Las Colecciones

Obras Singulares

Composición con la chiquita piconera

Julio Romero de Torres (Córdoba, 1874 - 1930)

Óleo sobre lienzo

144 x 111 cm.

1929

DJ0243P

Procedencia
Adquirida por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía en 1988 a la hija del autor.
Comentarios

Esta es la última obra que dejó inacabada Julio Romero de Torres en su estudio de Madrid antes de trasladarse a Córdoba, ya enfermo, para planear su participación en el Pabellón de Córdoba de la Exposición Iberoamericana de Sevilla. Al igual que otros lienzos de este momento, supone éste una completa reflexión sobre las ideas y motivos que habían dado vida a toda su obra, pues centrado en la temática de la pobre prostituta que calienta su desolación en las ascuas de un brasero, -en este caso, ayudada por una posible celestina o compañera-, mantiene indudable alusiones a obras como Horas de angustia o Vividoras del amor, ambas anteriores a 1906.

Utilizó en esta ocasión a Elena Pardo, gran modelo de sus últimos años madrileños, suponiendo ésta el mejor antecedente conocido de la obra que luego dejaría finalizada en Córdoba, utilizando a Mª Teresa López y convirtiendo en versión definitiva la que llegaría a ser su famosa Chiquita piconera.

Machaquito como apoteosis del toreo cordobés

Julio Romero de Torres (Córdoba, 1874 - 1930)

Óleo y temple sobre lienzo

165 x 104 cm.

Hacia 1911-12

 

Procedencia
Adquirida por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía en 1988 a la hija del autor.
Comentarios

La obra representa en primer plano la figura del torero Machaquito ante un escenario  situado en la cordobesa Plaza de la Corredera, donde el torero vuelve a ser representado en un segundo plano brindando a las autoridades su estocada de muerte a un toro, que yace inerte en el suelo. Son representados también algunos monumentos cordobeses, entre los que destaca un Triunfo de San Rafael entre las imágenes escultóricas de los también toreros Lagartijo y Belmonte, considerados junto a Machaquito los principales baluartes del toreo cordobés de la época.

Es una obra de la segunda etapa del autor, cuando ya empieza a formar su estilo propio, a base de representaciones realistas de personajes cordobeses, ante escenarios de claro sentido localista, con una finalidad simbólica. Este personaje fue también llevado, con idéntico tratamiento y posición, a su obra La consagración de la copla. 
 

Mujeres sobre mantón

Julio Romero de Torres (Córdoba, 1874 - 1930)

Óleo y temple sobre lienzo

80 x 168 cm.

Hacia 1923

DJ0481P

 

Procedencia
Adquirida por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía en 1988 a la hija del autor
Comentarios

Desde 1907, con su nueva técnica basada en la mezcla de temple y óleo y presentando a la mujer como simbólico protagonista de sus cuadros, Romero de Torres iniciará una carrera cargada de éxito. A ello contribuyó también su definitivo establecimiento en Madrid a partir de 1916, lo que se hizo posible tras haber obtenido la plaza de Pintura de Adorno y Ropajes de la Escuela de San Fernando, que le permitirá no alejarse del epicentro del movimiento cultural más significativo del momento.  

Esta obra, fragmentada y sin terminar, fue encontrada en el espacio donde el artista pintaba durante sus estancias en Córdoba a partir de esa fecha y presenta una iconografía relacionada con la de Las Jugadoras, obra realizada en 1923 con destino a un estanco madrileño de la calle de Alcalá, con cuyo regente el pintor había trabado considerable amistad.

Don Quijote o el triunfo de la sinrazón

Aurelio Teno Teno (Minas del Soldado, Córdoba, 1927 - Córdoba, 2013)

Hacia 1980

Bronce fundido

139 x 36 x 42 cm.

DO0160E

 

Procedencia
Donada al museo por la familia del autor en 2013 
Comentarios

Formado en la Escuela de Artes y Oficios de Córdoba con el escultor Amadeo Ruíz Olmos, en varios talleres de platería de la ciudad, con dieciséis años llega a Madrid para matricularse en la Escuela de San Fernando. Comienza una carrera meteórica que aflora en la década de 1960, para dar vida a una obra que, materializada a través de diferentes técnicas artísticas, mostrará una atmósfera informalista y desenfadada, acorde con su polifacética personalidad.

Cultivó la pintura y el dibujo, que mezcló con el modelado y diversas técnicas propias del mundo de la platería, aunque ha pasado a la historia fundamentalmente como escultor, a lo que no fueron ajenos sus monumentos al Quijote,  realizados en Washington y Buenos Aires en la década de 1970, habiendo realizado también, más tarde, esculturas publicas en la provincia de Córdoba y en diversos puntos de España.

La presente obra, emparentada con el principio goyesco de que "el sueño de la razón produce monstruos", se relaciona con los monumentos citados y es característica de su quehacer artistico.

Bendición Sánchez

Julio Romero de Torres (Córdoba, 1874 - 1930)

Hacia 1904

Óleo sobre lienzo

100 x 85 cm.

DJ0202P

Procedencia
Adquirida por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía en 1988 a la hija del autor.
Comentarios

Hasta aproximadamente 1907 en que da los primeros pasos de lo que sería su nueva estética, la obra de Julio Romero permanece técnicamente fiel a una práctica pictórica de concepción moderna, de influencia lumínica y fuertes trazos, con la que da vida a unos temas sacados de su realidad más inmediata, a los que dota de connotaciones simbólicas.

Esta obra es ejemplo de su dominio del retrato en esta época, siendo la representada una amiga de la familia a la que llevó varias veces a sus lienzos, habiéndose conservado éste desde siempre en el interior de la vivienda familiar, de donde pasó al museo en 1991 como parte del legado adquirido en 1988 a su hija María Romero de Torres Pellicer.

Crepúsculo

Rafael Romero Barros (Moguer, Huelva, 1832 - Córdoba, 1895)

Óleo sobre tabla

37,5 x 54,5 cm.

1890

CE2595P

Procedencia
Donada al Museo por la familia Romero de Torres entre 1937-38.
Comentarios

En los últimos momentos de su vida, Romero Barros ensayó con el tratamiento de la luz crepuscular sobre el paisaje, siendo esta obra la más conseguida. Ambientada en el Guadalquivir, a su paso por un cortijo de Córdoba, introducirá en ella la figura humana en el grupo de lavanderas situadas en una de sus orillas, humanizando con ellas el impacto positivo de la naturaleza.

Aunque el verdadero protagonista de la obra es esa naturaleza salvaje, magníficamente representada, con los efectos de la luz crepuscular sobre ella, que irradia una sensación de fuerte melancolía, muy próxima a los planteamientos románticos de los comienzos del autor.

Domingo en Córdoba a orillas del Guadalquivir

Rafael Romero Barros (Moguer, Huelva, 1832 - Córdoba, 1895)

Óleo sobre tabla

38 x 55,5 cm.

1884

DJ1429P

Procedencia
Fue adquirida del comercio de arte por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía a propuesta del Museo de Bellas Artes de Córdoba en 2006. 
Comentarios

En la década de 1880, Romero Barros realiza una serie de obras centradas en el paisaje urbano y arquitectónico de Córdoba, consideradas las mejores aportaciones de la pintura paisajística a la iconografía de la ciudad durante todo el S. XIX.

Esta obra, que refleja casi al completo la fachada del centro histórico de la ciudad hacia el Guadalquivir, refleja un ambiente festivo, destacando por el tratamiento de las transparencias y reflejos en el agua. Se relaciona con un boceto denominado Día de Campo existente en la Colección Romero de Torres.

Vista de Córdoba

François Antoine Bossuet (Ypres, Bélgica, 1800 - Bruselas, Bélgica,1889)

Óleo sobre lienzo

67 x 94,5 cm.

Hacia 1840-45

DJ1413P

Procedencia
A propuesta del museo, fue adquirida por la Junta de Andalucía del comercio de arte en noviembre de 2003.
Comentarios

Tras la Invasión Francesa y al calor de la confusión que supuso la Desamortización de 1835, una pléyade de viajeros, compradores y artistas europeos va a recorrer España, propiciando el gusto por su arte y su paisaje, originándose también una nueva literatura relacionada con el viaje.

Entre los pintores que pasaron por Córdoba se encuentra Bossuet que, formado en la Academia de Bruselas, realizó a mediados del S. XIX un largo periplo a través de Holanda, Alemania, Francia, España y Norte de África durante el cual reflejó su paisaje.

Ambientada en un paisajismo de concepto costumbrista, la obra presenta lo que en su momento era la fachada principal de la ciudad - por cuyo borde transcurría el llamado Camino Real - de la que el artista tomaría apuntes que luego completaría en su estudio añadiendo elementos "exóticos" fruto de su romántica imaginación.

 

Inmaculada Concepción

Antonio Palomino (Bujalance, Córdoba, 1655 - Córdoba,1726)

Óleo sobre lienzo

193 x 139 cm.

Primer cuarto del S. XVIII

DE0009P

Procedencia
La obra procede del Colegio de Santa Catalina de la Compañía de Jesús de Córdoba.
Comentarios

Antonio Palomino se formaría como pintor en Córdoba, aprendiendo de los maestros Antonio del Castillo, Valdés Leal y Juan de Alfaro, Se trasladó a Madrid en 1678, donde Carlos II lo nombra Pintor Honorario de Cámara en 1688, alcanzando gran reconocimiento y llegando a ocupar un lugar destacado en la historia del arte español de su tiempo.

Palomino trató el tema iconográfico de la Inmaculada Concepción con pocas variaciones. Del mismo realizó tres versiones principalmente. Ésta es una de ellas, caracterizada por una mayor abundancia de ángeles que revolotean alrededor de María. Está firmada con su monograma y pertenece al Museo Nacional del Prado, como parte de las Colecciones Reales. En 2013 es depositada en este museo procedente del Museo de Bellas Artes de Granada, donde desde 1970 se encontraba también en depósito.

Los cipreses

Rafael Botí Gaitán (Córdoba, 1900 - Madrid, 1995)

Óleo sobre lienzo

50 x 42 cm.

1922

DJ1613P

Procedencia
Obra donada al Museo de Bellas Artes de Córdoba por Rafael Botí Torres, hijo del autor.
Comentarios

La obra pertenece a la primera etapa del autor, considerada una de sus obras maestras en relación al conjunto de su producción. Aunque en Rafael Botí es habitual la figuración y el realismo, su interés por otras tendencias confieren a su pintura tintes vanguardistas en el género del paisaje, siendo esta obra una muestra destacada.

Representa el paisaje de la sierra cordobesa, con presencia de árboles de distintas tipologías, entre los que destacan los cipreses, verdaderos protagonistas de la composición. Estos árboles, ajenos a la vinculación fúnebre que les persigue, se erigen con un aspecto firme y elegante, plenos de connotaciones poéticas muy en consonancia con la sensibilidad y particular estética de la pintura de su autor.

 

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