Las Colecciones

Obras Singulares

Santo Tomás de Aquino

Francisco de Herrera, el Mozo (Sevilla, 1627 - Madrid, 1685)
Óleo sobre lienzo
82 x 60 cm.
Hacia 1656
Procedencia
Colección de la familia Álvarez-Ossorio. Sevilla
Comentarios

Muestra este lienzo a Santo Tomás de Aquino, de medio cuerpo, en el momento en que, con la mirada dirigida hacia arriba, recibe la inspiración divina e inicia el escrito de su famoso himno eucarístico "Pange lingua gloriosis". El pintor ha representado la figura del Santo tal como la descripción del mismo ha llegado a nuestros días: de constitución corpulenta, un poco gruesa, con cara de bonachón y siempre ensimismado en sus rezos.

Es una obra muy interesante desde el punto de vista iconográfico ya que el personaje se rodea de símbolos relativos a su vida y obra.  Viste el hábito de la orden dominica y luce en su pecho un sol que pende de una cadena dorada alusiva a su obra "Catena aurea". Asímismo, aparece tocado con birrete, en referencia a su condición de Doctor de la Iglesia y con una pluma en la mano, como recordatorio de su ingente producción escrita. En el ángulo superior derecho aparecen un angelillo, que hace alusión a su nombre de Doctor Angélico, y el ostensorio por su devoción eucarística.

El precioso marco que acompaña al lienzo fue realizado en el mismo momento de la obra.

Sagrada Cena

Alonso Vázquez (Sevilla, h. 1540 - México, 1608)
Óleo sobre Lienzo
318 x 402 cm.
Hacia 1588
Procedencia
Monasterio de la Cartuja de Santa María de las Cuevas. Sevilla
Comentarios

De Alonso Vázquez hay noticias en Sevilla desde 1588 hasta su marcha a México en 1603, donde ejerció hasta su muerte en 1608. Esta es su primera obra conocida que realizó para el refectorio de la Cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla en 1588  por lo que existe una clara relación entre el lugar al que iba destinado y el tema representado.  

Enmarcada por una arquitectura de tipo palaciego y estilo renacentista, se desarrolla la escena en la que Cristo comparte la última cena con los apóstoles. La mesa aparece presidida por Jesús y, como realizara Leonardo da Vinci, con los discípulos agrupados de tres en tres. El autor sigue las recomendaciones de algunos tratadistas como Pacheco y coloca a la derecha de Jesús a San Pedro, ocupando un lugar preferente al haberlo elegido Dios como su vicario en la tierra. A la izquierda del Salvador se encuentra Santiago el Menor, al que según Pacheco había que representar imitando el rostro de Cristo. Recostado en su pecho aparece Juan, su discípulo amado y en primer término Judas, llevando en su mano la bolsa con los treinta siclos que señalan su traición.  

La obra acusa la influencia miguelangelesca en las corpulentas figuras cuyas anatomías se dejan traslucir a través de los ropajes. Pero el naturalismo también está presente en su especial atención a los elementos que componen el bodegón: jarras, vajilla, servilletas, mantel, flores o el gato que asoma bajo uno de los bancos. 

Enlace a audio.  Escucha la explicación sobre esta obra, pinchando aquí ( 643 kb. Archivo de audio/MP3)

Desposorios místicos de Santa Inés

Francisco Pacheco (Sánlucar de Barrameda, Cádiz, 1564 - Sevilla - 1644)
Óleo sobre lienzo
169 x 124 cm.
1628

 

Procedencia
Capilla del Santísimo de la Iglesia del Colegio de San Buenaventura. Sevilla
Comentarios

Francisco Pacheco, más conocido por ser el suegro de Velázquez y por su obra teórica El Arte de la Pintura que por sus cualidades artísticas, representa la tradición frente al incipiente naturalismo de la escuela sevillana del primer cuarto del siglo XVII. 

En esta obra, una de las mejores que del autor conserva el museo, el artista se ha esforzado en representar una escena mística e íntima. Aporta ciertos detalles naturalistas como el suelo lleno de flores blancas, que evocan la pureza de la santa, la palma del martirio, el salterio con la página marcada y la pequeña silla claveteada de terciopelo rojo.

El conjunto se encuentra bañado por una fuerte luminosidad que introduce lo divino en una escena mundana. Sin embargo, los pliegues quebrados de los ropajes, inspirados en grabados nórdicos, y la dureza y sequedad del tratamiento de las figuras, evidencian lo limitado del talento del artista que se encuentra en este momento en el apogeo de su carrera.

Anunciación

Alejo Fernández (¿ h. 1475 - Sevilla, 1545)
Pintura sobre tabla
72 x 49,5 cm.
Hacia 1508

Procedencia
Monasterio de San Isidoro del Campo. Santiponce. Sevilla
Comentarios

Alejo Fernández es considerado el introductor del espíritu renacentista en la pintura sevillana aunando las influencias flamencas e italianas.

De Flandes toma el gusto por el detallismo, los plegados goticistas de los ropajes y el paisaje, que supone una novedad absoluta en el arte sevillano ya que hasta ese momento predominaban los fondos dorados.

De Italia toma el pronunciado uso de la perspectiva  y la arquitectura clásica como se ve en los diferentes elementos: el despliegue de mármoles y dorados, la logia, los arcos de medio punto con tondos en las enjutas y las columnas de capiteles  compuestos con base de cestería.

Otros elementos los toma de la tradición germano flamenca como el dosel, el banco, el atril o los cojines. Completan la escena algunos objetos simbólicos como el lírio, que alude a la pureza virginal de María. La presencia de la Santísima Trinidad está representada en una diagonal que une al Padre Eterno con la figura de la Virgen.

Calvario

Lucas Cranach (Kronach, 1472 - Weimar, 1553)
Pintura sobre Tabla
85 x 56 cm.
1538
Procedencia
Venerable y Santa Escuela de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. Sevilla.
Comentarios

Este Calvario de Lucas Cranach adquiere una especial significación dentro de los fondos del museo, tanto por su excepcional calidad como por la escasa representación de la pintura renacentista alemana en las colecciones españolas.

El centro de la composición está ocupado por la representación de Jesús Crucificado y a ambos lados, simétricos y oblicuos, casi de perfil, las figuras del buen y el mal ladrón, Dimas y Gestas respectivamente. Jesucristo se representa en el momento de la expiración, cuando alzando la mirada al Padre pronuncia la frase: "Padre en tus manos encomiendo mi Espíritu" que aparece escrita en alemán en la parte superior de la pintura ("vater in dein hendt befil ich mein gaist"). Las tres cabezas tienen una profunda expresión dramática y están ejecutadas con maestría extraordinaria. En la parte inferior aparece el centurión a caballo, vestido a la moda germana de la época en que se realizó la pintura, lo que es un anacronismo. De sus labios sale la siguiente frase escrita en alemán: "Verdaderamente este Hombre era el Hijo de Dios" ("Warlich diser mensch ist gotes sun gewest"). El fondo aparece dividido por un horizonte bajo, entre un cielo que se muestra totalmente oscurecido y un paisaje árido con la representación de la ciudad de Jerusalén en la lejanía.

La pintura muestra su estilo de madurez, de superficies lisas y brillantes, pulidas como esmaltes, en las que sobre fondos oscuros se recortan las figuras con nítidos contornos. En primer plano en la roca grande de la derecha está firmada con el dragón que le fuera otorgado como blasón y fechada en 1538.

 

Virgen con el Niño (Virgen de la servilleta)

Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, 1617 - 1682)
Óleo sobre lienzo
67 x 72 cm.
Hacia 1666
Procedencia
Convento de Capuchinos. Sevilla
Comentarios

Esta célebre representación de la Virgen con el Niño es conocida como "La Virgen de la Servilleta" debido a una tradición originada a comienzos del siglo XIX según la cual el artista la pintó en ese soporte.La obra ha sido extremadamente popular a lo largo de los siglos y de ella se han realizado multitud de copias. Debe su éxito a la habilidad de Murillo para mover a la piedad por lo cotidiano, por ese afecto que vincula a la madre con su hijo que, lleno de curiosidad infantil, parece querer abandonar sus brazos para pasar a los del espectador. 

Mediante una estudiada penumbra, el pintor sitúa a las figuras en un espacio intermedio entre el interior en el que realmente se encuentran y el exterior al que se asoman, como indica el elemento en que la Virgen apoya su brazo. Las dos figuras conectan sus miradas y sentimientos con los del espectador transmitiendo una ternura e intimismo que fueron claves del éxito de la pintura religiosa de Murillo. 

 

Retrato de D. Cristóbal Suárez de Ribera

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (Sevilla, 1599 - Madrid, 1660)
Óleo sobre lienzo
207 x 148 cm.
1620
Procedencia
Iglesia de san Hermenegildo. Sevilla
Comentarios

Un joven Velázquez nos presenta a Cristóbal Suárez de Ribera, presbítero, patrono artístico y fundador de la hermandad de San Hermenegildo cuyo emblema se sitúa en el ángulo superior izquierdo con los atributos del santo mártir: la corona, el hacha, la palma y la cruz con una corona de rosas. 

El retrato fue realizado después de la muerte del sacerdote para colocarlo sobre su sepulcro en la iglesia de San Hermenegildo de Sevilla, edificio cuya construcción había impulsado él mismo. Se trata de uno de los primeros retratos del pintor y destaca por la extraordinaria volumetría del modelo, resaltando la cabeza, de rostro hierático, y las manos, ambos motivos mas afinados y acabados que los oscuros ropajes. La composición la completa la ventana, recurso clásico que en este caso se abre a uno de los más tempranos paisajes de uno de los pintores que renovó ese género en la pintura de su tiempo. Se trata de un paisaje esquemático y sombrío de cedros y cipreses que bien pudiera tratarse de un camposanto ya que, debido a la naturaleza del encargo, podría aludir a la idea de la muerte y la resurrección.

Jesús crucificado expirante

Francisco de Zurbarán (Fuente de Cantos, Badajoz, 1598 - Madrid, 1664)
Óleo sobre lienzo
255 x 193 cm.
Hacia 1630-1640
Procedencia
Convento de Capuchinos. Sevilla
Comentarios

Zurbarán elimina del lienzo cualquier elemento anecdótico o secundario para centrar la composición en la figura de Cristo que alza la mirada llena de patetismo al cielo en un gesto que traduce las palabras "¿Padre, por qué me has abandonado?".  Es cierto que la penumbra que envuelve la escena obedece a la descripción de los textos sagrados pero el pintor la aprovecha como un recurso pictórico en un periodo en el que el tenebrismo domina su estilo.

Todo el dramatismo del momento se plasma a través de su magistral tratamiento de la luz con la que modela el cuerpo para hacerlo emerger de la oscuridad uniforme del lienzo. Consigue así sugerir la calidad escultórica de la figura a lo que contribuye la reproducción pormenorizada de cada detalle, especialmente apreciable en los pies y las manos así como en el paño de pureza,  buen ejemplo del dominio que alcanzó en el tratamiento pictórico de las telas. Recrea cada pliegue del tejido sabiendo graduar la iluminación que incide en cada doblez logrando así un efecto muy natural. 

Santas Justa y Rufina

Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, 1617 - 1682)
Óleo sobre lienzo
200 x 176 cm.
Hacia 1666
Procedencia
Convento de Capuchinos. Sevilla
Comentarios

Las dos hermanas, martirizadas por el prefecto romano Diogeniano por negarse a adorar ídolos, aparecen con las palmas del martirio, sosteniendo la Giralda en sus manos en alusión a la intervención milagrosa de ambas en el terremoto de 1503 que impidió que cayera, y los modestos objetos de barro, símbolo de su profesión de alfareras.

La composición en extremo sencilla adolece de cierto estatismo apenas rota por los cacharros situados en primer plano y por los amplios pliegues de las vestimentas de rico colorido. Tal y como acostumbra, el pintor pinta dos figuras de delicada y popular belleza pero con dos actitudes complementarias ya que mientras una de ellas se dirige al espectador con una mirada serena, la otra eleva sus ojos hacia lo alto como buscando el amparo y la protección divina.

Aunque no se conoce ningún bodegón independiente pintado por Murillo, podemos apreciar su extraordinaria capacidad para plasmar naturalezas muertas por la gran calidad de estas vasijas de barro vidriadas en blanco. Dispuestas en el suelo, rompen la frontalidad de la composición y nos conducen en profundidad hacia un sencillo paisaje  

Santo Tomás de Villanueva dando limosnas

Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, 1617 - 1682)
Óleo sobre lienzo
283 x 188 cm.
Hacia 1668
Procedencia
Convento de Capuchinos. Sevilla
Comentarios

Esta es una pintura de excepcional calidad de la que se ha dicho que era el  lienzo  preferido de Murillo. La inclusión de este santo agustino en un conjunto realizado para el convento franciscano de Capuchinos de Sevilla, pudo estar motivada por su cualidad de santo limosnero, muy asociada a la filosofía franciscana. La vida de Santo Tomás de Villanueva se caracterizó por la austeridad, la caridad y la ayuda a los necesitados. 

Formando una composición triangular, la escena está presidida por la figura del santo vestido con hábito agustino, mitra y sosteniendo un báculo, elementos alusivos a su condición de obispo. A su alrededor vemos enfermos y mendigos, necesitados de caridad y de su protección.  El realismo con que están pintados denota su experiencia como pintor de tipos populares como el tullido que, en primer término, se sitúa en un estudiado escorzo o el delicioso grupo de una madre con su hijo que contemplan agradecidos las monedas recibidas. Un estudiado juego de luces y un fondo de arquitectura clásica, completan la composición contribuyendo a darle carácter  monumental. 

Enlace a audio. Para escuchar más información sobre esta obra, pincha aquí (archivo de audio/mpeg en nueva ventana. 627 kb.)

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