Las Colecciones

Obras Singulares

Desposorios místicos de Santa Inés

Francisco Pacheco (Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, 1564 - Sevilla, 1644)
Óleo sobre lienzo
169 x 124 cm
1628

 

Procedencia
Capilla del Santísimo de la Iglesia del Colegio de San Buenaventura. Sevilla
Comentarios

Francisco Pacheco, más conocido por ser el suegro de Velázquez y por su obra teórica El Arte de la Pintura que por sus cualidades artísticas, representa la tradición frente al incipiente naturalismo de la escuela sevillana del primer cuarto del siglo XVII. 

En esta obra, una de las mejores que del autor conserva el museo, el artista se ha esforzado en representar una escena mística e íntima. Aporta ciertos detalles naturalistas como el suelo lleno de flores blancas, que evocan la pureza de la santa, la palma del martirio, el salterio con la página marcada y la pequeña silla claveteada de terciopelo rojo.

El conjunto se encuentra bañado por una fuerte luminosidad que introduce lo divino en una escena mundana. Sin embargo, los pliegues quebrados de los ropajes, inspirados en grabados nórdicos, y la dureza y sequedad del tratamiento de las figuras, evidencian lo limitado del talento del artista que se encuentra en este momento en el apogeo de su carrera.

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San Juan Bautista

Pedro de Mena (Granada, 1628 - Málaga, 1688)
Madera tallada y policromada
Altura 65 cm
1674

Procedencia
Donación González Abreu, 1928.
Comentarios

Este San Juan Bautista niño, conocido popularmente como San Juanito, responde a un tema muy querido en la escultura andaluza. Es una
encantadora figura infantil del precursor de Jesús que mira al frente con expresión seria y digna aunque no muy expresiva. Lleva el lábaro o cruz con estandarte que siempre porta con la mano izquierda mientras que con la derecha señala al suelo, lugar donde con toda probabilidad debería de estar el cordero o agnus Dei (cordero de Dios que representa el sacrificio de Jesucristo por los pecados de los hombres)  que le acompaña siempre y que ya no se conserva.

Generalmente aparece vestido con una túnica de piel de camello pero en este caso está desnudo lo que nos permite apreciar su cuerpo de suave modelado que nos muestra sus rasgos infantiles como la barriga y la frente abultadas, los ojos rasgados o la nariz y los labios pequeños. Destaca el peinado, de curvados y agitados mechones con los extremos al vuelo, trabajado igualmente en la parte trasera de la figura, lo que indica el interés del autor en un perfecto acabado. 

Pedro de Mena fue un gran creador de tipos iconográficos, en este caso un niño que no se parece nada al modelo sevillano que repitió el modelo creado por Juan Martínez Montañés. Esta obra pertenece a la última época de Mena, en la que recibió gran cantidad de encargos de pequeñas obras, como Ecce Homos y Dolorosas para oratorios privados. 

La escultura está realizada en Málaga, tal y como el propio autor hace constar, a la vez que la fecha y la firma.

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Flagelación de San Jerónimo

Juan de Valdés Leal (Sevilla, 1622 - 1690)
Óleo sobre lienzo
223,5 x 245,5 cm
Hacia 1657
Procedencia
Monasterio de San Jerónimo de Buenavista. Sevilla
Comentarios

La interesante serie de la vida de san Jerónimo fue realizada por Valdés Leal para decorar la sacristía del convento hispalense de San Jerónimo de Buenavista. La constituyen dieciocho lienzos en los que se narran episodios de la vida del santo y se ensalza la historia del la orden religiosa con la presentación de sus principales miembros, algunos vinculados a la vida del propio convento. Se inicia la serie con El Bautismo de San Jerónimo, firmado y fechado por Valdés en 1657. Mucho más afortunadas son las escenas de la tentación y la flagelación, espléndidamente resueltas con la intensidad dramática y vigoroso cromatismo característicos del pintor. Fuera de España se encuentran los episodios de San Jerónimo discutiendo con los rabinos y La muerte de San Jerónimo.

El episodio de la flagelación, como castigo por haber leído textos de Cicerón, fue también narrado por el mismo santo en una carta dirigida a santa Eustoquio. La fogosidad con que el artista ha representado la escena no encuentra parangón en la pintura del XVII. La escena está dividida por una diagonal que forma dos registros. En el superior izquierdo, en una dorada gloria celestial, se halla Jesucristo acompañado por la Virgen y san Juan en actitud de interceder por san Jerónimo quien, en la zona inferior derecha, con fisonomía joven y arrodillado, recibe el castigo de dos ángeles de ondulantes gestos y vestimentas.

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Retrato de D. Cristóbal Suárez de Ribera

Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (Sevilla, 1599 - Madrid, 1660)
Óleo sobre lienzo
207 x 148 cm.
1620
Procedencia
Iglesia de san Hermenegildo. Sevilla
Comentarios

Un joven Velázquez nos presenta a Cristóbal Suárez de Ribera, presbítero, patrono artístico y fundador de la hermandad de San Hermenegildo cuyo emblema se sitúa en el ángulo superior izquierdo con los atributos del santo mártir: la corona, el hacha, la palma y la cruz con una corona de rosas. 

El retrato fue realizado después de la muerte del sacerdote para colocarlo sobre su sepulcro en la iglesia de San Hermenegildo de Sevilla, edificio cuya construcción había impulsado él mismo. Se trata de uno de los primeros retratos del pintor y destaca por la extraordinaria volumetría del modelo, resaltando la cabeza, de rostro hierático, y las manos, ambos motivos mas afinados y acabados que los oscuros ropajes. La composición la completa la ventana, recurso clásico que en este caso se abre a uno de los más tempranos paisajes de uno de los pintores que renovó ese género en la pintura de su tiempo. Se trata de un paisaje esquemático y sombrío de cedros y cipreses que bien pudiera tratarse de un camposanto ya que, debido a la naturaleza del encargo, podría aludir a la idea de la muerte y la resurrección.

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Virgen del Rosario

Cristóbal de Augusta
Cerámica
1250 x 1250 cm
1577
Procedencia
Convento de Madre de Dios
Comentarios

Representación de la Virgen con el Niño que protege bajo su manto, sostienido por dos ángeles, a diversos santos de la orden dominica siguiendo el modelo gótico de virgen protectora que se extendió a otras órdenes religiosas como podemos contemplar en otra obra del museo, Virgen de las Cuevas de Francisco de Zurbarán que se pintó para el monasterio de la orden cartuja de Sevilla. 

Los dominicos contribuyeron asimismo a la expansión del Rosario, que en esta obra la Virgen, situada en el centro de la composición, entrega a Santo Domingo de Guzmán, fundador de la orden, que aparece en el centro del grupo masculino llevando entre sus manos la vara de azucenas, símbolo de pureza y uno de sus atributos principales. Los dos grupos de religiosos se distribuyen en número de tres a ambos lados de la  figura principal que centra esta simétrica composición de personajes representados con un canon ciertamente alargado. 

La obra está realizada mediante la técnica del azulejo polícromo plano introducida por el italiano Niculoso Pisano. Tiene el interés añadido de estar firmada y fechada en la parte inferior, al igual que otros azulejos salidos de la mano de su autor que todavía se conservan en el emplazamiento original del convento de Madre de Dios de Sevilla. 

Apoteosis de Santo Tomás de Aquino

Francisco de Zurbarán (Fuente de Cantos, Badajoz, 1598 - Madrid, 1664)
Óleo sobre lienzo
486 x 385 cm
Hacia 1631
Procedencia
Colegio de Santo Tomás de Aquino. Sevilla
Comentarios

La obra se encargó para el colegio mayor de santo Tomás de Aquino en Sevilla para conmemorar su fundación, siendo el lienzo mayor y más complejo de su autor. La composición, para la que como es habitual utiliza fuentes grabadas, repite el esquema arcaizante de la división en diferentes registros superpuestos, tres en este caso, por influencia de la escenografía teatral. 

En el inferior se rememora la fundación del colegio. En el centro, sobre un bufete, aparece la bula fundacional y un birrete doctoral alusivo al grado que en él se alcanzaba. A la izquierda, el fundador Fray Diego de Deza en actitud orante al frente de un grupo de frailes dominicos y a la derecha otro grupo de figuras orantes encabezado por el emperador Carlos V, quien firma la bula. En el registro superior aparece Santo Tomás, en rompimiento de gloria, flanqueado por los padres de la Iglesia latina, san Gregorio, san Ambrosio, san Jerónimo y san Agustín, cuyos textos se estudiaban en el colegio, aparece en el momento de recibir la inspiración del Espíritu Santo para escribir su obra cumbre la Summa Theologica. En el plano más elevado están Cristo y la Virgen a la izquierda y san Pablo y santo Domingo a la derecha. 

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Tentaciones de San Jerónimo

Juan de Valdés Leal (Sevilla, 1622 - 1690)
Óleo sobre lienzo
224 x 126 cm
Hacia 1657
Procedencia
Monaterio de San Jerónimo de Buenavista. Sevilla
Comentarios

La interesante serie de la vida de san Jerónimo fue realizada por Valdés Leal para decorar la sacristía del convento hispalense de San Jerónimo de Buenavista. La constituyen dieciocho lienzos en los que se narran episodios de la vida del santo y se ensalza la historia de su orden con la presentación de sus principales miembros, algunos vinculados a la vida del propio convento.

Las tentaciones de San Jerónimo es considerada una de las mejores versiones de este tema en la pintura barroca europea. La energía moral en el rechazo de la tentación se traslada a la técnica, decidida, de pincelada enérgica y fogoso colorido que, no obstante, describe con acierto los detalles. La escena contrapone, de manera acertada, el cuerpo desnudo del santo al de unas cortesanas lujosamente vestidas que encarnan la tentación.

San Jerónimo, que se  encuentra dedicado a la traducción de la Biblia,  intenta alejarlas con un elocuente gesto de sus brazos y sin apartar la mirada de los textos sagrados.  Aparece rodeado de los objetos propios de su ascética vida como son el crucifijo, la calavera y los libros, que constituyen un interesante bodegón.

La pintura está resuelta con una pincelada muy fluida con la que ha sabido sugerir luces, calidades y gran movimiento. Este dominio técnico se aprecia en el paisaje que se abre a la derecha de la composición y en los ropajes de las cortesanas danzantes, realizados a base de rápidos toques abocetados y vivo colorido, que destacan sobre el fondo rocoso de tonos sombríos.

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San Bruno

Juan Martínez Montañés (Alcalá la Real, 1568 - Sevilla, 1649)
Madera tallada y policromada
160 x 69 x 64,5 cm
1634
Procedencia
Capilla de San Bruno. Iglesia del Monasterio de la Cartuja Sta. María de las Cuevas. Sevilla
Comentarios

Martínez Montañés recibe el encargo de realizar una escultura de San Bruno, fundador de la orden Cartuja, para su monasterio sevillano poco después de su canonización, cuando contaba con 66 años. 

Realiza una talla sobria que conjuga la esencia del retratado con los principios ascéticos de la devoción y vida cartuja como son el silencio, la soledad y la austeridad. Aparece representado de cuerpo completo, de pie, llevando en su mano derecha el crucifijo hacia el que dirige la mirada en actitud meditativa y compasiva, y en la izquierda porta el libro de  las constituciones de la orden. Viste el sobrio y holgado hábito de la comunidad, la cogulla, de pesados y ampulosos pliegues que sugieren la reciedumbre del tejido y que se caracteriza por tener los lados anterior y posterior del escapulario unidos por una ancha tira de la misma tela y color. Pero donde se aprecia la maestría y la fuerza naturalista del escultor es en las manos y, sobre todo, en la magnífica cabeza tonsurada, de gran fuerza expresiva y elegancia clásica. La verticalidad de la figura se rompe con la curvatura imprimida por la flexión de la rodilla derecha. 

La policromía de las carnaciones es mate, tal y como aconsejaba Pacheco para un resultado más natural. El hábito que hoy vemos blanco, más acorde con la personalidad austera del santo y su orden, estaba dorado originariamente .

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Sagrada Cena

Alonso Vázquez (Sevilla, h. 1540 - México, 1608)
Óleo sobre lienzo
318 x 402 cm
Hacia 1588
Procedencia
Monasterio de la Cartuja de Santa María de las Cuevas. Sevilla
Comentarios

De Alonso Vázquez hay noticias en Sevilla desde 1588 hasta su marcha a México en 1603, donde ejerció hasta su muerte en 1608. Esta es su primera obra conocida que realizó para el refectorio de la Cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla en 1588, por lo que existe una clara relación entre el lugar al que iba destinado y el tema representado.  

Enmarcada por una arquitectura de tipo palaciego y estilo renacentista, se desarrolla la escena en la que Cristo comparte la última cena con los apóstoles. La mesa aparece presidida por Jesús y, en paralelismo al realizado por Leonardo da Vinci, los discípulos quedan dispuestos en grupos de tres. El autor sigue las recomendaciones de algunos tratadistas como Pacheco y coloca a la derecha de Jesús a san Pedro, ocupando un lugar preferente al haber sido elegido por Dios como su vicario en la tierra. A la izquierda del Salvador se encuentra Santiago el Menor, al que según Pacheco había de representarse imitando el rostro de Cristo. Recostado en su pecho aparece Juan, el discípulo amado, mientras que en primer término, Judas mira al espectador mientras sujeta con su mano la bolsa con los treinta siclos que señalan su traición.  

La obra acusa la influencia miguelangelesca en las corpulentas figuras, cuyas anatomías se dejan traslucir a través de los ropajes. Pero el naturalismo también está presente en su especial atención a los elementos que componen el bodegón: jarras, vajilla, servilletas, mantel, flores o el gato que asoma bajo uno de los bancos. 

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Inmaculada

Anónimo
Cerámica
240 x 160 cm.
1680-1700
Procedencia

Procedente del Convento de San José (Mercedarias Descalzas)

Desamortización , 1868

Comentarios

Panel cerámico con la representación de la Inmaculada Concepción acompañada de monjas de la orden mercedaria como puede verse en el escudo que llevan en sus túnicas. Es un claro ejempo del auge que la tradición cerámica alcanza en Sevilla en el siglo XVII, impulsada además por la vitalidad de la pintura del momento que le sirve de modelo, algo habitual en los azulejos de la época. El destino de este tipo de paneles cerámicos, concebidos como auténticos cuadros aislados, era el exterior de los edificios.

La Virgen se representa siguiendo la iconografía clásica de la Inmaculada: con túnica blanca, símbolo de pureza, y manto azul movido al viento, aureola de 12 estrellas alrededor de su cabeza y la luna a los pies. Varios grupos de querubines la rodean, uno de los cuales levanta la palma, uno de los símbolos marianos.

El autor se ha inspirado en la Inmaculada Concepción de Aranjuez, obra de Bartolomé Esteban Murillo, artista que fue gran fuente de inspiración parala azulejería, a la que se han añadido las dos monjas de la orden. La escena está enmarcada por una imitación de un marco de madera decorado de los que eran habituales en la pintura sevillana de finales del siglo XVII y comienzos del XVIII.

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