Las Colecciones

Obras Singulares

Salero de Neptuno

Anónimo Escuela Flamenca
Plata, plata dorada y cristal
59,5 x 48 x 49 cm.
Hacia 1640
Procedencia
Familia de los Marqueses de Blanco Hermoso. Sevilla
Comentarios

El Barroco es el período de esplendor de la platería europea y esto queda reflejado en la colección del museo con una importante obra que, procedente de la colección de los marqueses de Blanco Hermoso, fue adquirido por la Junta de Andalucía en 1988. Realizado en plata dorada y blanca y cristal, representa el carro de Neptuno conducido por el dios que surge del agua tirado por hipocampos y acompañado de varias figuras antropomórficas y de animales.

En esta pieza, que está realizada en época temprana, sobresalen características que van a ser propias del Barroco como son el dinamismo y la expresividad del grupo, que está tratado de manera escultórica.

Nuestra Señora del Pópulo

 Anónimo
Cerámica
182 x 169 cm.
Segunda mitad del siglo XVII
Procedencia
Convento de Nuestra Señora del Pópulo
Comentarios
Panel cerámico procedente del desaparecido convento de Nuestra Señora del Pópulo. Formaba parte de un conjunto de ocho que decoraban la fachada. Actualmente estos paneles se encuentran en el zaguán de entrada del Museo.

Santa Ana enseñando a leer a la Virgen

Juan de Roelas (Flandes hacia 1570 - Sevilla 1625)
Óleo sobre lienzo
230 x 170 cm.
Hacia 1610

Procedencia
Convento de la Merced Calzada. Sevilla
Comentarios

El tema de Santa Ana se inspira en los Evangelios Apócrifos y, aunque su devoción no estuvo muy extendida, experimentó un resurgimiento en los siglos XVII y XVIII en su representación de Maestra, tanto por su dimensión intimista como por el modelo de santificación del aprendizaje buscado por la sociedad ilustrada.

El esquema compositivo de esta obra, en diagonal, presenta la figura sedente de Santa Ana de edad madura presentando un libro a la Virgen Niña que se inclina atenta para su lectura. María aparece ricamente vestida con túnica rosa bordada en oro y piedras preciosas y manto azul con perlas y estrellas. Se adorna también con joyas como la corona, pendientes, anillo y collar, atributos de una belleza exterior espejo de la espiritual. En la estancia se observan detalles propios de un ambiente doméstico como la cesta con dulces sobre una mesa, un cajón entreabierto con encajes y labores bajo el que se encuentran un perro y un gato, una cesta de ovillos y un cojín de bordar. Se aprecian en esta obra las características propias de la pintura de Roelas: el gran aparato compositivo, los personajes que aparecen con gestos y sentimientos extraídos de la vida real y el colorido suntuoso de estirpe veneciana donde predominan los tonos cálidos y los matices brillantes. En la primera generación de pintores sevillanos del siglo XVII, Roelas representa la renovación naturalista que triunfará, basada en un lenguaje directo y narrativo.

El vendedor de bebidas

Pedro Núñez de Villavicencio (Sevilla, h. 1640 - Malta, h. 1695)
Óleo sobre lienzo
160,5 x 89 cm.
1694?
Comentarios

El pintor realiza un retrato realista de lo cotidiano, tan frecuente en la literatura española del Siglo de Oro como escaso en la pintura de la época, plasmando una venta ambulante de bebidas. Núñez de Villavicencio, de origen noble y caballero de la Orden de Malta, pone su atención en la pobre existencia de las clases bajas de Sevilla. El lienzo muestra dos realidades de la niñez del momento: por un lado, un chico de unos trece o catorce años, vestido con una indumentaria andrajosa y remendada en codos y rodillas, descalzo, con las uñas de los pies descuidadas y mugre en las dos manos. Por el otro, la niña compradora, de unos cinco años, que muestra la moneda mientras lanza una mirada al espectador y que aparece bien peinada, aseada y con ropas cuidadas. 

Parece poco probable que el líquido suministrado sea vino como se ha venido considerando desde que en la última restauración de la obra salió a la luz un pequeño chorro rojizo. Pudiera tratarse de otra bebida del momento como el hipocrás, la clarea o la popular aloja, realizada a base de vino o agua mezclados con miel y especiados. 

 

Santo Tomás de Aquino

Francisco de Herrera, el Mozo (Sevilla, 1627 - Madrid, 1685)
Óleo sobre lienzo
82 x 60 cm.
Hacia 1656
Procedencia
Colección de la familia Álvarez-Ossorio. Sevilla
Comentarios

Muestra este lienzo a Santo Tomás de Aquino, de medio cuerpo, en el momento en que, con la mirada dirigida hacia arriba, recibe la inspiración divina e inicia el escrito de su famoso himno eucarístico "Pange lingua gloriosis". El pintor ha representado la figura del Santo tal como la descripción del mismo ha llegado a nuestros días: de constitución corpulenta, un poco gruesa, con cara de bonachón y siempre ensimismado en sus rezos.

Es una obra muy interesante desde el punto de vista iconográfico ya que el personaje se rodea de símbolos relativos a su vida y obra.  Viste el hábito de la orden dominica y luce en su pecho un sol que pende de una cadena dorada alusiva a su obra "Catena aurea". Asímismo, aparece tocado con birrete, en referencia a su condición de Doctor de la Iglesia y con una pluma en la mano, como recordatorio de su ingente producción escrita. En el ángulo superior derecho aparecen un angelillo, que hace alusión a su nombre de Doctor Angélico, y el ostensorio por su devoción eucarística.

El precioso marco que acompaña al lienzo fue realizado en el mismo momento de la obra.

La Virgen con San Juan y las Marías camino del Calvario

Juan de Valdés Leal (Sevilla, 1622 - 1690)
Óleo sobre lienzo
134,5 x 203,5 cm.
Hacia 1657
Comentarios

Se trata de un episodio del tema de la Pasión no muy representado en la pintura española.

Valdés Leal describe con acierto el hondo dramatismo que embarga al grupo de personajes que acuden al encuentro de Cristo cuando este caminaba con al cruz hacia el Gólgota (monte Calvario). San Juan se adelanta presuroso por el escarpado camino y extendiendo su brazo señala con el dedo a la Virgen el lugar donde agoniza su hijo. Esta, presa de una gran angustia, camina anhelante y presurosa deseosa de llegar a su lado. Tras ellos María la de Santiago, María Magdalena y María Salomé con expresiones de dolor y compasión que sienten hacia María.

El fondo de celaje, oscuro y amenazador, aumenta la tristeza que presagia el dramático encuentro final. Valdés ha creado una escena inquietante de gran fuerza que reside precisamente en la sencillez de su composición.

Flagelación de San Jerónimo

Juan de Valdés Leal (Sevilla, 1622 - 1690)
Óleo sobre lienzo
223,5 x 245,5 cm.
Hacia 1657
Procedencia
Monasterio de San Jerónimo de Buenavista. Sevilla
Comentarios

La interesante serie de la vida de San Jerónimo fue realizada por Valdés Leal para decorar la sacristía del convento hispalense de San Jerónimo de Buenavista. La constituyen dieciocho lienzos en los que se narran episodios de la vida del Santo y se ensalza la historia del la orden religiosa con la presentación de sus principales miembros, algunos vinculados a la vida del propio convento. Se inicia la serie con El Bautismo de San Jerónimo, firmado y fechado por Valdés en 1657. Mucho más afortunadas son las escenas de la tentación y la flagelación, espléndidamente resueltas con la intensidad dramática y vigoroso cromatismo característicos del pintor. Fuera de España se encuentran los episodios de San Jerónimo discutiendo con los rabinos y La muerte de San Jerónimo.

El episodio de la flagelación como castigo por haber leído textos de Cicerón, fue también narrado por el mismo santo en una carta dirigida a Santa Eustoquio. La fogosidad con que el artista ha representado la escena no encuentra parangón en la pintura del XVII. La escena está dividida por una diagonal que forma dos registros. En el superior izquierdo en una dorada gloria celestial se halla Jesucristo acompañado por la Virgen y San Juan en actitud de interceder por San Jerónimo, quien en la zona inferior derecha, con fisonomía joven y arrodillado, recibe el castigo de dos ángeles de ondulantes gestos y vestimentas.

San Antonio de Padua con el Niño

Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla 1617-1682)
Óleo sobre lienzo
283 x 188 cm
Hacia 1668-1669
Procedencia
Convento de Capuchinos. Sevilla
Comentarios

San Antonio representa el ideal de religiosidad popular propugnado por los primeros franciscanos.

El milagro de al aparición del NIño Jesús a san Antonio, se trata de un episodio que le otorga un matiz protector de la infancia, siendo el más usual de toda la iconografía antoniana y el predilecto de Murillo, que lo trata con especial mimo por su natural tendencia a representar el mundo infantil. San Antonio, muy joven y con la barba capuchina -a diferencia de otras representaciones murillescas del santo- aparece arrodillado en un suelo rocoso, rodeando con su brazo al Niño, que está sentado en un libro abierto. Jesús, ha descendido de un rompimiento de gloria del que emana un haz de luz que ilumina la escena alzando el brazo para señalarle al santo los dones celestiales que la entrega de Dios le hará gozar. A San Antonio se le reconoce por sus atributos: el libro, el hábito marrón franciscano y las azucenas que lleva a modo de pluma de escritura. 

El pintor crea, por medio de los tonos dorados que rodean el encuentro entre los personajes o los nacarados de la piel del pequeño, aplicados con una pincelada vibrante, suelta y vaporosa, una atmósfera realmente emotiva. No hay más argumento que una tierna mirada entre los dos protagonistas. La mejor manera de plasmar la sencilla, profunda y austera devoción capuchina. 

 

 

Inmaculada

Anónimo
Cerámica
240 x 160 cm.
1680-1700
Procedencia

Procedente del Convento de San José (Mercedarias Descalzas)

Desamortización , 1868

Comentarios

Panel cerámico con la representación de la Inmaculada Concepción acompañada de monjas de la orden mercedaria. Ejempo del auge que la tradición cerámica alcanza en Sevilla en el siglo XVII, impulsada además por la vitalidad de la pintura.
El destino de este tipo de paneles cerámicos, concebidos como auténticos cuadros aislados, era el exterior de los edificios.

Se trata de una copia de la pintura "Concepción de Aranjuez" de Murillo a la que el artista ha añadido dos monjas de la orden.

Santa Dorotea

Taller de Zurbarán
Óleo sobre lienzo
173 x 103 cm.
Hacia 1640
Procedencia
Hospital de las Cinco Llagas. Sevilla
Comentarios

Fueron numerosos los seguidores de las fórmulas que tanta fama dieron a Zurbarán. De alguno de ellos o quizás del taller con alguna colaboración del maestro, es la serie de santas procedentes del Hospital de la Sangre de Sevilla, conservada en el museo. Estas pinturas forman parte de una serie de doce, de las que solo se conservan ocho. Se trata de santas de origen medieval y de devoción popular cuyos modelos iconográficos reinterpreta Zurbarán manifestando su extraordinaria capacidad creativa. Las viste con rica indumentaria de siglos anteriores y las adorna  con llamativas joyas, símbolo de la predilección divina para otorgarles, de este modo, una nueva lectura y una renovada sensibilidad. Parece que fueron realizadas originalmente para ser colocadas en la parte superior de los muros de las iglesias, repartidas en igual número en cada lado de las naves, formando un cortejo procesional que simulaba dirigirse al altar mayor como si caminaran hacia el cielo tras dejar la tierra.

Las rosas y manzanas que lleva Santa Dorotea en la bandeja con labor de cestería hacen referencia a la petición de su verdugo, Teófilo, quien, sabiendo que un 6 de febrero ni había rosas ni manzanas, dijo a la santa que trajera tres rosas y tres manzanas, hecho que milagrosamente se produjo por la aparición de un ángel y que dejó atónito a Teófilo propiciando su conversión. 
La santa se recorta con un perfil excesivamente marcado que contrasta con la belleza de la tela abullonada y del velo flotando al viento. En cambio, el cuello es largo y desproporcionado. 

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