Las Colecciones

Incremento del PH

2013

Adquisiciones 2013

Las bodas de Caná

Juan de Valdés Leal (Sevilla, 1622-1690)
Las bodas de Caná, 1661
Óleo sobre lienzo. 107 x 80 cm.
Adquisición del Estado, 2013

 

 

En esta obra se recoge un pasaje del Evangelio de San Juan (Juan 2: 1-11). Narra el milagro acaecido en una boda a la que fueron invitados la Virgen, Jesús y sus discípulos, y en la que Cristo, ante la falta de vino, pidió que se llenaran varias tinajas de agua que cuando se vertieron quedaron convertidas en vino.

Valdés ambienta la escena en un interior arquitectónico de resonancias clásicas y articula la composición en planos que se desarrollan en profundidad y en altura. Sitúa las figuras principales en el plano intermedio, pero concede mucha importancia a los sirvientes que, en primer término y con forzados escorzos, están siguiendo las indicaciones de Jesús. Resulta muy interesante el juego de luces que penetra de forma graduada, desde la penumbra del primer plano hasta la claridad conseguida hacia la parte superior derecha. Las dos figuras masculinas con turbante que conversan entre sí recuerdan a las que aparecen en la obra Jesús disputando con los doctores, con la que forma pareja y guarda importantes similitudes.

Imagen en alta resolución (Google Arts & Culture)

2015

Donaciones 2015

La hija de Vargas

Antonio Illanes (Umbrete 1901 - Sevilla 1976)
La hija de Vargas, 1951
Madera de cedro. 42,5 x 28 x 25 cm.
Donación Francisco Luque Cabrera, 2015

 

La citada obra es una interesante muestra de la producción de Illanes, considerado uno de los más destacados autores de la escuela escultórica sevillana del siglo XX. En ella representa a una mujer joven de raza gitana, tratada con veracidad y un estudiado hieratismo que dotan de dignidad al personaje. En ella se unen dos de las facetas más características del escultor: el retrato y el interés hacia lo popular, especialmente el mundo gitano. La obra se puede considerar una visión más modernizada de los personajes castizos tan del gusto de la estética sevillana.

Técnicamente trata el material de manera directa, sin ocultar el propio trabajo del escultor ni la textura de la madera empleada. Así, amplios golpes de gubia quedan muy visibles en la zona del busto y otros menores en el rostro. Illanes, habitual policromador de sus propias obras de carácter religioso, opta frecuentemente en las profanas por dejar la madera vista, incorporando, como ocurre en este caso, textura y color del material a la estética final del retrato.

El escultor inicia su formación en la Escuela de Artes y Oficios de Sevilla, ampliándola posteriormente con alguna estancia en el extranjero y en Madrid, donde entra en contacto con destacados escultores como, entre otros, Mateo Inurria, Juan Cristóbal o Julio Antonio. Aunque su obra en ningún momento se aleja de la figuración ni abandona un cierto tradicionalismo, como es tendente la escultura sevillana contemporánea, su dominio técnico y su capacidad para dotarla de personalidad propia la hace en general superior a la de muchos de sus contemporáneos sevillanos y andaluces.

Fue un artista polifacético que abarcó un amplio repertorio de temas, desde los más diversos asuntos profanos, como el desnudo o el retrato, hasta la escultura religiosa y la imaginería procesional. Reflejo de su constante inquietud es también la amplia gama de materiales que empleó a lo largo de su carrera, aunque serán los más maleables, en concreto la madera, los más frecuentes en su producción. En el dilatado catálogo de obras de Antonio de Illanes, el retrato ocupa uno de sus apartados más atractivos frente a su numerosa producción de carácter religioso que resulta, muchas veces por los gustos del cliente y salvo excepciones, más repetitiva y aferrada a la tradición.

2016

Donaciones 2016

80 grabados y litografías de tema sevillano

Donación de Francisco Luque Cabrera

 

Las 80 obras abarcan diferentes aspectos de la ciudad de Sevilla. Por una parte, vistas generales e imágenes de sus monumentos más significativos y en un segundo apartado, los más variados acontecimientos ciudadanos, como las fiestas populares más ligadas al costumbrismo pictórico u otros eventos de carácter histórico-social o político que en su momento tuvieron su reflejo en la obra impresa. 

Incluye obras desde los siglos XVII hasta el XX, siendo el grueso de la donación las del siglo XIX. Testimonial es la presencia de obras anteriores a 1800, como los tres grabados del libro Les delices de l'Espagne et Portugal de Juan Álvarez de Colmenar, impresos en 1707. Entre las obras del siglo XIX ofrecidas, se encuentran grabados y litografías de destacados autores tanto nacionales como extranjeros. Figuran artistas británicos como John Frederick Lewis, George Vivian y grabados sobre dibujos del pintor David Roberts para el libro The tourist in Spain de 1836, o los publicados por el mismo en su obra Picturesque Sketches in Spain: taken the years 1832-1833, que alcanzaron gran difusión y contribuyeron a popularizar la imagen de la ciudad de Sevilla en Europa y América. Igualmente, la presencia de obras de autores franceses incluye nombres significativos como Gustave Doré, ilustrador del libro Spain de Daviller (1876), alguno de los grabados para el conocido libro de Alexandre Laborde Voyage pittoresque et historique de l'Espagne, y obras de Nicolás Chapuy. Similar relevancia tuvo en el ámbito nacional la ambiciosa obra de Genaro Pérez Villaamil España Artística y Monumental, editada en París entre 1842 y 1844, de la que se incluyen tres grabados.

En relación a las estampas del siglo XIX citadas, señalar que la importancia de Sevilla dentro del mundo romántico decimonónico, hace que en el panorama español su presencia sea especialmente abundante, constituyendo por tanto un apartado de destacada significación en el arte de la época, en el que los medios tradicionales de reproducción seriados tienen su máximo desarrollo hasta que la aparición de la fotografía los relega a un segundo plano. Artistas españoles y extranjeros tienen en Sevilla uno de sus puntos de referencia, y rara es la obra de viajes por España que no incluya a la ciudad entre sus estampas. Serán, fundamentalmente, autores británicos y franceses, como los citados, los que contribuyan a la difusión internacional de la imagen de Sevilla, influyendo tanto en los grabadores españoles como en los pintores sevillanos, que seguirán su ejemplo y recibirán de ellos una no despreciable influencia.

El resto de la colección ofrecida en donación se divide entre obras procedentes de revistas o periódicos y un grupo de obras diversas. La prensa ilustrada adquiere en la segunda mitad del siglo XIX y a inicios del siguiente su mayor esplendor y difusión. Las mejoras técnicas que abaratan costes y facilitan la inclusión de ilustraciones en las publicaciones son responsables de este desarrollo, en el que una vez más son Londres y París las ciudades que lideran la edición de este tipo de obras, con revistas como Illustrated London News y Le Monde Ilustré, aunque en general tuvieron también gran desarrollo en otros países. En esta oferta de donación se incluyen litografías de estas revistas y ejemplos de las más destacadas ediciones periódicas impresas en España, como La Ilustración Ibérica y, especialmente, La Ilustración Española y Americana, publicaciones que contaron con frecuencia con la participación de artistas sevillanos como es el caso de Arpa o García Ramos, entre otros muchos.

Finalmente, el resto de obras, mayoritariamente de autores desconocidos, corresponden a dos géneros tan destacados como son el de las vistas y monumentos sevillanos más reproducidos a nivel internacional y el del costumbrismo, reflejo de la enorme difusión que en el siglo XIX alcanzan las escenas populares, y que fueron tan relevantes en la pintura sevillana. Significativamente escasa es la presencia de obra gráfica de pintores sevillanos en los fondos del Museo, importante faceta del arte local ya que tan sólo se conservan tres grabados firmados por José Arpa. La incorporación de la colección objeto de esta donación permite incluir en los fondos obra gráfica de Francisco Hohenleiter, del que se incluyen tres litografías. Este destacado pintor sevillano del siglo XX tiene en sus ilustraciones una parte fundamental de su producción, no encontrándose hasta ahora representado, ni como pintor ni como grabador.

 

 

Adquisiciones 2016

Retrato de Miguel Jerónimo y su hijo y Retrato de la mujer de Miguel Jerónimo y su hija

Francisco Pacheco (Sanlúcar de Barrameda 1564 - Sevilla 1644)

Retrato de Miguel Jerónimo y su hijo, 1612
Óleo sobre tabla, 25,8 x 41,5 cm.
Adquisición del Estado, 2016 

Retrato de la mujer de Miguel Jerónimo y su hija, 1612
Óleo sobre tabla, 25,7 x 41,5 cm.
Adquisición del Estado, 2016

 

Estas dos tablas pertenecen al retablo de San Alberto de Sicilia del colegio carmelita del Santo Ángel de la Guarda de Sevilla que fue pagado por el sombrerero Miguel Jerónimo,  que aparece por ello retratado en el banco del retablo junto a su familia tal y como era habitual.

Pacheco los retrata según un modelo fijado desde finales del XVI: un fondo neutro sobre el que se recortan con nítidos perfiles las figuras de matrimonios o los miembros de una familia por parejas del mismo sexo. Se los representa con ligeras variantes, bien hasta la cintura o hasta el pecho, por lo general con las manos unidas para la oración. Este es el modelo elegido para la familia de Miguel Jerónimo, cuyos miembros dirigen sus miradas y oraciones al san Alberto penitente que presidía el retablo. Las figuras masculinas visten la austera moda española y la gola que dejaría de usarse desde 1623; y las femeninas, tocas y velos con primorosos detalles de encaje.

Tras la desamortización, las pinturas del retablo desmembrado pasó a la colección del deán Manuel López Cepero. Posteriormente  a la colección del conde de Ybarra, que las vendió en 1956. A comienzos de la década de los 60 fueron adquiridas por el coleccionista José Fernández López, quien las depositó en el Museo de Pontevedra en 1963. Levantado el depósito en 1971, los retratos de los donantes fueron adquiridos por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte en 2016 y pasaron a formar parte de la colección estable del Museo de Bellas Artes de Sevilla.

2018

Donaciones 2018

10 grabados y litografías de tema sevillano

Donación de Francisco Luque Cabrera


Esta donación incluye obras que abarcan desde los siglos XVII al XIX. De todas ellas, la de mayor interés es posiblemente el grabado de La Giralda engalanada del pintor y grabador Matías de Arteaga. Su incorporación ha supuesto que sea la única obra impresa de la escuela barroca sevillana presente en la colección del museo hasta la fecha.

Entre las obras del siglo XIX se encuentran litografías de talleres sevillanos como Santigosa, el más conocido en la ciudad durante varias décadas, y un interesante grabado: Puerta de Campanillas de la Catedral de Sevilla, firmado por el artista sueco Axel Herman Haig en 1884, ejemplo del renacimiento del grabado al final del siglo frente a la masiva proliferación de obras impresas mediante la técnica de la litografía.

Se trata, en general, de un grupo heterogéneo de obras y de calidad desigual que enriquece la donación realizada por el Sr. Luque Cabrera en 2016, ampliando la nómina de artistas y temas representados. Estos diez grabados y litografías han permitido mejorar la colección de estampas conservada en el museo, particularmente reducida hasta este momento.

 

Donación de dos obras de Daniel Vázquez Díaz

Daniel Vázquez Díaz (Nerva, Huelva, 1882 - Madrid, 1969)
Retrato de Ana Quintero Morales, hacia 1950
Óleo sobre lienzo. 130 x 85 cm.
Donación María Luisa González-Barba Quintero, 2018

 

Daniel Vázquez Díaz es considerado el pintor onubense más universal y uno de los pilares de la revolución pictórica de principios del siglo XX en el arte español. Tuvo una temprana vinculación con Sevilla y más concretamente con su Museo de Bellas Artes. Como el propio autor manifestó en diferentes ocasiones, es en él donde descubre por primera vez los dos destacados artistas que influirán de manera decisiva en su pintura: Francisco de Zurbarán y El Greco. Sus cuadros, estructurados con una gran simplicidad de líneas y con un colorido muy sobrio de grises, están marcados por la influencia del Cubismo y, en concreto, por la obra de Cézanne, que le causa un gran impacto, y cuyo geometrismo perdurará, en mayor o menor grado, en su obra.

Este retrato representa a Ana Quintero Morales, miembro de la alta burguesía andaluza,  que fue la esposa del empresario y alcalde onubense, posteriormente vinculado a Sevilla, Joaquín González Barba, y madre de la donante María Luisa González-Barba Quintero. La obra es muy representativa del aprecio que alcanzó el pintor entre la alta sociedad española de su época, que hace que se le considere uno de los grandes retratistas de la pintura española. Este es un retrato característico de su estilo: sobrio de colorido aunque, como suele ocurrir en su obra, luminoso, lo que se aprecia en el tratamiento de los tejidos, especialmente en el vestido gris plata.  

 

Daniel Vázquez Díaz (Nerva, Huelva, 1882 - Madrid, 1969)
Retrato de Juan Belmonte, 1946 
Óleo sobre lienzo. 101 x 80 cm.
Donación María Luisa González-Barba Quintero, 2018

 

 

Este retrato representa a Juan Belmonte García, torero nacido en Sevilla en 1892 y fallecido en Utrera en 1962. Gran figura del toreo en su época, y uno de los grandes nombres de la historia de la tauromaquia, tomó la alternativa en 1913, dejando los ruedos en 1935.

Obra muy característica del artista, ya que dedicó gran parte de su producción al género del retrato, es propia de su estilo avanzado, de técnica más convencional que en obras de décadas anteriores. Juan Belmonte fue un torero que gozó de enorme fama a nivel popular y de gran prestigio entre los intelectuales de su época. De ello son pruebas elocuentes los poemas a él dedicadas por Gerardo Diego y Bergamín o los textos elogiosos de, entre otros, Azorín o Valle Inclán. Por otro lado, su enorme prestigio tiene su reflejo también en el arte, ya que no solo fue retratado por Vázquez Díaz sino que posó para otros grandes artistas españoles de su época como Julio Romero de Torres o el escultor Mariano Benlliure.  

Donación de tres pinturas de José Gutiérrez de la Vega, Alfonso Grosso y Santiago Martínez y y dos esculturas de Manuel Delgado Brackembury

Donación de María, Ignacio y Miguel de Oyarzábal Delgado, 2018 

 

Alfonso Grosso Sánchez (Sevilla, 1893-1983)
Retrato de María Belén Delgado Llorach, 1944
Óleo sobre lienzo. 144 x 114 cm.

Alfonso Grosso realiza su formación en la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla, siendo discípulo de José García Ramos y Gonzalo Bilbao, por el que siente una particular admiración. A partir de 1910 comienza a pintar patios, jardines y bodegones, y se inicia en una temática que le dará sus mayores logros artísticos y reconocimiento: la pintura de interiores conventuales. Sin embargo, a lo largo de su trayectoria pictórica, otro de los géneros que le proporciona mayor fama y acogida por el público sevillano es el retrato.

En esta pintura aparece representada María Belén Delgado Llorach, hija de Manuel Delgado Brackembury y Carmen Llorach Dolsa, y esposa de Gonzalo Santa Cruz y Bahía, Barón de Andilla. María Belén nace en 1919, contando unos 25 años de edad cuando es retratada en esta obra por Alfonso Grosso. La elegancia de la postura, la delicadeza de los rasgos de la modelo, exquisitamente ataviada con un vestido de cóctel negro con transparencias, y cubierta por un chal de piel, así como la sutil iluminación cálida que la envuelve, se combinan para crear una obra que refleja perfectamente la distinción de la retratada y su elevada posición social.

 

José Gutiérrez de la Vega (Sevilla, 1791- Madrid, 1865)
Retrato de caballero, hacia 1829
Óleo sobre lienzo, 124 x 96 cm.

José Gutiérrez de la Vega es considerado unos de los más importantes pintores románticos del influyente núcleo sevillano. Los rasgos murillescos de su primera etapa, que se dejan sentir en sus temas predilectos, la pintura religiosa o el tema costumbrista, dejan paso en su madurez profesional a su preferencia por el retrato. Será clave en este campo su viaje a Madrid, donde se convierte en uno de los retratistas más demandados por la nobleza, la burguesía y la intelectualidad madrileña. Gutiérrez de la Vega fue uno de los fundadores de la Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla.

Este Retrato de Caballero, debió ser realizado por Gutiérrez de la Vega hacia 1829, durante una estancia en Cádiz, donde el pintor, motivado por la amistad que le unía con el que fuera cónsul de Inglaterra en la ciudad gaditana, John MacPherson Brackembury, realizó varios retratos de la familia. Aunque las condecoraciones en el pecho y la permanencia del retrato en la familia parecen evidenciar que el personaje guarda relación de parentesco con los Brackembury, el retratado aparece representado con una indumentaria que rememora la propia del siglo XVII, y en su pecho aparen tres condecoraciones difícilmente identificables, probablemente británicas y pertenecientes a la familia de larga tradición diplomática vinculada con España.
   

Santiago Martínez Martín (Villaverde del Río, Sevilla, 1890 - Sevilla, 1979)
Retrato de Manuel Delgado Llorach, hacia 1929
Óleo sobre lienzo. 46 x 42 cm. 

Santiago Martínez inicia su formación artística en la Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla donde fue discípulo de Gonzalo Bilbao y José García Ramos. Sin embargo será Joaquín Sorolla, al que conoce en Sevilla en 1914, el pintor que influenciará su obra de un modo decisivo. La técnica de pincelada suelta propia del Impresionismo y la luminosidad de su pintura, son, sin duda, herencia del valenciano, siendo, dentro de su generación, el andaluz más vinculado a este estilo. Sus temas más logrados son la pintura de paisajes y el retrato.

El personaje representado en esta obra es Manuel Delgado Llorach, hijo de Manuel Delgado Brackembury y hermano de María Belén, pintada por Grosso en 1944 y esculpida por el padre de ambos hacia 1927-1928. La relación de ambos artistas, Santiago Martínez y Delgado Brackembury, enraiza con el encargo de la Fuente Hispalis de la Puerte Jerez, cuyo diseño se encarga al primero, y cuya ejecución realiza el segundo. Y es quizá en estos años en los que se deba fechar este retrato del pequeño Manuel. 

El retrato infantil presenta las características propias del estilo del pintor, enormemente influenciado por la modernidad técnica de su maestro Sorolla. El carácter familiar y desenfadado que trasmite la obra, materializada en las pinceladas gruesas, no resta sin embargo ni un ápice de credibilidad a la captación psicológica del modelo.

 

Manuel Delgado Brackembury (Las Cabezas de San Juan, Sevilla, 1882 - Sevilla, 1941)

Retrato de María Belén Delgado Llorach, hacia 1927-1928
Barro cocido y patinado en color bronce. 46 x 32 x 24 cm.

Busto de niña, 1905
Bronce. 59 x 43 x 28 cm.

Las magníficas aptitudes para el modelado que se vislumbra desde niño en Manuel Delgado Brackembury, hace que se forme tanto en Madrid como en Barcelona de la mano de los principales escultores del panorama nacional: Mariano Benlliure, Agustín Querol y Josep Llimona. La impronta academicista y el mundo clásico, anclados en el pasado, serán constantes en toda su producción. Una de sus más importantes etapas es la de su trabajo para la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929, en la que se hace cargo de importantes grupos  escultóricos para el Parque de María Luisa.

El primero de los dos retratos es el de la hija del escultor, María Belén, a una edad de unos siete u ocho años. Aunque, a pesar de ser un retrato familiar e infantil, el aire melancólico de la modelo le confiere una cierta frialdad, el artista afronta la factura de la misma no al gusto clásico sino de una manera más desenfadada, casi abocetada, que deriva de ese cariz familiar, plasmando el detalle anecdótico del peinado con flequillo recogido por un lazo lateral.

En el segundo retrato, el Busto de niña, destacan su sobriedad y sencillez de ejecución. La niña aparece con un ademán ausente y con una posición de marcada frontalidad, que le confiere una falta de sentimiento inusual en los retratos infantiles, más dados a ser campo de experimentación para los artistas para representar la gestualidad propia de los niños. En este caso se desconoce la identidad de la retratada, aunque la pertenencia ininterrumpida de la obra a la familia hace pensar en la posibilidad de tener relación con la familia Brackembury.

 

Retrato de Conchita

José Rico Cejudo (Sevilla, 1864 - 1939)
Retrato de Conchita, hacia 1910
Óleo sobre lienzo. 124,5 x 95,5 cm.
Donación de Concepción Trigo Pérez, 2018

 

Decía el crítico Ramón Martínez de Pinillos que la poesía era el alma de los cuadros de José Rico Cejudo. Ese aire poético se respira en sus retratos femeninos, como este de Conchita, que aparece elegantemente ataviada con mantilla blanca para ir a la feria. El artista sitúa la figura de la mujer en un interior, sentada en un sofá de color rojo. La retratada despliega sus brazos abarcando la escena de formato apaisado, colocando uno en jarra, apoyada la mano en su cintura, mientras descansa la otra, con un abanico cerrado, en el extremo del sillón.

Los detalles de la indumentaria y las joyas están descritos con minuciosidad. Rico Cejudo demuestra su destreza pictórica en la traslucidez de la gasa de la mantilla blanca, que deja entrever las mangas de un vestido negro, y en la blonda de encaje, remetida por el escote a la moda de la época. Las notas de color las ponen los claveles rojos que adornan el pecho y el cabello de la modelo, visibles estos también bajo las  transparencias de la mantilla, así como la cascada de flores y hojas bordadas del mantón de Manila de color marfil que reposa sobre sus piernas.

Conchita, trabajadora al servicio de la Casa de Dueñas, era modelo habitual de Rico Cejudo y, a la vista de la dedicatoria original del cuadro, devuelta a la luz en la reciente restauración de la obra, su amiga personal. Esta pintura puede ponerse en relación con otra realizada por el artista en la década de 1910, Feria en el Aljarafe, conservada en el Museo Bellver, donde una de las protagonistas del cuadro mantiene una pose y una indumentaria muy similares a las de este retrato. Todo en este lienzo es un compendio del modo pictórico de Rico Cejudo, que tiene como indiscutible musa a la mujer castiza sevillana.

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