Galería

Donaciones 2002

Rafael Botí (Córdoba 1900 - Madrid, 1995)

Campos. 1955

Óleo sobre lienzo.54 x 65 cm.
Donación de Rafael Botí Torres, 2002

 

Rafael Botí nace en Córdoba en 1900, ciudad en la que se forma con el pintor Julio Romero de Torres. En 1917 se traslada a París uniéndose al grupo de discípulos de Daniel Vázquez Díaz.

En su producción el paisaje, tanto urbano como rural, es el principal protagonista. Su estilo no puede adscribirse a ninguna tendencia aunque es esencialmente figurativo y sin apenas cambios estilísticos. En su obra aparecen notas vanguardistas latentes, como una técnica postimpresionista matizada y un tratamiento exquisito del color, de gran intensidad y viveza.

Donaciones 2018

Donación de dos obras de Daniel Vázquez Díaz

Donación María Luisa González-Barba Quintero

Daniel Vázquez Díaz (Nerva, Huelva 1882 - Madrid 1969)
Retrato de Ana Quintero Morales, hacia 1950
Óleo sobre lienzo.  130 x 85 cm
 
Daniel Vázquez Díaz es considerado el pintor onubense más universal y uno de los pilares de la revolución pictórica de principios del siglo XX en el arte español. Tuvo una temprana vinculación con Sevilla y más concretamente con su Museo de Bellas Artes. Como el propio autor manifestó en diferentes ocasiones, es en él donde descubre por primera vez los dos destacados artistas que influirán de manera decisiva en su pintura: Francisco de Zurbarán y El Greco. Sus cuadros, estructurados con una gran simplicidad de líneas y con un colorido muy sobrio de grises, están marcados por la influencia del Cubismo y en concreto por la obra de Cézanne, que le causa un gran impacto, y cuyo geometrismo perdurará, en mayor o menor grado, en su obra.

Este retrato representa a Ana Quintero Morales, miembro de la alta burguesía andaluza,  que fue la esposa del empresario y alcalde onubense, posteriormente vinculado a Sevilla, Joaquín González Barba, y madre de la donante María Luisa González-Barba Quintero. La obra es muy representativa del aprecio que alcanzó el pintor entre alta  sociedad española de su época, que hace que se le considere  uno de los grandes retratista de la pintura española. Este es un retrato característico de su estilo, sobrio de colorido aunque, como suele ocurrir en su obra, luminoso, lo que se aprecia en el tratamiento de los tejidos, especialmente en el vestido gris plata.  

 

Daniel Vázquez Díaz (Nerva, Huelva 1882 - Madrid 1969)
Retrato de Juan Belmonte, 1946 
Óleo sobre lienzo. 101 x 80 cm

Este retrato representa a Juan Belmonte García, torero nacido en Sevilla en 1892 y fallecido en Utrera en 1962. Gran figura del toreo en su época y uno de los grandes nombres de la historia de la tauromaquia, tomó la alternativa en 1913, dejando los ruedos en 1935.
Esta obra es muy característica del artista, que dedicó gran parte de su producción al género del retrato. Es esta una pintura propia de su estilo avanzado, de técnica más convencional que en obras de décadas anteriores. Juan Belmonte fue un torero que gozó de enorme fama a nivel popular y de gran prestigio entre los intelectuales de su época. De ello son pruebas elocuentes los poemas a él dedicadas por Gerardo Diego y Bergamín o los textos elogiosos de, entre otros, Azorín o Valle Inclán. Por otro lado su enorme prestigio tiene su reflejo también en el arte, ya que no solo fue retratado por Vázquez Díaz sino que posó para otros grandes artistas españoles de su época como Julio Romero de Torres o el escultor Mariano Bennlliure.  

José Rico Cejudo (Sevilla 1864 - 1939)

Retrato de Conchita, hacia 1910
Óleo sobre lienzo, 124,5 x 95,5 cm
Donación de Concepción Trigo Pérez

 

Decía el crítico Ramón Martínez de Pinillos que la poesía era el alma de los cuadros de José Rico Cejudo. Ese aire poético se respira en sus retratos femeninos, como este de Conchita, que aparece elegantemente ataviada con mantilla blanca para ir a la feria. El artista sitúa la figura de la mujer en un interior, sentada en un sofá de color rojo. La retratada despliega sus brazos abarcando la escena de formato apaisado, colocando uno en jarra, apoyada la mano en su cintura, mientras descansa la otra, con un abanico cerrado, en el extremo del sillón.

Los detalles de la indumentaria y las joyas están descritos con minuciosidad. Rico Cejudo demuestra su destreza pictórica en la traslucidez de la gasa de la mantilla blanca, que deja entrever las mangas de un vestido negro; y en la blonda de encaje, remetida por el escote a la moda de la época. Las notas de color las ponen los claveles rojos que adornan el pecho y el cabello de la modelo, visibles estos también bajo las  transparencias de la mantilla; así como la cascada de flores y hojas bordadas del mantón de Manila de color marfil que reposa sobre sus piernas.

Conchita, trabajadora al servicio de la Casa de Dueñas, era modelo habitual de Rico Cejudo, y, a la vista de la dedicatoria original del cuadro, devuelta a la luz en la reciente restauración de la obra, su amiga personal. Esta pintura puede ponerse en relación con otra realizada por el artista en la década de 1910, Feria en el Aljarafe, conservada en el Museo Bellver, donde una de las protagonistas del cuadro mantiene una pose y una indumentaria muy similares a las de este retrato. Todo en este lienzo, donado hoy al Museo de Bellas Artes de Sevilla por  Concepción Trigo, es un compendio del modo pictórico de Rico Cejudo, que tiene como indiscutible musa a la mujer castiza
sevillana.

Donación Oyarzábal Delgado

Alfonso Grosso Sánchez (Sevilla 1893-1983)

Retrato de María Belén Delgado Llorach, 1944
Óleo sobre lienzo. 144 x 114 cm 
Donación de María, Ignacio y Miguel de Oyarzábal Delgado

Alfonso Grosso realiza su formación en la Real Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría de Sevilla, siendo discípulo de García Ramos y Gonzalo Bilbao, por el que siente una particular admiración. A partir de 1910 comienza a pintar patios, jardines y bodegones, y se inicia en una temática que le dará sus mayores logros artísticos y reconocimiento: la pintura de interiores conventuales. Sin embargo a lo largo de su trayectoria pictórica otro de los géneros que le proporciona mayor fama y acogida por el público sevillano es el retrato.

En esta pintura aparece representada María Belén Delgado Llorach, hija de Manuel Delgado Brackembury y Carmen Llorach Dolsa, y esposa de Gonzalo Santa Cruz y Bahía, Barón de Andilla. María Belén nace en 1919, contando unos 25 años de edad cuando es retratada en esta obra por Alfonso Grosso. La elegancia de la postura, la delicadeza de los rasgos de la modelo, exquisitamente ataviada con un vestido de cóctel negro con transparencias, y cubierta por un chal de piel, así como la sutil iluminación cálida que la envuelve se combinan para crear una obra que refleja perfectamente la distinción de la retratada y su elevada posición social.

 

José Gutiérrez de la Vega (Sevilla 1791- Madrid 1865)

Retrato de caballero, hacia 1829
Óleo sobre lienzo.  124 x 96 cm
Donación María, Ignacio y Miguel de Oyarzábal Delgado

José Gutiérrez de la Vega es considerado unos de los más importantes pintores románticos del influyente núcleo sevillano. Los rasgos murillescos de su primera etapa, que se dejan sentir en sus temas predilectos, la pintura religiosa o el tema costumbrista, dejan paso a su madurez profesional, a su preferencia por el retrato. Será clave en este campo su viaje a Madrid, donde se convierte en uno de los retratistas más demandados por la nobleza, la burguesía y la intelectualidad madrileña.  Gutiérrez de la Vega fue uno de los fundadores de la Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría de Sevilla.

Este Retrato de Caballero, debió ser realizado por Gutiérrez de la Vega hacia 1829, durante una estancia en Cádiz, donde el pintor, motivado por la amistad que le unía con el que fuera cónsul de Inglaterra en la ciudad gaditana, John MacPherson Brackembury, realizó varios retratos de la familia. Aunque las condecoraciones en el pecho y la permanencia del retrato en la familia parecen evidenciar que el personaje guarda relación de parentesco con los Brackembury. El retratado aparece representado con una indumentaria que rememora la propia del siglo XVII, y en su pecho aparen tres condecoraciones difícilmente identificables, probablemente británicas y pertenecientes a la familia de larga tradición diplomática vinculada con España.
   

Santiago Martínez Martín (Villaverde del Río, Sevilla 1890 - Sevilla 1979)

Retrato de Manuel Delgado Llorach, hacia 1929
Óleo sobre lienzo. 46 x 42 cm
Donación de María, Ignacio y Miguel Oyarzábal Delgado 

Santiago Martínez inicia su formación artística en la Academia de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría de Sevilla, donde fue discípulo de Gonzalo Bilbao y José García Ramos. Sin embargo será Joaquín Sorolla, al que conoce en Sevilla en 1914, el pintor que influenciará su obra de un modo decisivo. La técnica de pincelada suelta propia del Impresionismo y la luminosidad de su pintura, son, sin duda, herencia del valenciano, siendo, dentro de su generación, el andaluz más vinculado a este estilo. Sus temas más logrados son la pintura de paisajes y el retrato.

El personaje representado en esta obra es Manuel Delgado Llorach, hijo de Manuel Delgado Brackembury y hermano de María Belén, pintada por Grosso en  1944 y esculpida por el padre de ambos hacia 1927-1928. La relación de ambos artistas, Santiago Martínez y Delgado Brackembury, enraíza con el encargo de la Fuente Hispalis de la Puerte Jerez, cuyo diseño se encarga al primero, y cuya ejecución realiza el segundo. Y es quizá en estos años en los que se deba fechar este retrato del pequeño Manuel. 

Este retrato infantil presenta las características propias del estilo del pintor, enormemente influenciado por la modernidad técnica de su maestro Sorolla. El carácter familiar y desenfadado que trasmite la obra materializada en las pinceladas gruesas y matérica que le confieren una condición casi de boceto, que sin embargo no resta un ápice de credibilidad a la captación psicológica del modelo.

 

Manuel Delgado Brackembury (Las Cabezas de San Juan, Sevilla 1882 - Sevilla 1941)

Retrato de María Belén Delgado Llorach, hacia 1927-1928
Barro cocido y patinado en color bronce
46 x 32 x 24 cm

Busto de niña, 1905
Bronce 
59 x 43 x 28 cm

Donación de María, Ignacio y Miguel Oyarzábal Delgado

Las magníficas aptitudes para el modelado que se vislumbra desde niño en Manuel Delgado Brackembury hace que se forme tanto en Madrid como en Barcelona de la mano de los principales escultores del panorama nacional: Mariano Benlliure, Agustín Querol y Josep Llimona. La impronta academicista y el mundo clásico, anclados en el pasado, serán constantes en toda su producción. Una de sus más importantes etapas es la de su trabajo para la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929, en la que se hace cargo de importantes grupos  escultóricos para el Parque de María Luisa.

El primero de los dos retratos es el de la hija del escultor, María Belén, a una edad de unos siete u ocho años. Aunque a pesar de ser un retrato familiar e infantil, el aire melancólico de la modelo le confiere una cierta frialdad,  el artista afronta la factura de la misma no al gusto clásico sino de una manera más desenfadada, casi abocetada, que deriva de ese cariz familiar, plasmando el detalle anecdótico del peinado con flequillo recogido por un lazo lateral.

En este busto de niña destacan su sobriedad y sencillez de ejecución. La niña aparece con un ademán ausente y con una posición de marcada frontalidad que le confiere una falta de sentimiento inusual en los retratos infantiles, más dados a ser campo de experimentación para los artistas para representar la gestualidad propia de los niños. En este caso se desconoce la identidad de la retratada, aunque la pertenencia ininterrumpida de la obra a la familia hace pensar en la posibilidad de tener relación con la familia Brackembury.

 

Donaciones 2015

La hija de Vargas, 1951

Antonio Illanes (Umbrete,1901 - Sevilla, 1976) 
Madera de cedro. 42'5 x 28 x 25 cm
Donación Francisco Duque Cabrera, 2015

 

La citada obra es una interesante muestra de la producción de Illanes, considerado uno de los más destacados autores de la escuela escultórica sevillana del siglo XX. En ella representa a una mujer joven de raza gitana, tratada con veracidad y un estudiado hieratismo que dotan de dignidad al personaje. En ella se unen dos de las facetas más características del escultor, el retrato y el interés hacia lo popular, especialmente el mundo gitano. La obra se puede considerar una visión más modernizada de los personajes castizos tan del gusto de la estética sevillana.
Técnicamente trata el material de manera directa sin ocultar el propio trabajo del escultor ni la textura de la madera empleada. Así, amplios golpes de gubia quedan muy visibles en la zona del busto y otros menores en el rostro. Illanes, habitual policromador de sus propias obras de carácter religioso, opta frecuentemente en las profanas por dejar la madera vista, incorporando, como ocurre en este caso, textura y color del material a la estética final del retrato.
Antonio Illanes inicia su formación en la Escuela de Artes y Oficios de Sevilla, ampliándola posteriormente con alguna estancia en el extranjero y en Madrid, donde entra en contacto con destacados escultores como, entre otros, Mateo Inurria, Juan Cristóbal o Julio Antonio. Aunque su obra en ningún momento se aleja de la figuración ni abandona un cierto tradicionalismo, tendencia esta propia de la escultura sevillana contemporánea, su dominio técnico y su capacidad para dotarla de personalidad propia la hace en general superior a la de muchos de sus contemporáneos sevillanos y andaluces.
Fue un artista polifacético que abarcó un amplio repertorio de temas, desde los más diversos asuntos profanos, como el desnudo o el retrato, hasta la escultura religiosa y la imaginería procesional. Reflejo de su constante inquietud es también la amplia gama de materiales que empleó a lo largo de su carrera, aunque serán los más maleables, en concreto la madera, los más frecuentes en su producción. En el dilatado catálogo de obras de Antonio de Illanes el retrato ocupa uno de sus apartados más atractivos frente a su numerosa producción de carácter religioso que resulta, muchas veces por los gustos del cliente y salvo excepciones, más repetitiva y aferrada a la tradición.

Donaciones 2002

Antonio Illanes (Umbrete, 1901 - Sevilla, 1976)

Adán y Eva
Yeso, 
Donación de Antonio Illanes Salcedo, 2002

 

Nacido en la localidad sevillana de Umbrete en 1901, su formación se desarrolló en Sevilla, Madrid, París y varios países sudamericanos. Su estilo se encuadra dentro de una generación de escultores que se mantuvo fiel a la figuración académica, al margen de las corrientes vanguardistas.

En el museo contamos con Autorretrato, Venus Hispalense, Retrato de Lolita Martín y Retrato de Isabel Salcedo, su esposa, a los que ahora viene a sumarse este grupo de Adán y Eva, de tamaño natural y de un realismo naturalista que viene a confirmar el entronque de la obra de Illanes en la tradicional escuela hispalense

Adquisiciones 2013

Juan de Valdés Leal (Sevilla, 1622-1690)

Las bodas de Caná. 1661
Óleo/lienzo.
107 x 80 cm.
Adquisición del Estado, 2013

 

La escena recoge un pasaje del Evangelio de San Juan (Juan 2: 1-11). Narra el milagro acaecido en una boda a la que fueron invitados la Virgen, Jesús y sus discípulos y en la que Jesús, ante la falta de vino, pidió que se llenaran varias tinajas de agua que cuando se vertieron quedaron convertidas en vino.

Valdés ambienta la escena en un interior arquitectónico de resonancias clásicas y articula la composición en planos que se desarrollan en profundidad y en altura. Sitúa a las figuras principales en el plano intermedio pero concede mucha importancia a los sirvientes que, en primer término y con forzados escorzos, están siguiendo las indicaciones de Jesús. Es muy interesante el juego de luces que va graduando desde la penumbra de este primer plano para ir aclarándose a medida que miramos hacia la parte superior derecha. Las dos figuras masculinas con turbante que conversan entre sí recuerdan a las que aparecen en la obra Jesús disputando con los doctores, con la que esta forma pareja y guarda importantes similitudes.

Juan de Valdés Leal (Sevilla, 1622-1690)

Jesús disputando con los doctores en el templo. 1661
Óleo/lienzo. 107 x 80 cm
Adquisición del Estado, 2013

 

La escena recoge un pasaje del Evangelio de San Lucas (Lucas 2: 41-50) según el cual, en uno de los viajes que la Sagrada Familia realizaba anualmente a Jerusalem para la celebración de la Pascua Judía, Jesús desapareció y fue hallado tres días después en el templo. La obra representa precisamente ese momento en que José y María, a la izquierda de la composición, lo encuentran disputando con los doctores de la ley mosaica.

Forma pareja con Las bodas de Caná y comparte con ella parecido tratamiento en la composición y en la descripción ambiental. El escenario también es una arquitectura clásica, en este caso decorada con yeserías.  En una hornacina se ve una escultura de Moisés que simboliza la Ley Antigua que Cristo había de sustituir por la Ley Nueva. Se asemejan también en el colorido, de tonos cálidos, en el que destaca el rojo de la túnica de Jesús y de los cortinajes; en los contraluces que crean la alternancia de planos de luz y sombra y también en la pincelada, rápida y enérgica, que otorga un carácter casi abocetado a la obra.

Donaciones 2002

Ricardo López Cabrera (Cantillana, Sevilla, 1864 - Sevilla, 1950)

Retrato de J. Erremus.  1899
Óleo sobre tabla.17,9 x 13,8 cm
Donación de Maurice Tzwern, 2002


Pintor sevillano del último tercio del siglo XIX. Desarrolló su trayectoria artística en torno a una gran variedad de temas, entre los que destacan el costumbrista,  los retratos y el paisaje. Esta obra completa la representación del pintor en el museo en su faceta de retratista. Aunque modesta de proporciones está bien resuelta y ejecutada con soltura.

Adquisiciones 2004

Adrien Dauzats (Burdeos, 1804 - París, 1868)

Plaza Mayor de Écija (el Salón), 1836
Lápiz sobre papel. 24,5 x 45,5 cm.
Adquirido por la Junta de Andalucía para su depósito en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, 2004

 

Obra representativa de la afluencia de artistas extranjeros a Andalucía durante el siglo XIX que difundieron la imagen romántica de España. Hasta la fecha ninguna obra de este género había ingresado en el museo.

Dauzats viajó por España más de quince meses acompañando al Barón Taylor a quien el rey Luis Felipe de Orleans había encargado comprar cuadros para la galería de pintura española del Museo del Louvre. Dauzats aprovechó para realizar gran cantidad de apuntes, dibujos y acuarelas de paisajes y monumentos que alcanzaron un gran éxito en el mercado de arte y fueron subastados y dispersados a su muerte. Este parece ser el caso de esta obra, tal como acredita la impresión del sello situado en el ángulo derecho. 

El dibujo es un buen testimonio de la habilidad de Dauzats  para captar con técnica ágil y precisa, así como con gran soltura y espontaneidad, la imagen de esta monumental plaza. Muestra una vista panorámica de su mitad oriental tal y como se conservaba en 1836 por lo que se trata de la representación más antigua conocida. La amplia perspectiva le permite mostrar los rasgos esenciales de los diferentes edificios que la componían, trazados con gran atención por el detalle. Como buen romántico incluye algún detalle decorativo y pequeñas figuras que añaden aliento vital a las composiciones y nos ofrecen el testimonio cronológico de una época. Los grupos de pequeñas figuras, realizadas con rápidos y certeros trazos, se distribuyen de tal forma que refuerzan la sensación de amplitud de esta soberbia plaza así como la impresión de instantánea fotográfica
 

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