Historia

El Museo de Bellas Artes se encuentra ubicado en el edificio que fue Hospital de la Caridad de Nuestro Señor Jesucristo, en la Plaza del Potro, en la confluencia de las calles San Francisco y Armas. Dicho hospital perteneció a una cofradía fundada en el siglo XIV con motivo de la llegada a Córdoba de Enrique IV, vinculada a la venerable Orden Tercera de San Francisco del vecino Convento de San Pedro el Real. Su objeto fue la atención a enfermos y redención de cautivos, alcanzando una gran proyección en la ciudad. Encontrándose los Reyes Católicos en Córdoba en 1483, le conceden una Real Cédula que le otorga consideración de Patrimonio Real, con las mismas prerrogativas y privilegios de la Santa Iglesia Catedral de Córdoba, siendo los soberanos españoles fundadores de su cofradía o hermandad, para cuya pertenencia tenía que demostrarse la limpieza de sangre, siendo eximida desde 1593 del pago de tributos. A esta hermandad pertenecieron a lo largo de su dillatada existencia ilustres personajes de la nobleza local, como Gonzalo Fernández de Córdoba, obispos y mandatarios del poder municipal. En 1509 comienza la construcción de la Iglesia de este Real Hospital. El edificio original, de finales del siglo XV, sufrirá modificaciones en los siglos XVI y XVIII, la última de las cuales en el S.XX.

Desde el punto de vista arquitectónico, el inmueble se distribuye entre dos plantas unidas por una escalera rematada con artística armadura de lazo de traza mudéjar, estando articulado en torno a un gran patio central con dependencias anejas por sus cuatro lados. El cuerpo principal, que se corresponde con el actual museo, debió destinarse a sala de enfermos graves o incurables, que conectaba con la iglesia mediante una tribuna por la que se accedía a los oficios litúrgicos. La iglesia era de una sola nave, dividida en dos tramos mediante arco fajón que delimitaría el presbiterio, en cuyo vértice figura el escudo de los Reyes Católicos.

Al exterior presenta  fachada porticada atribuída a Hernán Ruiz el viejo (1475-1547). Tabicada desde antiguo para evitar insalubridades, fue recuperada por Enrique Romero de Torres, siendo restaurada por el arquitecto Ricardo Velázquez Bosco, que la cerrará con artística reja. La portada interior presenta vano adintelado disimulado por arco carpanel y semicírculo decorado con motivos góticos trebolados en cuyo centro aparece un Calvario, del que solo resta hoy la figura central del Cristo Crucificado, flanqueado por pilastrones de doble aguja. El exterior presenta doble arco a la romana con columna central de capitel renacentista, en cuyas enjutas aparecen los escudos de la antigua Hermandad.

Al interior de la iglesia, el espacio anterior al presbiterio fue dotado de dos falsas bóvedas de cuarto de esfera separadas por arcos semicirculares que descansan sobre doble almohadilla decorada a base de las placas típicas del barroco cordobés, con cubierta de cúpula de ocho tramos sobre pechinas. En ella, Rafael Romero de Torres Pellicer, hijo de Julio Romero, reflejó hacia 1925 un programa iconográfico a base de profetas y sibilas inspiradas en Miguel Ángel, Valdés Leal y su propio padre, dejando en los pechinales los escudos de la antigua Hermandad. Sobre el pavimento, a la altura del arco fajón hay una lápida de mármol negro con una inscripción que cierra una cripta funeraria  propiedad de la hermandad, fechada en el año 1832.

El recinto actual es fruto de una serie de intervenciones arquitectónicas sufridas a lo largo de los últimos siglos. La primera se documenta en 1742, cuando se realiza la pintura mural de la fachada del pabellón que desde 1862 ocupa la Academia de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes de Córdoba, actual Museo de Julio Romero de Torres, uno de los repertorios de pintura mural decorativa en perspectiva distorsionada más interesantes que subsisten en nuestra ciudad.

El cambio de la funcionalidad histórica del edificio comienza en 1810 con la Guerra de la Independencia, cuando es convertido en Hospital Militar de Sangre, con la misión del socorro de heridos. Tras su desamortización, en 1837 se fundirá con el hospital creado por el Cardenal Salazar a fines del S. XVIII, actual Facultad de Filosofía y Letras. Desde 1842 se instalarán en él oficinas de la Junta Municipal de Beneficencia y posteriormente, el edificio irá teniendo diversos usos -entre ellos, el de casa de vecinos- hasta que en 1862 es concedido por la Diputación Provincial  a la Comisión de Monumentos, instalándose en él algunas instituciones culturales, como el Museo de Bellas Artes; el Museo Arqueológico de Córdoba, con quien compartirá la sede desde 1864 hasta 1916; la Real Academia de Córdoba, la Biblioteca Provincial, la Escuela Provincial de Bellas Artes y el Conservatorio Provincial de Música.

El Museo de Bellas Artes de Córdoba, como otros museos de ámbito provincial, tiene su origen en el proceso desamortizador de bienes eclesiásticos, establecido a través de las Reales Órdenes de 25 de noviembre de 1835 y 14 de diciembre de 1836, mediante la cual, se suprimieron algunos conventos en nuestra ciudad, poniéndose en venta sus bienes. Para albergar este patrimonio artístico y documental se crearon unas Comisiones Artísticas y Científicas encargadas de la gestión del patrimonio requisado y su salvaguarda en museos y bibliotecas. En Córdoba, esta Comisión estuvo compuesta por personajes del ámbito intelectual y artístico, como Ramón Aguilar Fernández de Córdoba, Luis Mª Ramírez de las Casas Deza y Diego Monroy Aguilera, implicados en la recogida de libros y obras de arte y su puesta en custodia por el estado, gestionando la colección fundacional hasta la creación del museo, recogida en el acta de la Comisión de 25 de octubre de 1843, refrendada por una Real Orden del 15 de octubre de 1844.

A la fecha de fundación del museo, el fondo de bienes estaba constituido por un conjunto de obras de los más destacados pintores locales anteriores al S. XIX, algunas esculturas y objetos arqueológicos. La primera sede de la institución estuvo en la calle Carreteras, siendo su primer director Diego Monroy Aguilera (1795-1856), que realizaría el primer catálogo de obras, que sumaban un total de 255 lienzos. Le sucederá otro pintor como director, José Saló y Junquet (1810-1877) y tras éste, el también pintor José Marcelo Contreras Muñoz (1827-1890). Dada la falta de espacio, la colección se repartirá entre varias dependencias de la Diputación y Escuelas Pías, hasta que bajo la dirección de Ramón Aguilar Fernández de Córdoba (1787-1862), por Real Orden del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes de 23 de noviembre de 1861, el fondo será trasladado al antiguo Hospital de la Caridad.

Ya instalado el museo en el actual inmueble, para ocupar el puesto de conservador-restaurador llega a Córdoba en 1862 Rafael Romero Barros (1832-1895) que logra instalar en este reducido espacio un museo mixto de bellas artes y arqueología, que irá creciendo con nuevos fondos procedentes de una nueva fase desamortizadora en 1868 y por compras efectuadas por la Comisión de Monumentos y donaciones de particulares. Fueron catalogados más de 280 cuadros, cinco objetos de arqueología y otras tantas esculturas. Romero Barros será director del Museo entre 1881 y 1895, así como de la Escuela Provincial de Bellas Artes, donde se formarán gran parte de los principales artistas cordobeses de la época.

La segunda oleada desamortizadora en nuestra ciudad, en 1868, supondrá el incremento de fondos del museo con obras procedentes de los ahora desamortizados conventos femeninos de Santa Clara, Dueñas, Concepción y Jesús Crucificado. El encargado de recoger estos bienes será Luis Maraver y Alfaro, inspector de antigüedades, entregando a Romero Barros un total de 141 pinturas, entre los que destaca un conjunto de pinturas de autores cordobeses del quinientos. Con todo ello, el museo cuenta ya hacia 1870 con algo más de cuatrocientos cuadros, número que se verá incrementado con las adquisiciones realizadas por la Comisión de Monumentos, como la colección propiedad de José Saló y Junquet, origen de la importante colección de dibujos del museo, y por las donaciones de particulares, como la efectuada por la Marquesa de Cabriñana del Monte, que supuso el incremento de un conjunto de veinticinco obras de pintores antiguos y contemporáneos.

Enrique Romero de Torres (1870-1957) sucederá a su padre como conservador y director. Fue una etapa de florecimiento del museo, que conocerá un incremento de sus fondos con la creación en 1904 de la Sección de Arte Moderno, con aportaciones de obras de artistas coetáneos y por importantes donaciones y depósitos, como el efectuado por la Diputación Provincial de Córdoba, procedente del entonces Museo de Arte Moderno, aumentando la colección de dibujos y creándose las de grabados, cerámicas y reproducciones. Esta sección se verá también incrementada con obras de autores madrileños que tenían contacto con la familia Romero de Torres. Entre 1918 y 1921 el Museo del Prado deposita en el de Córdoba una treintena de pinturas y esculturas, con las que se amplían sus fondos. En el año 1922 se suma la importante colección propiedad de Ángel Avilés, artista cordobés que desempeñará cargos políticos en el gobierno de la época y que donó a nuestro museo más de cuatrocientas obras de autores coetáneos, con los que se engrandeció la sección de Arte Moderno.

En esta época se realizarán también obras de acondicionamiento en el edificio. Entre 1922 y 1924 Velázquez Bosco realizará obras de pavimentación de salas y restauración del pórtico mudéjar de ingreso al pabellón del museo desde el patio principal. Su discípulo Francisco Javier de Luque, a partir de 1923, tras haber sido adquirida una casa contigua recayente a la Plaza del Potro, da las trazas para una nueva fachada exterior inspirada en la arquitectura histórica cordobesa. Se acondicionan nuevas dependencias, como la Sala de Dibujos y Estampas, taller de restauración, sala de reuniones, almacenes, conformándose el nuevo acceso principal en 1928. Por estos años se colocan también varios fragmentos de artesonado perteneciente al claustro del antiguo Convento de San Francisco de Lucena en varias dependencias y se acondiciona también el patio principal, que culminará  sus mejoras con la erección de un monumento a Rafael Romero Barros.

Tras la muerte en 1930 de Julio Romero de Torres, se creó el anexo, hoy independiente, Museo Julio Romero de Torres en otro de los pabellones del recinto. Este museo pudo ser posible gracias a la donación por la familia del pintor al pueblo de Córdoba de la obra del artista que acababa de exponerse en el Pabellón de Córdoba de la Exposición Iberoamericana de Sevilla en 1929. La gestión de ambos museos era ejercida por la Diputación Provincial y el Ministerio de Instrucción Pública.

En 1941 la dirección del museo recae en Rafael Romero de Torres Pellicer (1899-1984), hijo de Julio, en cuya etapa se efectúa el depósito de la obra escultórica de Mateo Inurria, fallecido en 1942 sin descendencia, a quien se dedicó una las salas del museo. Otra de las importantes donaciones será la efectuada por el pintor Bea Pelayo, aristócrata que, a pesar de no ser de Córdoba, gracias a su amistad con la familia Romero de Torres, decidió donar su obra de más de un centenar de originales del artista y medio centenar de otros autores a este museo, entre 1948 y 1962. En 1969 se hizo efectiva la donación al museo de la importante colección de pintura, grabados y escultura del profesor Camacho Padilla, que supuso el incremento de un centenar de nuevas obras sobre papel, entre litografías, acuarelas y grabados del S. XIX relativas a Córdoba, estampas de artistas viajeros y grabadores de los siglos XVIII al XX, con las que se acrecentó la representación de obras de autores del Romanticismo.

En la década de los años 40 será el arquitecto Rafael de la Hoz Saldaña, arquitecto provincial, quien realice algunas reformas en el museo. Se acondicionaron cuatro nuevas salas, una de ellas para exhibir la obra del escultor Mateo Inurria, tras la adquisición de otra casa por la zona recayente a la calle Armas, dotándola de una nueva fachada inspirada en los modelos de la arquitectura regionalista sevillana.

En 1978 el museo queda adscrito al Cuerpo Superior Facultativo de Conservadores de Museos, haciéndose cargo de forma provisional Manuel Nieto Cumplido, Canónigo Archivero de la Catedral de Córdoba. Entre 1978 y 1981 el museo permanecerá cerrado y el Ministerio de Cultura encarga la realización de un proyecto de saneamiento general del edificio, instalación de servicios de luz eléctrica, agua y sistemas de seguridad, de lo que carecía hasta entonces.

En 1981 accederá a la dirección del museo Fuensanta García de la Torre, a quien se debe la gestión de las últimas remodelaciones del edificio, la ampliación contemporánea de la colección y la conservación y presentación de sus fondos conforme a criterios actuales. En 1984 se produce la transferencia de competencias a la Junta de Andalucía de sus colecciones, declaradas Monumento Histórico Artístico en el año 1962. En 1986 se reabre el museo, tras trabajos de acondicionamiento realizados según proyecto de Arturo Ramírez Laguna, por el que se reforman las cubiertas, se dedica una sala a exposiciones temporales en planta alta, un nuevo almacén y un taller de restauración. En 2003, según proyecto de Manuel Pedregosa Cruz, la zona de entrada al museo por la Plaza del Potro se acondiciona como espacio de recepción de visitantes y tienda, uso que recientemente se ha abandonado.

Desde el año 1984 en que se transfirieron las competencias del estado a la Junta de Andalucía, el Museo de Bellas Artes de Córdoba es de titularidad estatal gestionado por la Junta de Andalucía. Comparte recinto con el Museo de Julio Romero de Torres, gestionado por el Ayuntamiento de Córdoba, y con la antigua vivienda del conservador, conocida como Casa de los Romero de Torres, cuyo patrimonio artístico y mueble particular fue adquirido por la Junta de Andalucía a María Romero de Torres Pellicer, hija menor del ilustre pintor y heredera del mismo, en el año 1988. Este edificio actualmente permanece cerrado al público.

En el año 2013 accede a la dirección del museo el hasta entonces conservador del mismo, José María Palencia Cerezo, a quien se debe la modernización del museo con la incorporación de numerosas donaciones y depósitos de obras de autores coetáneos cordobeses.

 

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