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Retrato del canónigo D. José Duaso y Latre

Francisco de Goya y Lucientes (Fuendetodos, Zaragoza, 1746 - Burdeos, 1828)
Óleo sobre lienzo
74,5 x 59 cm
1824

Procedencia

Colección de la familia Rodríguez Babé. Madrid

Comentario

Francisco de Goya es sin lugar a dudas la figura más importante de la pintura española de los siglos XVIII y XIX y la de mayor repercusión en el arte europeo, ya que anticipa recursos y técnicas utilizados por la pintura posterior. Este retrato que realiza en sus últimos años, es una sencilla composición en la que la ausencia de color es casi total, destacando el volumen y la densidad de la pincelada.

Hemos de tener en cuenta que está aún muy cercana su serie de las pinturas negras. Sobre un fondo casi negro, se perfila la figura del retratado vestido con sotana sobre la que lleva el manteo y solideo del mismo tono fundiéndose el conjunto con el fondo oscuro de la pintura. Las únicas notas de color la dan la cruz y la placa de Carlos III que lleva sobre el pecho y el breviario rojo que sostiene con su mano izquierda y que lee atentamente. La luz que incide sobre la figura, consigue un marcado efecto de contraluz en el rostro.

Goya utiliza en este retrato una gama reducida de negros profundos para el fondo, el solideo y la sotana, sobre los que destaca la cabeza luminosa, en la que se mezclan el blanco, el carmín y el negro dando la sensación de estar modelada en arcilla. Este retrato lo pintó Goya en agradecimiento al canónigo aragonés D. José Duaso que recogió en su casa a amigos y paisanos comprometidos con la causa liberal entre los cuales figuraba el pintor. 

Imagen en alta resolución (Google Arts & Culture)