Las Colecciones

Obras Singulares

Santo Tomás de Aquino

Francisco de Herrera, el Mozo (Sevilla, 1627 - Madrid, 1685)
Óleo sobre lienzo
82 x 60 cm.
Hacia 1656
Procedencia
Colección de la familia Álvarez-Ossorio. Sevilla
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Muestra este lienzo a Santo Tomás de Aquino, de medio cuerpo, en el momento en que, con la mirada dirigida hacia arriba, recibe la inspiración divina e inicia el escrito de su famoso himno eucarístico "Pange lingua gloriosis". El pintor ha representado la figura del Santo tal como la descripción del mismo ha llegado a nuestros días: de constitución corpulenta, un poco gruesa, con cara de bonachón y siempre ensimismado en sus rezos.

Es una obra muy interesante desde el punto de vista iconográfico ya que el personaje se rodea de símbolos relativos a su vida y obra.  Viste el hábito de la orden dominica y luce en su pecho un sol que pende de una cadena dorada alusiva a su obra "Catena aurea". Asímismo, aparece tocado con birrete, en referencia a su condición de Doctor de la Iglesia y con una pluma en la mano, como recordatorio de su ingente producción escrita. En el ángulo superior derecho aparecen un angelillo, que hace alusión a su nombre de Doctor Angélico, y el ostensorio por su devoción eucarística.

El precioso marco que acompaña al lienzo fue realizado en el mismo momento de la obra.

San Bruno

Juan Martínez Montañés (Alcalá la Real, 1568 - Sevilla, 1649)
Madera tallada y policromada
160 x 69 x 64,5 cm.
1634
Procedencia
Capilla de San Bruno. Iglesia del Monasterio de la Cartuja Sta. María de las Cuevas. Sevilla
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Martínez Montañés recibe el encargo de realizar una escultura de San Bruno, fundador de la Orden Cartuja, para su monasterio sevillano poco después de su canonización, cuando contaba con 66 años. 

Realiza una talla sobria que conjuga la esencia del retratado con los principios ascéticos de la devoción y vida cartuja como son el silencio y la soledad y la austeridad. Aparece representado de cuerpo completo, de pie, llevando en su mano derecha el crucifijo hacia el que dirige la mirada en actitud meditativa y compasiva y en la izquierda el libro de  las constituciones de la orden cartuja. Viste el sobrio y holgado hábito  de la comunidad, la cogulla, de pesados y ampulosos pliegues que sugieren la reciedumbre del tejido y que se caracteriza por tener los lados anterior y posterior del escapulario unidos por una ancha tira de la misma tela y color. Pero donde se aprecia la maestría y la fuerza naturalista del escultor es en las manos y sobre todo en la magnífica cabeza tonsurada, de gran fuerza expresiva y elegancia clásica. La verticalidad de la figura se rompe con la curvatura imprimida por la flexión de la rodilla derecha. 

La policromía de las carnaciones es mate, tal y como aconsejaba Pacheco para un resultado más natural. El hábito que hoy vemos blanco, más acorde con la personalidad austera del santo y su orden, estaba dorado originariamente .

Sagrada Cena

Alonso Vázquez (Sevilla, h. 1540 - México, 1608)
Óleo sobre Lienzo
318 x 402 cm.
Hacia 1588
Procedencia
Monasterio de la Cartuja de Santa María de las Cuevas. Sevilla
Comentarios

De Alonso Vázquez hay noticias en Sevilla desde 1588 hasta su marcha a México en 1603, donde ejerció hasta su muerte en 1608. Esta es su primera obra conocida que realizó para el refectorio de la Cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla en 1588  por lo que existe una clara relación entre el lugar al que iba destinado y el tema representado.  

Enmarcada por una arquitectura de tipo palaciego y estilo renacentista, se desarrolla la escena en la que Cristo comparte la última cena con los apóstoles. La mesa aparece presidida por Jesús y, como realizara Leonardo da Vinci, con los discípulos agrupados de tres en tres. El autor sigue las recomendaciones de algunos tratadistas como Pacheco y coloca a la derecha de Jesús a San Pedro, ocupando un lugar preferente al haberlo elegido Dios como su vicario en la tierra. A la izquierda del Salvador se encuentra Santiago el Menor, al que según Pacheco había que representar imitando el rostro de Cristo. Recostado en su pecho aparece Juan, su discípulo amado y en primer término Judas, llevando en su mano la bolsa con los treinta siclos que señalan su traición.  

La obra acusa la influencia miguelangelesca en las corpulentas figuras cuyas anatomías se dejan traslucir a través de los ropajes. Pero el naturalismo también está presente en su especial atención a los elementos que componen el bodegón: jarras, vajilla, servilletas, mantel, flores o el gato que asoma bajo uno de los bancos. 

Enlace a audio.  Escucha la explicación sobre esta obra, pinchando aquí ( 643 kb. Archivo de audio/MP3)

Desposorios místicos de Santa Inés

Francisco Pacheco (Sánlucar de Barrameda, Cádiz, 1564 - Sevilla - 1644)
Óleo sobre lienzo
169 x 124 cm.
1628

 

Procedencia
Capilla del Santísimo de la Iglesia del Colegio de San Buenaventura. Sevilla
Comentarios

Francisco Pacheco, más conocido por ser el suegro de Velázquez y por su obra teórica El Arte de la Pintura que por sus cualidades artísticas, representa la tradición frente al incipiente naturalismo de la escuela sevillana del primer cuarto del siglo XVII. 

En esta obra, una de las mejores que del autor conserva el museo, el artista se ha esforzado en representar una escena mística e íntima. Aporta ciertos detalles naturalistas como el suelo lleno de flores blancas, que evocan la pureza de la santa, la palma del martirio, el salterio con la página marcada y la pequeña silla claveteada de terciopelo rojo.

El conjunto se encuentra bañado por una fuerte luminosidad que introduce lo divino en una escena mundana. Sin embargo, los pliegues quebrados de los ropajes, inspirados en grabados nórdicos, y la dureza y sequedad del tratamiento de las figuras, evidencian lo limitado del talento del artista que se encuentra en este momento en el apogeo de su carrera.

San Antonio Abad y San Cristóbal

Anónimo. Escuela Sevillana. Círculo de Juan Sánchez de Castro (Siglo XV)
Óleo y temple sobre tabla, 167 x 116 cm.
Hacia 1480
Procedencia
Convento de San Benito de Calatrava. Sevilla
Comentarios


Esta obras forman parte de una serie compuesta por cuatro tablas que representan figuras de ocho santos emparejados. Cada una se compartimenta en dos por pilastras de las que arrancan arcos conopiales lobulados realizados en madera tallada y dorada. La parte superior de la tabla está decorada con dibujos de cardinas dorados sobre fondo oscuro imitando brocados góticos. Bajo los arcos se cobijan las parejas de santos, de pie, sobre pavimentos polícromos de dibujos geométricos destacando sobre fondos dorados y grabados. 

El santo representado a la izquierda es San Antonio Abad, con el báculo en forma de tau griega, la campana con la que los eremitas ahuyentaban a los demonios y el cerdo, en alusión al tocino que utilizaban los monjes para remediar la enfermedad conocida como fuego de San Antonio. Aparece como un hombre de avanzada edad, con frondosa barba, ataviado con un gran manto oscuro, que le cubre todo el cuerpo y portando el libro o regla de la Orden Hospitalaria de los Antoninos. Sobre el nimbo dorado se lee "San Antón, ermitaño". 

A la derecha aparece San Cristóbal, la mejor figura de la serie, representado como un hombre joven y fuerte, en el momento de cruzar el río, llevando al Niño Jesús sobre su hombro izquierdo y dos peregrinos en el cinturón. Jesús lleva  en su mano izquierda el globo terráqueo mientras que eleva la derecha en actitud de bendecir.  En el brazo derecho lleva un árbol que le sirve de bastón y en el izquierdo una rueda de molino en alusión a su martirio.  Destaca su cabeza de minucioso acabado y gran delicadeza de color, así como el fino plegado del paño que la cubre. 

Virgen con el Niño, hacia 1520-1529

Francisco Niculoso Pisano (hacia 1480-hacia 1529)
Azulejo polícromo, 17,5 cm x 16,5 cm.
Hacia 1520-1529

Comentarios

La Virgen, de medio cuerpo, brota de una flor con el niño en sus brazos. Ambos están rodeados por dos ramas de hojas y flores que terminan en racimos de bayas siguiendo la metáfora que contempla a María y a su hijo como las flores más selectas del género humano.

El pequeño formato de esta obra no es obstáculo para que se trate de una obra de excepcional calidad, plena de naturalidad y humanidad con un colorido, escaso en variedad, pero de vistoso efecto cromático que evidencia el alto dominio técnico de su autor. Está dibujado en color azul muy oscuro con una línea fina. Se trata casi de un dibujo coloreado más que  de una pintura. La luz proviene de la parte superior izquierda quedando más o menos sombreadas las zonas opuestas lo que dota a la composición de una volumetría muy verosímil. El azul, oscuro o diluído en celestes más claros,lo utiliza para la línea del dibujo y para para proyectar las sombras.

Francisco Niculoso, el Pisano, fue el primer artista que fuera de su Italia natal, aplica la pintura cerámica polícroma  a los azulejos planos y que al establecerse en Sevilla antes de 1498, convierte esta ciudad en foco de la vanguradia cerámica de Europa.. 

 

Anunciación

Alejo Fernández (¿ h. 1475 - Sevilla, 1545)
Pintura sobre tabla
72 x 49,5 cm.
Hacia 1508

Procedencia
Monasterio de San Isidoro del Campo. Santiponce. Sevilla
Comentarios

Alejo Fernández es considerado el introductor del espíritu renacentista en la pintura sevillana aunando las influencias flamencas e italianas.

De Flandes toma el gusto por el detallismo, los plegados goticistas de los ropajes y el paisaje, que supone una novedad absoluta en el arte sevillano ya que hasta ese momento predominaban los fondos dorados.

De Italia toma el pronunciado uso de la perspectiva  y la arquitectura clásica como se ve en los diferentes elementos: el despliegue de mármoles y dorados, la logia, los arcos de medio punto con tondos en las enjutas y las columnas de capiteles  compuestos con base de cestería.

Otros elementos los toma de la tradición germano flamenca como el dosel, el banco, el atril o los cojines. Completan la escena algunos objetos simbólicos como el lírio, que alude a la pureza virginal de María. La presencia de la Santísima Trinidad está representada en una diagonal que une al Padre Eterno con la figura de la Virgen.

Niño Jesús

Círculo de Juan Martinez Montañés
Madera tallada y policromada
Altura 50 cm.

Hacia 1630

Procedencia
Adquirido en 1972
Comentarios

El tema del Niño Jesús fue muy popular en la España barroca, siendo muy demandado tanto por particulares como por conventos y parroquias. En el caso de Sevilla, el modelo que se sigue es la imagen del Niño Jesús que talló Martínez Montañés en 1607 para la Hermandad Sacramental del Sagrario. Su éxito supuso la aparición de multiples versiones, realizadas tanto en madera como en otros materiales como barro cocido o plomo.

Este Niño Jesús, de pie y en actitud de bendecir, está tallado de cuerpo entero y desnudo, a pesar de ser concebido para ser vestido, según la tradición devocional que tiene su mejor representación en los conventos de monjas. La talla deriva del que talló Martínez Montañés para la Hermandad Sacramental del Sagrario de Sevilla aunque es algo más torpe de movimientos y menos bello de proporciones. La talla del pelo, demasiado profusa y desordenada, así como el copete picudo lo alejan de Montañés aunque puede relacionarse con su taller por la finura de talla de la cabeza y la estilización de su anatomía.

Se trata de una iconografía muy afortunada de gran aceptación popular que se replicó repetidamente en barro y en vaciados en plomo para el mercado religioso en el que tenían cabida cofradías, sacristías de las iglesias, casas particulares y conventos generalmente de monjas. 

 

Calvario

Lucas Cranach (Kronach, 1472 - Weimar, 1553)
Pintura sobre Tabla
85 x 56 cm.
1538
Procedencia
Venerable y Santa Escuela de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. Sevilla.
Comentarios

Este Calvario de Lucas Cranach adquiere una especial significación dentro de los fondos del museo, tanto por su excepcional calidad como por la escasa representación de la pintura renacentista alemana en las colecciones españolas.

El centro de la composición está ocupado por la representación de Jesús Crucificado y a ambos lados, simétricos y oblicuos, casi de perfil, las figuras del buen y el mal ladrón, Dimas y Gestas respectivamente. Jesucristo se representa en el momento de la expiración, cuando alzando la mirada al Padre pronuncia la frase: "Padre en tus manos encomiendo mi Espíritu" que aparece escrita en alemán en la parte superior de la pintura ("vater in dein hendt befil ich mein gaist"). Las tres cabezas tienen una profunda expresión dramática y están ejecutadas con maestría extraordinaria. En la parte inferior aparece el centurión a caballo, vestido a la moda germana de la época en que se realizó la pintura, lo que es un anacronismo. De sus labios sale la siguiente frase escrita en alemán: "Verdaderamente este Hombre era el Hijo de Dios" ("Warlich diser mensch ist gotes sun gewest"). El fondo aparece dividido por un horizonte bajo, entre un cielo que se muestra totalmente oscurecido y un paisaje árido con la representación de la ciudad de Jerusalén en la lejanía.

La pintura muestra su estilo de madurez, de superficies lisas y brillantes, pulidas como esmaltes, en las que sobre fondos oscuros se recortan las figuras con nítidos contornos. En primer plano en la roca grande de la derecha está firmada con el dragón que le fuera otorgado como blasón y fechada en 1538.

 

Virgen con el Niño (Virgen de la servilleta)

Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, 1617 - 1682)
Óleo sobre lienzo
67 x 72 cm.
Hacia 1666
Procedencia
Convento de Capuchinos. Sevilla
Comentarios

Esta célebre representación de la Virgen con el Niño es conocida como "La Virgen de la Servilleta" debido a una tradición originada a comienzos del siglo XIX según la cual el artista la pintó en ese soporte.La obra ha sido extremadamente popular a lo largo de los siglos y de ella se han realizado multitud de copias. Debe su éxito a la habilidad de Murillo para mover a la piedad por lo cotidiano, por ese afecto que vincula a la madre con su hijo que, lleno de curiosidad infantil, parece querer abandonar sus brazos para pasar a los del espectador. 

Mediante una estudiada penumbra, el pintor sitúa a las figuras en un espacio intermedio entre el interior en el que realmente se encuentran y el exterior al que se asoman, como indica el elemento en que la Virgen apoya su brazo. Las dos figuras conectan sus miradas y sentimientos con los del espectador transmitiendo una ternura e intimismo que fueron claves del éxito de la pintura religiosa de Murillo. 

 

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