Las Colecciones

Obras Singulares

Ayuntamiento viejo de Granada

Mariano Fortuny Marsal (Reus (Tarragona), 1838 - Roma, 1874).
Óleo sobre tabla.
35 x 48,4 cm.
1873.
Procedencia
Academia de Bellas Artes de Filadelfia.
Comentarios
Fortuny fue un pintor cotizado e internacionalmente conocido en su tiempo. Siguiendo los dictados que imponía la demanda de una clientela en continuo crecimiento, Fortuny se especializó en los denominados "taubletins". Eran cuadros de pequeño tamaño en los que predominaban los temas de casacas con personajes dieciochescos, de guerreros y soldados medievales, así como asuntos árabes dentro del gusto por lo exótico y orientalizante del momento. Junto a la temática, el éxito alcanzado se debió a sus indiscutibles dotes artísticas y al extraordinario dominio de la técnica. Una técnica, calificada de preciosismo por unos y de virtuosismo descriptivo por otros, que confiere a sus obras un brillo miniaturista, basado en su capacidad para plasmar hasta el más mínimo detalle en formatos muy reducidos, mediante el empleo de una pincelada corta, certera y precisa. Su regreso a España, tras el éxito alcanzado con la Vicaría, coincide con su deseo de cambiar de temática. Aspira a pintar cuadros con asuntos cotidianos, incidiendo especialmente en la captación de la luz. El Ayuntamiento Viejo de Granada, nos habla del inicio de ese cambio y de su modo de trabajar: al aire libre toma elementos de la realidad, poniendo especial cuidado en la composición de los personajes; más tarde, ya en el taller, completaba composición final, ajustando la luz y el colorido. El resultado final es un conjunto que combina, casi a partes iguales, la pintura de paisaje con el cuadro de género. Esta reciente adquisición de la Junta de Andalucía para el Museo de Bellas Artes de Granada supone la recuperación para la ciudad de una obra que ya en su día provocó la admiración de sus contemporáneos, testigo de la especial vinculación con Granada de un siempre genial Fortuny.

Escena de mercado

Juan Esteban de Úbeda (artista español activo en el siglo XVll).
Óleo sobre lienzo.
128 x 167 cm.
1606.
Procedencia
Anticuario
Comentarios
Son escasas las referencias bibliográficas que se tienen de Juan de Esteban. Su actividad artística se desarrolla entre 1597 y 1611. Se sabe que en 1597 se encuentra en Madrid, colaborando con otros artistas en la realización de un retablo. Más tarde, en 1606 trabaja en la catedral de Baeza y en 1611 en el Hospital de Santiago en la misma ciudad. Sorprende la realización de este género de pintura, desconocido en España en fechas tan tempranas. Género de tradición flamenca y extendido en Italia, data de mediados del seiscientos y son pinturas con superabundancia de alimentos en primer plano y escenas de carácter religioso al fondo. Pieter Aersten (1508-1575) y Joachim Beuckelaer (c.1530-c.1573) son un buen ejemplo. El tema del mercado será tratado veinte años más tarde por Alejandro de Loarte, artista que transformará el género del bodegón en España, en su "Vendedor de gallinas", Toledo, 1626. Esta obra se encuentra firmada en su parte inferior izquierdo: "JOANNES STEPHANUS. faciebat ubete, 1606".

Cabeza de San Juan de Dios

Alonso Cano (Granada, 1601 - 1667).
Escultura en madera policromada.
28,2 cm.
Hacia 1660-1665.
Procedencia
Órdenes religiosas.
Comentarios
Parece que esta cabeza perteneció a una escultura de vestir, que se completaba con el hábito de tela y los atributos iconográficos del santo. La atribución a Cano y la identificación del santo representado, San Juan de Dios, se deben a Manuel Gómez-Moreno González. La obra ha sido realizada con una técnica magistral, en el modelado, en la talla y en la policromía. El volumen de la talla y los rasgos del rostro la asemejan, según Mª Elena Gómez Moreno, con los buenos retratos romanos. El tamaño del cráneo y los perfiles de la cabeza, con pelo corto, resaltan su despejada frente, el arco de las cejas, la nariz aguileña, una bien dibujada boca, y los pómulos y mentón. Pero el elemento facial más sobresaliente son los ojos de cristal, que, junto con la amplitud de dibujo y la talla de los párpados superiores, dan una mirada lejana y absorta, revelando a un hombre fuerte y de espíritu profundo. Su faceta de pintor se refleja en el tratamiento de la policromía, en la que utiliza una imprimación de tono claro rosado para conseguir unas carnaciones de gran luminosidad. A través de unas pocas pinceladas Cano consigue la barba, bigote, cejas y los cabellos de unión con la frente y las sienes. Además de los valores plásticos de esta soberbia obra hay que señalar los devocionales. San Juan de Dios es un santo íntimamente ligado a la devoción de los granadinos ya que en Granada inició su labor de caridad con los pobres enfermos, aquí nació la Orden Hospitalaria y en esta ciudad murió.

Liberación de San Pedro

Juan Ramírez (1ª mitad del siglo XVl).
Óleo sobre tabla.
77 x 65 cm.
Hacia 1515.
Procedencia
Convento de los Mártires, Granada.
Comentarios
Sobre esta tabla, y las otras cuatro que este museo conserva de Juan Ramírez, Manuel Gómez Moreno escribió: "Perteneció a un retablo de la Ermita que la Reina Católica fundó en el Corral de los Cautivos de Granada,  conocido después por el Carmen de los Mártires. Esta Ermita fue unida después al convento que allí edificaron los Carmelitas Descalzos, arrasada en el S. XlX. Formaba parte de una serie de nueve cuadros de los que restan cinco".

Paseo de los Cipreses

Manuel Ángeles Ortiz (Jaén, 1895 - París, 1984).
Óleo sobre lienzo.
116 x 73 cm.
1963.
Comentarios

El regreso del pintor a Granada a finales de los cincuenta dio pie a la parte más sustantiva de la obra de madurez de Manuel Ángeles Ortiz. Todas son obras de inspiración paisajística. Una vez desaparecido el paisaje humano que estimuló al artista en su juventud -ya no está Lorca, no está Falla, no está casi ninguno de los amigos que dejó en los años veinte- quedaba la ciudad, un paisaje de valores permanentes que el pintor descubrirá prácticamente intacto pese al tiempo transcurrido. Esta inspiración granadina habría de concretarse principalmente en dos series angulares en la producción del pintor: los Albaicines y los Paseos de cipreses. Estos últimos tienen siempre por objeto una avenida de cipreses del Generalife. Árboles, cielo, camino, luces y sombras aparecen reducidos a grandes formas triangulares en las que vibran los colores y las texturas. Pero esa síntesis formal, con la potencia y la prontitud visual propia de un logotipo, no entorpece en modo alguno la obtención de los valores líricos del paisaje, expresados en la luz exacta de un atardecer o la precisa densidad de las sombras, misteriosas y veraces.


© Manuel Ángeles Ortiz, VEGAP, Granada 2004.

Metamorfosis (El Brujo)

Manuel Rivera (Granada 1927 ? Madrid 1995).
Tela metálica y alambre sobre bastidor de aluminio.
100 x 72 x 6 cm.
1961.
Comentarios
Al igual que sus compañeros del grupo El Paso, Rivera adopta el informalismo como exponente de sus inquietudes artísticas y como medio de expresión y denuncia de la sociedad del momento: "me interesa la materia por la materia. El informalismo es un homenaje a la materia como personaje central", nos aclara Rivera. Desde que en 1956 adoptara la tela metálica como medio de expresión, Rivera no para de estudiar sus posibilidades plásticas. Primero trabajó sobre un solo plano en el que la tela metálica quedaba suspendida en un bastidor de hierro a modo de telas de araña o collage donde la forma era a su vez el fondo, y la sombra, proyectada sobre la pared volvía a integrase como un elemento más de la obra. En estas primeras obras -presentadas en la lV Bienal de Sào Paulo en 1957- la luz jugaba ya un papel importante, al tiempo que el blanco y negro confería a su obra un gran contenido dramático. Más tarde, construyó sus obras sobre bastidores de aluminio cuya anchura le permitía trabajar en dos planos produciendo misteriosas vibraciones, enigmáticas irisaciones, espacios mágicos sin fondo donde las imágenes se asoman en multiplicada transformación. En 1960 dio entrada al color en sus composiciones, creando tonalidades rojizas o verdosas semejantes a las que pudiera originar un proceso de oxidación sobre la tela metálica. Devoto de creadores angustiados y vehementes como El Greco, Valdés Leal, Goya o Kafka, empieza en 1958 la serie de las Metamorfosis, donde la transformación es el hilo conductor a través del cambio continuo donde nada permanece igual.

Albaycín

Manuel Ángeles Ortiz (Jaén, 1895 - París, 1984).
Óleo sobre lienzo.
81 x 100 cm.
1960.
Comentarios

La producción de Manuel Ángeles Ortiz se organiza habitualmente en series que repiten siempre el mismo asunto, en ocasiones durante décadas: Albaicines, Paseos de los Cipreses, Homenajes al Greco, Cabezas Femeninas. En sus Albaicines, que tras su regreso a Granada se escalonan entre 1959 y la mitad de los años setenta, el pintor nos propone una geometría laberíntica en permanente inestabilidad, semejante a la que reina en esta singular colina granadina, donde las casas se arremolinan entrechocando sus paredes. Como antes expresara su amigo Federico García Lorca: "Están las casas colocadas como si el viento huracanado las hubiera arremolinado así. Se montan unas sobre otras con raros ritmos de líneas. Se apoyan entrechocando sus paredes con original y diabólica expresión".


© Manuel Ángeles Ortiz, VEGAP, Granada 2004.

Desnudo tendido

José María Rodríguez-Acosta (Granada,1878 - 1941).
Óleo sobre lienzo.
95 x 189 cm.
Hacia 1939.
Comentarios
En los años de la guerra civil española, y tras una serie de largos viajes por Canadá, Estados Unidos, Europa, Rusia y Oriente, José María Rodríguez-Acosta emprende, como una búsqueda, la realización de tres extraordinarios desnudos femeninos: "Desnudo tendido", "Desnudo de la bola de cristal" y "La noche". La mujer desnuda y solitaria es el tema único y definitivo que acosa al pintor en estos últimos años. Con esta inquietud, el artista emprenderá un fructífero reencuentro con el simbolismo a través del ejercicio académico en la calma de su estudio. Esta obra, resultado de diversos bocetos anteriores, supone el abandono definitivo de temas costumbristas, retratos y paisajes.

Dos hermanas

José María López Mezquita (Granada, 1883 - Madrid, 1954).
Óleo sobre lienzo.
104 x 75 cm.
1922.
Comentarios
Esta obra fue definida por José Francés como "la crepuscular consunción de dos solterías en la calma olvidada de una casa burguesa". Considerado en su tiempo como uno de los mejores cuadros de la pintura española, esta obra expresa muy bien el tema y la forma seguidos por el artista hasta el final de su vida: el retrato y el esquema figurativo del realismo, con el que se afirma en la tradición y rechaza conscientemente las corrientes vanguardistas europeas de entonces. Era la época política de los nacionalismos y regionalismos de finales del XlX y principios del XX, de la actitud literaria que buscaba la recuperación de una cultura específica y de la reconstrucción interesada de la historia. El ilustre crítico alemán Max Nordau compararía a López Mezquita con Velázquez y Goya afirmando que "su españolismo no tiene nada de externo (...) Estriba, de una parte, en su específico sentido del color, en su aptitud para obtener un colorido fino, ligero, transparente al par que profundo, pleno, caliente y brioso (...) y, de otra, en la facultad que le asiste de buscar como un gran actor dramático en el fondo mismo del alma de una persona y verla con todos sus detalles característicos y reproducirla plenamente diferenciada, llena de sangre y vida". Trabajador silencioso y disciplinado, Mezquita nos lleva de lo sencillo y espontáneo a lo consciente, de lo superficial a lo profundo, de la apariencia a la realidad, de la mirada a la visión.

La hora de la siesta

José María Rodríguez-Acosta (Granada,1878 - 1941).
Óleo sobre lienzo.
146 x 190 cm.
Hacia 1903.
Comentarios
Esta obra, de factura suelta y libre, cómplice de experiencias impresionistas, constituye una valiosa aportación a la serie de cuadros costumbristas realizados en Granada en estas décadas. Es éste un sereno costumbrismo no ajeno, sin embargo, a cierta crítica social que subyace veladamente en la forma de presentar la escena. En ella un párroco un tanto pueblerino, conversa "o sienta doctrina" con dos atentas feligresas, mientras que una tercera, la más joven y bella, con la cabeza recostada en el tronco de un árbol, duerme o quizá sueña. En primer plano, un perro establece, con su mirada penetrante, la única conexión de la escena con el espectador. Es una estudiada composición a base de figuras previamente ensayadas por separado y articuladas en corro, que se recortan sobre un fondo de densa y umbría vegetación. En este fondo, Rodríguez-Acosta retoma el punto dejado en uno de sus más conseguidos paisajes, "La higuera", en una rica gama de verdes que llegan hasta el negro. También utiliza la figura femenina reclinada para valorar el contraste de los negros y los blancos, inmediatamente yuxtapuestos según la enseñanza de Emilio Sala y Francés. Extrañamente sin firmar ni fechar, induce a pensar que el pintor hubiera querido seguir trabajando en esta pintura, quizá para darle un aspecto "más terminado" con arreglo a la tradición costumbrista del siglo XlX.
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