Las Colecciones

Obras Singulares

Bifaz cordiforme

Sílex, talla.
Longitud, 12 cm.; anchura, 8,9 cm.
Paleolítico Inferior, Achelense Superior/ Final, 100.000 a.C.
Procedencia
Solana del Zamborino, Fonelas, Granada.
Comentarios
El yacimiento de la Solana del Zamborino se sitúa en el oeste de la depresión de Guadix, a 7 Km. de Fonelas. En 1972 se iniciaron las excavaciones bajo la dirección de Miguel Botella. El estudio de la estratigrafía, de los restos óseos y líticos permitió conocer los diversos usos del lugar: primero, como cazadero de forma ocasional; después, como cazadero estacional de manera intensiva, así como de asentamiento humano durante el periodo que duraba la caza; y por último, se documentó el abandono progresivo del yacimiento. En las distintas campañas de excavaciones se registraron gran cantidad de restos óseos de animales, entre los que predominaban especímenes jóvenes de équidos y bóvidos, y de instrumentos líticos utilizados por los grupos cazadores- recolectores. La industria lítica está realizada sobre todo en cuarzo y cuarcita, siendo escasos los útiles realizados en sílex, como en este caso. El repertorio lítico está compuesto por bifaces, cantos tallados unifaciales y bifaciales, raederas, denticulados, raspadores y muescas. El bifaz es el útil más destacado del Achelense, con mayor grado de complejidad técnica que en las fases anteriores y está realizado por la talla alterna y centrípeta -hacia el centro-, en las dos caras del núcleo de materia prima utilizada hasta conseguir una extremidad distal apuntada que confiere al útil una morfología más larga que ancha.

Frontal de Neardhertal

Hueso.
Longitud, 11 cm.; altura, 9 cm.
Paleolítico Medio, Musteriense, 100.000-30.000 a.C.
Procedencia
Cueva de la Carigüela, Piñar, Granada.
Comentarios
Este fósil homínido corresponde, por sus características físicas, al frontal de un niño del tipo neanderthal terminal o clásico europeo. Estas características son: el gran espesor de los huesos, el torus supraorbital desarrollado, las órbitas oculares cuadrangulares y un espacio entre ellas bastante ancho. Además del frontal, se excavaron dos fragmentos de parietal pertenecientes a un adulto nearderthal. La Cueva de la Carigüela se situa a unos 600 metros de Piñar, en la comarca granadina de los Montes Orientales. Este yacimiento se conoce desde las primeras décadas del siglo XX. La estratigrafía de la cueva presenta una sedimentación continua desde finales del Pleistoceno Medio, 145.000 a.C., hasta la Edad del Bronce, 1.900 a.C. La etapa más conocida es la del Paleolítico Medio (145.000 - 29.000 a.C.), se trata de la secuencia más larga de esta época encontrada en la Península y una de las más detalladas que se conocen. Durante este intervalo temporal los nearderthales frecuentaron la cavidad y dejaron allí no sólo sus instrumentos líticos (la industria denominada Musteriense), sino también los restos de animales que consumieron y otras evidencias de sus distintas actividades, lo que supone información sobre sus modos de vida durante la primera mitad de la última glaciación. Además, cuando la cueva no era habitada, hienas, lobos y leopardos la utilizaban como cubil, añadiendo los fragmentos de sus presas a los huesos abandonados por los nearderthales. Lo más probable es que fueran los depredadores los que introdujeran en la cavidad los restos humanos que se han encontrado en sus niveles pleistocénicos, el más importante de los cuales es este fragmento de frontal infantil de Homo nearderthalensis.

Reproducción de diadema

Oro, batido.
Longitud, 53,5 cm.; anchura, 5,7 cm.; grosor, 1,2 cm.
Calcolítico, 2.700- 1.800 a.C.
Procedencia
Cueva de los Murciélagos, Albuñol, Granada.
Comentarios
La diadema es una cinta de oro fina, más ancha en el centro, con perforaciones en los extremos. Está realizada mediante la técnica de batido. Según el relato de Manuel de Góngora, la diadema estaba colocada sobre el cráneo de un esqueleto masculino, que formaba parte de un enterramiento colectivo. Sin embargo, este relato es difícil de creer: primero, porque aunque se conservasen los esqueletos es imposible que éstos se mantuviesen en posición sentada, ya que la pérdida de la masa muscular hace que los huesos pierdan su posición original y caigan al suelo; segundo, porque los materiales cerámicos conservados pertenecen al Neolítico y la diádema, por su tipólogía y técnica, pertenecería a un período posterior dentro de la Edad del Cobre; tercero, tanto en el relato como en los comentarios sobre éste se identifican los esqueletos como femeninos y como masculinos, sin embargo, las personas que los identificaron no tenían ninguna formación científica para distinguir las características sexuales de los restos óseos; cuarto, es difícil también que en el neolítico aparezcan enterramientos colectivos, ya que este ritual se documenta en la cultura de los dólmenes. Lo que sí sabemos es: que este tipo de orfebrería se da en el Calcolítico; que la zona de Albuñol está cerca de un yacimiento aurífero secundario ubicado en la depresión de Ugijar-Alcolea; que la Cueva de los Murciélagos, a finales del siglo XIX, se explotó para extraer plomo y que el oro nativo aparece, a veces, asociado en vetas a metales pesados como el plomo.

Ídolo antropomorfo masculino

Marfil tallado.
Altura, 16,6 cm.; anchura máxima, 5,2 cm.
Calcolítico, 2.700-2.300 a.C.
Procedencia
El Malagón, Cúllar, Granada.
Comentarios

Este ídolo apareció en los niveles superiores del interior de la cabaña F, de planta circular que mantenía el zócalo de piedra y alzado de tapial, hoy desaparecido. En su interior se documentó un banco adosado a la pared y un hogar. Esta cabaña era parte de un conjunto con otras que formaban un poblado fortificado. La actividad principal de este poblado, que explotaba los recursos minerales de su entorno, estaba relacionada con la metalurgia del cobre. El ídolo es estilizado y le falta la parte superior del cuerpo, donde se localiza un hueco de forma cuadrangular en el que se engarzaría otra pieza que completaría la figura masculina. En cuanto a su significado, hay varias hipótesis: considerado como un objeto artístico dentro de la iconografía de la Edad del Cobre o como un elemento simbólico que conectaría la vida cotidiana con la muerte.

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Urna funeraria con esqueleto infantil

Cerámica, a mano.
Altura, 32,5 cm.; diámetro boca, 33 cm.
Edad del Bronce, cultura argárica, 1.900 -1.200 a.C.
Procedencia
Fuente Amarga, Galera, Granada.
Comentarios

Esta pieza es una urna de cerámica a mano en la que se depositó un cadáver infantil. Tiene forma parabólica y borde recto con incisiones verticales alrededor de todo el diámetro de la boca. Presenta dos mamelones puntiagudos cerca del borde. El yacimiento de Fuente Amarga se sitúa en un cerro junto a la cañada de Fuenteamarga. En la excavación se documentaron diferentes zonas: una de hábitat, con muros de aterrazamiento y algunas sepulturas en el interior de las viviendas; otra con abundantes sepulturas en covacha; y, por último, un silo excavado en la roca y un enterramiento medieval en fosa. En la cultura argárica los tipos de enterramientos documentados son: fosa excavada en la roca; fosa revestida de piedra; fosa profunda; de tipo monumental  -gran fosa revestida de piedras y con estructura de madera y ramas- ; en urna, en cista y en pithos.

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Coraza anatómica

Bronce, modelado y molde.
Altura, 44,5 cm.; anchura, 37 cm.
Protohistoria, cultura púnica, siglo IV a.C.
Procedencia
Cueva submarina del Jarro, Almuñécar, Granada.
Comentarios
Esta pieza apareció en la costa granadina, en el mar, en la bahía de la antigua ciudad de Sexi (Almunécar), donde se han encontrado fragmentos anfóricos púnicos de otros pecios hundidos posteriormente. Esta coraza o peto de bronce, probablemente suritálica, reproduce el esquema anatómico del cuerpo desnudo, modelado sobre la gran lámina de bronce. Una escotadura se adapta a la curvatura del cuello y dos laterales a las axilas. Se marcan los músculos pectorales y, mediante la incisión o troquelado, los pezones. Se apuntan también los músculos del abdomen, insinuándose el relieve de las caderas y el círculo del ombligo. La presencia de esta coraza en el sur de la Península Ibérica asocia esta zona al comercio del sur de Italia y de Sicilia desde las últimas décadas del siglo V y a lo largo del IV a.C. Las corazas anatómicas bivalvas de esta época son especialmente frecuentes en el área de Apulia, asociadas a enterramientos aristocráticos. En nuestro caso se piensa en el naufragio de un barco que arribaba al puerto púnico, pudiendo ser la coraza un presente para un guerrero aristocrático local. También se ha aludido a la posibilidad de que pudiera tratarse de un trofeo de guerra adquirido por un mercenario íbero tras su regreso de alguna batalla en el sur de Italia o en Sicilia, pero esta explicación se considera hoy con precaución y escepticismo. Queda una última opción, la de que se trate de una ofrenda sagrada, un exvoto tras un feliz viaje. Ello nos asociaría este objeto guerrero con otros armamentos hallados en la desembocadura de ríos o en entradas portuarias.

Exvoto antropomorfo

Bronce, molde.
Protohistoria, cultura íbera, siglos IV-II a.C.
Procedencia
Santa Elena, Jaén.
Comentarios
Este exvoto antropomorfo en bronce representa una figura humana en actitud oferente. Viste túnica larga ajustada con escote pronunciado. Se puede datar entre los siglos IV y II a.C., cronología amplia en la que funcionaron los distintos santuarios íberos de la zona de Jaén. La cultura íbera tenía unas creencias de tipo animistas en la que tanto los seres fabulosos -esfinges, grifos, bichas- como las bestias divinizadas -leones, toros, lobos, caballos- protegían las tumbas aristocráticas. En la fase más antigua, siglos VI-V a.C., los iberos exhibían sus imágenes sagradas en las tumbas, por lo que el ritual pretendía otorgar un carácter divino o heroico al jefe. Más adelante, la religiosidad se transformó en colectiva y se vinculó al territorio. Las imágenes humanizadas fueron más corrientes y el esplendor pasó del exterior de la tumba al recogimiento interior de la misma. Las damas, posiblemente la imagen de una deidad humanizada, tomaron el relevo de los guerreros en perpetuar el estatus de las altas jerarquías. A partir del siglo IV a.C. aparecieron los santuarios públicos, en los que los exvotos humanos o animales simbolizaban la comunicación directa del oferente con el dios o los dioses. Estos exvotos, de distintos materiales y de distinta iconografía, eran realizados por artesanos, bien por encargo de los fieles que visitaban el santuario o bien como modelos estándar que los artesanos ofrecían en venta. Una vez ofrecidos a la divinidad o divinidades del santuario, los exvotos quedaban depositados en el lugar. Cuando éstos se acumulaban, eran recogidos por los encargados del mantenimiento del santuario y los depositaban en fosas sagradas.

Espada de lengua de carpa

Bronce, molde.
Longitud, 80 cm.; empuñadura, 9,5 cm.; anchura de hoja, 4 cm.
Edad del Bronce, cultura del Bronce Final, primera mitad siglo X a.C.
Procedencia
Cerro de la Miel de Moraleda de Zafayona, Granada.
Comentarios
El Cerro de la Miel, junto al Cerro de la Mora, constituye un complejo arqueológico que ha proporcionado una serie de útiles metálicos del Bronce Final interesantes, en el sentido de que quedan contextualizados con el resto de los materiales cerámicos. Entre aquellos se encuentra esta espada de lengua de carpa realizada en bronce en una sola pieza. La empuñadura presenta cinco calados para alojar los remaches para su enmangue. La parte proximal de la empuñadura presenta dos ensanchamientos laterales triangulares que continúan cada uno con una escotadura, que también facilitarían el enmangue. La hoja es tripartita y termina en una punta alargada y fina que es la que le da el nombre de lengua de carpa.

Crátera de campana de figuras rojas

Cerámica, torno.
Altura, 32 cm.; diámetro boca, 37 cm.; diámetro base, 15,2 cm.
Protohistoria, cultura ibérica, siglo IV a.C.
Procedencia
Zona de Baza.
Comentarios

Esta crátera de campana de figuras rojas sobre fondo negro tiene dos escenas pintadas que están limitadas por una cenefa de hojas de laurel entre dos líneas horizontales y por una banda de meandros entre líneas horizontales, con un motivo geométrico central. El anverso presenta una escena con tema dionisiaco. En el centro aparece una figura alada en levitación que lleva en la mano izquierda un collar y en la derecha el tímpano o pandero. Toda la figura y sus objetos están pintados en blanco. Al lado izquierdo de esta figura, que se interpreta como Ariadna, se encuentra una ménade sentada, y junto a ella, un sátiro de pie que porta el tirso, símbolo de Dionisios. Al lado derecho de Ariadna se encuentra un sátiro sentado tocando el aulos, o doble flauta, y a su lado una ménade en pie portando también un tirso y un collar. El reverso presenta una escena de palestra o gimnasio, con tres personajes masculinos en pie envueltos en sus mantos: el de la izquierda mantiene en su mano un disco; un aríbalo -frasco de perfumes y ungüentos- queda en el aire entre la figura anterior y la central, que parece que conversa con la tercera figura, que porta a su vez un báculo -símbolo de autoridad- ; entre ambos aparece un trozo de columna cortada, simulando que el tercer personaje del báculo está en el interior de algún edificio y los otros dos personajes, fuera. La crátera de campana es la forma más popular de los talleres griegos y su difusión por todo el Mediterráneo se produce a partir de la segunda mitad del siglo V a.C. hasta la interrupción del comercio fenicio en el siglo IV a.C. Su presencia era bastante común en necrópolis ibéricas formando parte del ajuar del difunto.

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Cancel de época visigoda

Piedra caliza, cincelado.
Altura, 119 cm.; anchura, 83 cm.
Edad Antigüa, cultura de época visigoda, siglos VI-VII.
Procedencia
Cortijo de La Capellanía de Montefrío, Granada.
Comentarios
El cancel es una losa grande de piedra que separa el presbiterio de la iglesia, espacio que circunda el altar mayor reservado al clero, de la nave. Otras veces en vez de un cancel se utilizan gradas que separan ambos espacios. Este cancel de grandes dimensiones está tallado a bisel de poco resalte con la decoración típica germana de círculos enlazados con curvas y contracurvas enmarcadas en un cordón en tres de sus lados. El cancel apareció reutilizado como tapa de una sepultura moderna, por lo tanto no se sabe nada de su contexto arqueológico. Sí se sabe que por la zona donde apareció existen yacimientos de época visigoda, necrópolis en su mayoría y en menor grado algún asentamiento. Por tanto este cancel debería estar relacionado con algún edificio religioso que no ha dejado huella, salvo esta pieza.
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