Las Colecciones

Obras Singulares

Tránsito de San Hermenegildo

VÁZQUEZ, Alonso (Sevilla, h.1540 - México, 1608) /. UCEDA, Juan de (Sevilla, h.1570 - 1631)
Óleo sobre Lienzo
492 x 340 cm.
h. 1602
Procedencia
Iglesia del Hospital de San Hermenegildo. Sevilla
Comentarios

El estilo de Vázquez pone de manifiesto la mezcla de elementos flamencos e italianos que caracterizó la pintura sevillana hasta bien entrado el siglo XVII. Fiel a los principios de ese Manierismo tardío, su pintura apenas evoluciona, repitiendo similares esquemas compositivos y figuras.

Una muestra de la continuación de esquemas del siglo anterior es la pintura que contrató en 1603 con el Hospital de San Hermenegildo de Sevilla y que hubo de terminar Juan de Uceda cuando partió a México ese mismo año. Era la escena principal de un retablo que representaba

El Tránsito de San Hermenegildo. La preparación y la composición general de la pintura pertenecen a Vázquez, quien realizó la franja inferior en la que San Hermenegildo acompañado por el rey Recaredo, San Isidoro y San Leandro, es confortado por ángeles. En la zona superior también se adivinan por sus característicos tipos físicos algunos ángeles salidos de su mano.

Desposorios místicos de Santa Inés

PACHECO, Francisco (Sánlucar de Barrameda, Cádiz, 1564 - Sevilla - 1644)
Óleo sobre Lienzo
169 x 124 cm.

1628

Procedencia
Capilla del Santísimo de la Iglesia del Colegio de San Buenaventura. Sevilla
Comentarios

Francisco Pacheco más conocido por ser el suegro de Velázquez y por su obra teórica El Arte de la Pintura, que por sus cualidades artísticas, representa la tradición manierista en la escuela sevillana del primer cuarto del siglo XVII. Es esta una de las mejores pinturas que de Pacheco conserva el Museo.

En ella el artista se ha esforzado en representar una escena mística e íntima aportándole ciertos detalles naturalistas como el suelo lleno de flores blancas, que evocan la pureza de la santa, la palma del martirio, el salterio con la página marcada y la pequeña silla claveteada de terciopelo rojo.

El conjunto se encuentra bañado por una fuerte luminosidad que introduce lo divino en una escena mundana. Los pliegues quebrados de los ropajes inspirados en grabados nórdicos y la dureza y sequedad del tratamiento de las figuras, evidencian lo limitado del talento del artista que se encuentra en este momento en el apogeo de su carrera.

San Francisco de Borja

CANO, Alonso (Granada, 1601 - 1667)
Óleo sobre Lienzo
189 x 123 cm.
1624
Procedencia
Capilla del Noviciado de la Compañía de Jesús. Sevilla
Comentarios

En el taller del pintor sevillano Francisco Pacheco iniciaron su formación artística dos de los más destacados representantes del arte español del siglo XVII, Diego Velázquez y Alonso Cano. Las primeras obras conocidas de Cano como el San Francisco de Borja, atestiguan las experiencias recibidas de Pacheco en el uso de un modelado preciso y una iluminación contrastada que acentúa el dramatismo expresivo.

El santo jesuita contempla con expresión mística una calavera coronada, perteneciente a la reina Isabel de Portugal cuyo cadáver acompañó a enterrar a Granada. A sus pies se sitúan tres capelos cardenalicios alusivos al título al que renunció por tres veces y en la zona superior aparece el monograma IHS de la Compañía de Jesús, orden en la que ingresó tras la contemplación del citado cadáver.

Santa Ana enseñando a leer a la Virgen

ROELAS, Juan de las (Flandes hacia 1570 - Sevilla 1625)
Óleo sobre Lienzo
230 x 170 cm.
h. 1610
Procedencia
Convento de la Merced Calzada. Sevilla
Comentarios

En la primera generación de pintores sevillanos del siglo XVII, Roelas representa la renovación naturalista que triunfará, basada en un lenguaje directo y narrativo.

Esta pintura procede de la iglesia del convento de la Merced Calzada, actual sede del museo. El esquema compositivo en diagonal presenta la figura sedente de Santa Ana, de edad madura, mostrándole un libro a la Virgen que se inclina atenta para su lectura. María es una niña ricamente ataviada con túnica rosa bordada en oro y piedras preciosas, y manto azul cuajadado de perlas. A sus pies se dispone una mesita con una pequeña cesta con dulces bajo la cual figuran un perro y un gato. En la parte inferior un canasto con ovillos y el cojín de bordar, completan el muestrario que señala el interés por el pormenor cotidiano y por los elementos de naturaleza muerta que proporcionó tantos logros a pintores sevillanos posteriores como a Zurbarán.


El tema de Santa Ana se inspira en los Evangelios Apócrifos y aunque su devoción no estuvo muy extendida, experimentó un resurgimiento en los siglos XVII y XVIII.

San Antonio Abad y San Cristóbal

Anónimo Escuela Sevillana (Círculo de Juan Sánchez de Castro)
Pintura sobre Tabla
168,5 x 117 cm.
h. 1480
Procedencia
Convento de San Benito de Calatrava. Sevilla.
Comentarios
Dentro del ambiente de influencias flamencas que caracteriza la pintura sevillana del siglo XV destaca la figura de Juan Sánchez de Castro. A un artista cercano a él se atribuye esta obra, que pertenece a un conjunto de cuatro tablas,  en las que aparecen ocho santos emparejados.
Se representa a San Antonio Abad con varios de sus atributos: el báculo, la campana y el cerdito. San Cristóbal es la figura mejor conservada y una de las mejores de la serie. El santo aparece en el momento de cruzar el río, llevando al Niño Jesús sobre su hombro y a dos peregrinos en el cinturón.

Salero de Neptuno

Anónimo Escuela Flamenca
Plata, plata dorada y cristal
59,5 x 48 x 49 cm.
h. 1640
Procedencia
Familia de los Marqueses de Blanco Hermoso. Sevilla
Comentarios

El Barroco es el período de esplendor de la platería europea y esto queda reflejado en la colección del museo con una importante obra que, procedente de la colección de los marqueses de Blanco Hermoso, fue adquirido por la Junta de Andalucía en 1988. Realizado en plata dorada y blanca y cristal, representa el carro de Neptuno conducido por el dios que surge del agua tirado por hipocampos y acompañado de varias figuras antropomórficas y de animales.

En esta pieza, que está realizada en época temprana, sobresalen características que van a ser propias del Barroco como son el dinamismo y la expresividad del grupo, que está tratado de manera escultórica.

Virgen con el Niño

Francisco Niculoso el Pisano (Pisa?, último tercio s. XV - Sevilla, h. 1539)  
Adquirido por la Junta de Andalucia (2006)
17,5 x 16,5 cm
Hacia 1500-1529
Procedencia
Procedencia desconocida
Comentarios

El pequeño formato de esta obra no es obstáculo para que Pisano cree una obra monumental en la que un dibujo realizado con los trazos justos ofrece una obra plena de naturalidad y humanidad. A esto se une un colorido, escaso en variedad, pero de un vistoso efecto cromático.


Francisco Niculoso, el Pisano, fue un ceramista italiano que estableció su taller en el barrio sevillano de Triana. Introdujo en Sevilla el nuevo estilo renacentista que consiste en aplicar la pintura cerámica polícroma a los azulejos planos destinados a revestimientos verticales. Gracias a su presencia en la ciudad se renovaron los talleres cerámicos locales que alcanzaron gran calidad a lo largo de los siglos XVI y XVII.

Virgen del Rosario

Cristóbal de Augusta
Cerámica
1250 x 1250 cm.
1577
Procedencia
Convento de Madre de Dios
Comentarios
Representación de la Virgen con el Niño, que protege bajo su manto a diversos santos de la orden dominica. Este modelo iconográfico será repetido más tarde por Zurbarán en su Virgen de las Cuevas, también en las colecciones del Museo.

Nuestra Señora del Pópulo

 Anónimo
Cerámica
182 x 169 cm.
Segunda mitad del siglo XVII
Procedencia
Convento de Nuestra Señora del Pópulo
Comentarios
Panel cerámico procedente del desaparecido convento de Nuestra Señora del Pópulo. Formaba parte de un conjunto de ocho que decoraban la fachada. Actualmente estos paneles se encuentran en el zaguán de entrada del Museo.

Inmaculada

Anónimo
Cerámica
240 x 160 cm.
1680-1700
Procedencia

Procedente del Convento de San José (Mercedarias Descalzas)

Desamortización , 1868

Comentarios

Panel cerámico con la representación de la Inmaculada Concepción acompañada de monjas de la orden mercedaria. Ejempo del auge que la tradición cerámica alcanza en Sevilla en el siglo XVII, impulsada además por la vitalidad de la pintura.
El destino de este tipo de paneles cerámicos, concebidos como auténticos cuadros aislados, era el exterior de los edificios.

Se trata de una copia de la pintura Concepción de Aranjuez de Murillo a la que el artista ha añadido dos monjas de la orden.

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