalla de honor en la Exposición Nacional de 1915 motivó que el pueblo de Sevilla le organizara un multitudinario homenaje popular en desagravio, al que acudieron muchas de las cigarreras que le sirvieron de modelo.

La cuadrilla de Juan Centeno

VÁZQUEZ  DÍAZ, Daniel (Nerva, Huelva, 1882 - Madrid, 1969)
Óleo sobre Lienzo
226 x 181,5 cm.
1953
Procedencia
Medalla de Honor en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1954.
Comentarios

Daniel Vázquez Díaz es una de las figuras más representativas del panorama artístico español de la primera mitad del siglo XX. Su obra, una de las más personales e inconfundibles de su tiempo, le convirtió en el abanderado del esfuerzo renovador de la pintura española anterior a 1936. En este espléndido cuadro no trata el autor de presentar a una gran figura del toreo, como ocurre en otros lienzos de su producción, sino a un modesto diestro, Juan Centeno Ortíz. 

El novillero alicantino, vestido de grana y negro, aparece sentado en primer término en actitud un tanto desafiante, flanqueado por dos miembros de su cuadrilla de mirada preocupada, como corresponde al momento anterior a la corrida. Completan la escena las figuras de otro peón y la cabeza de un picador situados al fondo,cuerpos esculturados, de planos rotundos de color animan esta estampa taurina que se hace intemporal en su sentimiento y ejecución. Esta obra fue premiada con Medalla de Honor en la Exposición Nacional de 1954.


© Daniel Vázquez Díaz, VEGAP, Sevilla 2004.

Carros del Víctor y del Parnaso (Carro de la entrega de los retratos de los reyes al Ayuntamiento)

MARTÍNEZ, Domingo (Sevilla, 1688 - 1749)
Óleo sobre Lienzo
135 x 291 cm.
1748
Procedencia
Real Fábrica de Tabacos. Sevilla. Donación del Ministerio de Hacienda (1896)
Comentarios

La figura de Domingo Martínez destaca dentro del panorama artístico sevillano de la primera mitad del siglo XVIII como exponente de la transición entre el espíritu artístico de Murillo y las nuevas corrientes europeas.

Esta pintura pertenece a una serie de ocho lienzos que representan los carros triunfales que desfilaron en Sevilla en la Máscara que los obreros de la Real Fábrica de Tabacos organizaron con motivo de la exaltación al trono de Fernando VI y Bárbara de Braganza, en 1747. Estos cuadros fueron pintados para ilustrar el libro que sobre esta fiesta publicó Cansino Casafonda en 1748. El lienzo representa el momento de la entrega de los retratos de los reyes al Ayuntamiento. La escena tiene lugar en la Plaza de San Francisco. Aparecen damas en los balcones,  frailes en la azotea y grupos de espectadores laicos y religiosos. .El carro del Víctor se encamina hacia la calle Génova, mientras que el del Parnaso se dirige hacia el edificio municipal. Los retratos de los reyes se han bajado del trono de este último carro y están siendo entregados al Asistente y al Procurador Mayor ante la puerta del Apeadero.

Retrato del Infante D. Felipe

LORENTE GERMÁN, Bernardo (Sevilla, 1680 - 1759)
Óleo sobre Lienzo
105 x 84 cm
h. 1730
Procedencia
Sala de Subastas. Sevilla
Comentarios

Es una obra del pintor sevillano de la primera mitad del siglo XVIII, Bernardo Lorente Germán que ofrece el interés de ser una de las escasas representaciones de arte cortesano en la pintura sevillana de ese momento que se conservan. Este retrato del Infante Don Felipe, hijo de Felipe V e Isabel de Farnesio y futuro Duque de Parma, es testimonio de su vinculación con la corte durante su permanencia en Sevilla.

Está representado de diez años de edad, vestido a la usanza de la época, con casaca roja de ricos bordados plateados, las insignias del Saint Espirit y una banda azul celeste. Su ejecución puede fecharse hacia 1730, durante los años que la corte permaneció en Sevilla y muestra la influencia en la corte borbónica del pintor Jean Ranc, a quien Lorente tuvo oportunidad de conocer en su estancia en la ciudad.

Santo Tomás de Aquino

HERRERA (EL MOZO), Francisco de (Sevilla, 1627 - Madrid, 1685)
Óleo sobre Lienzo
82 x 60 cm.
h. 1656
Procedencia
Colección de la familia Álvarez-Ossorio. Sevilla
Comentarios
Hijo de Herrera "el Viejo", se formó en el taller paterno y en Italia, estableciéndose en Madrid en 1650. Pertenece a la primera generación de artistas que renovaron la pintura madrileña con la introducción de un nuevo lenguaje plenamente barroco. La obra Santo Tomás de Aquino debió de realizarla durante su estancia en Sevilla, donde permaneció hasta 1660, año en el que aparece como uno de los fundadores de la Academia de Pintura y también el de su definitivo regreso a Madrid. Captado de medio cuerpo y en posición casi frontal, lleva hábito dominico y cubre su cabeza con birrete de doctor. Lleva  sobre su pecho una cadena dorada de la que pende un medallón en forma de sol, alza su mirada hacia lo alto, con expresión mística, en una pausa de su escritura. A su izquierda un angelillo muestra un ostensorio.

El vendedor de vino

NUÑEZ DE VILLAVICENCIO, Pedro de (Sevilla, h. 1640 - Malta, h. 1695)
Óleo sobre Lienzo
160,5 x 89 cm.
1694?
Comentarios

Es el discípulo más conocido de Murillo, quien más que maestro fue amigo personal. Su estilo mezcla las influencias del maestro sevillano con las del italiano Matia Preti, a quien conoció en un viaje a Italia. La pintura El vendedor de vino aunque tiene claras derivaciones de las obras de género de Murillo, interpreta el tema de la infancia con un estilo personal. La técnica de realización muestra las influencias recibidas en Italia. Los cálidos e intensos tonos, la luz y la minuciosa manera de modelar los rostros y miembros de las figuras confieren personalidad propia a sus obras de género.

Otro aspecto en el que se evidencia la influencia italiana es en la concepción más realista de los personajes frente al dominante tono idealista de los mismos en Murillo. En la mano izquierda se puede apreciar un arrepentimiento visible a simple vista que parece propio de un pintor que trabaja más a la prima que realizando detallados bocetos.


En cuanto al significado de la obra, no sería extraño que se tratara de un tema alusivo a la Caridad, dada la vocación religiosa y caritativa que presidió la vida de su autor que le llevó a ingresar en la Hermandad de la Caridad.

Tentaciones de San Jerónimo

VALDÉS LEAL, Juan de (Sevilla, 1622 - 1690)
Óleo sobre Lienzo
224 x 126 cm.
h. 1657
Procedencia
Monaterio de San Jerónimo de Buenavista. Sevilla
Comentarios

La interesante serie de la vida de San Jerónimo fue realizada por Valdés Leal para decorar la sacristía del convento hispalense de San Jerónimo de Buenavista. La constituyen dieciocho lienzos en los que se narran episodios de la vida del Santo y se ensalza la historia de su orden con la presentación de sus principales miembros, algunos vinculados a la vida del propio convento. Las tentaciones de San Jerónimo se considera una de las mejores versiones de este tema en la pintura barroca europea. La energía moral en el rechazo de la tentación se traslada a la técnica, decidida, de pincelada enérgica y fogoso colorido que no obstante describe con acierto los detalles. La escena contrapone, de manera acertada,  su cuerpo desnudo al de unas cortesanas lujosamente vestidas que encarnan la tentación.

San Jerónimo, que se  encuentra dedicado a la traducción de la Biblia,  intenta alejarlas con un elocuente gesto de sus brazos y sin apartar la mirada de los textos sagrados.  Aparece  rodeado de los objetos propios de su ascética vida como el crucifijo, la calavera y los libros, que constituyen un interesante bodegón.


La pintura está resuelta con una pincelada muy fluida con la que ha sabido sugerir luces, calidades y gran movimiento. Este dominio técnico se aprecia en el paisaje que se abre a la derecha de la composición y en los ropajes de las cortesanas danzantes, realizados a base de rápidos toques abocetados y vivo colorido, que destacan sobre el fondo rocoso de tonos sombríos.

Flagelación de San Jerónimo

VALDÉS LEAL, Juan de (Sevilla, 1622 - 1690)
Óleo sobre Lienzo
223,5 x 245,5 cm.
h.1657
Procedencia
Monasterio de San Jerónimo de Buenavista. Sevilla
Comentarios

La interesante serie de la vida de San Jerónimo fue realizada por Valdés Leal para decorar la sacristía del convento hispalense de San Jerónimo de Buenavista. La constituyen dieciocho lienzos en los que se narran episodios de la vida del Santo y se ensalza la historia del la orden religiosa con la presentación de sus principales miembros, algunos vinculados a la vida del propio convento. Se inicia la serie con El Bautismo de San Jerónimo, firmado y fechado por Valdés en 1657. Mucho más afortunadas son las escenas de la tentación y la flagelación, espléndidamente resueltas con la intensidad dramática y vigoroso cromatismo característicos del pintor. Fuera de España se encuentran los episodios de San Jerónimo discutiendo con los rabinos y La muerte de San Jerónimo.

El episodio de la flagelación como castigo por haber leído textos de Cicerón, fue también narrado por el mismo santo en una carta dirigida a Santa Eustoquio. La fogosidad con que el artista ha representado la escena no encuentra parangón en la pintura del XVII. La escena está dividida por una diagonal que forma dos registros. En el superior izquierdo en una dorada gloria celestial se halla Jesucristo acompañado por la Virgen y San Juan en actitud de interceder por San Jerónimo, quien en la zona inferior derecha, con fisonomís joven y arrodillado, recibe el castigo de dos ángeles de ondulantes gestos y vestimentas.

San Hugo en el Refectorio

ZURBARÁN, Francisco de (Fuente de Cantos, Badajoz, 1598 - Madrid, 1664)
Óleo sobre Lienzo
262 x 307 cm.
h. 1655
Procedencia
Monasterio de la Cartuja de Santa María de las Cuevas. Sevilla
Comentarios

Este lienzo realizado por Zurbarán para la sacristía de la Cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla, narra el milagro acaecido hacia el año 1084 en la Cartuja de Grenoble. La representación muestra a los siete frailes fundadores de la orden presididos por San Bruno. El milagro ocurrió el domingo anterior al miércoles de ceniza, cuando San Hugo, obispo de Grenoble, les envió carne. Los frailes discutían la posibilidad de vivir en perpetua abstinencia cuando por intervención divina quedaron sumidos en un profundo sueño que se prolongó por cuarenta y cinco días. Al visitarles San Hugo despertaron y vieron con asombro que la carne se había convertido en ceniza, prodigio que confirmaba que debían intensificar aún más una vida basada en la mortificación y la austeridad.

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Dolorosa

MURILLO, Bartolomé E. (Sevilla, 1617 - 1682)
Óleo sobre Lienzo
166 x 107 cm.
h. 1665
Comentarios

Este espléndido lienzo, por su profundo dramatismo, es una obra que escapa de las características habituales de la pintura de Murillo. La Virgen está sentada en un banco corrido tal como solía representarse en la década de 1650.

De frente y, emergiendo de un fondo intensamente oscuro, se nos muestra su rostro con un dolor contenido, elevando los ojos al cielo y abriendo las manos en un gesto de petición de amparo. Este gesto también podría interpretarse como la expresión de la perdida de su hijo y la ofrenda que ella hace de su dolor, dolor intenso pero no estridente, que marca la diferencia de algunas versiones del tema realizadas por otros pintores de la época.

San Antonio de Padua con el Niño

Convento de Capuchinos. Sevilla
Comentarios

La obra pertenece al conjunto más importante de pinturas de Murillo en el museo procedente de la iglesia del Convento de Capuchinos de Sevilla, donde constituían el retablo mayor y los altares de las capillas laterales. Realizadas entre 1665-1669, años de su plenitud artística, se encuentran entre las mejores de su producción.

San Antonio, con hábito franciscano y ramo de azucenas símbolo de virginidad en su mano derecha, abraza al Niño sentado sobre un libro que le sirve de pedestal. La zona superior la ocupa un rompimiento de gloria con grupos de ángeles y un torrente de luz que sirve de fondo a la figura del Niño. La atmósfera de comunicación afectiva vuelve a ser el eje de toda la composición, como vehículo para acceder al camino de la salvación.

Santo Tomás de Villanueva dando limosnas

MURILLO, Bartolomé E. (Sevilla, 1617 - 1682)
Óleo sobre Lienzo
283 x 188 cm.
h. 1668
Procedencia
Convento de Capuchinos. Sevilla
Comentarios

Esta excelente pintura pertenece a la serie que realizó el pintor para la iglesia del Convento de Capuchinos de Sevilla, donde presidía el altar de la primera capilla de la nave de la Epístola. Se sentía particularmente orgulloso de ella y puede considerarse la síntesis genial de toda su obra. La figura del santo centra la monumental composición en la que logrados fondos de arquitectura clásica crean efectos de luces y sombras que prolongan la profundidad espacial. Los personajes están realizados con un realismo que atestigua todo el saber acumulado en la elaboración de temas populares y también pueden contemplarse excelentes detalles de bodegón en los libros y las monedas sobre la mesa.

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Tránsito de San Hermenegildo

VÁZQUEZ, Alonso (Sevilla, h.1540 - México, 1608) /. UCEDA, Juan de (Sevilla, h.1570 - 1631)
Óleo sobre Lienzo
492 x 340 cm.
h. 1602
Procedencia
Iglesia del Hospital de San Hermenegildo. Sevilla
Comentarios

El estilo de Vázquez pone de manifiesto la mezcla de elementos flamencos e italianos que caracterizó la pintura sevillana hasta bien entrado el siglo XVII. Fiel a los principios de ese Manierismo tardío, su pintura apenas evoluciona, repitiendo similares esquemas compositivos y figuras.

Una muestra de la continuación de esquemas del siglo anterior es la pintura que contrató en 1603 con el Hospital de San Hermenegildo de Sevilla y que hubo de terminar Juan de Uceda cuando partió a México ese mismo año. Era la escena principal de un retablo que representaba

El Tránsito de San Hermenegildo. La preparación y la composición general de la pintura pertenecen a Vázquez, quien realizó la franja inferior en la que San Hermenegildo acompañado por el rey Recaredo, San Isidoro y San Leandro, es confortado por ángeles. En la zona superior también se adivinan por sus característicos tipos físicos algunos ángeles salidos de su mano.

Desposorios místicos de Santa Inés

PACHECO, Francisco (Sánlucar de Barrameda, Cádiz, 1564 - Sevilla - 1644)
Óleo sobre Lienzo
169 x 124 cm.

1628

Procedencia
Capilla del Santísimo de la Iglesia del Colegio de San Buenaventura. Sevilla
Comentarios

Francisco Pacheco más conocido por ser el suegro de Velázquez y por su obra teórica El Arte de la Pintura, que por sus cualidades artísticas, representa la tradición manierista en la escuela sevillana del primer cuarto del siglo XVII. Es esta una de las mejores pinturas que de Pacheco conserva el Museo.

En ella el artista se ha esforzado en representar una escena mística e íntima aportándole ciertos detalles naturalistas como el suelo lleno de flores blancas, que evocan la pureza de la santa, la palma del martirio, el salterio con la página marcada y la pequeña silla claveteada de terciopelo rojo.

El conjunto se encuentra bañado por una fuerte luminosidad que introduce lo divino en una escena mundana. Los pliegues quebrados de los ropajes inspirados en grabados nórdicos y la dureza y sequedad del tratamiento de las figuras, evidencian lo limitado del talento del artista que se encuentra en este momento en el apogeo de su carrera.

San Francisco de Borja

CANO, Alonso (Granada, 1601 - 1667)
Óleo sobre Lienzo
189 x 123 cm.
1624
Procedencia
Capilla del Noviciado de la Compañía de Jesús. Sevilla
Comentarios

En el taller del pintor sevillano Francisco Pacheco iniciaron su formación artística dos de los más destacados representantes del arte español del siglo XVII, Diego Velázquez y Alonso Cano. Las primeras obras conocidas de Cano como el San Francisco de Borja, atestiguan las experiencias recibidas de Pacheco en el uso de un modelado preciso y una iluminación contrastada que acentúa el dramatismo expresivo.

El santo jesuita contempla con expresión mística una calavera coronada, perteneciente a la reina Isabel de Portugal cuyo cadáver acompañó a enterrar a Granada. A sus pies se sitúan tres capelos cardenalicios alusivos al título al que renunció por tres veces y en la zona superior aparece el monograma IHS de la Compañía de Jesús, orden en la que ingresó tras la contemplación del citado cadáver.

Santa Ana enseñando a leer a la Virgen

ROELAS, Juan de las (Flandes hacia 1570 - Sevilla 1625)
Óleo sobre Lienzo
230 x 170 cm.
h. 1610
Procedencia
Convento de la Merced Calzada. Sevilla
Comentarios

En la primera generación de pintores sevillanos del siglo XVII, Roelas representa la renovación naturalista que triunfará, basada en un lenguaje directo y narrativo.

Esta pintura procede de la iglesia del convento de la Merced Calzada, actual sede del museo. El esquema compositivo en diagonal presenta la figura sedente de Santa Ana, de edad madura, mostrándole un libro a la Virgen que se inclina atenta para su lectura. María es una niña ricamente ataviada con túnica rosa bordada en oro y piedras preciosas, y manto azul cuajadado de perlas. A sus pies se dispone una mesita con una pequeña cesta con dulces bajo la cual figuran un perro y un gato. En la parte inferior un canasto con ovillos y el cojín de bordar, completan el muestrario que señala el interés por el pormenor cotidiano y por los elementos de naturaleza muerta que proporcionó tantos logros a pintores sevillanos posteriores como a Zurbarán.


El tema de Santa Ana se inspira en los Evangelios Apócrifos y aunque su devoción no estuvo muy extendida, experimentó un resurgimiento en los siglos XVII y XVIII.

San Antonio Abad y San Cristóbal

Anónimo Escuela Sevillana (Círculo de Juan Sánchez de Castro)
Pintura sobre Tabla
168,5 x 117 cm.
h. 1480
Procedencia
Convento de San Benito de Calatrava. Sevilla.
Comentarios
Dentro del ambiente de influencias flamencas que caracteriza la pintura sevillana del siglo XV destaca la figura de Juan Sánchez de Castro. A un artista cercano a él se atribuye esta obra, que pertenece a un conjunto de cuatro tablas,  en las que aparecen ocho santos emparejados.
Se representa a San Antonio Abad con varios de sus atributos: el báculo, la campana y el cerdito. San Cristóbal es la figura mejor conservada y una de las mejores de la serie. El santo aparece en el momento de cruzar el río, llevando al Niño Jesús sobre su hombro y a dos peregrinos en el cinturón.

Salero de Neptuno

Anónimo Escuela Flamenca
Plata, plata dorada y cristal
59,5 x 48 x 49 cm.
h. 1640
Procedencia
Familia de los Marqueses de Blanco Hermoso. Sevilla
Comentarios

El Barroco es el período de esplendor de la platería europea y esto queda reflejado en la colección del museo con una importante obra que, procedente de la colección de los marqueses de Blanco Hermoso, fue adquirido por la Junta de Andalucía en 1988. Realizado en plata dorada y blanca y cristal, representa el carro de Neptuno conducido por el dios que surge del agua tirado por hipocampos y acompañado de varias figuras antropomórficas y de animales.

En esta pieza, que está realizada en época temprana, sobresalen características que van a ser propias del Barroco como son el dinamismo y la expresividad del grupo, que está tratado de manera escultórica.

Virgen con el Niño

Francisco Niculoso el Pisano (Pisa?, último tercio s. XV - Sevilla, h. 1539)  
Adquirido por la Junta de Andalucia (2006)
17,5 x 16,5 cm
Hacia 1500-1529
Procedencia
Procedencia desconocida
Comentarios

El pequeño formato de esta obra no es obstáculo para que Pisano cree una obra monumental en la que un dibujo realizado con los trazos justos ofrece una obra plena de naturalidad y humanidad. A esto se une un colorido, escaso en variedad, pero de un vistoso efecto cromático.


Francisco Niculoso, el Pisano, fue un ceramista italiano que estableció su taller en el barrio sevillano de Triana. Introdujo en Sevilla el nuevo estilo renacentista que consiste en aplicar la pintura cerámica polícroma a los azulejos planos destinados a revestimientos verticales. Gracias a su presencia en la ciudad se renovaron los talleres cerámicos locales que alcanzaron gran calidad a lo largo de los siglos XVI y XVII.

Virgen del Rosario

Cristóbal de Augusta
Cerámica
1250 x 1250 cm.
1577
Procedencia
Convento de Madre de Dios
Comentarios
Representación de la Virgen con el Niño, que protege bajo su manto a diversos santos de la orden dominica. Este modelo iconográfico será repetido más tarde por Zurbarán en su Virgen de las Cuevas, también en las colecciones del Museo.

Nuestra Señora del Pópulo

 Anónimo
Cerámica
182 x 169 cm.
Segunda mitad del siglo XVII
Procedencia
Convento de Nuestra Señora del Pópulo
Comentarios
Panel cerámico procedente del desaparecido convento de Nuestra Señora del Pópulo. Formaba parte de un conjunto de ocho que decoraban la fachada. Actualmente estos paneles se encuentran en el zaguán de entrada del Museo.

Inmaculada

Anónimo
Cerámica
240 x 160 cm.
1680-1700
Procedencia

Procedente del Convento de San José (Mercedarias Descalzas)

Desamortización , 1868

Comentarios

Panel cerámico con la representación de la Inmaculada Concepción acompañada de monjas de la orden mercedaria. Ejempo del auge que la tradición cerámica alcanza en Sevilla en el siglo XVII, impulsada además por la vitalidad de la pintura.
El destino de este tipo de paneles cerámicos, concebidos como auténticos cuadros aislados, era el exterior de los edificios.

Se trata de una copia de la pintura Concepción de Aranjuez de Murillo a la que el artista ha añadido dos monjas de la orden.

San Jerónimo

Pietro Torrigiano (Florencia, 1472 - Sevilla, 1528)

Barro cocido y policromado

224 x 126 cm.

160 cm.
h. 1525

Procedencia
Monasterio de San Jerónimo de Buenavista. Sevilla
Comentarios

Fue compañero y rival de Miguel Ángel en la Academia del "Jardín de los Médicis". Tras una azarosa vida llega a Sevilla en 1522 y realiza dos obras para el Monasterio de San Jerónimo de Buenavista que ingresaron en el museo tras la Desamortización y se fechan en 1525, San Jerónimo y la Virgen de Belén. La escultura de San Jerónimo tuvo una repercusión muy importante no sólo en Andalucía sino también en Italia. Su iconografía sirvió de modelo e inspiración constante a los artistas españoles. Realizada a tamaño natural, sorprende por su expresiva cabeza y el espléndido estudio del desnudo que revela conocimientos anatómicos. Fue elaborada en barro cocido, técnica muy usada en Italia y que enlaza con la tradición de la escultura sevillana desde el siglo XV.

Enlace a audio. Para escuchar más información sobre esta obra pincha aquí (archivo de audio/mpeg. 757 Kb. en nueva ventana)

Niño Jesús

Círculo de Juan Martinez Montañés
Madera tallada y policromada
Altura 50 cm.

Hacia 1630

Procedencia
Adquirido en 1972
Comentarios
El tema del Niño Jesús fue muy popular en la España barroca, siendo muy demandado tanto por particulares como por conventos y parroquias. En el caso de Sevilla, el modelo que se sigue es la imagen del Niño Jesús que talló Martínez Montañés en 1607 para la Hermandad Sacramental del Sagrario. Su éxito supuso la aparición de multiples versiones, realizadas tanto en madera como en otros materiales como barro cocido o plomo.

San Bruno

MARTINEZ MONTAÑES, Juan (Alcalá la Real, 1568 - Sevilla, 1649)
Madera tallada y policromada
160 x 69 x 64,5 cm.
1634
Procedencia
Capilla de San Bruno. Iglesia del Monasterio de la Cartuja Sta. María de las Cuevas. Sevilla
Comentarios

Se forma en Granada en el taller de Pablo de Rojas, llegando   muy joven a Sevilla donde obtiene el título de "maestro escultor" con diecinueve años. Como artista goza de gran fama entre sus coetáneos que le consideran "el dios de la madera" y el "Lisipo andaluz". En Sevilla recibe las influencias de la última generación de escultores manieristas y su conocimiento de la escultura del siglo XVI se hace patente en la serenidad y severo clasicismo que caracteriza su obra.


Para la Cartuja de Santa María de las Cuevas talla en 1634 la imagen del fundador de la orden Cartuja, San Bruno. La fuerza naturalista se concentra en la magnífica cabeza de este santo que aparece representado de pie, llevando en su mano derecha el crucifijo y en la izquierda las Constituciones de la Orden. Realismo expresivo, elegancia y equilibrio de volúmenes, se dan cita en esta obra que evidencia la evolución hacia el realismo barroco en los años finales de su dilatada vida artística.

San Juan Bautista

Pedro de Mena
Madera tallada y policromada
Altura 65 cm.
Procedencia
Donación González Abreu, 1928
Comentarios

La imágen representa a San Juan Bautista Niño o "San Juanito",  desnudo y portando un báculo en su mano izquierda y señalando con su derecha al lugar en que se encontraba el cordero,  hoy desaparecido.

Tanto el tratamiento corporal, con la pierna derecha ligaremente adelantada, como la talla del cabello sitúan a esta pieza dentro de los modelos propios del siglo XVII. Se trata de una imagen de vestir en la que se pueden apreciar los rasgos característicos de su autor como el rostro ovalado, los ojos rasgados, la boca pequeña de labios finos y el pelo lacio de alborotados mechones.