Las Colecciones

Incremento del PH

2018

Donaciones 2018

10 grabados y litografías de tema sevillano

Donación de Francisco Luque Cabrera


Esta donación incluye obras que abarcan desde los siglos XVII al XIX. De todas ellas, la de mayor interés es posiblemente el grabado de La Giralda engalanada del pintor y grabador Matías de Arteaga. Su incorporación ha supuesto que sea la única obra impresa de la escuela barroca sevillana presente en la colección del museo hasta la fecha.

Entre las obras del siglo XIX se encuentran litografías de talleres sevillanos como Santigosa, el más conocido en la ciudad durante varias décadas, y un interesante grabado: Puerta de Campanillas de la Catedral de Sevilla, firmado por el artista sueco Axel Herman Haig en 1884, ejemplo del renacimiento del grabado al final del siglo frente a la masiva proliferación de obras impresas mediante la técnica de la litografía.

Se trata, en general, de un grupo heterogéneo de obras y de calidad desigual que enriquece la donación realizada por el Sr. Luque Cabrera en 2016, ampliando la nómina de artistas y temas representados. Estos diez grabados y litografías han permitido mejorar la colección de estampas conservada en el museo, particularmente reducida hasta este momento.

 

Donación de dos obras de Daniel Vázquez Díaz

Donación María Luisa González-Barba Quintero

Daniel Vázquez Díaz (Nerva, Huelva, 1882 - Madrid, 1969)
Retrato de Ana Quintero Morales, hacia 1950
Óleo sobre lienzo. 130 x 85 cm

 

Daniel Vázquez Díaz es considerado el pintor onubense más universal y uno de los pilares de la revolución pictórica de principios del siglo XX en el arte español. Tuvo una temprana vinculación con Sevilla y más concretamente con su Museo de Bellas Artes. Como el propio autor manifestó en diferentes ocasiones, es en él donde descubre por primera vez los dos destacados artistas que influirán de manera decisiva en su pintura: Francisco de Zurbarán y El Greco. Sus cuadros, estructurados con una gran simplicidad de líneas y con un colorido muy sobrio de grises, están marcados por la influencia del Cubismo y, en concreto, por la obra de Cézanne, que le causa un gran impacto, y cuyo geometrismo perdurará, en mayor o menor grado, en su obra.

Este retrato representa a Ana Quintero Morales, miembro de la alta burguesía andaluza,  que fue la esposa del empresario y alcalde onubense, posteriormente vinculado a Sevilla, Joaquín González Barba, y madre de la donante María Luisa González-Barba Quintero. La obra es muy representativa del aprecio que alcanzó el pintor entre la alta sociedad española de su época, que hace que se le considere uno de los grandes retratistas de la pintura española. Este es un retrato característico de su estilo: sobrio de colorido aunque, como suele ocurrir en su obra, luminoso, lo que se aprecia en el tratamiento de los tejidos, especialmente en el vestido gris plata.  

 

Daniel Vázquez Díaz (Nerva, Huelva, 1882 - Madrid, 1969)
Retrato de Juan Belmonte, 1946 
Óleo sobre lienzo. 101 x 80 cm

Este retrato representa a Juan Belmonte García, torero nacido en Sevilla en 1892 y fallecido en Utrera en 1962. Gran figura del toreo en su época, y uno de los grandes nombres de la historia de la tauromaquia, tomó la alternativa en 1913, dejando los ruedos en 1935.

Obra muy característica del artista, ya que dedicó gran parte de su producción al género del retrato, es propia de su estilo avanzado, de técnica más convencional que en obras de décadas anteriores. Juan Belmonte fue un torero que gozó de enorme fama a nivel popular y de gran prestigio entre los intelectuales de su época. De ello son pruebas elocuentes los poemas a él dedicadas por Gerardo Diego y Bergamín o los textos elogiosos de, entre otros, Azorín o Valle Inclán. Por otro lado, su enorme prestigio tiene su reflejo también en el arte, ya que no solo fue retratado por Vázquez Díaz sino que posó para otros grandes artistas españoles de su época como Julio Romero de Torres o el escultor Mariano Bennlliure.  

Donación Oyarzábal Delgado

Alfonso Grosso Sánchez (Sevilla, 1893-1983)

Retrato de María Belén Delgado Llorach, 1944
Óleo sobre lienzo. 144 x 114 cm 
Donación de María, Ignacio y Miguel de Oyarzábal Delgado

 

Alfonso Grosso realiza su formación en la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, siendo discípulo de José García Ramos y Gonzalo Bilbao, por el que siente una particular admiración. A partir de 1910 comienza a pintar patios, jardines y bodegones, y se inicia en una temática que le dará sus mayores logros artísticos y reconocimiento: la pintura de interiores conventuales. Sin embargo, a lo largo de su trayectoria pictórica, otro de los géneros que le proporciona mayor fama y acogida por el público sevillano es el retrato.

En esta pintura aparece representada María Belén Delgado Llorach, hija de Manuel Delgado Brackembury y Carmen Llorach Dolsa, y esposa de Gonzalo Santa Cruz y Bahía, Barón de Andilla. María Belén nace en 1919, contando unos 25 años de edad cuando es retratada en esta obra por Alfonso Grosso. La elegancia de la postura, la delicadeza de los rasgos de la modelo, exquisitamente ataviada con un vestido de cóctel negro con transparencias, y cubierta por un chal de piel, así como la sutil iluminación cálida que la envuelve, se combinan para crear una obra que refleja perfectamente la distinción de la retratada y su elevada posición social.

 

José Gutiérrez de la Vega (Sevilla, 1791- Madrid, 1865)

Retrato de caballero, hacia 1829
Óleo sobre lienzo.  124 x 96 cm
Donación María, Ignacio y Miguel de Oyarzábal Delgado

 

José Gutiérrez de la Vega es considerado unos de los más importantes pintores románticos del influyente núcleo sevillano. Los rasgos murillescos de su primera etapa, que se dejan sentir en sus temas predilectos, la pintura religiosa o el tema costumbrista, dejan paso en su madurez profesional a su preferencia por el retrato. Será clave en este campo su viaje a Madrid, donde se convierte en uno de los retratistas más demandados por la nobleza, la burguesía y la intelectualidad madrileña. Gutiérrez de la Vega fue uno de los fundadores de la Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla.

Este Retrato de Caballero, debió ser realizado por Gutiérrez de la Vega hacia 1829, durante una estancia en Cádiz, donde el pintor, motivado por la amistad que le unía con el que fuera cónsul de Inglaterra en la ciudad gaditana, John MacPherson Brackembury, realizó varios retratos de la familia. Aunque las condecoraciones en el pecho y la permanencia del retrato en la familia parecen evidenciar que el personaje guarda relación de parentesco con los Brackembury, el retratado aparece representado con una indumentaria que rememora la propia del siglo XVII, y en su pecho aparen tres condecoraciones difícilmente identificables, probablemente británicas y pertenecientes a la familia de larga tradición diplomática vinculada con España.
   

Santiago Martínez Martín (Villaverde del Río, Sevilla, 1890 - Sevilla, 1979)

Retrato de Manuel Delgado Llorach, hacia 1929
Óleo sobre lienzo. 46 x 42 cm
Donación de María, Ignacio y Miguel Oyarzábal Delgado

 

Santiago Martínez inicia su formación artística en la Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla donde fue discípulo de Gonzalo Bilbao y José García Ramos. Sin embargo será Joaquín Sorolla, al que conoce en Sevilla en 1914, el pintor que influenciará su obra de un modo decisivo. La técnica de pincelada suelta propia del Impresionismo y la luminosidad de su pintura, son, sin duda, herencia del valenciano, siendo, dentro de su generación, el andaluz más vinculado a este estilo. Sus temas más logrados son la pintura de paisajes y el retrato.

El personaje representado en esta obra es Manuel Delgado Llorach, hijo de Manuel Delgado Brackembury y hermano de María Belén, pintada por Grosso en 1944 y esculpida por el padre de ambos hacia 1927-1928. La relación de ambos artistas, Santiago Martínez y Delgado Brackembury, enraiza con el encargo de la Fuente Hispalis de la Puerte Jerez, cuyo diseño se encarga al primero, y cuya ejecución realiza el segundo. Y es quizá en estos años en los que se deba fechar este retrato del pequeño Manuel. 

El retrato infantil presenta las características propias del estilo del pintor, enormemente influenciado por la modernidad técnica de su maestro Sorolla. El carácter familiar y desenfadado que trasmite la obra, materializada en las pinceladas gruesas, no resta sin embargo ni un ápice de credibilidad a la captación psicológica del modelo.

 

Manuel Delgado Brackembury (Las Cabezas de San Juan, Sevilla, 1882 - Sevilla, 1941)

Retrato de María Belén Delgado Llorach, hacia 1927-1928
Barro cocido y patinado en color bronce. 46 x 32 x 24 cm

Busto de niña, 1905
Bronce. 59 x 43 x 28 cm

Donación de María, Ignacio y Miguel Oyarzábal Delgado

 

Las magníficas aptitudes para el modelado que se vislumbra desde niño en Manuel Delgado Brackembury, hace que se forme tanto en Madrid como en Barcelona de la mano de los principales escultores del panorama nacional: Mariano Benlliure, Agustín Querol y Josep Llimona. La impronta academicista y el mundo clásico, anclados en el pasado, serán constantes en toda su producción. Una de sus más importantes etapas es la de su trabajo para la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929, en la que se hace cargo de importantes grupos  escultóricos para el Parque de María Luisa.

El primero de los dos retratos es el de la hija del escultor, María Belén, a una edad de unos siete u ocho años. Aunque, a pesar de ser un retrato familiar e infantil, el aire melancólico de la modelo le confiere una cierta frialdad, el artista afronta la factura de la misma no al gusto clásico sino de una manera más desenfadada, casi abocetada, que deriva de ese cariz familiar, plasmando el detalle anecdótico del peinado con flequillo recogido por un lazo lateral.

En el segundo retrato, el Busto de niña, destacan su sobriedad y sencillez de ejecución. La niña aparece con un ademán ausente y con una posición de marcada frontalidad, que le confiere una falta de sentimiento inusual en los retratos infantiles, más dados a ser campo de experimentación para los artistas para representar la gestualidad propia de los niños. En este caso se desconoce la identidad de la retratada, aunque la pertenencia ininterrumpida de la obra a la familia hace pensar en la posibilidad de tener relación con la familia Brackembury.

 

José Rico Cejudo (Sevilla, 1864 - 1939)

Donación de Concepción Trigo Pérez

Retrato de Conchita, hacia 1910
Óleo sobre lienzo. 124,5 x 95,5 cm

 

Decía el crítico Ramón Martínez de Pinillos que la poesía era el alma de los cuadros de José Rico Cejudo. Ese aire poético se respira en sus retratos femeninos, como este de Conchita, que aparece elegantemente ataviada con mantilla blanca para ir a la feria. El artista sitúa la figura de la mujer en un interior, sentada en un sofá de color rojo. La retratada despliega sus brazos abarcando la escena de formato apaisado, colocando uno en jarra, apoyada la mano en su cintura, mientras descansa la otra, con un abanico cerrado, en el extremo del sillón.

Los detalles de la indumentaria y las joyas están descritos con minuciosidad. Rico Cejudo demuestra su destreza pictórica en la traslucidez de la gasa de la mantilla blanca, que deja entrever las mangas de un vestido negro, y en la blonda de encaje, remetida por el escote a la moda de la época. Las notas de color las ponen los claveles rojos que adornan el pecho y el cabello de la modelo, visibles estos también bajo las  transparencias de la mantilla, así como la cascada de flores y hojas bordadas del mantón de Manila de color marfil que reposa sobre sus piernas.

Conchita, trabajadora al servicio de la Casa de Dueñas, era modelo habitual de Rico Cejudo y, a la vista de la dedicatoria original del cuadro, devuelta a la luz en la reciente restauración de la obra, su amiga personal. Esta pintura puede ponerse en relación con otra realizada por el artista en la década de 1910, Feria en el Aljarafe, conservada en el Museo Bellver, donde una de las protagonistas del cuadro mantiene una pose y una indumentaria muy similares a las de este retrato. Todo en este lienzo es un compendio del modo pictórico de Rico Cejudo, que tiene como indiscutible musa a la mujer castiza sevillana.