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La Obra Invitada en la Web, mayo 2021

Sección que, en su edición de mayo, muestra el lienzo titulado Niño Dios con la bola del mundo, de Antonio del Castillo Saavedra

Sección que pretende el acercamiento virtual a obras de arte existentes en otras instituciones públicas o pertenecientes a colecciones privadas que guardan relación con las colecciones del Museo de Bellas Artes de Córdoba y que contribuyen a enriquecer y complementar el discurso de su exposición permanente. 

La obra invitada virtual durante el mayo cordobés es la titulada Niño Dios con la bola del mundo (óleo sobre lienzo. 98,5 x 181,5 cm.), del gran pintor barroco local Antonio del Castillo Saavedra (1616-1668), que ha sido dada a conocer por la revista Ars Magazine en su número 50 de abril-junio, como perteneciente a una colección privada. En ella aparece por la parte derecha, el Niño Dios sentado a manera de Padre Eterno, apoyado sobre la bola del mundo y una cruz sobre su hombro, frente al cual, danzan en corro un grupo de cuatro angelitos, mientras un quinto toca el tamboril y la dulzaina.

Originariamente, fue pareja de otra de características similares, ésta titulada Paisaje con San Juan Bautista Niño dormido (óleo sobre lienzo, 99 x 180,5 cm. DJ1427P), también de Antonio del Castillo Saavedra, que fue adquirida por la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía a la firma Caylus Anticuarios para el Museo de Bellas Artes de Córdoba, donde se expone en su sala IV. En este caso, el protagonista es el pequeño primo de Jesús, que aparece dormido a la sombra de un gran árbol junto a su vara florida y al lado de un corderillo, mientras dos angelitos le cantan al compás de una viola de gamba, un tercero le trae flores y dos más se las dejan caer por encima.

Se sabe que, hasta la Desamortización de 1836, ambas pertenecieron al convento franciscano de San Antonio y San Diego en Granada, ciudad donde Castillo tuvo una reputada clientela, pasando luego a la colección particular de don Gaspar Remisa y Miarons (Barcelona, 1784 - Madrid, 1847), más conocido como Marqués de la Remisa, desde donde la primera pasó a la colección Barba y la segunda a la de Moret, aunque con posterioridad se les había perdido su paradero. Ambas adquieren sentido en base a la gran devoción franciscana hacia la naturaleza, los seres que la habitan y la infancia de Jesús, que el santo de Asís promovió a lo largo de su existencia, y que quedó plasmada en sus leyendas y escritos. Ponen de manifiesto la gran habilidad que tuvo Castillo para enfrentarse al paisaje, aunque fuese introduciendo en él temática sagrada, como fue lo habitual en la época.