Las Colecciones

Obras Singulares

Inmaculada Concepción (La Colosal)

Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, 1617 - 1682)
Óleo sobre lienzo
436 x 297 cm
Hacia 1650
Procedencia
Convento de San Francisco. Sevilla
Comentarios

Murillo pintó esta obra por encargo de los franciscanos, grandes defensores de la devoción de la Inmaculada Concepción de María desde la Edad Media. 

Recibe el nombre de la Colosal por sus grandes proporciones ya que se realizó para ser colocada sobre el arco de la capilla mayor, a gran altura y distancia del espectador. Con las manos unidas, la Virgen dirige la mirada hacia abajo acentuando la sensación de profundidad de quien la contempla. El buscado efecto de movilidad espacial de carácter barroco se consigue a través de dos diagonales: la que forman la luna con la nube y los ángeles y la del vuelo del manto. 

Murillo estableció un nuevo tipo iconográfico para esta representación, vistiendo a María con túnica blanca y manto azul,  en composiciones de gran dinamismo, caracterizadas por un resplandeciente fondo dorado y el acompañamiento de una gloria de ángeles revoloteando. 

 

El monaguillo

Alfonso Grosso Sánchez (Sevilla, 1893 - 1983)
Óleo sobre lienzo
127 x 92 cm
1920
Procedencia
Colección del autor
Comentarios

El costumbrismo sevillano encontró en Grosso a uno de sus principales divulgadores que prolonga su pervivencia hasta bien entrado el siglo XX. 

La obra nos presenta la figura infantil de un monaguillo en los momentos previos a una procesión, vestido con una túnica dalmática que el artista ha descrito minuciosamente con todo detalle y que resalta en todo su colorido delante de esa pared blanca. La expresividad de la obra se centra en el gesto simpático y amable del personaje, del todo espontáneo, que con sonrisa picaresca parece querer hacer partícipe del momento al espectador. El uso de la pincelada suelta y el tratamiento vitalista del color, tan del gusto de Grosso, contribuyen a conformar una escena alegre y llena de inocencia infantil.

Se trata de un ejemplo más de la temática que mejor define a Grosso como pintor y que no es otra que la vida religiosa y conventual de Sevilla. 

El cuadro fue premiado con la tercera medalla en la Exposición Nacional de Madrid de 1920.

Desposorios místicos de Santa Inés

Francisco Pacheco (Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, 1564 - Sevilla, 1644)
Óleo sobre lienzo
169 x 124 cm
1628

 

Procedencia
Capilla del Santísimo de la Iglesia del Colegio de San Buenaventura. Sevilla
Comentarios

Francisco Pacheco, más conocido por ser el suegro de Velázquez y por su obra teórica El Arte de la Pintura que por sus cualidades artísticas, representa la tradición frente al incipiente naturalismo de la escuela sevillana del primer cuarto del siglo XVII. 

En esta obra, una de las mejores que del autor conserva el museo, el artista se ha esforzado en representar una escena mística e íntima. Aporta ciertos detalles naturalistas como el suelo lleno de flores blancas, que evocan la pureza de la santa, la palma del martirio, el salterio con la página marcada y la pequeña silla claveteada de terciopelo rojo.

El conjunto se encuentra bañado por una fuerte luminosidad que introduce lo divino en una escena mundana. Sin embargo, los pliegues quebrados de los ropajes, inspirados en grabados nórdicos, y la dureza y sequedad del tratamiento de las figuras, evidencian lo limitado del talento del artista que se encuentra en este momento en el apogeo de su carrera.

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Sagrada Cena

Alonso Vázquez (Sevilla, h. 1540 - México, 1608)
Óleo sobre lienzo
318 x 402 cm
Hacia 1588
Procedencia
Monasterio de la Cartuja de Santa María de las Cuevas. Sevilla
Comentarios

De Alonso Vázquez hay noticias en Sevilla desde 1588 hasta su marcha a México en 1603, donde ejerció hasta su muerte en 1608. Esta es su primera obra conocida que realizó para el refectorio de la Cartuja de Santa María de las Cuevas de Sevilla en 1588, por lo que existe una clara relación entre el lugar al que iba destinado y el tema representado.  

Enmarcada por una arquitectura de tipo palaciego y estilo renacentista, se desarrolla la escena en la que Cristo comparte la última cena con los apóstoles. La mesa aparece presidida por Jesús y, en paralelismo al realizado por Leonardo da Vinci, los discípulos quedan dispuestos en grupos de tres. El autor sigue las recomendaciones de algunos tratadistas como Pacheco y coloca a la derecha de Jesús a san Pedro, ocupando un lugar preferente al haber sido elegido por Dios como su vicario en la tierra. A la izquierda del Salvador se encuentra Santiago el Menor, al que según Pacheco había de representarse imitando el rostro de Cristo. Recostado en su pecho aparece Juan, el discípulo amado, mientras que en primer término, Judas mira al espectador mientras sujeta con su mano la bolsa con los treinta siclos que señalan su traición.  

La obra acusa la influencia miguelangelesca en las corpulentas figuras, cuyas anatomías se dejan traslucir a través de los ropajes. Pero el naturalismo también está presente en su especial atención a los elementos que componen el bodegón: jarras, vajilla, servilletas, mantel, flores o el gato que asoma bajo uno de los bancos. 

 

Santo Tomás de Villanueva dando limosnas

Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, 1617 - 1682)
Óleo sobre lienzo
283 x 188 cm
Hacia 1668
Procedencia
Convento de Capuchinos. Sevilla.
Comentarios

Esta es una pintura de excepcional calidad de la que se ha dicho que era el  lienzo  preferido de Murillo. La inclusión de este santo agustino en un conjunto realizado para el convento franciscano de Capuchinos de Sevilla, pudo estar motivada por su cualidad de santo limosnero, muy asociada a la filosofía franciscana. La vida de santo Tomás de Villanueva se caracterizó por la austeridad, la caridad y la ayuda a los necesitados. 

Formando una composición triangular, la escena está presidida por la figura del santo vestido con hábito agustino, mitra y sosteniendo un báculo, elementos alusivos a su condición de obispo. A su alrededor vemos enfermos y mendigos, necesitados de caridad y de su protección. El realismo con que están pintados denota su experiencia como pintor de tipos populares, como el tullido que, en primer término, se sitúa en un estudiado escorzo o el delicioso grupo de una madre con su hijo que contemplan agradecidos las monedas recibidas. Un estudiado juego de luces y un fondo de arquitectura clásica completan la composición contribuyendo a darle carácter monumental. 

Santa Ana enseñando a leer a la Virgen

Juan de Roelas (Flandes, hacia 1570 - Sevilla, 1625)
Óleo sobre lienzo
230 x 170 cm
Hacia 1610

Procedencia
Convento de la Merced Calzada. Sevilla
Comentarios

El tema de Santa Ana se inspira en los Evangelios Apócrifos y, aunque su devoción no estuvo muy extendida, experimentó un resurgimiento en los siglos XVII y XVIII en su representación de maestra, tanto por su dimensión intimista como por el modelo de santificación del aprendizaje buscado por la sociedad ilustrada.

El esquema compositivo de esta obra, en diagonal, presenta la figura sedente de Santa Ana, de edad madura, presentando un libro a la Virgen Niña que se inclina atenta para su lectura. María aparece ricamente vestida con túnica rosa bordada en oro y piedras preciosas y manto azul con perlas y estrellas. Se adorna también con joyas como la corona, pendientes, anillo y collar, atributos de una belleza exterior espejo de la espiritual. En la estancia se observan detalles propios de un ambiente doméstico como la cesta con dulces sobre una mesa, un cajón entreabierto con encajes y labores bajo el que se encuentran un perro y un gato, una cesta de ovillos y un cojín de bordar. Se aprecian en esta obra las características propias de la pintura de Roelas: el gran aparato compositivo, los personajes que aparecen con gestos y sentimientos extraídos de la vida real y el colorido suntuoso de estirpe veneciana donde predominan los tonos cálidos y los matices brillantes. En la primera generación de pintores sevillanos del siglo XVII, Roelas representa la renovación naturalista que triunfará, basada en un lenguaje directo y narrativo.

Martirio de San Andrés

Juan de Roelas (Flandes, hacia 1570 - Sevilla, 1625)
Óleo sobre lienzo
520 x 346 cm
Hacia 1610
Procedencia
Capilla de los Flamencos del Colegio de Santo Tomás de Aquino. Sevilla
Comentarios

Se trata de un cuadro de altar, típicamente contrarreformista, en el que se presentan dos registros bien diferenciados, el terrenal y el celeste que el pintor funde con suavidad utilizando como nexo de unión la figura del santo y el sugestivo fondo de paisaje de suelta factura.

Es una composición de gran expresividad y dinamismo, presidida por el San Andrés crucificado en una cruz en aspa. La serenidad que emana de su figura contrasta con el numeroso grupo de personajes que asisten a su martirio. Roelas utiliza el recurso, recomendado por los tratadistas clásicos, de introducir un personaje que llame la atención del espectador sobre lo que sucede en la escena. Es el caso del noble y elegante caballero, de armadura milanesa, que se encuentra a caballo y que mira al espectador mostrándole con su dedo índice el motivo central de la composición.   

Uno de los mayores aciertos es el tono anecdótico que introduce, como esa figura del sayón que trata de pasar con una escalera por el hueco inferior del aspa de la cruz entre el barullo de personajes, muchos de los cuales poseen cierta rudeza casi caricaturesca con proporciones un tanto pesadas y anchos rostros.  

Las Cigarreras

Gonzalo Bilbao Martínez (Sevilla, 1860 - Madrid, 1938)
Óleo sobre lienzo
305 x 402 cm
1915
Procedencia
Colección del autor
Comentarios

Con esta obra Gonzalo Bilbao rinde homenaje a las cigarreras sevillanas, cuya figura se idealiza a lo largo del siglo XIX a través de la literatura y la ópera. Las capta en una instantánea de su trabajo cotidiano en la que, vemos, en primer término, a una madre que amamanta a su hijo ante la atenta mirada de sus compañeras, en una emotiva escena que contrasta con la dureza del trabajo de estas obreras.

Realizada en la plenitud de su carrera, el artista sitúa la escena en una nave de la Fábrica de Tabacos de Sevilla, otorgando gran protagonismo al grandioso escenario arquitectónico de amplias perspectivas. En el tratamiento de la luz y su incidencia en el espacio y la materia, podemos ver ecos de Las hilanderas de Velázquez. 

Se trata del lienzo más conocido y celebrado de Gonzalo Bilbao, hasta el punto de que el no obtener la medalla de honor en la Exposición Nacional de 1915 motivó que el pueblo de Sevilla le organizara un multitudinario homenaje popular en desagravio, al que acudieron muchas de las cigarreras que le sirvieron de modelo. 

La muerte del maestro

José Villegas Cordero (Sevilla, 1844 - Madrid, 1921)
Óleo sobre lienzo
330 x 505 cm
Hacia 1884
Procedencia
La Albright-Knox Art Gallery de Búfalo. Nueva York
Comentarios

La muerte del maestro supone la culminación de una serie de cuadros dedicados a un tema tan español como el taurino. Introduce una singularidad dentro del género: su concepción como un gran cuadro de historia. 

La obra está inspirada  en una corrida de toros celebrada en honor de El Tato a la que Villegas asistió en la plaza de toros de La Maestranza de Sevilla y en la que el matador Bocanegra resultó cogido de gravedad. En ese momento tomó algunos apuntes que luego trasladó al lienzo, trabajando en él durante quince años en los que realizó continuos cambios.  

Presenta una escena de gran dramatismo situada en la capilla de la plaza, en la que los expresivos miembros de la cuadrilla muestran un repertorio de actitudes conmovidas y sinceras en torno a la figura del maestro muerto. En cuanto a su técnica, vemos diferencias entre algunas zonas, en las que la pintura es tan ligera que permite ver la trama del lienzo, y otras, de gran empaste, que coinciden con las sucesivas modificaciones. A medida que las realiza, la pincelada se va haciendo más densa por superposición de capas y su empaste impide la visión de la armadura de la tela, mostrando un aspecto de superficie continua y brillante. Va variando el colorido, que se vuelve más audaz  y vibrante, con un mayor uso del claroscuro, aportando más intimismo y gravedad a la escena. 

Sevilla en fiestas

Gustavo Bacarisas (Gibraltar, 1873 - Sevilla, 1971)
Óleo sobre lienzo
300 X 305 cm
1915
Procedencia
Colección del autor
Comentarios

Gustavo Bacarisas es una de las figuras más destacadas dentro del panorama de la pintura sevillana de la primera mitad del siglo XX. Sería exagerado considerarlo como un pintor vanguardista aunque sí supo superar los convencionalismos de la pintura decimonónica, creando un estilo muy personal de claras influencias modernistas e impresionistas, pero sobre todo del arte fauve. 

Bacarisas presenta en esta obra, probablemente la mejor versión moderna y la más universal, la feria sevillana, a la vez que supone un canto a la belleza y la gracia de la mujer andaluza. Capta la atención el foco colorista del centro que destaca la majestuosidad de las tres mujeres ataviadas con vaporosos trajes flamencos, mantillas y abanicos. En cambio, difumina los laterales, en los que de manera abocetada y en penumbra, pueden distinguirse una serie de personajes populares. 

Bacarisas tenía predilección por los cuadros de ambiente nocturno a los que supo dotar de una atmósfera de gran lirismo que le sirvió para experimentar con los contrastes acusados de luz y color. La potente luz, irradiada desde un punto exterior al cuadro, que ilumina a las tres figuras femeninas y que se va difuminando, a medida que se aleja de ellas, sobre los personajes secundarios situados en los laterales, permite distinguir siluetas y algunos rostros así como la arquitectura de fondo, que cierra la composición a manera de telón. El artista logra dar una gran expresividad a la escena con la vibrante pincelada suelta de gran modernidad que deja abocetadas la mayor parte de las formas.

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