Las Colecciones

Obras Singulares

La Virgen de las Cuevas

ZURBARÁN, Francisco de (Fuente de Cantos, Badajoz, 1598 - Madrid, 1664)
Óleo sobre Lienzo
267 x 320 cm.
h. 1655
Procedencia
Monasterio de la Cartuja de Santa María de las Cuevas. Sevilla
Comentarios

En torno a 1655 se ha datado este importante conjunto que por sus características técnicas y compositivas era considerado de producción más temprana. Lo constituyen los tres lienzos destinados a la Cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla, Visita de San Bruno a Urbano II, La Virgen de los cartujos y San Hugo en el refectorio. En ellos Zurbarán interpreta magistralmente los principios espirituales que rigen la vida de los cartujos: el silencio, la devoción a la Virgen María y la mortificación por el ayuno. La simplicidad y defectos de las composiciones se ven transcendidos por la gran fuerza plástica que confiere a cada elemento del cuadro al tratarlo como algo único e individualizado y su extraordinario dominio por las calidades de la materia. La técnica fluida y ligera, se distancia del tenebrismo inicial, de los contrastes de luces y sombras para mostrarnos unas composiciones luminosas en las que el color aparece sabiamente acordado.

Representa una iconografía de origen medieval en la que los frailes aparecen recibiendo protección de la Virgen, acogidos bajo su manto en dos grupos arrodillados a cada lado. La obra, de gran simplicidad compositiva, con las figuras estáticas dispuestas simétricamente, tiene gran  fuerza plástica al individualizar  los rostros de los frailes que constituyen una auténtica galería de retratos. La Virgen bendice de modo especial a los dos primeros monjes que podrían ser  Dominique Hélion y Jean de Rhodes por su papel en la difusión del rosario simbolizado por las rosas esparcidas en el suelo. Asimismo se aprecia el gran dominio de Zurbarán al tratar las distintas calidades de la materia  y su extraordinario sentido del color.

Anunciación

Alejo Fernández (¿ h. 1475 - Sevilla, 1545)
Pintura sobre Tabla
72 x 49,5 cm.
h. 1508
Procedencia
Monasterio de San Isidoro del Campo. Santiponce. Sevilla
Comentarios

Alejo Fernández es considerado el introductor del espíritu renacentista en la pintura sevillana aunando las influencias flamencas e italianas.

De Flandes toma el gusto por el detallismo, los plegados goticistas de los ropajes y el paisaje, que supone una novedad absoluta en el arte sevillano ya que hasta ese momento predominaban los fondos dorados.

De Italia toma el pronunciado uso de la perspectiva  y la arquitectura clásica como se ve en los diferentes elementos: el despliegue de mármoles y dorados, la logia, los arcos de medio punto con tondos en las enjutas y las columnas de capiteles  compuestos con base de cestería.

Otros elementos los toma de la tradición germano flamenca como el dosel, el banco, el atril o los cojines. Completan la escena algunos objetos simbólicos como el lírio, que alude a la pureza virginal de María. La presencia de la Santísima Trinidad está representada en una diagonal que une al Padre eterno con la figura de la Virgen

La Prudencia

Juan de Solís
Madera tallada y policromada
Altura 80 cm.
1618
Procedencia
Cartuja de Santa María de las Cuevas
Comentarios

La virtud de la prudencia está concebida por el autor como una joven recostada, que apoya su cuerpo con el brazo derecho mientras que con la mano izquierda sostiene cuidadosamente una paloma.

Su exquisita cabeza, de dulce expresión y delicado adorno, el gesto amable hacia la paloma y la representación de su poca edad, hace que pueda considerarse como una plasmación ideal de la juventud.

Su suave modelado hace que sea una de las más hermosas de la serie de cuatro figuras alegóricas de virtudes que decoraban los remates de los retablos colaterales del coro de legos de la cartuja sevillana. Su autor, nacido en Jaén, pertenece al amplio grupo de artistas que se forman junto a Martínez Montañés.

Primavera

BARRERA, Francisco (Madrid, 1595 - 1658)
Óleo sobre lienzo
167,5 x 247,5 cm
(1638)
Procedencia
Convento de Franciscanos Descalzos, Villamanrique de la Condesa. Sevilla
Comentarios

La serie de las cuatro estaciones es el conjunto de bodegones de temporada más conocido de los que realizó el pintor madrileño Francisco Barrera. Se trata de cuatro grandes lienzos pintados en 1638, en los que se representa junto a las figuras alegóricas, un gran despliegue de productos naturales y platos cocinados propios de cada estación acompañados de vistas de paisajes.

La alegoría de la primavera responde a la tradición iconográfica para esta representación, una figura femenina coronada de flores. En la alacena escalonada que se sitúa a su izquierda, aparece reproducido un abigarrado muestrario de las viandas propias de la estación.

Asunción de la Virgen

VALDÉS LEAL, Juan de (Sevilla, 1622 - 1690)
Óleo sobre Lienzo
315 x 200 cm.
h. 1670
Procedencia
Convento de San Agustín. Sevilla
Comentarios

Posiblemente los mejores cuadros del altar que Valdés realizó fueron los de los retablos colaterales del Convento de San Agustín de Sevilla, La Inmaculada Concepción y La Asunción de la Virgen (1670-1672). Son pinturas de aparatosas y dinámicas composiciones, con logrados efectos de luces y sombras en las figuras situadas en el primer plano sobre fondos en los que una pincelada fluida disuelve las formas.

La composición describe una marcada diagonal que acentúa el ritmo ascendente desde un ámbito terrenal de luces crepusculares hasta la zona de rompimiento de gloria, donde vibrantes tonalidades áureas intensifican la sensación espacial de ingravidez.

Retrato del canónigo D. José Duaso y Latre

GOYA Y LUCIENTES, Francisco de (Fuendetodos -(Zaragoza), 1746 - Burdeos, 1828)
Óleo sobre Lienzo
74,5 x 59 cm.
1824
Procedencia
Colección de la familia Rodríguez-Bavé. Madrid
Comentarios

Francisco de Goya es sin lugar a dudas la figura más importante de la pintura española de los siglos XVIII y XIX y la de mayor repercusión en el arte europeo, ya que anticipa recursos y técnicas utilizados por la pintura posterior. Este retrato que realiza en sus últimos años, es una sencilla composición en la que la ausencia de color es casi total, destacando el volumen y la densidad de la pincelada.

Hemos de tener en cuenta que está aún muy cercana su serie de las pinturas negras. Sobre un fondo casi negro, se perfila la figura del retratado vestido con sotana  sobre la que lleva el manteo y solideo del mismo tono fundiéndose el conjunto con el fondo oscuro de la pintura. Las únicas notas de color la dan la cruz y la placa de Carlos III que lleva sobre el pecho y el breviario rojo que sostiene con su mano izquierda y que lee atentamente. La luz que incide sobre la figura, consigue un marcado efecto de contraluz en el rostro.

Goya utiliza en este retrato una gama reducida de negros profundos para el fondo, el solideo y la sotana, sobre los que destaca la cabeza luminosa, donde se mezclan con el blanco, el carmín y el negro dando la sensación de estar modelada en arcilla. . Este retrato lo pintó Goya en agradecimiento al canónigo aragonés D. José Duaso que recogió en su casa a amigos y paisanos comprometidos con la causa liberal entre los cuales figuraba el pintor.

Sevilla en fiestas

BACARISAS, Gustavo (Gibraltar, 1873 - Sevilla, 1971)
Óleo sobre lienzo
300 X 305 cm.
1915
Procedencia
Colección del autor
Comentarios

Gustavo Bacarisas es una de las figuras más destacadas dentro del panorama de la pintura sevillana de la primera mitad del siglo XX. Sería exagerado considerarlo como un pintor vanguardista aunque sí supo superar los convencionalismos de la pintura decimonónica, creando un estilo muy personal de claras influencias modernistas e impresionistas, pero sobre todo del arte fauve. Tenía predilección por los cuadros de ambiente nocturno a los que supo dotar de una atmósfera bajo la que fluye una gran emoción lírica que le sirvió para experimentar con los contrastes acusados de luz y color.

Bacarisas presenta en esta obra probablemente la mejor versión moderna, la más universal, de la feria sevillana y en definitiva un canto a la belleza y la gracia de la mujer andaluza. Capta la atención el foco colorista del centro que destaca la majestuosidad de las tres mujeres ataviadas con vaporosos trajes flamencos, mantillas y abanicos. En cambio, difumina los laterales, en los que de manera abocetada y en penumbra, pueden distinguirse una serie de personajes populares.

La Virgen con San Juan y la Marías camino del Calvario

VALDÉS LEAL, Juan de (Sevilla, 1622 - 1690)
Óleo sobre Lienzo
134,5 x 203,5 cm.
h. 1657
Comentarios

Pertenece al conjunto de obras sobre pasajes de la pasión y muerte de Cristo que Valdés realiza entre los años 1656-1659 al parecer por encargo de la devoción particular.

La escena describe de manera muy eficaz la dramática tensión colectiva del grupo de personajes que, encabezados por un decidido San Juan, acuden al encuentro de Cristo en su camino hacia el Monte Calvario. El fondo de celaje oscuro y amenazador potencia la impresión de tristeza presagiando el dramático encuentro final.

Retrato del niño Carlos Pomar Margrand

ESQUIVEL, Antonio María (Sevilla, 1806 - Madrid, 1857)
Óleo sobre lienzo
125 x 92 cm
(1851)
Procedencia
Colección de la familia Siravegne. Sevilla
Comentarios

Antonio María Esquivel, a pesar de su corta vida, fue uno de los pintores más prolíficos del siglo XIX. Se dedicó fundamentalmente al retrato donde en sus modelos capta no sólo el parecido físico sino su aspecto psicológico y además los realiza con una cuidada descripción de detalles y vestuarios. La especial sensibilidad y habilidad técnica con la que Esquivel abordó la pintura infantil, se pone de manifiesto en este retrato del niño Carlos Pomar.

La figura del niño, de cuerpo entero, destaca por su cuidado dibujo y modelado, frente a los elementos secundarios del cuadro tratados de forma más sumaria. En conjunto la obra produce una sensación entrañable, que consigue establecer una relación afectiva entre el niño y el espectador.

Retrato de Gustavo Adolfo Bécquer

DOMÍNGUEZ BÉCQUER, Valeriano (Sevilla, 1833 - 1870)
Óleo sobre Lienzo
73 x 60 cm.
1862
Procedencia
Colección Ybarra. Sevilla
Comentarios

Valeriano Bécquer realiza este magnífico retrato de su hermano el poeta sevillano Gustavo Adolfo Bécquer  hacia el año 1862, fecha de su viaje  a Madrid, capital donde residía  su hermano y en la que comienza su segunda etapa artística, caracterizada por una pintura más resuelta, luminosa y flexible.

El retrato representa una imagen del poeta que ha sido plasmada en numerosas ocasiones en libros de texto, publicaciones y que incluso ilustró durante muchos años el ya desaparecido billete de cien pesetas. Se puede considerar como una de las obras capitales de la pintura romántica española y comparable con los mejores retratos realizados en su época en Europa.

En esta pintura el sentimiento fraternal de Valeriano le hace captar la imagen del poeta condensando en su gesto todos los diversos aspectos que imperan en el Romanticismo:  el ímpetu y la melancolía, la ironía, la pasión y la exaltada idealización. El retratado posa con elegancia aristocrática y una mirada llena de emoción que conecta directamente con la del espectador.

Mostrando el intervalo 11 - 20 de 54 resultados.