Las Colecciones

Incremento del PH

2013

Donaciones 2013

Antonio Cabral Bejarano (Sevilla, 1798-1861)

 Donación Alfonso Lasso de la Vega

Autorretrato, 1851
Óleo sobre lienzo. 55 x 42 cm
 

Antonio Cabral Bejarano  desarrolló su carrera profesional en la capital hispalense donde fue considerado el pintor más importante del momento, recibiendo casi todos los encargos, tanto religiosos como civiles.

En esta obra se nos muestra con el cuerpo levemente girado hacia la derecha, con la mirada fija al frente expresando cierta severidad en el rostro. El pintor, en edad ya madura, viste chaqueta marrón y camisa blanca y una enorme pajarita negra atada al cuello.

Para el museo, la obra presenta el interés de formar parte de su historia, ya que el pintor fue promotor de su fundación, siendo el primer director de la pinacoteca en 1840 y autor del primer inventario de sus colecciones.

Adquisiciones 2013

Bartolomé Esteban Murillo (Sevilla, 1617 - 1682)

Inmaculada, hacia 1670-1675
Óleo sobre cobre. 70 x 54 cm
Adquisición del Estado

La Virgen aparece sobre una masa de nubes, rodeada de querubines y ángeles, coronada por doce estrellas. Sigue la tradicional iconografía de las Inmaculadas de Murillo: joven, casi una niña, de largos cabellos, vestida con vaporosa túnica blanca y manto azul que rodea su brazo y se recoge en el hombro. Los ángeles sostienen sus atributos: el espejo, la palma, las rosas, las azucenas y la rama de olivo.

Considerada una obra de escuela por algunos historiadores, el modo tan característico de interpretar este tema unido a la alta calidad de la pintura hacen innegable su atribución a Murillo.

Juan de Valdés Leal (Sevilla, 1622-1690)

Jesús disputando con los doctores en el templo, 1661
Óleo sobre lienzo. 107 x 80 cm
Adquisición del Estado

 

La escena recoge un pasaje del Evangelio de San Lucas (Lucas 2: 41-50) según el cual, en uno de los viajes que la Sagrada Familia realizaba anualmente a Jerusalén para la celebración de la Pascua Judía, Jesús desapareció siendo hallado en el templo tres días después. La obra representa precisamente ese momento en que José y María, a la izquierda de la composición, lo encuentran disputando con los doctores sobre la ley mosaica.

Forma pareja con Las bodas de Caná, compartiendo con ella parecido en el tratamiento de la composición y en la descripción ambiental. El escenario también es una arquitectura clásica, en este caso decorada con yeserías; en una hornacina se aprecia una escultura de Moisés que simboliza la Ley Antigua, que Cristo había de sustituir por la Ley Nueva. Se asemejan también en el colorido, de tonos cálidos, en el que destaca el rojo de la túnica de Jesús y de los cortinajes; en los contraluces que crean la alternancia de planos de luz y sombra y también en la pincelada, rápida y enérgica, que otorga un carácter casi abocetado a la obra.

Juan de Valdés Leal (Sevilla, 1622-1690)

Las bodas de Caná, 1661
Óleo sobre lienzo. 107 x 80 cm
Adquisición del Estado

 

En esta obra se recoge un pasaje del Evangelio de San Juan (Juan 2: 1-11). Narra el milagro acaecido en una boda a la que fueron invitados la Virgen, Jesús y sus discípulos, y en la que Cristo, ante la falta de vino, pidió que se llenaran varias tinajas de agua que cuando se vertieron quedaron convertidas en vino.

Valdés ambienta la escena en un interior arquitectónico de resonancias clásicas y articula la composición en planos que se desarrollan en profundidad y en altura. Sitúa las figuras principales en el plano intermedio, pero concede mucha importancia a los sirvientes que, en primer término y con forzados escorzos, están siguiendo las indicaciones de Jesús. Resulta muy interesante el juego de luces que penetra de forma graduada, desde la penumbra del primer plano hasta la claridad conseguida hacia la parte superior derecha. Las dos figuras masculinas con turbante que conversan entre sí recuerdan a las que aparecen en la obra Jesús disputando con los doctores, con la que forma pareja y guarda importantes similitudes.