Las Colecciones

Obras Singulares

Baile por Bulerías

José García Ramos (Sevilla, 1852 - 1912)
Óleo sobre lienzo
52 x 28 cm
1884
Procedencia
Colección de D. Alfonso Grosso. Sevilla
Comentarios

José García Ramos es sin duda uno de los más hábiles pintores del costumbrismo sevillano. Dedicó casi toda su carrera a dibujar, con una enorme expresividad y técnica minuciosa, escenas de la vida cotidiana en Sevilla, desde fiestas flamencas a asuntos taurinos, que se vendían con gran facilidad dentro y fuera de las fronteras. Esta obra pertenece a esa industria de cuadros de pequeño formato que tanta difusión alcanzó entre la sociedad de finales del siglo XIX.

Esta obra titulada también El baile reúne todos los elementos característicos del costumbrismo pictórico del último cuarto del siglo XIX. Es un lienzo pequeño y la escena se desarrolla en el interior de una taberna sevillana en la que se describen los tópicos con los que hoy en día aún es identificada la ciudad y que nos recrea una de las escenas de sabor costumbrista propias del autor: un cartel de toros, una bodega, las sillas de enea y el flamenco. 

García Ramos practica una técnica virtuosa de gran calidad, con un dibujo firme y preciso, agilidad compositiva y una pincelada empastada y decisiva que, a base de manchas, consigue el efecto del movimiento del vestido de la bailaora en el que se confunden los volantes unos con otros. En primer plano a la izquierda un pequeño bodegón con los restos de unas naranjas muestra lo estudiada que está la composición, negando cualquier improvisación. 

 

San Antonio de Padua con el Niño

Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, 1617-1682)
Óleo sobre lienzo
283 x 188 cm
Hacia 1668-1669
Procedencia

Convento de Capuchinos. Sevilla

Comentarios

San Antonio representa el ideal de religiosidad popular propugnado por los primeros franciscanos.

El milagro de la aparición del Niño Jesús a san Antonio trata de un episodio que le otorga un matiz protector de la infancia, siendo el más usual de toda la iconografía antoniana y el predilecto de Murillo, que lo trata con especial mimo por su natural tendencia a representar el mundo infantil. San Antonio, muy joven y con la barba capuchina, a diferencia de otras representaciones murillescas del santo, aparece arrodillado en un suelo rocoso rodeando con su brazo al Niño, que está sentado en un libro abierto. Jesús, ha descendido de un rompimiento de gloria del que emana un haz de luz que ilumina la escena alzando el brazo para señalarle al santo los dones celestiales que la entrega de Dios le hará gozar. A san Antonio se le reconoce por sus atributos: el libro, el hábito marrón franciscano y las azucenas que lleva a modo de pluma de escritura. 

El pintor crea, por medio de los tonos dorados que rodean el encuentro entre los personajes o los nacarados de la piel del pequeño, aplicados con una pincelada vibrante, suelta y vaporosa, una atmósfera realmente emotiva. No hay más argumento que una tierna mirada entre los dos protagonistas. La mejor manera de plasmar la sencilla, profunda y austera devoción capuchina. 

 

 

San Francisco de Borja

Alonso Cano (Granada, 1601 - 1667)
Óleo sobre lienzo
189 x 123 cm
1624
Procedencia
Capilla del Noviciado de la Compañía de Jesús. Sevilla
Comentarios

Esta pintura, primera obra conocida de Cano, atestigua la influencia recibida de su maestro Francisco Pacheco en el uso de un modelado preciso y una iluminación contrastada que acentúa el dramatismo expresivo. El santo jesuita, de cuerpo entero y tamaño natural, emerge como recortado de un fondo oscuro gracias a un estudiado juego de luces y sombras que le aproximan a valores escultóricos.  

Contempla con expresión mística una calavera coronada, alusiva a la reina Isabel de Portugal, cuyo cadáver acompañó, por encargo de Carlos V, a la Capilla Real de Granada.  Fue precisamente su contemplación lo que motivó su conversión y posterior ingreso en la Compañía de Jesús, al decidir, en sus propias palabras, "nunca más servir a señor que se pueda corromper". A sus pies se sitúan tres capelos cardenalicios, relativos al título al que renunció por tres veces y que constituyen la única nota de color. Además, en la zona superior izquierda, aparece el monograma IHS de la Compañía de Jesús.

La Cueva del Gato

Manuel Barrón y Carrillo (Sevilla, 1814 -1884)
Óleo sobre lienzo
69 x 117 cm
1860
Comentarios

Manuel Barrón es uno de los máximos representantes del costumbrismo sevillano, desarrollando una muy personal aportación al género del paisaje. Su obra la dedicó fundamentalmente a este género en el que participa de las características generales del paisajismo romántico español: vistas rurales o urbanas adornadas con figurillas populares que proporcionan al paisaje un sabor costumbrista, mediante la introducción de una nota o anécdota popular y pintoresca.

Dentro de una serie de cuatro obras de igual formato, se incluye este lienzo donde el artista nos muestra una gran cueva con abertura en la zona central alta, a través de la cual se vislumbra el exterior. En la zona baja de la izquierda un grupo de bandoleros, con una mujer y un niño, son sorprendidos por la Guardia Civil en el exterior de la cueva. La pequeñez de las figuras resalta la grandiosidad del paisaje abrupto de la cueva, realizado a base de grandes manchas de color. La naturaleza es la protagonista absoluta de esta composición en la que una soberbia cueva natural hace las veces de bóveda y enmarca el paisaje de la lejanía. Los personajes son una mera excusa que incluso ayudan a resaltar la magnificencia del enclave natural. Aparecen por un lado los bandoleros en primer plano, en actitudes muy dinámicas preparándose para hacer frente a una patrulla de guardias civiles que viene bajando por un risco para capturarlos y que los tienen cercados como demuestra la figura situada a la izquierda en actitud de disparar. 

Compuesta a base de grandes masas, los detalles quedan supeditados a la totalidad, si bien hay una nota emotiva en el niño que llora agarrándose a la madre. Se plasma un concepto épico de la existencia que coincide plenamente con el genuino espíritu romántico del momento. La magistral captación de la luz es uno de los principales logros de esta composición que articula la obra en tres planos, dos luminosos con el interior de la cavidad en penumbra.     

San Hugo en el Refectorio

Francisco de Zurbarán (Fuente de Cantos, Badajoz, 1598 - Madrid, 1664)
Óleo sobre lienzo
262 x 307 cm.
Hacia 1655
Procedencia
Monasterio de la Cartuja de Santa María de las Cuevas. Sevilla
Comentarios

Este lienzo representa la mortificación por el ayuno. Narra el milagro acaecido hacia el año 1084 en la Cartuja de Grenoble el domingo anterior al miércoles de ceniza cuando San Hugo, obispo de la ciudad, envió carne a los siete frailes fundadores. Mientras éstos discutían la posibilidad de vivir o no en perpetua abstinencia  quedaron, por intervención divina, sumidos en un profundo sueño que se prolongó durante cuarenta y cinco días. Al recibir la visita de San Hugo despertaron y vieron con asombro que la carne se había convertido en ceniza, prodigio que confirmaba que debían intensificar aún más una vida de austeridad y ayuno. 

Zurbarán ha realizado una notable galería de retratos y un interesante juego de volúmenes con los hábitos de los monjes. Destaca, asimismo, el tratamiento del bodegón  y el color, sobrio pero aplicado con delicadas veladuras en la pared y el mantel.  

En el cuadro de la pared aparecen la Virgen y San Juan, patronos de la cartuja, que también practicaron el ayuno, María durante su huida a Egipto y San Juan en el desierto. 
  

Retrato de Jorge Manuel

Domenico Theotocopoulos, el Greco (Candía, Creta, 1541 - Toledo, 1614)
Óleo sobre lienzo
74 x 50,5 cm
Hacia 1600-1605
Procedencia
Colección de los Duques de Montpensier. Palacio de San Telmo. Sevilla
Comentarios

Este excelente retrato, aunque es la única obra del Greco que conserva el museo, ofrece la singularidad de ser una creación excepcional dentro de su producción por tratarse de un importante testimonio de su vida familiar. Aunque durante todo el siglo XIX fue considerado como autorretrato del pintor, hoy se acepta por la mayoría de los investigadores que el representado es Jorge Manuel, único hijo del Greco, arquitecto, escultor y pintor como su padre.

Ejerce un poderoso atractivo la esbelta y distinguida figura que está vestida según la moda española del momento, grave y elegante, con jubón negro y aparatosa golilla encañonada. Además de ser uno de los retratos de mayor vivacidad expresiva y elegante sobriedad de su autor, la obra tiene el interés de subrayar la dignidad del arte de la pintura frente a otros oficios serviles con los que se equiparaba. Lo corrobora el distinguido gesto en el manejo del pincel y la elegante postura con que sostiene la paleta y el haz de pinceles, como indicando que se trata de un arte de caballeros. 

La factura es fluida y esmerada, con mas empastes en las zonas de luz mientras que en otros lugares como en la gola, el pincel apenas roza el lienzo. La gama de colores empleada es muy reducida: blanco, bermellón, ocre y negro. 

Santiago el Mayor

José de Ribera (Játiva, 1591 - Nápoles, 1652)
Óleo sobre lienzo
120 x 97 cm
Hacia 1634
Procedencia
Colección González Abreu. Sevilla
Comentarios

La mayor parte de la vida de Ribera transcurrió en Nápoles bajo la protección de los virreyes españoles. En la formación de su estilo y sensibilidad fue fundamental la influencia italiana. Sus primeras obras le atestiguan como seguidor de Caravaggio, cuyo naturalismo tenebrista caracterizará su estilo que también se vio enriquecido por el clasicismo romano-boloñés y el pictoricismo y colorido venecianos. Son numerosos los testimonios que se conservan de las pinturas que realizó de figuras aisladas de santos, como esta serena y equilibrada de Santiago Apóstol. Sorprende esta obra por la sabiduría en el uso de la luz y el potente modelado de seguro dibujo en cuyo dominio debió de ser fundamental su excelente maestría como grabador.

La sobriedad compositiva de esta obra concentra la atención sobre los elementos esenciales del cuadro mientras que densas pinceladas recrean las calidades de la materia. Aparece el santo de tres cuartos, mirando de frente directamente al espectador. Está representado como apóstol, con barba, túnica, el palio o manto apostólico y llevando el libro de los evangelios en la mano. La rotunda figura destaca con su manto rojo, sujeto con la concha de peregrino, sobre un fondo neutro en el que el espacio apenas está sugerido por un poyete que aparece en la parte inferior izquierda. De gran sobriedad  compositiva, concentra la atención en las expresivas manos, el sereno y equilibrado semblante  y el libro, elementos esenciales en los que la pincelada densa recrea las calidades de la materia y subraya los efectos de luz a los que presta particular atención.

Apoteosis de Santo Tomás de Aquino

Francisco de Zurbarán (Fuente de Cantos, Badajoz, 1598 - Madrid, 1664)
Óleo sobre lienzo
486 x 385 cm
Hacia 1631
Procedencia
Colegio de Santo Tomás de Aquino. Sevilla
Comentarios

La obra se encargó para el colegio mayor de santo Tomás de Aquino en Sevilla para conmemorar su fundación, siendo el lienzo mayor y más complejo de su autor. La composición, para la que como es habitual utiliza fuentes grabadas, repite el esquema arcaizante de la división en diferentes registros superpuestos, tres en este caso, por influencia de la escenografía teatral. 

En el inferior se rememora la fundación del colegio. En el centro, sobre un bufete, aparece la bula fundacional y un birrete doctoral alusivo al grado que en él se alcanzaba. A la izquierda, el fundador Fray Diego de Deza en actitud orante al frente de un grupo de frailes dominicos y a la derecha otro grupo de figuras orantes encabezado por el emperador Carlos V, quien firma la bula. En el registro superior aparece Santo Tomás, en rompimiento de gloria, flanqueado por los padres de la Iglesia latina, san Gregorio, san Ambrosio, san Jerónimo y san Agustín, cuyos textos se estudiaban en el colegio, aparece en el momento de recibir la inspiración del Espíritu Santo para escribir su obra cumbre la Summa Theologica. En el plano más elevado están Cristo y la Virgen a la izquierda y san Pablo y santo Domingo a la derecha. 

San Juan Bautista

Pedro de Mena (Granada, 1628 - Málaga, 1688)
Madera tallada y policromada
Altura 65 cm
1674

Procedencia
Donación González Abreu, 1928.
Comentarios

Encantadora figura infantil del precursor de Jesús que mira al frente con expresión seria y digna. Lleva el lábaro o cruz con estandarte que siempre porta con la mano izquierda mientras que con la derecha señala al suelo, lugar donde con toda probabilidad debería de estar el cordero o Agnus Dei que le acompaña siempre y que se ha perdido. Generalmente aparece vestido con una túnica de piel de camello pero en este caso está desnudo lo que nos permite apreciar su cuerpo de suave modelado que nos muestra sus rasgos infantiles como la barriga abultada o la nariz y los labios pequeños. Destaca el peinado de curvados y agitados mechones con los extremos al vuelo trabajado con minuciosidad. 

 

Virgen del Rosario

Cristóbal de Augusta
Cerámica
1250 x 1250 cm
1577
Procedencia
Convento de Madre de Dios
Comentarios
Representación de la Virgen con el Niño, que protege bajo su manto a diversos santos de la orden dominica. Este modelo iconográfico será repetido más tarde por Zurbarán en su Virgen de las Cuevas, también en las colecciones del Museo.
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