Las Colecciones

El Museo de Bellas Artes de Sevilla nace al amparo de las medidas desamortizadoras surgidas a partir de las leyes promulgadas en 1836, reuniéndose una selección de los contenidos de conventos y de otras propiedades eclesiásticas sevillanas.


A partir de las primeras décadas del XX los fondos del museo van a experimentar un notable crecimiento tanto en número como en variedad. Algunos eruditos sevillanos, al igual que ocurrió en el resto de Europa y Norteamérica, van a cultivar un coleccionismo enciclopédico que será, gracias a las donaciones de estas propiedades, el origen del gran desarrollo de los museos en las primeras décadas del siglo. En España, asistimos en estos años al nacimiento del Museo Cerralbo o del Museo Lázaro Galdiano, entre otros. Del mismo modo, en Sevilla, fueron donadas al museo notables colecciones de destacados personajes locales, originando así la diversificación de los fondos. Destacan las donaciones realizadas por Rafael González Abreu (1928), José Gestoso (1931) y, algunos años más tarde, por Andrés Parladé (1945), todas ellas compuestas por pinturas y esculturas de temática diversa, así como armas -blanca y de fuego-, cerámica antigua, tejidos, etc. Estas donaciones provocaron una nueva museografía, abigarrada y escenográfica, de casa-museo, donde cada donante tenía dedicada una sala.


En la década de los setenta del pasado siglo, siguiendo la tendencia acaecida en el resto de España, se fue implantando en el museo una nueva museografía que propugnaba la reducción de los contenidos y una mayor limpieza en la presentación de la colección permanente, para tratar de adaptarse así a los nuevos tiempos. No interesaba ya tanto la cantidad sino, sobre todo, el sentido de cada pieza dentro de la exposición.


En los últimos años, desde que el museo es gestionado por la administración autonómica, han ingresado en las colecciones un notable número de obras, entre pinturas y esculturas, algún ejemplar de cerámica, mobiliario u orfebrería, lo que ha supuesto para la historia del museo un importante capítulo en cuanto a incremento de fondos. El concepto de ingreso no solo incluye la adquisición, sino también el depósito, la donación y la dación de obras por pago de impuestos.


La mayor parte del incremento de la colección se ha debido a los ingresos de las adquisiciones efectuadas en los últimos años por la Junta de Andalucía o el Estado, pero las donaciones de particulares configuran el otro importante conjunto de obras. De éstas, destacan las realizadas por los descendientes de artistas de la escuela sevillana de comienzos del siglo XX. Son ejemplos de ello, las donaciones de los herederos del pintor Javier de Winthuysen, de Eugenio Hermoso, Diego López o Félix Lacárcel. Asimismo, han sido donados retratos de los pintores Miguel Ángel del Pino, López Cabrera, Jiménez Alpériz o González Santos. 


De entre las más recientes donaciones, merecen mención especial la colección reunida por Francisco Luque Cabrera de grabados y litografías de temas sevillanos, que incluye obras desde los siglos XVII hasta el XX, así como la donación de dos retratos realizados por el pintor Daniel Vázquez Díaz, efectuada por María Luisa González-Barba Quintero. Destacan también el conjunto de obras de diversa índole de la Donación Oyarzábal Delgado, con obras de José Gutiérrez de la Vega, Alfonso Grosso o Delgado Brackembury . Por último, el retrato titulado Conchita del pintor José Rico Cejudo, y que ha sido donado por Concepción Trigo Pérez.  


En definitiva, incorporaciones que han contribuido notablemente a incrementar el número de obras de pintores locales realizadas en los comienzos del siglo XX, completando una importante etapa de la escuela sevillana.