Las Colecciones

Incremento del PH

2008

Adquisiciones 2008

Boleras del beso

Manuel Rodríguez de Guzmán (Sevilla, 1818-Madrid, 1867)
Boleras del beso. Hacia 1850
Óleo sobre lienzo. 84 x 104 cm.
Adquisición de la Junta de Andalucía para su depósito en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.

 

Dentro de la producción de Manuel Rodríguez Guzmán, son comunes este tipo de representaciones que gozaban de gran demanda entre el público burgués. En ellas suele aparecer una o varias bailaoras, como centro de atención de la composición, en medio de un grupo de personas que las jalean o tocan instrumentos. En la obra están bailando un tipo de baile denominado boleras del beso porque al cruzarse las bailarinas se dan un beso, tal y como describen algunos viajeros en la década de 1850.

Atendiendo a la técnica y ejecución, Luis Méndez data la obra en torno a 1850, coincidiendo con otras similares del mismo autor. Con la adquisición por parte de la Junta de Andalucía de esta obra, se incide en el objetivo de completar la colección del XIX del museo.

Ermita junto a los pinares de Oromana

José Arpa Perea (Carmona, Sevilla, 1858 - 1952)
Ermita junto a los pinares de Oromana, hacia 1939-1940
Óleo sobre tabla. 31 x 20 cm.
Adquisición de la Junta de Andalucía para su depósito en el Museo de Bellas Artes, 1996

 

La obra representa el Cerro del Calvario, coronado por la ermita de San Roque, que se encuentra en el entorno de los PInares de Oromana al sur de la localidad sevillana de Alcalá de Guadaira. 

El cerro se retrata en primer término desde un punto de vista muy bajo logrando una composición de gran efecto visual ya que el montículo se convierte en el protagonista indiscutible. Completan la pintura la línea de arbolado y los pequeños templetes diseminados por la ladera que formaban parte de un antiguo recorrido penitencial. 

Es extraordinario el tratamiento de la luz, el contraste entre las zonas luminosas y sombrías que se alternan en diagonal, subrayando así la inclinación de la ladera. Entre la alargada sombra que se proyecta en primer término y la del frondoso pinar, aparecen el cerro y la ermita envueltos en una tonalidad cálida, rica en matices por la proyección de la luz del atrardecer. La orografía del montículo se resalta con una paleta de gran riqueza cromática a base de amarillos, naranjas y verdes, matizados con blanco y tonos viólaceos, estos útlimos utilizados sobre todo para las sombras. El pincel se carga de materia en las zonas iluminadas mientras que se aplica de forma más plana y con gran delicadeza en el cielo. Algunos trazos, concisos pero esenciales, definen algunos elementos como es el caso de la fina línea roja que configura los troncos de los árboles que destacan del espesor del bosque o del pequeño grupo de excursionistas que apenas se deja adivinar en la linde del pinar. 

Paisaje

José Pinelo (Cádiz, 1861-Sevilla,1922)
Paisaje,1883
Óleo sobre tabla, 31 x 20 cm. 
Adquirido por la Junta de Andalucía para su depósito en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, 2008

 

Con el fin de ir cumpliendo el objetivo de completar la colección permanente del  siglo XIX, la Junta de Andalucía adquirió en subasta esta obra. Se configura como un tipo de pintura realista, característica de la producción del pintor y de la temática desarrollada dentro de la llamada "Escuela de Alcalá", bajo cuyo nombre se aglutinaba un gran número de artistas del momento que, con Emilio Sánchez Perrier a la cabeza, acudía a los alrededores de Alcalá de Guadaíra para pintar del natural. 

Pinelo realiza esta obra poco después de regresar a España tras su estancia en Roma, donde había estudiado con José Villegas. Comienza su dedicación a la pintura de paisaje tras una periodo de convalecencia de una enfermedad, que le hace retirarse a una finca del campo y entrar en contacto con la naturaleza, a partir de lo cual ya no abandonará jamás este género con el que tantos éxitos cosechó.

Plaza de San Pedro (Roma)

Gustavo Bacarisas (Gibraltar, 1872 - Sevilla, 1971)
Plaza de San Pedro de Roma, hacia 1895
Óleo sobre lienzo, 47 x 68.5 cm.
Adquisición de la Junta de Andalucía para su depósito en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, 2008

 

La producción de Gustavo Bacarisas estaba ya representada en el museo con su Autorretrato y Sevilla en fiestas antes de la adquisición de esta obra que está ambientada en Roma, ciudad que junto con París, está ligada a la etapa de formación del pintor, tal y como era habitual en la época. 

En esta obra podemos ver una faceta distinta del autor aunque con rasgos característicos de su estilo en el que un refinado cromatismo se combina con la elegancia de formas para dotar a sus obras de un lirismo acentuado por el delicado colorido de tonos pastel que deshacen las formas. La columnata que rodea la Plaza de San Pedro de Roma se convierte en el elemento protagonista en contraste con la fugacidad de los coches de caballos y los transeuntes y, sobre todo, con la fuente y el  agua que se desprende de ella, elementos todos que, junto con la distribución de luces y sombras nos dan sensación de fugacidad, de un momento concreto que va a pasar y va a cambiar el asunto en un instante. 

 

 

2008

Lucas Valdés (Sevilla 1661 - Cádiz 1725)

Virgen del Rosario con santo Domingo y santa Catalina de Siena, hacia 1725
Óleo sobre lienzo, 136 x 204 cm.
Depósito de la Junta de Andalucía, 2008

 

La obra representa a la Virgen con el Niño en brazos que, acompañados de santas y ángeles, se aparecen a santo Domingo de Guzmán, fundador de la orden dominica, y a santa Catalina de Siena, su monja principal, para entregarles un rosario que ambos, arrodillados, reciben con recogimiento. La orden dominica promovió el rezo del santo rosario y la devoción a la imagen de la Virgen con el niño bajo la advocación del Rosario.

En el plano celestial, acompañan a la Virgen santa María Magdalena, que lleva el bote de ungüentos y santa Catalina de Alejandría, acompañada de la rueda de su martirio. Dos ángeles mancebos cierran la composición en los dos laterales.

En el ángulo inferior izquierdo, se encuentra un perro que sujeta con sus patas un globo terráqueo y muerde con su boca una antorcha encendida. Esta figura es una representación alegórica de la orden de predicadores, los dominicos, y se suele encontrar asociado a muchas imágenes visuales relacionados con ella, tanto en pintura y escultura como en decoraciones arquitectónicas. A la derecha del santo, un grupo de angelitos sostienen la vara de azucenas y el libro con sus escritos.