Las Colecciones

Obras Singulares

La Virgen con San Juan y las Marías camino del Calvario

Juan de Valdés Leal (Sevilla, 1622 - 1690)
Óleo sobre lienzo
134,5 x 203,5 cm.
Hacia 1657
Comentarios

Se trata de un episodio del tema de la Pasión no muy representado en la pintura española.

Valdés Leal describe con acierto el hondo dramatismo que embarga la grupo de personajes que acuden al encuentro de Cristo cuando este caminaba con al cruz hacia el Gólgota (monte Calvario). San Juan se adelanta presuroso por el escarpado camino y extendiendo su brazo señala con el dedo a la Virgen el lugar donde agoniza su hijo. Esta, presa de una gran angustia, camina anhelante y presurosa deseosa de llegar a su lado. Tras ellos María la de Santiago, María Magdalena y María Salomé con expresiones de dolor y compasión que sienten hacia María.

El fondo de celaje, oscuro y amenazador, aumenta la tristeza que presagia el dramático encuentro final. Valdés ha creado una escena inquietante de gran fuerza que reside precisamente en la sencillez de su composición.

Salero de Neptuno

Anónimo Escuela Flamenca
Plata, plata dorada y cristal
59,5 x 48 x 49 cm.
Hacia 1640
Procedencia
Familia de los Marqueses de Blanco Hermoso. Sevilla
Comentarios

El Barroco es el período de esplendor de la platería europea y esto queda reflejado en la colección del museo con una importante obra que, procedente de la colección de los marqueses de Blanco Hermoso, fue adquirido por la Junta de Andalucía en 1988. Realizado en plata dorada y blanca y cristal, representa el carro de Neptuno conducido por el dios que surge del agua tirado por hipocampos y acompañado de varias figuras antropomórficas y de animales.

En esta pieza, que está realizada en época temprana, sobresalen características que van a ser propias del Barroco como son el dinamismo y la expresividad del grupo, que está tratado de manera escultórica.

El monaguillo

Alfonso Grosso Sánchez (Sevilla, 1893 - 1983)
Óleo sobre lienzo
127 x 92 cm.
1920
Procedencia
Colección del autor
Comentarios

El costumbrismo sevillano encontró en Grosso a uno de sus principales divulgadores que prolonga su pervivencia hasta bien entrado el siglo XX. 

La obra nos presenta la figura infantil de un monaguillo, en los momentos previos a una procesión, vestido con una túnica dalmática que el artista ha descrito minuciosamente con todo detalle y que resalta en todo su colorido delante de esa pared blanca. La expresividad de la obra se centra en el gesto simpático y amable del personaje, del todo espontáneo, que con sonrisa picaresca parece querer hacer partícipe del momento al espectador. El uso de la pincelada suelta y el tratamiento vitalista del color, tan del gusto de Grosso, contribuyen a conformar una escena alegre y llena de inocencia infantil.

Se trata de un ejemplo más de la temática que mejor define a Grosso como pintor y que no es otra que la vida religiosa y conventual de Sevilla. 

El cuadro fue premiado con la tercera medalla en la Exposición Nacional de Madrid de 1920.

La cuadrilla de Juan Centeno

Daniel Vázquez Díaz (Nerva, Huelva, 1882 - Madrid, 1969)
Óleo sobre lienzo
226 x 181,5 cm.
1953
Procedencia
Medalla de Honor en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1954.
Comentarios

Daniel Vázquez Díaz es una de las figuras más representativas del panorama artístico español de la primera mitad del siglo XX. Su obra, una de las más personales e inconfundibles de su tiempo, le convirtió en el abanderado del esfuerzo renovador de la pintura española anterior a 1936. 

En este espléndido cuadro el autor no trata de presentar a una gran figura del toreo, como ocurre en otros lienzos de su producción, sino a un modesto diestro, Juan Centeno Ortiz,  novillero alicantino. Aparece sentado en primer término, vestido de grana y negro, en actitud un tanto desafiante, flanqueado por miembros de su cuadrilla, dos banderilleros de mirada concentrada que más que subalternos parecen mostrar la misma arrogancia de su jefe , como corresponde al momento anterior a la corrida. Completan la escena las figuras de otros peones y la cabeza de un picador situados al fondo. 

El tema taurino le sirve al autor de pretexto para captar figuras de sobria estructura y contundente volumen. El artista realiza un proceso de síntesis formal y rigor plástico tras haber conocido el cubismo en París. 

 Esta obra fue premiada con Medalla de Honor en la Exposición Nacional de 1954.


© Daniel Vázquez Díaz, VEGAP, Sevilla 2004.

Sevilla en fiestas

Gustavo Bacarisas (Gibraltar, 1873 - Sevilla, 1971)
Óleo sobre lienzo
300 X 305 cm.
1915
Procedencia
Colección del autor
Comentarios

Gustavo Bacarisas es una de las figuras más destacadas dentro del panorama de la pintura sevillana de la primera mitad del siglo XX. Sería exagerado considerarlo como un pintor vanguardista aunque sí supo superar los convencionalismos de la pintura decimonónica, creando un estilo muy personal de claras influencias modernistas e impresionistas, pero sobre todo del arte fauve. 

Bacarisas presenta en esta obra, probablemente la mejor versión moderna y la más universal de la feria sevillana a la vez que supone un canto a la belleza y la gracia de la mujer andaluza. Capta la atención el foco colorista del centro que destaca la majestuosidad de las tres mujeres ataviadas con vaporosos trajes flamencos, mantillas y abanicos. En cambio, difumina los laterales, en los que de manera abocetada y en penumbra, pueden distinguirse una serie de personajes populares. 

Bacarisas tenía predilección por los cuadros de ambiente nocturno a los que supo dotar de una atmósfera de gran lirismo que le sirvió para experimentar con los contrastes acusados de luz y color. La potente luz, irradiada desde un punto exterior al cuadro, que ilumina a las tres figuras femeninas y que se va difuminando, a medida que se aleja de ellas, sobre los personajes secundarios situados en los laterales, permitiendo distinguir siluetas y algunos rostros, así como la arquitectura de fondo, que cierra la escena a manera de telón. El artista logra dar una gran expresividad a la escena con la vibrante pincelada suelta de gran modernidad que deja abocetadas la mayor parte de las formas.

Las Cigarreras

Gonzalo Bilbao Martínez (Sevilla, 1860 - Madrid, 1938)
Óleo sobre lienzo
305 x 402 cm.
1915
Procedencia
Colección del autor
Comentarios

Con esta obra Gonzalo Bilbao rinde homenaje a  las cigarreras sevillanas cuya figura se idealiza a lo largo del siglo XIX a través de la literatura y la ópera. Las capta en una instantánea de su trabajo cotidiano  en la que, vemos, en primer término, a una madre que amamanta a su hijo ante la atenta mirada de sus compañeras, en una emotiva escena que contrasta con la dureza del trabajo de estas obreras.

Realizada en la plenitud de su carrera, el artista sitúa la escena en una nave de la Fábrica de Tabacos de Sevilla, otorgando gran protagonismo al grandioso escenario arquitectónico, de  amplias perspectivas. En el tratamiento de la luz y su incidencia en el espacio y la materia  podemos ver ecos de Las hilanderas de Velázquez. 

Se trata del lienzo más conocido y celebrado de Gonzalo Bilbao hasta el punto de que que el no obtener la medalla de honor en la Exposición Nacional de 1915 motivó que el pueblo de Sevilla le organizara un multitudinario homenaje popular en desagravio, al que acudieron muchas de las cigarreras que le sirvieron de modelo. 

Triana

Emilio Sánchez Perrier (Sevilla, 1855 - Alhama de Granada, 1907)
Óleo sobre lienzo
68 x 122 cm
Hacia 1888-1890
Procedencia
Mercado de arte. Sevilla
Comentarios

Sánchez Perrier es de singular importancia para la historia del paisajismo y no sólo en Sevilla, como lo demuestran sus obras en colecciones extranjeras y los galardones que alcanzó. Considerado como el fundador de la llamada escuela de Alcalá de Guadaira, se convierte en el punto de referencia para paisajistas contemporáneos y de generaciones posteriores.

El tema del perfil de la ciudad de Sevilla que se refleja en las aguas del río Guadalquivir fue tratado frecuentemente por el artista. En esta obra el encuadre elegido es el de la orilla del río con el conjunto de fachadas y postigos traseros del barrio de Triana, lugar escogido por el pintor en numerosas ocasiones que concluye en el puente de Isabel II tras el que se atisban algunas embarcaciones. La vista destaca esta vez por lo singular de su gran formato y por la elaborada composición de amplia perspectiva. Se trata de un trabajo meticuloso, descriptivo, fruto de la realización de apuntes y estudios que le confieren un gran valor documental a esta vista de al ciudad. Un paisaje en el que la personalidad del pintor se manifiesta por su visión realista, de minuciosa y atenta mirada del natural con marcado carácter intimista, en la que los motivos populares y pintorescos se enmarcan dentro de una atmósfera de espacio y tiempo detenidos.

La muerte del maestro

José Villegas Cordero (Sevilla, 1844 - Madrid, 1921)
Óleo sobre lienzo
330 x 505 cm.
Hacia 1884
Procedencia
La Albright-Knox Art Gallery de Búfalo. Nueva York
Comentarios

La muerte del maestro supone la culminación de una serie de cuadros dedicados a un tema tan español como el taurino. Introduce una singularidad dentro del género: su concepción como un gran cuadro de historia. 

La obra está inspirada  en una corrida de toros celebrada en honor de El Tato a la que Villegas asistió en la plaza de toros de La Maestranza de Sevilla  y en la que el matador Bocanegra resultó cogido de gravedad. En ese momento tomó algunos apuntes que luego trasladó al lienzo, trabajando en él durante quince años en los que realizó continuos cambios.  

Presenta una escena de gran dramatismo situada en la capilla de la plaza en la que los expresivos miembros de la cuadrilla muestran un repertorio de actitudes conmovidas y sinceras en torno a la figura del maestro muerto. En cuanto a su técnica, vemos diferencias entre algunas zonas, en las que la pintura es tan ligera que permite ver la trama del lienzo, y  otras, de gran empaste, que coinciden con las sucesivas modificaciones. A medida que las realiza, la pincelada se va haciendo más densa por superposición de capas y su empaste impide la visión de la armadura de la tela mostrando un aspecto de superficie continua y brillante. Va variando el colorido, que se vuelve más audaz  y vibrante y hace mayor uso del claroscuro aportando más intimismo y gravedad a la escena. 

Baile por Bulerías

José García Ramos (Sevilla, 1852 - 1912)
Óleo sobre lienzo
52 x 28 cm.
1884
Procedencia
Colección de D. Alfonso Grosso. Sevilla
Comentarios

José García Ramos es sin duda uno de los más hábiles pintores del costumbrismo sevillano. Dedicó casi toda su carrera a dibujar, con una enorme expresividad y técnica minuciosa, escenas de la vida cotidiana en Sevilla, desde fiestas flamencas a asuntos taurinos, que se vendían con gran facilidad dentro y fuera de las fronteras. Esta obra pertenece a esa industria de cuadros de pequeño formato que tanta difusión alcanzó entre la sociedad de finales del siglo XIX.

Esta obra titulada también El baile reúne todos los elementos característicos del costumbrismo pictórico del último cuarto del siglo XIX. Es un lienzo pequeño y la escena se desarrolla en el interior de una taberna sevillana en la que se describen los tópicos con los que hoy en día aún es identificada la ciudad y que nos recrea una de las escenas de sabor costumbrista propias del autor: un cartel de toros, una bodega, las sillas de enea y el flamenco. 

García Ramos practica una técnica virtuosa de gran calidad, con un dibujo firme y preciso, agilidad compositiva y una pincelada empastada y decisiva que, a base de manchas, consigue el efecto del movimiento del vestido de la bailaora en el que se confunden los volantes unos con otros. En primer plano a la izquierda un pequeño bodegón con los restos de unas naranjas muestra lo estudiada que está la escena, negando cualquier improvisación. 

 

Retrato de Gustavo Adolfo Bécquer

Valeriano Domínguez Bécquer (Sevilla, 1833 - 1870)
Óleo sobre lienzo
73 x 60 cm.
1862
Procedencia
Colección Ybarra. Sevilla
Comentarios

Valeriano Bécquer realiza este magnífico retrato de su hermano el poeta sevillano Gustavo Adolfo Bécquer  hacia el año 1862, fecha de su viaje  a Madrid, capital donde residía  su hermano y en la que comienza su segunda etapa artística, caracterizada por una pintura más resuelta, luminosa y flexible.

El retrato representa una imagen del poeta que ha sido plasmada en numerosas ocasiones en libros de texto, publicaciones y que incluso ilustró durante muchos años el ya desaparecido billete de cien pesetas. Se puede considerar como una de las obras capitales de la pintura romántica española y comparable con los mejores retratos realizados en su época en Europa.

El sentimiento fraternal de Valeriano le hace captar la imagen de su hermano, el poeta Gustavo Adolfo, ensalzándola y condensando en su gesto todos las características que imperan en el Romanticismo: el ímpetu, la melancolía, la pasión y la exaltada idealización. Se puede considerar como un hito de la pintura romántica española en la que el retratado posa con elegancia aristocrática y una mirada de intensa carga emotiva que dirige al espectador para trasmitirle su creatividad y agitada sensibilidad.  

Su fisonomía de largos cabellos rizados, mirada melancólica, breve perilla y finos bigotes así como su indumentaria de capa oscura y camisa de gran cuello blanco, nos muestra la imagen reconocida del gran poeta sevillano. 

 

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