Las Colecciones

Obras Singulares

Retrato de D. Cristóbal Suárez de Ribera

RODRÍGUEZ DE SILVA y VELÁZQUEZ, Diego (Sevilla, 1599 - Madrid, 1660)
Óleo sobre lienzo
207 x 148 cm.
1620
Procedencia
Iglesia de san Hermenegildo. Sevilla
Comentarios

Inició su aprendizaje con Herrera "el Viejo" para pasar rápidamente al taller de Pacheco, con cuya hija Juana se casó en 1617. Durante su estancia en Sevilla encontró la manera de expresar su preocupación por el claroscuro y el natural en las escenas de género o bodegones con figuras, temas que ya tenían precedentes en la pintura flamenca e italiana. Con su excepcional dominio del dibujo y una gama cromática oscura, que acentúa los efectos del tenebrismo, alcanzó extraordinarias impresiones de verismo en estas escenas extraídas de la realidad cotidiana.

Durante esta etapa sevillana ensayó también otros dos géneros en los que impera asimismo un fuerte tono de verosimilitud, el religioso y el retrato. De sus excelentes dotes como retratista ha quedado como testimonio  el de Don Cristóbal Suárez de Ribera, clérigo sevillano perteneciente a la cofradía dedicada a San Hermenegildo, cuyo emblema aparece situado en el ángulo superior izquierdo con los atributos del santo mártir: la corona, el hacha, la palma y la cruz con una corona de rosas.


El retrato fue realizado después de la muerte del sacerdote para colocarlo sobre su sepulcro en la iglesia de San Hermenegildo de Sevilla, edificio cuya construcción había impulsado el mismo. Se trata de uno de los primeros retratos del pintor y destaca por la extraordinaria volumetría del modelo, resaltando la cabeza, de rostro hierático y las manos, ambos motivos mas afinados y acabados que los ropajes oscuros.

La composición la completa la ventana, recurso clásico que en este caso se abre a un paisaje sombrío que bien pudiera tratarse de un camposanto debido a la naturaleza del encargo.

Virgen con el Niño (Virgen de la servilleta)

MURILLO, Bartolomé E. (Sevilla, 1617 - 1682)
Óleo sobre Lienzo
67 x 72 cm.
h. 1666
Procedencia
Convento de Capuchinos. Sevilla
Comentarios

Esta popular representación de La Virgen con el Niño pertenece a la serie que realizó Murillo para la iglesia de Capuchinos de Sevilla. Es conocida como La Virgen de la servilleta gracias a una tradición originada a comienzos del siglo XIX según la cual Murillo pintó en una servilleta la popular imagen para el hermano lego encargado del refectorio del convento.

La fortuna de esta deliciosa composición se debe a la habilidad de Murillo para mover a la piedad por lo cotidiano, por ese afecto que vincula a la Madre con su Hijo que lleno de curiosidad infantil, parece querer salirse del cuadro. Ambos conectan sus miradas con las del espectador transmitiendo una ternura e intimismo que fueron claves del éxito de la pintura religiosa de Murillo.

Martirio de San Andrés

ROELAS, Juan de las (Flandes hacia 1570 - Sevilla 1625)
Óleo sobre Lienzo
520 x 346 cm.
h. 1610
Procedencia
Capilla de los Flamencos del Colegio de Santo Tomás de Aquino. Sevilla
Comentarios

Juan de Roelas debió viajar a Italia ya que según se destila de su obra, conocía el color veneciano y trajo a Sevilla su paleta de tonos cálidos y dorados junto a un tipo de grandes cuadros de altar, típicamente contrarreformista, donde se presentan dos planos bien diferenciados, el terrenal y el celeste. En esta obra el pintor los funde con suavidad utilizando como nexo de unión la figura del santo y el sugestivo fondo de paisaje de suelta factura. La serenidad que emana de su figura contrasta con el numeroso grupo de personajes que asisten a su martirio. La monumental composición, realizada con una técnica suelta que presta menor atención al dibujo en favor de un colorido suntuoso y vibrante, enfrenta la trascendental experiencia del Santo con la de sus bulliciosos espectadores en una escena de gran emotividad.

San Andrés era el patrón de los Países Bajos y por ello la obra se encarga para presidir la capilla a ellos dedicada en el colegio de Santo Tomás.

Roelas utiliza el recurso,  recomendado por los tratadistas clásicos, de introducir un personaje que llama la atención del espectador sobre lo que sucede en la escena. Es el caso del noble y elegante caballero, de armadura milanesa, que se encuentra a caballo y que mira al espectador mostrándole con su dedo índice el motivo central de la obra.    

Santas Justa y Rufina

MURILLO, Bartolomé E. (Sevilla, 1617 - 1682)
Óleo sobre lienzo
200 x 176 cm.
h. 1666
Procedencia
Convento de Capuchinos. Sevilla
Comentarios

La pintura pertenece a la serie realizada para la iglesia del Convento de Capuchinos de Sevilla, donde se situaba en el retablo mayor. Santas Justa y Rufina, prototipos de belleza popular sevillana, es una de las pinturas más famosas del pintor. Las santas aparecen representadas con las palmas de los mártires y las vasijas de barro alusivas a su condición de vendedoras de cerámica.

En sus manos sostienen la torre de la Catedral de Sevilla, La Giralda, pues según la tradición evitaron su desplome en el terremoto de 1504. Las espléndidas representaciones de santos del conjunto de Capuchinos, los complejos juegos de luces de algunas escenas, son claros frutos de su madurez artística. Madurez técnica que se trasluce en las pinceladas de prodigiosa soltura, vaporosas, con las que deshace las formas, anunciando la sensibilidad del siglo venidero.

Calvario

Lucas Cranach (Kronach, 1472 - Weimar, 1553)
Pintura sobre Tabla
85 x 56 cm.
1538
Procedencia
Venerable y Santa Escuela de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. Sevilla.
Comentarios

Este Calvario de Lucas Cranach adquiere una especial significación dentro de los fondos del museo, tanto por su excepcional calidad como por la escasa representación de la pintura renacentista alemana en las colecciones españolas.

La escena del Calvario se desarrolla en tres planos superpuestos y tiene una concepción general de gran simetría y aprovechamiento del espacio. La pintura muestra su estilo de madurez, de superficies lisas y brillantes, pulidas como esmaltes, en las que sobre fondos oscuros se recortan las figuras con nítidos contornos. Está firmada con el dragón que le fuera otorgado como blasón y fechada en 1538.

Inmaculada Concepción (La Colosal)

MURILLO, Bartolomé E. (Sevilla, 1617 - 1682)
Óleo sobre Lienzo
436 x 297 cm.
h. 1650
Procedencia
Convento de San Francisco. Sevilla
Comentarios

Nacido en Sevilla a finales de 1617, Murillo realizó su aprendizaje artístico en el taller de Juan del Castillo. El estilo de sus primeras obras continúa los modelos de Zurbarán, de riguroso naturalismo tenebrista y los celajes de luces doradas que pintaba Roelas. El Museo conserva obras tempranas como la Inmaculada llamada La Colosal (hacia 1650) procedente del sevillano Convento de San Francisco. Aunque este tema depende del modelo creado por Ribera, Murillo establece un nuevo prototipo iconográfico  para esta representación, vistiendo a María con túnica blanca y manto azul,  en composiciones de gran dinamismo, caracterizadas por un resplandeciente fondo dorado y el acompañamiento de una gloria de ángeles revoloteando.

Recibe el nombre de la Colosal por sus grandes proporciones ya que se realizó para ser colocada sobre el arco de la capilla mayor, a gran altura y distancia del espectador. Con las manos unidas la Virgen dirige la mirada hacia abajo acentuando la sensación de profundidad de quien la contempla. El buscado  efecto de movilidad espacial de carácter barroco se consigue a través de dos diagonales: la que forman la luna con la nube y los ángeles y la que forma el vuelo del manto.

Murillo pintó esta obra por encargo de los franciscanos, grandes defensores de la devoción a la Inmaculada Concepción de María desde la Edad Media.

Vanitas

GYSBRECHTS, Cornelius Norbertus (Amberes, h. 1610 - Copenhage, h. 1675)
Óleo sobre Lienzo
130 x 177 cm.
1660
Procedencia
Colección particular . Sevilla
Comentarios

A Cornelius Norbertus Gysbrecht, pintor de biografía prácticamente desconocida fuera de su patria se le considera como uno de los mejores pintores de la escuela flamenca del siglo XVII. Se dedicó sobre todo a la pintura de bodegones, especializándose en vanitas y trampantojos.

Esta es una obra característica de su estilo y en ella se refleja la tendencia moralizante del pensamiento barroco europeo, cuya finalidad es la de advertir al espectador sobre la vanidad de las glorias y los placeres mundanos. Dentro de la iconografía de las vanitas barrocas, la calavera se convertirá en el primer atributo y el más directamente alusivo a la muerte. Además la presencia de flores, libros, partituras e instrumentos musicales, subrayan la fugaz condición de todos los gozos humanos ante la inevitable presencia de la muerte.

Santiago el Mayor

RIBERA, José de (Játiva, 1591 - Nápoles, 1652)
Óleo sobre Lienzo
120 x 97 cm.
h. 1634
Procedencia
Colección González Abreu. Sevilla
Comentarios

La mayor parte de la vida de Ribera transcurrió en Nápoles bajo la protección de los virreyes españoles. En la formación de su estilo y sensibilidad fue fundamental la influencia italiana. Sus primeras obras le atestiguan como seguidor de Caravaggio, cuyo naturalismo tenebrista caracterizará su estilo que también se vio enriquecido por el clasicismo romano-boloñés y el pictoricismo y colorido venecianos. Son numerosos los testimonios que se conservan de las pinturas que realizó de figuras aisladas de santos, como esta serena y equilibrada de Santiago Apóstol. Sorprende esta obra por la sabiduría en el uso de la luz y el potente modelado de seguro dibujo en cuyo dominio debió de ser fundamental su excelente maestría como grabador.

La sobriedad compositiva de esta obra concentra la atención sobre los elementos esenciales del cuadro mientras que densas pinceladas recrean las calidades de la materia. Aparece el santo de tres cuartos, mirando de frente directamente al espectador, Está representado como apóstol, con barba, túnica, el palio o manto apostólico y llevando el libro de los evangelios en la mano. La rotunda figura destaca con su manto rojo, sujeto con la concha de peregrino, sobre un fondo neutro en el que el espacio apenas está sugerido por un poyete que aparece en la parte inferior izquierda. De gran sobriedad  compositiva, concentra la atención en las expresivas manos, el sereno y equilibrado semblante  y el libro, elementos esenciales en los que la pincelada densa recrea las calidades de la materia y subraya los efectos de luz a los que presta particular atención.

La Cueva del Gato

BARRÓN Y CARRILLO, Manuel (Sevilla, 1814 - 1884)
Óleo sobre Lienzo
69 x 117 cm.
1860
Comentarios

Manuel Barrón es uno de los máximos representantes del costumbrismo sevillano, desarrollando una muy personal aportación al género del paisaje. Su obra la dedicó fundamentalmente a este género en el que participa de las características generales del paisajismo romántico español. Vistas rurales o urbanas adornadas con figurillas populares que proporcionan al paisaje un sabor costumbrista, mediante la introducción de una nota o anécdota popular y pintoresca.

Dentro de una serie de cuatro obras de igual formato, se incluye este lienzo donde el artista nos muestra una gran cueva con abertura en la zona central alta, a través de la cual se vislumbra el exterior. En la zona baja de la izquierda un grupo de bandoleros, con una mujer y un niño, es sorprendido por la Guardia Civil que se encuentra en el exterior de la cueva. La pequeñez de las figuras resalta la grandiosidad del paisaje abrupto de la cueva, realizado a base de grandes manchas de color. 

El monaguillo

GROSSO SÁNCHEZ, Alfonso (Sevilla, 1893 - 1983)
Óleo sobre Lienzo
127 x 92 cm.
1920
Procedencia
Colección del autor
Comentarios

Alfonso Grosso pertenece a la generación de pintores de la escuela sevillana de la primera mitad del siglo XX, a la que sería exagerado llamar vanguardista pero que sí supo superar los convencionalismos de la pintura decimonónica. Las dos temáticas más características de su producción se dan cita en esta obra: la religiosa y la popular. La religiosa por la función que el protagonista realiza en las iglesias. La popular o costumbrista, por el papel generalmente jovial que estos personajes desempeñan, llenos habitualmente de gracia y alegría. La obra nos presenta la figura del monaguillo vestido con su indumentaria litúrgica, minuciosamente descrita en todos sus detalles, centrando la expresividad en el rostro amable y simpático del niño. El pintor emplea una pincelada muy suelta, sobre todo en los detalles coloristas de la casulla que, junto a la vibrante luminosidad de la pared blanca del fondo, le confieren a la escena una logradísima conjunción de luz y color.

El cuadro fue premiado con la tercera medalla en la Exposición Nacional de Madrid de 1920.

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