Las Colecciones

Obras Singulares

La Prudencia

Juan de Mesa, atribuido (Córdoba, 1538 - Sevilla, 1627)
Madera tallada y policromada
Altura 80 cm
1618
Procedencia
Cartuja de Santa María de las Cuevas. Sevilla
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La representación de las virtudes cardinales, tomadas del mundo grecolatino en la que eran virtudes morales, es frecuente en la iconografía cristiana. El museo conserva una serie en la que aparecen La Templanza, La Fortaleza, La Justicia y esta que comentamos, atribuídas al escultor Juan de Mesa aunque hasta hace poco se habían considerado como de un desconocido Juan de Solís. Estas cuatro figuras alegóricas decoraban los remates de los retablos colaterales del coro de legos de la cartuja sevillana y se disponen sobre un plano inclinado. A pesar de su identificación con estas virtudes, a falta de un documento o descripción que lo acredite de manera fehaciente, lleva a pensar que tal vez personifiquen otras virtudes relacionadas con la vida monástica o con la orden cartuja en concreto.

La virtud de la prudencia está concebida como una joven recostada que apoya su cuerpo con el brazo derecho mientras que con la mano izquierda sostiene cuidadosamente una paloma. Su exquisita cabeza, de dulce expresión y rostro ensimismado y bello, que dirige un gesto amable hacia la paloma y la representación de su poca edad, hace que pueda considerarse como una plasmación ideal de la Juventud o también de la Humildad o la Pureza, ya que estas también aparecen con frecuencia asociadas al atributo de la paloma. Por su suave modelado puede ser considerada una de las más hermosas de la serie.  

San Juan Bautista

Pedro de Mena (Granada, 1628 - Málaga, 1688)
Madera tallada y policromada
Altura 65 cm
1674

Procedencia
Donación González Abreu, 1928.
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Este San Juan Bautista niño, conocido popularmente como San Juanito, responde a un tema muy querido en la escultura andaluza. Es una
encantadora figura infantil del precursor de Jesús que mira al frente con expresión seria y digna aunque no muy expresiva. Lleva el lábaro o cruz con estandarte que siempre porta con la mano izquierda mientras que con la derecha señala al suelo, lugar donde con toda probabilidad debería de estar el cordero o agnus Dei (cordero de Dios que representa el sacrificio de Jesucristo por los pecados de los hombres)  que le acompaña siempre y que ya no se conserva.

Generalmente aparece vestido con una túnica de piel de camello pero en este caso está desnudo lo que nos permite apreciar su cuerpo de suave modelado que nos muestra sus rasgos infantiles como la barriga y la frente abultadas, los ojos rasgados o la nariz y los labios pequeños. Destaca el peinado, de curvados y agitados mechones con los extremos al vuelo, trabajado igualmente en la parte trasera de la figura, lo que indica el interés del autor en un perfecto acabado. 

Pedro de Mena fue un gran creador de tipos iconográficos, en este caso un niño que no se parece nada al modelo sevillano que repitió el modelo creado por Juan Martínez Montañés. Esta obra pertenece a la última época de Mena, en la que recibió gran cantidad de encargos de pequeñas obras, como Ecce Homos y Dolorosas para oratorios privados. 

La escultura está realizada en Málaga, tal y como el propio autor hace constar, a la vez que la fecha y la firma.

Imagen en alta resolución (Google Arts & Culture)

 

San Bruno

Juan Martínez Montañés (Alcalá la Real, 1568 - Sevilla, 1649)
Madera tallada y policromada
160 x 69 x 64,5 cm
1634
Procedencia
Capilla de San Bruno. Iglesia del Monasterio de la Cartuja Sta. María de las Cuevas. Sevilla
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Martínez Montañés recibe el encargo de realizar una escultura de San Bruno, fundador de la orden Cartuja, para su monasterio sevillano poco después de su canonización, cuando contaba con 66 años. 

Realiza una talla sobria que conjuga la esencia del retratado con los principios ascéticos de la devoción y vida cartuja como son el silencio, la soledad y la austeridad. Aparece representado de cuerpo completo, de pie, llevando en su mano derecha el crucifijo hacia el que dirige la mirada en actitud meditativa y compasiva, y en la izquierda porta el libro de  las constituciones de la orden. Viste el sobrio y holgado hábito de la comunidad, la cogulla, de pesados y ampulosos pliegues que sugieren la reciedumbre del tejido y que se caracteriza por tener los lados anterior y posterior del escapulario unidos por una ancha tira de la misma tela y color. Pero donde se aprecia la maestría y la fuerza naturalista del escultor es en las manos y, sobre todo, en la magnífica cabeza tonsurada, de gran fuerza expresiva y elegancia clásica. La verticalidad de la figura se rompe con la curvatura imprimida por la flexión de la rodilla derecha. 

La policromía de las carnaciones es mate, tal y como aconsejaba Pacheco para un resultado más natural. El hábito que hoy vemos blanco, más acorde con la personalidad austera del santo y su orden, estaba dorado originariamente .

Imagen en alta resolución (Google Arts & Culture)

San Jerónimo

Pietro Torrigiano (Florencia, 1472 - Sevilla, 1528)
Barro cocido y policromado
224 x 126 x 160 cm
Hacia 1525

Procedencia
Monasterio de San Jerónimo de Buenavista. Sevilla
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Torrigiano presenta a san Jerónimo en una iconografía novedosa: como eremita, orando y haciendo penitencia en soledad. El autor hace alarde de una gran maestría técnica al elegir el barro cocido para la realización de una escultura de tamaño natural. Coloca al santo de rodillas con la pierna izquierda doblada en un difícil quiebro del torso, en posición de tres cuartos que gira hacia la derecha mientras que mira en dirección contraria. En la mano izquierda lleva una cruz y en la derecha guarda la piedra con la que se golpea el pecho.  

El artista realiza un estudio anatómico espléndido de la figura. Modela y describe perfectamente el cuerpo desnudo, que muestra la tensión de los músculos y la piel apergaminada y reseca, a la vez que dota a la cabeza y al noble rostro de una gran hondura expresiva.

La escultura tuvo gran repercusión en artistas posteriores como se puede comprobar en el Santo Domingo penitente de Martínez Montañés, expuesto en la sala X.

Imagen en alta resolución (Google Arts & Culture)

 

Cristo Varón de Dolores

Pedro Millán (act. 1451-1500)
Barro cocido y policromado
161 x 108,5 x 50 cm.
Hacia 1485 - 1503
Procedencia
Iglesia parroquial de El Garrobo. Sevilla
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Pedro Millán, escultor hispalense de finales del gótico, fue discípulo del imaginero Lorenzo Mercadante, del que toma la influencia flamenca de sus obras. Sin embargo, su producción consta de una clara raíz autóctona, lo que le convertirá en uno de los autores fundamentales del arte sevillano de finales del siglo XV y principios del XVI.

Este grupo escultórico presenta el tipo iconográfico del Varón de Dolores, que propugnara en el Canto del Siervo el Profeta Isaías (Is 53, 3). Supone ser una prefiguración de la venida del Mesías, fusionando su Pasión y Resurrección. Se presenta en el centro a Cristo, de pie y vivo, a partir de una anatomía esbelta, pudiendo apreciarse en el modelado del torso desnudo cierto realismo, acentuado por las huellas de la Pasión, como la llaga abierta del costado o los agujeros de los clavos que muestra en las manos. Apoya los pies sobre un suelo rocoso, sobre el que se dispone una filacteria con la firma del autor. También, destaca el tratamiento de la cabeza, de rostro ensimismado que subraya el patetismo de la escena, tocado con gruesa corona, cuyas espinas pueden verse clavadas en la piel.

Queda flanqueado por dos ángeles, dispuestos de forma simétrica. Sus cuerpos, representados con cierta curvatura algo arcaizante, visten túnica y manto, simulando telas pesadas y quebradas en angulosos pliegues. Quedan ornamentados con broches así como con joyeles en las diademas.
A los pies del conjunto, aparece representada una figura orante, a menor escala. Se trata del racionero de la catedral, Antonio Imperial, quien contrató con el escultor esta obra, destinada a su enterramiento en la Capilla de san Laureano.