Museo de Huelva. versión imprimible

colecciones: incremento del patrimonio histórico

Imagen de la obra. Ilustra la sección de Incremento del PH.
Imagen de la obra.

Lola Martín Martín (Ayamonte, 1903-1988)

Viejo Estero de la Ribera.

Hacia 1950.

Óleo sobre lienzo.

Medidas: 97 x 77 cm.

El Estero constituyó el objetivo esencial de los paisajes más característicos de esta autora. Recoge un momento irrepetible de una imagen de la ciudad, pues en los años sesenta la zona fue ampliada hacia el sur, quedando cerrado el canal y desapareciendo este punto de atraque al imposibilitarse la entrada de lso barcos. 
Recurre especialmente al estudio de la perspectiva, crea ilusión de alejamiento espacial.
En un primer plano, las barcas, absolutas protagonistas de la composición.



Imagen de la obra. Ilustra la sección de Incremento del PH
Imagen de la obra.

José Fernández Alvarado (1871-1935)

Marina.

Óleo sobre lienzo.

Medidas: 42 x 64 cm.

Autor importante para la historia del arte onubense y en especial para el Museo de Huelva, Alvarado fue director de la Escuela de Pintura de Huelva y del Museo de Bellas Artes.
Surgido como pintor en la Escuela paisijística de Málaga, donde tuvo como maestro a Muñoz Degrain y a Moreno Carbonero, ganó la Cátedra de Dibujo en 1920, en el Instituto de Enseñanza de Huelva. 

Se dedicó fundamentalmente al paisaje, es especial a las marinas de las que ésta es un buen ejemplo.



Imagen de la obra. Ilustra la sección de Incremento del PH
Imagen de la obra.

José Caballero (Huelva, 1916 - Madrid, 1991)

Premonición del verano

Óleo sobre lienzo.

1945.

Medidas: 126 x 96 cm.

Obra de gran importancia, por ser autoría de uno de los artistas más representativos de la pintura contemporánea onubense y muestra de la maestría de la vanguardia  española. Está encuadrada en la úlima etapa surrealista del pintor, con matices que la relacionan con otras creaciones de tintes simbólicos. Es una obra de sencilla composición, en perspectiva, conseguida con la utilización de una arquitectura de líneas puras, que recuerda a las casas de las zonas desérticas. Tanto la ambientación como la aridez que se percibe en la pintura, unida a  cierta melancolía, y un juego de luces y sombras y predominio de paleta de colores cálidos,  evoca la imagen veraniega de ambiente seco y caluroso, no sin cierto misterio.
Una figura femenina sentada, con ligero vestido blanco, centra la composición. Su cabeza queda parcialmente tapada, por una tela que hace de toldo, lo que impide ver la expresión del rostro y acentúa lo enigmático de la escena. En actitud de reposo, no atiende a la llamada de otra figura, situada detrás de ella, cuyo rostro no está definido.